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Niños sobredotados en México leerán 52 libros al año

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Niños sobredotados

Los niños más inteligentes de México emprenderán un gran reto: leer 52 libros en un año. Y no se trata de cualquier libro.

Son clásicos de la literatura universal, desde El Principito de Antoine de Saint-Exúpery hasta la Eneida de Virgilio, 1984 de George Orwell o Ficciones de Jorge Luis Borges, por citar algunos ejemplos.

«Es una iniciativa que organizan de forma conjunta el Centro de Atención al Talento (CEDAT) y el Centro de Escritores Mexicanos (C-DEM), cuyo objetivo es promover la creatividad literaria de los niños sobredotados de México y también motivarlos para que en un futuro cercano puedan escribir sus propios textos literarios».

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Así lo explica Andrew Almazán, director del Investigación y Psicología del CEDAT.

 

El principito

Foto: Especial

Lectura para todos

Cabe señalar que esta actividad formativa, también tiene la finalidad de estimular el hábito de la lectura no sólo entre los niños sobredotados, sino entre la población infantil del país.

«Queremos que inspiren a la niñez y juventud mexicana sobre la importancia que tiene la lectura para tener mayor capacidad reflexiva, imaginación y creatividad.

Es por ello que habrá información continua sobre el desarrollo de este reto en los medios de comunicación y redes sociales», dice Dafne Almazán, quien a los 17 años de edad estudia una maestría en la Universidad de Harvard.

Cabe señalar que esta actividad la coordina el Héctor Anaya, quien es escritor, editor y el director del C-DEM.

 

Rebelión en la granja

Foto: Especial. 

El reto dio inicio el martes 19 de febrero y algunos de los libros que leerán los menores sobredotados son:

Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi
Mi vida con la ola, de Octavio Paz
Aladino y la lámpara maravillosa, de Las mil y una noche
Ilíada, de Homero
Odisea ,de Homero
Fuenteovejuna, de Lope de Vega
El mercader de Venecia ,de William Shakespeare
Don Quijote para jóvenes, versión de Felipe Garrido
Las metamorfosis, de Ovidio
La metamorfosis, de Franz Kafka
Crónicas marcianas, de Ray Bradbury
El patito feo, de Hans Christian Andersen
El Sol de Monterrey, de Alfonso Reyes
La suave Patria de Ramón, López Velarde
La autopista del sur, de Julio Cortázar
El tambor de hojalata, de Günter Grass
La magia de las palabras, de Héctor Anaya
Lazarillo de Tormes, Anónimo
Guillermo Tell, de Federico Schiller
El inspector de, Nikolai Gogol

 

 

Etiquetas:      Literatura   Clásicos literarios      Libros

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Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

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En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.

Los buñuelos

Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.

Los tejocotes en dulce

Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

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Cinco deliciosas frutas 100% mexicanas, tejocote

Pan de elote

El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.

Polvorones de harina

Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.

Las hojarascas

Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

 

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Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

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Alfeñiques, artesanía, creatividad y dulzura del sincretismo
La elaboración de alfeñiques en México se registró por primera vez en el siglo XVII. Foto: @guanajuatogob.

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial. 

La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.

Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios. 

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La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.

Alfeñiques, un arraigo comunitario

Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.

Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.

En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.

Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.

Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.

En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, artesanía, creatividad y dulzura del sincretismo
La palabra alfeñique proviene del árabe al-faníq y significa delicado. Foto: @guanajuatogob.

Alfeñiques, elaboración artesanal

El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.

La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.

En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.

En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial. 

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