Pequeños cineastas mexicanos compiten en festivales españoles

Para describir la importancia de ser tomados en cuenta en las decisiones de su comunidad, 17 niños de Nacozari de García, Sonora, realizaron el cortometraje “Nita, La Minita”.
Este trabajo fue hecho en 2018 con materiales reciclables como plastilina y piedras; cuenta la historia de una mina a la que le quitan sus minerales sin ser tomada en cuenta.
Esta realización está nominada en dos festivales de cine de España: el VI International Youth Film Festival y la Muestra Internacional de Cine Educativo de Valencia.
¿Cómo lo elaboraron?
Los niños que realizaron este cortometraje tienen entre 7 y 10 años de edad y contaron con la capacitación del taller de cine La Matatena.
Se trabajó con los menores durante 10 días con jornadas de al menos cuatro horas diarias.
“Fue impresionante porque los niños no se daban cuenta de todo lo que estaban haciendo; ellos estaban súper enfocados y no se querían ir a descansar”, dijo Mayela Valdés, vocera de La Matatena.
“La premisa del taller es empoderar, enseñar y guiar a los niños, para ellos es mucho más fácil hablar -a través de un personaje- de sus emociones, sus miedos y sus acciones”, añadió.

Foto: Cortesía
De Nacozari a España
Para la realización de “Nita, la Minita”, los niños usaron una cámara básica reflex de Canon.
A pesar de que existen otras herramientas, se buscó que los niños filmaran de manera orgánica.
Grupo México coprodujo y financió este ejercicio junto con el taller, a través de Casa Grande un modelo de desarrollo que la empresa minera implementa.
“Queremos darle los micrófonos, las cámaras y las luces a la gente de nuestras comunidades para que nos cuenten sus propias historias”.
Así lo mencionó Carlos Lozada Almada, subdirector de relaciones institucionales de Grupo México.
Buscan crecer
Lozada señaló que buscan incorporar este programa en las 16 comunidades de 11 estados de la República donde tienen operaciones.
“Pretendemos que esto se convierta en un movimiento para que las comunidades donde opera Grupo México tengan este poder de ejercer su voz y nos den testimonio de las cosas positivas».
Comunidades en las que opera
Las 16 comunidades en las que opera Grupo México son Cananea, Sonora; San Juan Sabines, Coahuila; San Luis Potosí, San Luis Potosí y Angangueo, Michoacán.
También en Charcas, San Luis Potosí; Santa Bárbara, Chihuahua; Santa Eulalia, Chihuahua; San Martín, Zacatecas; Taxco, Guerrero; Guerrero Negro, Baja California; Nacozari, Sonora; Esqueda, Sonora; Guaymas, Sonora.
“Ser amigos y pensar en los demás”
Los pequeños que realizaron este cortometraje de animación fueron los primeros en realizar un trabajo de este tipo dentro de los talleres de Casa Grande.
Erika Beltrán, madre de Fernanda, una de las niñas que participó en este taller, habló de las reacciones que el cortometraje tuvo.
“Los niños se dan cuenta que trabajando en equipo pueden lograr cosas mejores; pero también se dan cuenta de que pueden cometer errores y rectificarlos”.
Beltrán dijo sentirse orgullosa de su hija y los niños que formaron parte del taller de cine.
“Ellos están haciendo historia con su pasión y los resultados vienen solos a partir de lo que les gusta a hacer”.
Con información de: Animal Político.
Etiquetas: Cine Cine mexicano Infancia Películas
Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.
Los buñuelos
Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.
Los tejocotes en dulce
Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

Pan de elote
El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.
Polvorones de harina
Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.
Las hojarascas
Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial.
La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.
Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios.
La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.
Alfeñiques, un arraigo comunitario
Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.
Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.
En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.
Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.
Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.
En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, elaboración artesanal
El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.
La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.
En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.
En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial.
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