Primera planta procesadora de alimentos en México que busca combatir el hambre

Planta procesadora de alimentos…
El Banco de Alimentos de Tepatitlán obtendrá la instalación de una planta procesadora de alimentos como parte del proyecto Jalisco sin Hambre que coordina el ITESO.
Gonzalo Corvera, profesor del ITESO, afirmó que “las asociaciones civiles se tienen que tecnificar e innovar para llegar a resultados distintos, como el mitigar el hambre y reducir el número de personas en carencia alimentaria” durante la presentación de una procesadora de alimentos que se instalará en el Banco de alimentos de Tepatitlán como parte de la iniciativa Jalisco sin Hambre.
Beneficio extra
Es usual que los bancos reciban productos que deben moverse rápido, antes de que caduquen, y esta planta procesadora permitirá, explicó Corvera, transformar las frutas y verduras en purés y concentrados sin necesidad de adicionar conservadores.
Salvador González, presidente ejecutivo del Banco de Alimentos de Tepatitlán, señaló que la idea es que una vez que se compruebe la utilidad de estas instalaciones, se replique este modelo en la red de bancos de alimentos de México.
El funcionario reconoció el trabajo coordinado de instituciones como ITESO, el Centro de Investigación y Asistencia de Tecnología y Diseño del estado de Jalisco (CIATEJ), el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara, en la creación de estrategias innovadoras en los procesos operativos, de administración y de gestión para hacer más eficiente la atención.

Foto: Ortopedia Urbana
Enlace
“El banco de alimentos es un enlace entre el trabajo de quienes producen o manejan alimento y quienes, por distintas circunstancias, tienen dificultad y necesidad de conseguirlo. Aún, hoy día hay familias que se acuestan sin cenar y otras no tienen la seguridad de lo que van a comer mañana.
Como parte de nuestra labor proporcionamos cada 15 días despensas de alto valor nutricional a un costo mínimo del valor real de la misma, con productos básicos perecederos y no perecederos atendiendo a un promedio de cuatro mil familias al mes del municipio y la región”, afirmó Salvador González.
Corvera detalló que esta planta procesadora de alimentos es un engrane del proyecto general, que contará con una plataforma web para consultar los inventarios y en la que se calificará a los productores de alimento.
Además, se contempla un sistema de georreferenciación para hacer una recolección eficiente de los campos agrícolas; una iniciativa de ley que les permita contar con un techo presupuestal, que no dependa del gobierno en turno, con la finalidad de apoyar a jornaleros agrícolas sin empleo, y una plataforma para brindar capacitación en distintos oficios y empleo a los beneficiaros de los bancos de alimentos.

Foto: Banco de Alimentos
El compromiso
Ana Cecilia Villaseñor representante legal del Banco de alimentos de Tepatitlán y Óscar Fernández Larios, director del Centro para la Gestión de la Innovación y la Tecnología (Cegint) del ITESO, firmaron en representación de ambas instituciones un convenio de colaboración académica que incluye acciones como la organización de talleres de capacitación, implementación de escenarios para Proyectos de Aplicación Profesional (PAP), desarrollo de proyectos de investigación e implementación de actividades de intervención social universitaria.
Durante la presentación de la procesadora de alimentos y en la firma del convenio de colaboración, asistieron Francisco Javier Pérez Martínez y Ofelia Fernández Flores, del Centro de Investigación y Asistencia de Tecnología y Diseño del estado de Jalisco (CIATEJ) y explicaron las partes de la procesadora.
También estuvieron presentes Luis Marroquín y Guillermo Flores, director general y director operativo de Fundación Providencia, respectivamente y David Foust Rodríguez, académico ITESO.
Fundación Providencia, por su parte, presentó una campaña de procuración de fondos para apoyar este proyecto en internet (http://bit.ly/2Jkx7t8).
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Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.
Los buñuelos
Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.
Los tejocotes en dulce
Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

Pan de elote
El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.
Polvorones de harina
Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.
Las hojarascas
Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial.
La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.
Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios.
La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.
Alfeñiques, un arraigo comunitario
Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.
Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.
En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.
Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.
Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.
En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, elaboración artesanal
El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.
La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.
En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.
En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial.
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