Restauran murales mexicanos de más de 70 años de antigüedad en Washington

Murales mexicanos…
El Instituto Cultural Mexicano (ICM), la casa de México en Washington desde hace más de un cuarto de siglo, puso en marcha la limpieza y restauración de seis murales pintados por un discípulo de Diego Rivera, que se han convertido en una ventana a la historia de México en la capital de Estados Unidos.
Los murales, pintados por Roberto Cueva del Rio entre 1931 y 1941, abordan cuatro temáticas: la región de Tehuantepec en dos murales, el México rural con sus volcanes y costumbres, el México industrial, y una breve historia de las Américas, la fundación de Tenochtitlán, la llegada de Cristóbal Colón y figuras históricas del continente.
Pero los murales han resentido los efectos del paso del tiempo y no habían sido retocados de manera profesional desde hace más de dos décadas, a pesar de que más de 18 mil personas visitan la casona del Instituto Cultural Mexicano cada año.

Fotos: Notimex
“La casa es una herramienta de diplomacia pública del gobierno mexicano y también está registrada como una casa histórica de la ciudad de Washington… así que estos murales no solo son patrimonio mexicano sino también de Estados Unidos”, dijo en entrevista con Notimex, su director Alberto Fierro.
El ICM fue seleccionado, junto a otros 20 prestigiados museos del mundo, para recibir una donación del Programa de Conservación de Arte del Bank of America, que aportó 50 mil dólares con lo que fue posible iniciar un proceso de restauración en dos fases, con la participación de maestros y egresados del INAH.
“Nuestro objetivo primordial es la limpieza. Una buena limpieza lo que va a hacer es que los colores de la técnica van a salir a flote, entonces vamos a ver la paleta de colores que originalmente quería mostrarnos Roberto Cueva del Rio”, señaló la maestra Claudia María Coronado García, una de las dos coordinadores del proyecto de restauración.
La casona fue comprada por el gobierno del presidente Álvaro Obregón en 1921, operó como embajada de México y residencia del embajador hasta 1989 y un año después fue habilitada como la sede del Instituto Cultural Mexicano en Washington.
Durante la realización de los murales vivía en la residencia el ministro Rafael Fuentes. Su pequeño hijo, Carlos, fue modelo para uno de los murales. Unos años después se convertiría en uno de los escritores más connotados de México, Carlos Fuentes.
“Tuvimos el privilegio de tenerlo acá y de platicarnos la historia de cómo fue que el pintor Roberto Cueva del Rio lo invitó a posar precisamente para el mural”, relató Alberto Fierro.
El proceso de restauración incluye un registro gráfico y fotográfico de los murales, la limpieza superficial del polvo y material ajeno, así como una limpieza físico-química para retirar intervenciones anteriores que afecten la apreciación de la obra y repinten un material pictórico ajeno a los murales.

Los restauradores realizarán además el resane de faltantes, la reintegración de colores en ellos y un registro fotográfico final. Se espera que ésta fase de la restauración sea completada para finales del mes de agosto, aunque se podría realizar un mes después una segunda fase.
El proyecto es encabezado por las maestras Ana Lizeth Mata y Claudia María Coronado García de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía
Como restauradores participan Yamile Fernanda Contreras García, Astrid Sánchez Carrasco, Ana Elena Vivas Moreno, Rocío Mota Muñoz y Juan Pablo Morales Sánchez.
Con información de Notimex
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Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.
Los buñuelos
Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.
Los tejocotes en dulce
Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

Pan de elote
El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.
Polvorones de harina
Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.
Las hojarascas
Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial.
La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.
Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios.
La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.
Alfeñiques, un arraigo comunitario
Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.
Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.
En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.
Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.
Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.
En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, elaboración artesanal
El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.
La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.
En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.
En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial.
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