Opinión
A un año de la guerra

El 24 de febrero del 2022 nos despertamos con la noticia de que Rusia había comenzado una “operación militar TV especial” en el territorio perteneciente a las nuevas repúblicas de Donetsk y Lugansk; las noticias de los misiles impactando en varios lugares de Ucrania, incluida la capital, Kiev, dio la vuelta al mundo en segundos y muchos especulamos el peor escenario, ante la posible intervención de Estados Unidos y otras potencias militares pertenecientes a la alianza militar OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Sin embargo, aunque la OTAN ha brindado su apoyo a Rusia, no ha realizado labores militares o de intervención, como en otros conflictos bélicos, ya que esto provocaría de manera inminente, una respuesta de Rusia en contra de dichos países, y a estas alturas del partido, nadie quiere una tercera guerra mundial. Sin embargo, la amenaza de que el conflicto escalara, se mantuvo presente durante todo el año pasado y hasta la fecha, debido a los ataques, el avance militar de Rusia, la defensa Ucraniana de algunas ciudades y otros sucesos que durante este tiempo les hemos compartido a través de este espacio.
Antecedentes
Hace un año, el 21 de febrero de 2022, tras un largo conflicto entre Rusia y Ucrania, (que data desde el 2014), el país asiático reconoció a la República Popular de Donetsk y a la República Popular de Lugansk, dos estados autoproclamados independientes en el este de Ucrania, y como medidas de apoyo, envió tropas a dichos territorios. Un día después, el Consejo de la Federación de Rusia autorizó utilizar la fuerza militar fuera de las fronteras de Rusia para proteger los intereses nacionales y de sus nuevos aliados. Esta acción fue considerada por la comunidad internacional, como el pretexto de Rusia para comenzar con operaciones militares en la costa de Ucrania cercana a su territorio; desde entonces la amenaza sigue latente y en los próximos días podría cambiar la balanza…
Una de las acciones que alimentaría el conflicto, es la adhesión de Ucrania a la OTAN, solicitud que a finales de septiembre pasado, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, realizó de manera formal al organismo para formar parte de éste. Sin embargo, unos días después, Jens Stoltenberg, Secretario de la OTAN, declaró en una rueda de prensa que aún no había una decisión en torno a la petición. Además, reiteró que la alianza militar no forma parte del conflicto entre Rusia y Ucrania, sin embargo, reiteró el compromiso que tiene el organismo sobre el envío de ayuda internacional a la nación atacada por Rusia. Uno de los objetivos de la OTAN, es proveer defensa a los aliados cuando éstos sufran algún ataque. Por esta razón, la solicitud de ingreso hecha por Ucrania está en la congeladora, todos los países saben que aceptar su adhesión, implicaría ser parte de la guerra, y aunque desde su creación hasta la fecha, han estado en contra de Rusia y sus operaciones, las consecuencias serían fatales para todas las partes. Es por esto que su apoyo se mantiene pero sin que exista un involucramiento real.
El papel de China
Por otro lado, otro actor hegemónico importante que podría inclinar la balanza es China, quien hasta el momento ha mantenido su postura neutral a lo largo de todo el conflicto, aunque se sabe que es uno de los principales socios de Rusia; el apoyo hacia dicho país, ha sido únicamente a través de la compra de gas, petróleo y carbón, ante las sanciones económicas que ha impuesto la comunidad internacional a Rusia. Dadas las dimensiones del gigante asiático, esta relación comercial ha generado que Rusia no se desestabilice a nivel económico debido a la guerra; al igual que el apoyo de Estados Unidos mediante armamento a Ucrania, ha generado que el pequeño país pueda defenderse de un hegemón como lo es Rusia.
La pasada entrega abordamos el tema del desastre químico de Ohio y el encubrimiento de esto ante la difusión de las noticias de los objetos voladores no identificados; uno de ellos de procedencia china; que aunque no tuvo mayor relevancia, esto provocó un aumento en las ya de por sí tensas relaciones entre los dos países más poderosos del mundo. El día de ayer, el presidente estadounidense, Joe Biden visitó Ucrania, en medio de los señalamientos del Secretario de Estado de EU, sobre la posible ayuda de China a Rusia con armamento para solventar la guerra. Estos dichos no fueron en vano y por su parte China acusó a Estados Unidos de que ellos sí han brindado apoyo material y militar, lo que ha provocado que las relaciones diplomáticas se tornen más hostiles y pareciera ser, que solo están buscando una pequeña excusa, para llevar esta guerra comercial y económica que tienen desde hace años, a otro nivel…
Habrá que estar muy pendientes los próximos días de lo que ocurre en el plano internacional y por aquí le estaremos reportando, como ya es costumbre. Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.
Sobre el autor
Luis Sánchez Pérez es doctorante y maestro en Políticas y Seguridad Públicas en IEXE Universidad, abogado por la Universidad de Guadalajara. Profesor de asignatura en la Universidad de Guadalajara y en la Universidad Enrique Díaz de León. Investigador de medios de comunicación y participación ciudadana en el Laboratorio de Innovación Democrática. Colaborador semanal en Milenio, El Occidental y El Semanario.
Opinión
Ojo, así se roban tus datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.
Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.
Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.
Datos personales de los afectados
En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.
La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.
Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.
Ignoramos el valor de nuestros datos
La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.
En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas.
La tarea primordial
En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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Opinión
La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.
Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.
En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.
La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.
Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.
No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.
No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.
Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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