AMLO, un perfil de claroscuros

AMLO…
La democracia se entiende como una forma de gobierno en la cual el poder es ejercido por el pueblo. Por lo tanto, aquellos que conocemos como legisladores, fungen como representantes de las personas de una población para defender sus intereses y promover el bien común.
El presidente
Una las expresiones más importantes dentro de la democracia es la elección de nuestros legisladores, gobernadores de estados y el presidente de nuestro país. El presidente, esa persona en la cual recae la mayor responsabilidad de hacer del país un mejor lugar para vivir y que en nuestra sociedad reine la tranquilidad.
El tamaño de responsabilidad que recae en él es enorme, es el responsable de velar por el bienestar de más de 120 millones de habitantes, el responsable de lidiar con todos los países del mundo, con sus diferentes culturas, pensamientos, religiones, intereses económicos y hasta berrinches, el responsable de ejercer el estado de derecho del país, quién debería ser la persona más correcta, coherente y posiblemente pretender que es una persona inteligente, educada y sin defectos. Porque este país quiere personas perfectas, o al menos así lo esperan.
Pero alguna vez nos hemos puesto a pensar en escalas de mejores presidentes del mundo, ¿cuál es el mejor presidente?, no el más popular, ni el más guapo, ni el más noble, ni el más poderoso o el más rico. Simplemente ¿qué características debe tener el mejor presidente del mundo? o mejor aún, ¿qué características debería de tener el próximo presidente de México? Interesante, creo que pocas veces lo he escuchado en programas de televisión o radio en este país.
Recordemos aquella frase que dice: «Inteligente aquel que sabe a dónde quiere ir». Deberíamos saber qué tipo de presidente queremos, pero este artículo no será para responder esta pregunta.
Precandidatos a la presidencia
Se trata de los precandidatos presidenciales. Aquellos que traen casi todo el año 2017 haciéndose publicidad para estar en nuestras mentes de que serán ellos quienes deben quedar en la «silla grande». Entre estas figuras ya destacan: Antonio Meade del PRI, Ricardo Anaya del PAN-PRD-MC, Andrés Manuel López Obrador de MORENA-PT-EC y los independientes Margarita Zavala y Jaime Rodríguez «El Bronco».
¿Son pocos?, ¿son muchos? Si lo comparamos con el número de precandidatos y partidos políticos de hace 30 años, podemos decir que sí tenemos muchos nombres de gran fuerza, pero sobre todo fuerza política.
¿Serán los mejores precandidatos en cada partido político? Seguramente no. Son aquellos precandidatos detectados con mayor empatía con las masas de este país, aquí el juego es de carisma, y quienes lo tienen más que entendido son aquellos con gran experiencia.
El candidato de mayor empatía
Hablemos de uno de ellos, de los que realmente pueden tener una empatía con las masas y permitámonos hacer una breve descripción de él. Sin llegar más a fondo, solo repasemos un poco quien es:
Andrés Manuel López Obrador (MORENA): Más que conocido por la mayoría del pueblo mexicano, tiene 64 años, nació en el Estado de Tabasco, licenciado en Ciencias Políticas y Administración Publica por la UNAM, ex priista, ex perredista, viudo y vuelto a casar, padre de cuatro varones. Y ésta será la tercera ocasión que busca ser presidente de este país.

Este personaje ha demostrado ser una persona obstinada, también ha demostrado ser incongruente, falto de conocimiento; con fuertes inclinaciones a tomar decisiones totalmente fuera del alcance de este país y su situación actual.
Perseverancia
Es un hombre al que se le ha venido notando esa pérdida de fuerza durante este último periodo, el hombre viene cansado y con justa razón, ha buscado esta oportunidad por más de 12 años, puede ser que al momento de alcanzar la presidencia se le hará cortísimo el tiempo, y sinceramente espero que ese tiempo de espera y lucha valga bien la pena para ocupar el espacio tan anhelado.
El señor ha sido perseverante, y me parece algo valioso, que no es común dentro de nuestra sociedad mexicana y mucho menos de los tiempos actuales, donde todo se quiere y se tiene en muy poco tiempo. Sin embargo, más allá de presentarse como «presidente legítimo» desde el 2006 y dejar ese título hasta 2011, o al menos así lo refleja en su sitio oficial.
AMLO no ha hecho más que hacerse publicidad propia entre el pueblo mexicano, sin poder mencionar alguna iniciativa, logros, apoyos o fundaciones a largo plazo que él mismo haya liderado con resultados medibles y reales para poderse atribuir en estos últimos años, a excepción de su más grande logro, la conformación de MORENA, partido político con presupuesto gubernamental que le permite postularse directamente a la candidatura de la presidencia (sin obstáculos internos porque es de él) y que se ha convertido en la segunda fuerza política en México.
Ha fungido como un defensor del pueblo mexicano, embajador a título personal del mismo en los Estados Unidos, pero sin resultados realmente relevantes.
Sectores vulnerables de nuestro país
Me voy a aventurar a describir a las personas que se identifican con este precandidato, son personas que se sienten rechazadas o se han sentido rechazadas en algún momento de su vida por la misma sociedad que hemos creado. Al tener un discurso en defensa del pueblo contra el gobierno, AMLO acapara la atención del sector más necesitado de nuestro país, que es la mayoría. Atrapa las miradas de algunos jóvenes atraídos ya por esta ola a nivel mundial de hacer cambios importantes en la estructura de un país. Sin embargo, me parece que la clase media aún no ha quedado convencida con sus propuestas, mucho menos la clase alta. Y creo sinceramente como dice Andrés Manuel, que para ganarle a «la mafia del poder», va a necesitar más que el apoyo de esa mayoría de la población. La jugada es difícil y ya ha sentido dos veces como se queda en el «ya merito».
Ahora me voy a dejar llevar por sus buenos logros de apoyo moral hacia el pueblo mexicano, me adentraré a pensar en esas pesadas giras que ha hecho por todo el país donde tiene que viajar por aire, tierra y posiblemente agua para visitar rincón por rincón y repetir esa frase de esperanza prometida, pero jamás cumplida hacia aquellos que lo siguen y les han sido fieles durante estos doce últimos años. Dar una palabra de aliento no es nada fácil y menos para alguien que ha recorrido un largo tramo político para darlas y creerse capaz de cumplir sus promesas. Ser el héroe de muchas personas necesitadas tampoco es fácil, tienes que sentir que realmente lo eres, será como ser un padre de familia, donde los hijos pequeños sentirán con dolor la culpabilidad de su derrota. Ir a defender a los mexicanos fuera del país tampoco es algo sencillo, se necesita tener ese gran corazón para poner la cara frente al que piensa de manera diferente. Tener la inicitativa para llamar a manifestarse o pelear de manera colectiva reformas de nuestro país es de aplaudirse, son pocos los líderes que lo logran ante este país. Su tarea ha sido pesada, sin embargo ha sabido llevarla adelante.
No todo ha sido tan transparente como se debe hacer en una familia, la familia a la cual Andrés Manuel nos ha invitado a ser parte. Hasta ahora sabemos poco de como se ha financiado de 2006 a 2011 , en el año 2011 fundó MORENA y se entiende que a partir de ese año es el partido quien paga su sueldo para sobrevivir y hacer todas estas giras no sólo nacionales sino internacionales. En su sitio no refiere sus gastos personales y mucho menos los gastos que hace en sus giras. En la página oficial del partido político informan por ley lo que deben de dar a conocer, no es sencillo de leer, no me parece muy amigable la obtención de la información y no creo que vaya dirigido a dar información a sus seguidores. Lo que si pude lograr ver es el sueldo del presidente del partido que es él mismo y nos dice que gana $66,241.96 salario bruto, el resto del personal contratado gana entre $38,000 y $5,000 pesos.
Dejemos que el Sr. Andrés Manuel haga todo el protocolo necesario para convertirse en candidato oficial de su propio partido político, analicemos más adelante cuáles van a ser las propuestas de esta «nueva» candidatura y veamos si hacen en esta ocasión congruencia con la realidad de este país que bien le hace falta un líder que no sólo haga propaganda sino haga realidad los cambios que tanto requiere esta nación.
Evelyn Villanueva Macdonel estudió Negocios Internacionales en Guadalajara, actualmente termina una maestría en Economía en Italia. Apasionada por México, sus tradiciones y cultura. Emprendedora, empresaria y desarrolladora de nuevos proyectos. Completamente a favor de romper esquemas, innovar y transformar. En la actualidad se desempeña en el LID como Investigadora en temas de desigualdad socioeconómica.
¿Qué hacemos con el Siapa? Parte 2

En la entrega anterior, descubrimos que el Siapa padece una ceguera crónica de resultados, como un médico que diagnostica sin saber qué es la salud. Pero no nos equivoquemos: el agua apestosa color tamarindo que sale de su grifo no es el problema raíz, es apenas el síntoma. El Siapa es un caso de estudio fascinante de lo que llamamos “entropía institucional”. Mientras los funcionarios en turno se rasgan las vestiduras prometiendo «mejoras inmediatas», la realidad es que el organismo opera como un barco sin brújula en medio de una tormenta perfecta. Y no lo digo yo; lo dicen los números fríos de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ) y lo refrescan las denuncias recientes del municipio de San Pedro Tlaquepaque.
Para entender el desastre, hay que diseccionar la Cadena de Valor Público y dejar de confundir resultados con desempeño. El resultado es lo que usted vive: salud, calidad de vida, un vaso de agua limpia. El desempeño es lo que ocurre dentro de las oficinas del Siapa: procesos, productos y gestión interna… En teoría, el desempeño (procesos + productos) debería conducir a resultados e impactos.
En el Siapa, los procesos son laberintos burocráticos, los productos (el agua) son de dudosa calidad, y el impacto se nota en las recetas médicas de los ciudadanos que desarrollan dermatitis o infecciones renales… pero eso al organismo no parece importarle demasiado; al menos, no tanto como los cuidados en sus (impresentables) procesos de selección de personal.
La ‘caja negra’ del desempeño: Entre la ineficacia y el cinismo
Si usted revisa el Informe de Desempeño de la Cuenta Pública 2023 de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), encontrará un festival de “recomendaciones en proceso”. El organismo parece un estudiante que reprueba todas las materias pero promete que “para el próximo examen extraordinario sí estudia”.
La ASEJ señala deficiencias críticas en la potabilización y el suministro; básicamente, el SIAPA es ese cocinero que no sabe si los ingredientes están podridos, pero igual sirve el plato y le cobra la cuenta completa.
Los datos no mienten. En la potabilización, se identificó un aumento promedio anual del 38 por ciento en el costo real por metro cúbico de agua procesada entre 2021 y 2023. Es decir, mientras el agua de las fuentes superficiales se encarecía, la calidad se desplomaba. El porcentaje de parámetros que cumplían con la norma de calidad (NOM-127) disminuyó, llegando a tener arsénico o coliformes fecales en niveles que harían palidecer a cualquier experto en salud pública. ¿La cereza del pastel? La información estaba fragmentada, sin datos de la planta potabilizadora de Toluquilla (operada por FYPASA), una omisión que parece diseñada para ocultar los costos reales de un contrato que ya hemos denunciado como lesivo.
En la atención a usuarios, el diagnóstico es lapidario: el porcentaje de reportes atendidos a tiempo cayó un -13.91 por ciento en el periodo, mientras que el promedio de días para atenderlos se disparó un 11.05 por ciento. ¿La razón? Un sistema de indicadores tan inconsistente que, al observarlo, los auditores encontraron que ni los mismos trabajadores sabían cómo usarlo correctamente.
El escándalo de ‘Lady Siapa’: el rostro de la impunidad
Pero si la Auditoría nos muestra el qué, un escándalo reciente nos revela el quién y el por qué de este desastre institucional. Cuando los reflectores apuntaron a Elizabeth Castro, la funcionaria del Siapa que rápidamente fue bautizada por la opinión pública como “Lady Siapa”, la institución nos mostraba con toda claridad, la realidad de los niveles de corrupción existentes.
Eso debemos celebrarlo por la “transparencia” con que se mostró algo que no era tan evidente; y deberíamos preguntarnos, ¿cuántas “Lady Siapa” habrá en el organismo? ¿Cuántas plazas ocupadas sin perfil técnico, cobrando decenas de miles de pesos mensuales seguirán existiendo? La cereza del pastel no era solo su salario, sino los desplantes públicos que la llevaron a la fama viral: insultos a ciudadanos, declaraciones ofensivas y una actitud que evidenciaba con creces la desconexión entre la burocracia dorada del organismo y la realidad de quienes recibimos agua café en los hogares.
La complejidad: No son solo tubos, es un sistema vivo
Para rediseñar este Frankenstein institucional, debemos entender que el Siapa es una entidad multidimensional. Quien crea que esto se arregla “cambiando tuberías” tiene la profundidad intelectual de un charco. El problema del Siapa no es solo físico (usualmente nombrado como “técnico”), es sistémico. Reducir la discusión a “tubos y bombas” es una trampa que nos llevará a un nuevo ciclo de fracaso. Necesitamos una nueva arquitectura institucional que atienda, al menos, estas cinco dimensiones y todas ellas son igualmente técnicas:
Ambiental y de Salud Pública (DAMB): No es solo clorar el agua. Es asegurar que los acuíferos no se sobreexploten, que las descargas industriales cumplan con la NOM-002-SEMARNAT y que las plantas de tratamiento no sean simples vitrinas de concreto. La académica de la UDG, Dra. Aida Guerrero, acaba de alertar sobre la presencia de microcistinas (toxinas hepáticas) y parásitos como Giardia lamblia en el agua, con niveles de turbiedad hasta 13 veces por encima de la norma. Si no protegemos las cuencas, estamos cavando nuestra propia tumba hídrica.
Física (DFÍS): Es la gestión del ciclo de vida de los activos. ¿Cuánta agua se pierde por fugas? Los académicos de la UDG señalan que cerca del 50% del agua potabilizada se pierde en fugas debido a una red fragmentada y rota. Es como intentar llenar un colador. La ASEJ reportó que el mantenimiento correctivo supera al preventivo en plantas de tratamiento, una receta clásica para el colapso.
Social (DSOC): El agua es un derecho humano, no un privilegio de colonias ricas. La «justicia hídrica» brilla por su ausencia cuando en las zonas pudientes el agua fluye y en las colonias populares llega —cuando llega— con sedimentos que harían dudar a un geólogo.
Económica (DECO): No se trata de hacer flujos de caja a como dé lugar. Bajo la óptica de la economía del sector público, el Siapa es un agujero negro fiscal. Los costos de desinfección se dispararon un 38.12% en fuentes superficiales. ¿Quién paga eso? Usted y yo, mediante tarifas que suben más que la inflación mientras el servicio se deteriora. Y si no paga, ahí está el «tarifazo» que el Congreso intentó colar y que el Gobernador simuló frenar. El organismo requiere una estructura clara que plantee la recuperación de costos de inversión, operación y mantenimiento, asegurando el derecho humano al agua, especialmente a los más pobres; el esquema de subsidios cruzados existe hace décadas: ciertos estratos tienen mayor disposición a pagar por la dotación del agua.
Institucional (DINS): La gobernanza es el gran elefante en la habitación. Un organismo que no rinde cuentas bajo estándares de “Gobierno Abierto”, que esconde sus informes de laboratorio y que permite que existan “Lady Siapa” cobrando 73 mil pesos, es, por definición, un organismo que tiene mucho que ocultar: “para muestra, un botón”.
La nueva arquitectura: Preguntas que requieren respuestas
Por eso, replantear el Siapa desde su arquitectura institucional implica ir a lo básico. No es un rediseño cosmético, es un cambio de paradigma. Nos obliga a preguntarnos, con datos, cómo estamos en cada eslabón de la Cadena de Valor y como habrá de incidir la estructura interna en los resultados a nivel territorial, con efectos en las personas. Les comparto algunas de las interrogantes que deberían guiar este proceso, y que la reciente denuncia del municipio de Tlaquepaque ha puesto sobre la mesa:
Abasto y Potabilización (DAMB, DFÍS): ¿Con qué químicos —si es que usan alguno de grado humano— se están eliminando metales? ¿Cómo se vigila la extracción ilegal, el “huachicol” de agua que tanto daño hace? ¿Dónde están los informes de laboratorio en formato abierto? La transparencia no es una opción, es una obligación suscrita por México (2012) en la Alianza por el Gobierno Abierto que el Siapa parece ignorar.
Distribución (DFÍS, DSOC): ¿Por qué no garantizamos los 1.5 kg/cm² de presión mínima durante 24 horas diariamente? Entregar agua por goteo no es dar servicio, es dar limosna. ¿Se cumple la NOM-127 en el grifo de tu casa o solo en la salida de la planta? ¿Por qué seguimos sin un mapa público de presión y continuidad por colonia?
Factibilidades (DINS, DAMB): ¿Cómo es que se sigue autorizando el crecimiento vertical en zonas donde el agua subterránea está sobreexplotada? ¿Qué criterios técnicos —y no de “compadrazgo»— dictan estas conexiones?
Saneamiento y Reúso (DAMB, DECO): ¿Las plantas de tratamiento funcionan o son solo un adorno? ¿Cuánto le cuesta realmente al organismo el mantenimiento de las PTAR respecto a lo que dicen los contratos? ¿Por qué el reúso de agua tratada es una anécdota y no una unidad de negocio robusta que genere ingresos?
Y, sobre todo, la pregunta que debería hacerse el Gobernador Lemus: ¿Por qué, un año después de los cuestionamientos planteados para su reestructuración, el SIAPA sigue sin un sistema de regulación, sin transparencia y con un desempeño deficiente? ¿Por qué tenemos que enterarnos por filtraciones de que existen “aviadores” como Lady Siapa que se embolsan 73 mil pesos mientras la infraestructura se cae a pedazos?
El Siapa actual es un monopolio natural que se comporta con la arrogancia de un soberano y la eficiencia de una tortuga. Replantear su arquitectura no es un ejercicio académico; es una urgencia de supervivencia urbana. No se trata solo de válvulas y potabilizadoras; se trata de una estructura sistémica, no basada en (“buenas”) personas, que garantice que el desempeño interno se traduzca en que usted pueda bañarse sin miedo a salir más sucio de lo que entró.
En la próxima (y última) entrega, delinearemos los pasos concretos para construir esa nueva arquitectura y los riesgos del “canto de las sirenas” que ya se debe escuchar en los pasillos de instituciones públicas dirigidas por empresarios, venidos a políticos: privatizar el organismo. La solución no está en la privatización.
La pregunta ya no es si debemos reconstruir la institución, sino cómo vamos a sacar al Siapa del abismo en el que lo han sumido décadas de malas decisiones. Por ahora, mantengamos los ojos abiertos con el nombramiento del nuevo director, que el agua sigue saliendo turbia y la cuenta sigue llegando puntual.
Sobre el autor
Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.
La crisis del agua y la gobernabilidad

La crisis de agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) no es un problema reciente ni únicamente medioambiental. Se trata de un fenómeno complejo que combina fallas en la infraestructura, presión demográfica, déficit hídrico, debilidad institucional y conflictos políticos intergubernamentales.
El sistema para proveer agua en la ZMG está altamente centralizado en el Siapa y depende de la coordinación política entre municipios y gobierno estatal, lo que vuelve al agua un tema profundamente político y no sólo técnico.
Los problemas de suministro y calidad del agua ya se habían agravado desde antes de la pandemia, con un incremento sostenido de quejas y fallas en el servicio. La crisis actual es, en ese sentido, la manifestación más visible de una fragilidad acumulada durante años.
Las evidencias recientes muestran que la crisis dejó de ser un problema técnico y se convirtió en un problema social y político. Más de 824 mil personas han resultado afectadas por agua contaminada o de mala calidad en la ZMG, con reportes de olor desagradable, coloración anormal y posibles riesgos sanitarios, de acuerdo con estudios realizados por académicos de la Universidad de Guadalajara y de El Colegio de Jalisco.
Quienes se especializan en analizar los problemas del agua coinciden, por lo menos, en tres aspectos: la infraestructura es obsoleta (gran parte data del decenio de 1950); los canales del sistema hídrico son utilizados para verter contaminantes domésticos e industriales, y el organismo operador, el Siapa, está sumido en una crisis financiera y de cartera vencida que lo incapacita financieramente para atender el déficit y los problemas que de esto emanan.
En términos de gobernabilidad, esto significa que el problema ya no es únicamente preventivo, sino reactivo. El impacto más inmediato en la gobernabilidad es la erosión de la legitimidad de las autoridades.
No está garantizado el derecho humano al agua, las quejas por las deficiencias del servicio van en aumento exponencial, no existe transparencia en la información oficial y la poca información que se brinda no es convincente ni genera confianza.
Cuando un servicio básico deja de funcionar, el problema deja de ser administrativo y pasa a ser un problema de legitimidad política. Además, la pérdida de credibilidad es uno de los factores más graves para la gobernabilidad urbana.
Cuando el suministro falla, el problema tampoco es únicamente técnico, se convierte en un conflicto de responsabilidades. Esto debilita tres elementos centrales de la gobernabilidad: la coordinación, la eficacia decisional y la capacidad de respuesta institucional.
La gobernabilidad puede entenderse, en términos operativos, como la capacidad del gobierno para ejercer sus funciones con eficacia, legitimidad y legalidad, manteniendo la estabilidad institucional y la confianza ciudadana.
La crisis hídrica en la ZMG afecta cada una de estas dimensiones de manera simultánea y acumulativa.
Ya en el marco de una creciente presión ciudadana, mediática y legislativa por la mala calidad del agua en al menos 360 colonias de la ZMG, el Gobernador Pablo Lemus anunció el pasado 23 de marzo la destitución de Antonio Juárez Trueba como director general del Siapa.
Juárez Trueba había asumido el cargo en octubre de 2024, con una designación prevista hasta 2030. En su lugar, fue designado Ismael Jáuregui Castañeda, quien se desempeñaba como director de Obras Públicas del Ayuntamiento de Zapopan y tiene más de una década de relación profesional con el Gobernador.
El relevo en el Siapa constituye una señal política de alta relevancia. Con la destitución, Lemus Navarro reconoció la crisis institucional y presupuestal del organismo, lo que implica una admisión de fallo sistémico que trasciende a la persona removida.
Este cambio se debió a semanas de cobertura mediática intensa sobre el agua turbia, de movilización de colectivos ciudadanos que preparaban denuncias formales contra el organismo y de críticas de integrantes del Poder Legislativo.
Esto sugiere que la destitución fue una respuesta de gestión de crisis antes que una acción proactiva de reforma.
Al designar a un funcionario de su confianza, el Gobernador recupera el control directo sobre un organismo que ha demostrado ser un foco de tensión política y social. Esto puede facilitar la coordinación, pero también puede perpetuar las lógicas de designación discrecional que han debilitado al Siapa institucionalmente.
El nuevo director recibe el mandato de implementar un proyecto de reingeniería institucional que incluye ajustes administrativos, reducción de la nómina, combate a la corrupción y reconstrucción de la confianza ciudadana. Nada más, pero nada menos.
La crisis actual del agua no llegó de golpe ni tiene un solo culpable. No la provocó la sequía de años anteriores ni la gestión de un funcionario en particular. Es el resultado acumulado de décadas de ausencia de inversión en infraestructura, de un modelo de gobernanza que priorizó el acceso al agua para grandes usuarios por encima del derecho ciudadano, de prácticas clientelares que convirtieron al Siapa en un organismo disfuncional, así como de la incapacidad sistemática para articular obras viables.
El relevo en la dirección del Siapa es una respuesta políticamente necesaria. Pero es técnicamente insuficiente si no va acompañada de una reforma institucional de fondo. Nombrar a un funcionario de confianza directa del titular del Ejecutivo podría facilitar la coordinación de trabajos para enfrentar la crisis superlativa que enfrenta, aunque también podría reproducir las mismas lógicas de designación discrecional que debilitaron al organismo durante décadas.
El principal indicador de si la reingeniería es sustancial o cosmética será la capacidad del nuevo equipo directivo para construir un modelo de gestión transparente, con metas medibles y mecanismos de rendición de cuentas verificables por la ciudadanía y el Congreso del Estado.
La verdadera prueba de gobernabilidad para la administración de Pablo Lemus Navarro no será este relevo. Será su capacidad (o su incapacidad) para transformar al organismo operador del agua en algo que hoy no es: un organismo técnicamente competente, financieramente sostenible, institucionalmente transparente y socialmente legítimo.
Un organismo capaz de garantizar lo que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y el derecho internacional ya reconocen desde hace años: el acceso universal al agua potable como derecho humano fundamental. Cambiar al director es el primer paso. Pero si ese paso no conduce a una reforma estructural real, en unos meses estaremos frente al mismo problema con un nombre diferente al frente.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.










