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Élites y contrapesos: el nuevo grupo opuesto a AMLO

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Élites y contrapesos: el nuevo grupo opuesto a AMLO

El sábado pasado, el diario Reforma publicó una nota donde dio a conocer la iniciativa de “un grupo de intelectuales, artistas, empresarios y políticos” que tiene el propósito de servir como contrapeso al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Liderada por Javier Corral, el actual gobernador de Chihuahua, la iniciativa se construye a raíz de la mayoría aplastante que obtuvo Morena, tanto en el Congreso como en las legislaturas locales. El objetivo principal del grupo consiste en limitar y hacer frente a una presencia mayoritaria en los poderes ejecutivo y legislativo que, a juicio de los firmantes, es poco ventajosa para México.

De acuerdo con el propio Corral, sabotear al gobierno federal está fuera de sus intenciones. Según dijo en la entrevista para Reforma, lo que persiguen es “encarrilar [el proyecto de nación] y encauzarlo en este momento de gran oportunidad de transformación para México”. La noticia no fue sorpresa para nadie, teniendo en cuenta que el gobernador ha sido una de las voces críticas a López Obrador desde meses antes de que se celebraran las elecciones de julio pasado. En un país pintado de guinda, Corral se asume como el líder de un frente de resistencia blanquiazul.

 

Alfaro se deslinda 

Otro de esos frentes parecía naturalmente destinado a Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco; y quien en no pocas ocasiones había manifestado su rechazo a las políticas del actual presidente; especialmente, a raíz de la creación de los “súper delegados” federales, que en Jalisco se traducen en la figura de Carlos Lomelí Bolaños. No obstante, aunque su nombre aparece en la nota original como otro de los integrantes, el propio Alfaro negó categóricamente pertenecer al grupo, a través de su cuenta de Twitter. Una decisión que probablemente es resultado del reciente clima de conciliación existente entre el gobernador y el presidente, tras la reciente visita a Palacio Nacional del abanderado de Movimiento Ciudadano.

Élites y contrapesos: el nuevo grupo opuesto a AMLO

Twitter: Enrique Alfaro.

Unos se van, otros se quedan                                                         

También se deslindaron Juan Villoro y Héctor Aguilar Camín; quienes se asumieron como participantes de la vida pública a través de su trabajo intelectual y académico; pero fuera de agrupaciones de este tipo. Lo mismo hizo Gustavo de Hoyos, líder de COPARMEX y quien representa a un significativo bloque de empresarios que en los últimos meses han tenido desencuentros con el gobierno federal.

La lista del grupo también incluye a Roger Bartra, Jorge Castañeda y Luis Donaldo Colosio Riojas; quienes hasta la fecha no se han pronunciado al respecto. Bajo el hashtag “#YoSíQuieroContrapesos”, los que han manifestado abiertamente su membresía, hasta el día de hoy, son el activista Emilio Álvarez Icaza, el ex-presidente Vicente Fox y los políticos Martha Tagle y Agustín Basave. No obstante, el anuncio de Reforma ha dejado tras de sí una estela de refutaciones y contradicciones que ponen en duda los alcances de la agrupación y engendran discusiones sobre la naturaleza política de sus objetivos.

 

El Grupo San Ángel

Pero este ejercicio no es inédito. Ya desde los años noventa, después de casi setenta años de gobierno priista; en el país comenzaba a plantearse la idea de los contrapesos y la transición democrática como algo plausible y necesario. En junio de 1994 se oficializó la creación de un grupo cuyas reuniones periódicas ocurrían en el barrio de San Ángel (que le dio el nombre) y cuyos miembros tenían un objetivo en común: impulsar el fortalecimiento de las instituciones democráticas en México (comenzando por unas elecciones limpias para ese año) y “plantar” en la discusión pública las semillas de una alternancia política.

Entre los integrantes del Grupo San Ángel se contaron a Carlos Monsiváis; Carlos Fuentes; Adolfo Aguilar Zínzer; Laura Esquivel; Enrique Krauze; Paco Ignacio Taibo; Sergio Aguayo; Lorenzo Meyer; Bernardo Sepúlveda; Vicente Fox y hasta Elba Esther Gordillo. Jorge Castañeda, quien en muchos sentidos fungió como el vocero y líder moral del grupo, escribió para El País un artículo en agosto de ese mismo año, donde destacó la heterogeneidad de sus miembros como una de sus principales virtudes.

“Es la primera colección de corrientes políticas, de preferencias ideológicas y de diversidad profesional en la historia reciente de México, que realmente actúa de manera conjunta en vez de simplemente ser una junta de abajo-firmantes”, según apuntó.

Élites y contrapesos: el nuevo grupo opuesto a AMLO

Foto: UPF.

El México de entonces, el México de ahora

Por supuesto, el México de ese año era muy distinto al de ahora: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional había logrado su primer levantamiento; el TLCAN se ponía en marcha tras las intensas rondas de negociaciones; y Luis Donaldo Colosio cumplía casi tres meses de haber sido asesinado. Tras el desastre electoral de 1988 (cuando la célebre “caída del sistema” levantó las sospechas de fraude electoral), el grupo alzó la voz frente a lo que vaticinaban como una situación de emergencia, donde la democracia mexicana corría un grave peligro al mantener sus mecanismos y procedimientos dependientes del propio gobierno.

Después de todo, la Secretaría de Gobernación aún era la responsable de organizar las elecciones. Algo impensable en el México de 2019, donde el INE –aún con los recientes y polémicos recortes sustantivos a su presupuesto– es quien asume esta tarea, como resultado de varios años de negociaciones y reforma política. Sin embargo, no deja de ser curioso que aquellos temas que ocuparon la agenda nacional parecen estar vigentes 25 años después. El efecto Donald Trump transmutó el TLCAN en el AEUMC; los zapatistas se pronunciaron en contra de los proyectos de alto impacto ambiental de López Obrador (comenzado por el Tren Maya); y a través del INAI se desclasificó información relevante sobre el magnicidio de Colosio.

“La historia no se repite, pero en ocasiones rima”, reza la frase que comúnmente se le atribuye a Mark Twain.

Élites y contrapesos: el nuevo grupo opuesto a AMLO

Foto: La Prensa.

Un asunto de contrapesos

La suerte del Grupo San Ángel no fue la mejor. Zedillo ganó las elecciones del 94’ y la agrupación comenzó a perder fuerza; aún no terminaba el segundo año de aquel sexenio, cuando ya no había rastros palpables de la iniciativa conjunta. Quizá la misma heterogeneidad y diversidad de intereses que destacó Castañeda, fue lo que terminó por sellar el destino del grupo. Cabe entonces preguntarnos si la agrupación que ahora encabeza Javier Corral guarda o no paralelismos con la que se formó entre las calles empedradas de la capital.

El gobierno de México ya tuvo su primera transición democrática de la era moderna en el año 2000, y de nuevo en 2018. La izquierda, si es que aún podemos llamarle así, ostenta el gobierno federal y el PRI perdió la gran mayoría de sus gubernaturas. Sin embargo, las demandas más urgentes de la sociedad civil siguen sin satisfacerse. Por ello es natural y necesario que existan los contrapesos. ¿Cómo podría argumentarse lo contrario, justo cuando el federalismo, la forma de organización política y administrativa que nos rige, está bajo la lupa? En un escenario como este –donde además el voto diferenciado sigue siendo un desconocido para los electores mexicanos–, buscar espacios de disidencia organizada es positivo.                                                                             

 

Y un asunto de élites

Pero nada es tan sencillo. Recuperando de nuevo a Castañeda; el Grupo San Ángel también representó un fragmento de la realidad política mexicana y sus formas de organizarse. “La política siempre ha estado reservada a las élites y el Grupo San Ángel refleja esta realidad”, escribió sin reparos el ex-canciller. Haciendo eco del mismo razonamiento, José Ramón Cossío advertía el año pasado que los comicios del 2018 traerían consigo un relevo de élites políticas. Y junto con ello, el enojo de quienes fueron relevados.

Es indudable que nuestro país funciona de acuerdo con los arreglos políticos entre las distintas facciones que aglutinan el poder. Desde luego no es un asunto de poderes ocultos (son, por el contrario, muy visibles). Simplemente, las prioridades que se fija cada gobierno están determinadas, en gran medida, por los grupos que les respaldan y que seguramente contribuyeron a ponerlos donde están.

No es casual, entonces, que la gran mayoría de quienes hicieron segunda voz a Corral; provengan de los partidos políticos que establecieron una coalición electoral en 2018: el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano. No es casual que casi todos simpatizaran con Ricardo Anaya, abanderado de dicha coalición, el año pasado. Un año donde quedó claro que, por lo menos en la política mexicana, el pragmatismo puede más que la ideología. ¿Y dónde quedan los priistas en todo esto? ¿Optaron por desmarcarse o se fueron todos a Morena? Ya son muchos años en que Plutarco Elías Calles no descansa tranquilo en su tumba.

El verdadero equilibrio

Es evidente la legitimidad de todas las iniciativas que pugnan por un balance democrático; cuando las condiciones actuales le otorgan al gobierno todo el poder. Eso es un hecho. Pero esa legitimidad sólo puede mantenerse cuando las fuerzas políticas que sustentan dichas iniciativas, parten de principios éticos. Después de todo, el fortalecimiento de la democracia está intrínsecamente ligado a la responsabilidad moral de la oposición. Pero si detrás del discurso del equilibrio existe un fin meramente electoral; entonces esa iniciativa tramposa se vuelve perniciosa para la democracia. No hay diálogo, sino simulación.

La correlación de fuerzas entre élites es positiva, en la medida en que permite un reparto del poder que vuelve menos vulnerables las instituciones públicas. Pero frente a esas condiciones oligárquicas, la verdadera salvaguarda del estado de derecho recae en la sociedad civil. Cuando está organizada, cuando se vincula con el resto del mundo y cuando logra con su trabajo permear la agenda pública, se convierte en el verdadero contrapeso. Ese es el contrapeso que queremos todos.  


Cristian J. Vargas Díaz es Licenciado  en  Relaciones  Internacionales  por  la  Universidad  de  Guadalajara,  e  “intrigoso” como  consecuencia.  Les debe a RayBradbury, Juan Rulfo y Thomas Mann su gusto por la literatura y su vejez prematura. Cinéfilo y “seriéfago” enfermizo, sigue aprendiendo a escribir.

 

 

 

Etiquetas:      Periodismo      AMLO     México

 

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Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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