Opinión
La Gráfica en Guadalajara

Noviembre se caracteriza por ser un mes que honra a la muerte, el personaje de La Catrina de José Guadalupe Posada, grabador y caricaturista originario de Aguascalientes, es un ícono de las festividades del mes, pues la reproducción de sus estampas con alusión a diversas escenas de la vida de la época, es personificada por diferentes calaveras que hasta nuestros días siguen actuales en la cultura popular mexicana.
La técnica del grabado en Jalisco siempre ha estado vigente, en unas épocas más que en otras, pero resulta conocida para algunos, aunque no la practiquen pues como metrópoli tenemos incluso en nuestro patrimonio el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas (MUPAG) en existencia desde 1994 y con su reciente reapertura en 2022, después de haber permanecido cerrado por casi seis años.
La Casa de los Perros o del periodismo y la gráfica vuelve a tener vida y con una rica agenda de actividades, ya que fue sede el proyecto ocurrido en noviembre del colectivo ARTE EL BARRIO que encabeza Andrea Silva como parte de su proyecto ejecutivo de la Maestría en Gestión y Desarrollo Cultural de la Universidad de Guadalajara, dicho colectivo busca vincular, visibilizar y difundir el trabajo de artistas, gestores y proyectos culturales de un mismo barrio, como parte de la identificación del patrimonio vivo, el proyecto en su primera edición comienza con una cartografía el barrio del Santuario.
En el marco de ARTE EL BARRIO, el MUPAG fue sede de un taller de un grabado para principiantes y de la mesa de diálogo “De la Gráfica Actual en Guadalajara” moderada por el Mtro. Elías Castañeda donde se reunieron personalidades de larga trayectoria como Cornelio García de su taller Torre de los grillos o Carmen Alarcón y su taller de mujeres La Huerta Gráfica, así como José Gutiérrez, Alejandro Herrera, Margarita Vega, Manuel Guardado, Hugo Gutiérrez y María José Petersen.
La diversidad de talleres juntos logró en esa sesión poder discutir entre procesos por ejemplo con ácido directo y lo que procura el taller de la Mtra. Alarcón con métodos lo más naturales posibles y con menor impacto tóxico en el ambiente, a su vez se mencionaron otros procedimientos de reproducción clásicos para los ponentes como el agua fuerte, agua tinta y litrografía, hasta la experimentación con aluminio, fotocerámica, tinta al azúcar, siligrafía, estampa digital y herramientas como la lámina de poliéster y más utilitarias de impresiones en tela.
La Mtra. Margarita Vega desde su taller Gráfica Vega, citaba que a su consideración la gráfica actual estaba en su mejor momento, ya que al igual que otros rubros las redes sociales exponen el trabajo y la innovación de la técnica con nuevos artistas, desde más talleres independientes hasta algunos creadores que ya cuentan con su equipo básico de tórculo en casa. Sin embargo, el Mtro. José Gutiérrez que en su taller se especializa principalmente en la maquila de la impresión y en la ejecución de los procesos de reproducción con diversos artistas, a su experiencia consideró que la época de oro del grabado en Guadalajara fue en los años ochenta, ya que reconocidos artistas de otros estados e internacionales venían a imprimir a la ciudad a talleres como el de Pilar Bordes o Guachabato que también continúa en actividad y es de antaño.
Coincidir con algunos discursos y debatir sobre procesos y técnicas llevó a que los asistentes quedaran impresionados con la trayectoria y experiencia de los invitados a la mesa, despertando el interés y conociendo convocatorias vigentes como la del Estampa Jalisco que el Mtro. Manuel Guardado desde su taller Semilla Gráfica que se dedica a promover la gráfica al interior del estado organiza en conjunto con la asociación Rutas Plásticas Jalisco.
Esta convocatoria se abre a todos los talleres de grabado del estado y participan alrededor de 20, algunos con exposiciones o talleres y un concurso de grabado, este evento se comenzó por que no hay una comunidad certera del grabado en el estado y la finalidad es
vincular los talleres centralizados y personas que desarrollan algún proyecto de grabado al interior de Jalisco, esta iniciativa ya ha logrado fundar 4 talleres en distintos municipios y dejar un legado para las futuras generaciones que se interesen en el tema.
Sin duda la gráfica está viviendo una época interesante en Jalisco que no puede compararse con otras, pues ha resultado que los procesos rudimentarios se han mezclado incluso con materiales y técnicas actuales que continúan siendo los nuevos retos de reproducción para los artistas o talleres de antigüedad y emergentes, esperemos que el MUPAG siga siendo sede de este tipo de eventos y el impulsor por parte del estado en el rubro.
Sobre la autora
Cristina Martínez Avendaño es licenciada en Diseño para la Comunicación Gráfica por la Universidad Enrique Díaz de León y maestra Gestión y Desarrollo Cultural por la Universidad de Guadalajara.
Opinión
Ojo, así se roban tus datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.
Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.
Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.
Datos personales de los afectados
En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.
La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.
Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.
Ignoramos el valor de nuestros datos
La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.
En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas.
La tarea primordial
En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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Opinión
La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.
Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.
En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.
La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.
Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.
No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.
No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.
Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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