5 técnicas artesanales que te harán amar Tlajomulco

5 técnicas artesanales que te harán amar Tlajomulco…
¿Crees que hablar de Jalisco y sus artesanías se limita a los municipios de Tonalá y Tlaquepaque?
Bueno… no hay nada más alejado de la realidad.
Como muestra, hoy queremos compartir contigo los cinco sitios y sus artesanía más representativas del municipio de Tlajomulco de Zúñiga, ubicado en la Región Centro del Estado, cuyo nombre significa «Tierra en el rincón».
Tlajomulco forma parte de la Zona Metropolitana de Guadalajara y entre sus atractivos turísticos principales está la Ruta Franciscana, conformada por templos construidos por esa orden religiosa en la época de la Conquista entre los Siglos 17 y 18.
Sin embargo, sus tradiciones, su cultura y su arte popular pueden palparse a lo largo y ancho de su territorio. Echa un vistazo:
El barro bruñido de San Juan Evangelista

Pieza elaborada por la artista popular María Alejandra Soto Blanquel.

Retablo religioso elaborado por el artesano Martín Ibarra.

Vírgenes de barro de don Martín Ibarra.
Molcajetes de San Lucas Evangelista
Utilizados desde tiempos prehispánicos, los molcajetes y metates son piezas elementales de la cocina tradicional mexicana.

Elaboración de molcajetes en San Lucas Evangelista.
En las faldas de Cerro Viejo, en la comunidad de San Lucas Evangelista, aún se extrae la piedra basalto que a fuerza de cincel y marro —y herramientas y eléctricas—, da lugar a los tradicionales morteros mexicanos donde se trituran y martajan los granos, especias y vegetales condimentan nuestras famosas salsas.

Elaboración de molcajetes en San Lucas Evangelista.
Tejido de Tule en Cuexcomatitlán
La creación de petates, lámparas, jarrones, sillas y fruteros de tule era tan popular entre la población de San Juan Evangelista que la comunidad era conocida como San Juan «petatero».

Tejido de Tule en Cuexcomatitlán.
Esta planta acuática, extraída de la laguna de Cajititlán, daba trabajo a buena parte de la población cuyos tejidos a mano eran famosos entre nacionales y extranjeros.
Hoy, muy pocos artesanos de la comunidad viven de la elaboración de sus piezas artesanales, pero aún se conserva.

Tejido de Tule en Cuexcomatitlán.
Tejido de crin de caballo de Cajititlán
Sí, incluso el pelo de caballo tiene un uso artesanal entre los pobladores de Cajititlán.
Una vez que se lava, se desinfecta y se tiñe, la crin de caballo se trenza a mano para crear artesanías tan variadas que van desde anillos, cinturones, corbatines, bolsos y pulseras hasta sillas para montar y toquillas para sombrero.

Tejido de crin de caballo de Cajititlán.

Velas escamadas, cabecera municipal de Tlajomulco
Otra de las tradiciones ancestrales mexicanas que aun se conservan en Tlajomulco de Zúñiga es la elaboración de «velas escamadas».

Velas escamadas, cabecera municipal de Tlajomulco.
La cerería fue introducida al País por los españoles; el uso cotidiano de velas y cirios en conventos, templos y hogares dio paso a esta industria cuya expresión más elaborada puede encontrarse todavía entre algunos pocos artesanos de Tlajomulco quienes adornan con flores y hojas de cera las luces de los altares.

Foto: Graciela Ramírez.
Etiquetas: Tlajomulco La Perla Juan Carlos Sagredo
Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.
Los buñuelos
Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.
Los tejocotes en dulce
Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

Pan de elote
El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.
Polvorones de harina
Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.
Las hojarascas
Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial.
La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.
Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios.
La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.
Alfeñiques, un arraigo comunitario
Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.
Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.
En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.
Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.
Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.
En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, elaboración artesanal
El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.
La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.
En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.
En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial.
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