Lumaltok: murciélagos y neblina, rock en tsotsil

Antes de hablar de Lumaltok, se tiene que entender su lugar de origen para comprender en mejor medida su propuesta.
Zinacantán es un poblado indígena ubicado en los Altos de Chiapas, que se distingue por su producción de flores y la confección de ropa, hermosamente colorida, hecha en telares de cintura. En esta región donde el tsotsil es el dialecto dominante, la música (específicamente el rock, jazz y blues) ha sido reclamada para sonar en esta lengua y el grupo Lumaltok es la prueba de ello.
Zinacantán
Visitar Zinacantán es una experiencia única, se tienen que surcar los cerros en una carretera a veces cubierta por una espesa neblina que dificulta ver por dónde se transita. Cuando los rayos del sol por fin logran penetrar la cortina, es posible admirar el paisaje en el que predominan los grandes viveros de toldo blanco donde se cultivan las flores.
Ubicado a ocho kilómetros de San Cristóbal de las Casas, una vez ahí de inmediato se percibe la amabilidad de quienes habitan el poblado, es común que alguna familia te invite a su hogar para compartir la comida. Sentados frente al fogón se agradece el calor que desprende y permanecer resguardado de la llovizna y el frío, clima dominante en Zinacantán. Si se logró una conexión con los anfitriones, te convidarán del vino ceremonial maya: pox o posh, un aguardiente producto de la fermentación del maíz.
Cuando se camina por sus calles resalta a la vista la predominación del color morado entre sus pobladores, principalmente en el traje típico de sus mujeres, quienes portan con orgullo una capa que simboliza las alas de un murciélago, pues precisamente ese es el significado de Zinacantán: lugar de murciélagos.
Tierra y nube
Esta combinación de elementos es lo que da vida a Lumaltok, su nombre en tsotsil es la combinación de las palabras lumal (tierra) y tok (nube), que emula el momento en que la nube baja a ras de suelo formando la neblina, explican los músicos.
Las flores, los murciélagos, la hospitalidad de su gente, el posh, el frio, los telares, forman parte de la vida de estos cinco jóvenes que tienen en su haber tres discos. En la guitarra y voz se encuentra Zanate, Moy en la batería, Checko en el bajo, Diego en la guitarra y Maestro Chango, en el saxofón y teclados; ellos mismos describen que su música es “un rock energético con un sonido crudo y fuerte”; además de considerar que han creado su propio género musical al que han llamado «Psicodelic Pox Blues».
Trayectoria
Su debut nacional se registró durante el primer Concierto de música indígena contemporánea «Kasahast Vanut», en la Plaza Fundadores de San Luis Potosí, el 9 de agosto de 2008.
Luego participarían en el 26º «Festival Internacional Ortíz Tirado», en Sonora y en el 6º «Festival Ollinkan» en el D.F. y llegarían hasta Guatemala durante el 2009.
En marzo de 2014 se presentaron en la décimo quinta edición del «Festival Iberoamericano Vive Latino», realizado en Foro Sol del Distrito Federal.
Actualmente tienen presentaciones en San Cristóbal de las Casas con su más reciente disco “Vukub ja’ vil ta Lumaltok” (Siete años entre la neblina), que es un compilado de sus dos discos anteriores, con el que quieren transmitir sus éxitos, las anécdotas, los viajes y principalmente su crecimiento como músicos.
Para conocer más sobre su trabajo te compartimos su SoundCloud, donde escucharás más de su propuesta.
Ricardo Gómez es cofundador del portal CuartaMx.
<ESS>
Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.
Los buñuelos
Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.
Los tejocotes en dulce
Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

Pan de elote
El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.
Polvorones de harina
Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.
Las hojarascas
Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial.
La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.
Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios.
La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.
Alfeñiques, un arraigo comunitario
Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.
Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.
En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.
Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.
Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.
En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, elaboración artesanal
El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.
La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.
En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.
En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial.
-
ZMG5 enero 2026Cajititlán se prepara para la fiesta de los Reyes Magos 2026
-
ZMG6 enero 2026Todo listo para la festividad de los Reyes Magos en Cajititlán
-
ZMG5 enero 2026Tlaquepaque recauda 6.2 mdp de predial en primer día de cobro
-
ZMG6 enero 2026Reparten 500 roscas y mil 700 litros de chocolate en Guadalajara











