Carlos Manzo: El mártir de Uruapan y el costo de la valentía en México

El homicidio de Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan, Michoacán, el pasado 1 de noviembre de 2025, es más que un crimen: es una trágica sentencia. En México, el precio de la valentía se paga con la vida. Este acto cobarde y artero, que arrebató el latir de un corazón que no cabía en el pecho, convierte a Manzo en el mártir que debe sacudir a la nación y exige una mirada cruda sobre la inacción y la insensibilidad del régimen federal.
Uruapan y México están de luto, sumidos en un estado de shock y rabia impotente. La incredulidad se mezcla con el dolor al ver que el hombre que juró protegerlos fue silenciado. Su muerte no solo es un crimen, sino un acto de terrorismo moral diseñado para infundir miedo y desmovilizar a la sociedad.
Carlos Manzo, nacido en Uruapan en 1985, fue un líder que se negó a ser un burócrata más ante el embate del crimen organizado. Representó al “David del Siglo XXI” frente al “Goliat del narco” que desangra a su tierra.
El artículo original de septiembre de 2025 ya destacaba esta lucha desigual. Ahora, el desenlace fatídico subraya un mensaje escalofriante: en México, ser valiente y defender al pueblo contra el crimen es condenarte a perder la vida.
Él lo sabía. Su postura era de guerra, una respuesta desesperada que contrastaba con la política federal de “Abrazos, no balazos”. Manzo se puso un chaleco antibalas y salió a patrullar, instruyendo a su policía a “abatir” a los delincuentes. Desafió al Goliat denunciando la existencia de campos de adiestramiento de mercenarios y enfrentando la narcopolítica.
“No quiero ser otro más de la lista de los ejecutados”, fue su premonitoria súplica.
Su homicidio confirma que, para el régimen, la muerte es el arma para silenciar a quienes no se rinden. Su sacrificio, un día después del inicio de las celebraciones por el Día de Muertos, adquiere un simbolismo macabro: se convierte en la ofrenda más amarga al altar de la violencia.
La memoria de Carlos Manzo no puede ser relegada a un expediente. Su trágica caída debe ser una denuncia visible y permanente ante el poder.
Por ello, se hace un llamado a que, en todas las plazas del país, y de manera específica en el Zócalo capitalino y en Palacio Nacional, la Bandera de México ondee a media asta por todo un mes en memoria de Carlos Manzo.
Que esta acción no sea solo un gesto de luto, sino un recordatorio constante. Que cada que la presidenta de México se asome por el balcón y vea la Bandera Nacional ondear a media asta, recuerde que, gracias a su omisión y su inacción, Carlos Manzo perdió la vida. Este símbolo debe ser la marca visible de la deuda histórica de este régimen con la dignidad de Uruapan.
La tragedia de Uruapan es el resultado directo de la omisión, la insensibilidad y la indiferencia del más alto nivel.
Carlos Manzo agotó todas las instancias, hizo múltiples llamados a la federación y suplicó apoyo urgente. Le imploró directamente a la seguridad federal: “No quiero ser otro presidente municipal de los muertos”.
La presidenta de México, en lugar de atender el auxilio, desatendió, minimizó y fue insensible a sus gritos, llegando incluso a descalificar sus estrategias por no alinearse con la política de seguridad nacional, demostrando un profundo desconocimiento del contexto de Uruapan. Sin embargo, estos llamados cayeron en oídos sordos.
La inacción y la minimización de sus alertas por parte de la presidenta, en el marco de una política de seguridad criticada por ser insuficiente contra el crimen organizado, generaron un vacío de protección. Es ineludible señalar: la omisión del régimen generó que Carlos Manzo perdiera su vida. La retórica del lunes en la “mañanera” no puede sustituir el apoyo que se le negó cuando vivía.
Este régimen que, a ojos de muchos, protege o, al menos, es incapaz de frenar a grupos delictivos, tiene una deuda con la memoria de Manzo.
La muerte de Carlos Manzo debe ser el catalizador para el despertar de ese gigante dormido, ese México bronco que está aletargado porque las balas pesan más que las palabras.
Su legado plantea la pregunta más importante para la nación: ¿Cuál es el rumbo de México? ¿Seguiremos con una narcopolítica que asesina a los valientes y permite la impunidad, o daremos un paso valiente y decisivo?
Hoy, la memoria de Carlos Manzo se honrará como la de un mártir por la valentía. Es un llamado urgente al pueblo de México a la unidad y a la acción. Es imperativo salir a las calles a manifestarse contra estos actos que atacan la autonomía municipal y la democracia. Solo la unidad de todos en contra de este Goliat podrá llevar a la destrucción de las estructuras de impunidad.
No cabe duda, la Cuarta Transformación (4T), la presidenta Claudia Sheinbaum y todo ese régimen siguen haciendo más daño que el diablo que, según la leyenda, dejó su rodilla marcada en el Parque Nacional de Uruapan. Su inacción ante el martirio de un héroe que dio todo por el pueblo en el cual vio la luz por primera vez es un golpe demoledor a la justicia, la esperanza y el corazón de México.
Que la memoria de Carlos Manzo no sea solo una estadística. Su dignidad y valentía deben ser el motor de nuestra acción. Honrar a Manzo es dejar de ser el gigante dormido. Es exigir cuentas a quienes, por omisión, permitieron su caída. El costo de la valentía fue su vida; el precio de la indiferencia será la pérdida total de nuestra libertad.
Este artículo se desarrolla en memoria del gran héroe de Uruapan, Michoacán, “El Héroe del Sombrero”.
Se hace un llamado formal al ITESO (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente), el alma mater donde Carlos Manzo forjó su visión de servicio público estudiando la licenciatura en Ciencias Políticas, para que, en su memoria, se perpetúen algunas aulas o espacios de esa carrera con el nombre de Carlos Manzo.
Que la próxima generación de politólogos egresados del ITESO entienda que la política no es solo teoría, sino una lucha que, a veces, exige el sacrificio más alto.
Balance de un año de gobierno de Pablo Lemus

La gobernabilidad es, de acuerdo a los aportes teóricos de la ciencia política, la cualidad de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio de un modo considerado legítimo por la ciudadanía (Arbós y Giner, 1993: 13); también se entiende como el estado de equilibrio dinámico entre el nivel de las demandas sociales y la capacidad del sistema político para responderlas de manera legítima y eficaz (Camou, 1995: 22; 2000:283-286); en ese sentido, gobernabilidad es un concepto amplio que se refiere a cómo se gobierna un país, una entidad o un municipio, es decir, la manera en que una autoridad gubernamental toma decisiones y la medida en que dichas decisiones generan por parte de otros actores (políticos, económicos y sociales) respaldos, apoyos y adhesiones, en concreto legitimidad.
Para calibrar o medir la gobernabilidad existen varias metodologías e indicadores impulsados por organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Comisión Económica para América Latina y el Banco Mundial, entre otros. Para efectos prácticos de este documento se seleccionaron seis indicadores que ayudan a evaluar la gobernabilidad, los cuales se definen a continuación:
Eficacia decisional del gobierno. La capacidad de un gobierno para tomar decisiones que logren los objetivos deseados y que tengan resultados positivos para la sociedad. Implica que las decisiones sean efectivas, que cumplan con su propósito y que los resultados sean percibidos como beneficiosos por la ciudadanía. La eficacia decisional de un gobierno implica la capacidad de tomar decisiones acertadas, implementarlas eficazmente y lograr resultados positivos que satisfagan las necesidades de la sociedad y sean percibidos como tales por la ciudadanía.
Legitimidad gubernamental. La aceptación y reconocimiento por parte de la población del derecho de un gobierno a dirigir y a desempeñarse como agente director. Es la cualidad que hace que un gobierno sea considerado legítimo, basado en la creencia de que actúa de acuerdo con las normas, valores y expectativas de la sociedad. La legitimidad es crucial para la gobernabilidad, ya que un gobierno legítimo goza de mayor estabilidad, cooperación y apoyo social. Sin legitimidad, un gobierno puede enfrentar resistencia, inestabilidad política y dificultades para implementar políticas.
Coordinación y cohesión institucional. La articulación y armonización de esfuerzos entre diferentes entidades de gobierno para lograr objetivos comunes, evitando duplicidades y conflictos. La cohesión institucional, por otro lado, implica la existencia de un sentido de pertenencia, confianza y colaboración entre los diferentes actores del gobierno, lo que facilita la implementación de políticas y la consecución de metas compartidas.
Estabilidad política. Capacidad del sistema político para mantener un gobierno en funcionamiento y evitar perturbaciones o cambios significativos a largo plazo. Implica un estado de tranquilidad, organización y continuidad en la esfera política, lo que a su vez facilita la planificación, inversión y prosperidad.
Conflictividad política. Situaciones de tensión y enfrentamiento dentro de un sistema político, donde diferentes grupos o individuos con intereses y valores divergentes compiten por el poder, recursos o influencia. Estos conflictos pueden manifestarse a través de debates, protestas, o incluso violencia, y pueden afectar la estabilidad y el funcionamiento del sistema político.
Deterioro social y episodios violentos. El deterioro social se refiere al proceso progresivo de debilitamiento o ruptura de los lazos que sostienen la cohesión de una sociedad. Este fenómeno puede manifestarse en múltiples dimensiones: aumento de la violencia, pérdida de confianza en las instituciones, debilitamiento del tejido comunitario, exclusión social, y normalización de prácticas que atentan contra la convivencia y la equidad. Los episodios violentos son actos de aplicación de fuerza intencionalmente lesiva para las personas o grupos a los que se les aplica; tipo de acción mediante la cual una persona o grupo de personas daña a otros.
El periodo de análisis (diciembre 2024 – diciembre 2025) corresponde al inicio de la ejecución de políticas públicas del nuevo ciclo sexenal, posterior a la elección de 2024. Este contexto está marcado por la necesidad de consolidar una agenda de desarrollo ambiciosa y por la adaptación a un entorno nacional caracterizado por una fuerte hegemonía política del partido en el poder, lo que implica una debilidad de la oposición a nivel federal y un riesgo de concentración de poder en el ámbito local.
El marco conceptual adoptado define la gobernabilidad no sólo como la capacidad de un gobierno para actuar (eficacia), sino también como el mantenimiento de la estabilidad institucional a través del consenso social y la adhesión de los actores clave (legitimidad). El informe se basa en la triangulación de datos oficiales (Planes de Desarrollo, informes de pobreza, cifras de seguridad), la revisión de procesos institucionales (Congreso, Gabinete) y la crítica especializada (medios y columnas de opinión).
Eficacia decisional
La eficacia decisional evalúa la capacidad del gobierno para tomar decisiones importantes y lograr un impacto directo en la resolución de los problemas planteados. En 2025, esta capacidad se centró en la planificación a largo plazo y la modernización administrativa.
El primer esfuerzo decisional de la administración de Pablo Lemus Navarro se concretó en el Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza (PEDG) 2024-2030. Este documento, presentado formalmente en septiembre de 2024, fue el resultado de un extenso proceso de consulta que involucró a más de 650 mil personas de todas las regiones y sectores, un ejercicio que buscó dotar al plan de una alta legitimidad de origen. El PEDG se concibió como una “hoja de ruta” viva y no un “catálogo de promesas”. Su intención parece ser una guía operativa y motor de transformación en todos los órdenes de gobierno.
Los temas estratégicos identificados reflejan una clara intención de atacar problemas históricos de Jalisco, incluyendo la búsqueda integral y coordinada de personas desaparecidas, el enfoque de mujeres libres de violencia y el saneamiento del Río Santiago.
Una decisión de alto impacto fue la priorización de la innovación pública, el gobierno digital y la Inteligencia Artificial (IA) como pilares fundamentales de la gestión. La literatura especializada citada en documentos oficiales sugiere que la IA puede optimizar procesos, personalizar servicios y facilitar la toma de decisiones más informada, lo que se traduce en una mayor eficiencia y eficacia.
La ejecución de esta estrategia se orientó a consolidar un desempeño eficiente e incrementar el uso de tecnologías de la información en políticas y proyectos. Como mecanismo de rendición de cuentas, el gobierno estableció un sistema de seguimiento en línea (mide.jalisco.gob.mx) para monitorear el cumplimiento de las metas del Plan Estatal. Esta formalización del seguimiento es un indicador de la capacidad gerencial para la transparencia y la medición del desempeño.
A mediados de 2025, el Congreso del Estado realizó un análisis del PEDG, confirmando la coherencia en la planeación y la articulación de estrategias integrales en cultura, salud, desarrollo social y educación.12 Esto demuestra la capacidad del Ejecutivo para generar un documento rector que articula acciones con la federación y los municipios.
No obstante, se observa una divergencia entre la eficacia técnica y la percepción resolutiva. La alta inversión en herramientas tecnocráticas (IA, digitalización, planificación detallada) sugiere un gobierno internamente eficiente. Sin embargo, como se analizará más adelante, la persistencia de una alta conflictividad social y deterioro social masivo plantea la preocupación de que la eficacia se perciba como meramente administrativa y no como la solución efectiva a los problemas fundamentales de la ciudadanía. La eficacia decisional, en ese sentido corre el riesgo de ser interpretada como una herramienta de optimización burocrática en lugar de un motor de bienestar social inclusivo.
Legitimidad gubernamental
La legitimidad gubernamental se mide por la capacidad del gobierno de generar adhesiones y consensos entre los principales actores políticos y sociales. Durante 2025, la administración logró mantener una adhesión institucional, aunque enfrentó un profundo desafío de legitimidad social por parte de grupos organizados.
La relación con el Congreso del Estado se mantuvo dentro del marco de la legalidad y la formalidad institucional. Un ejemplo de esto fue el proceso ordenado de entrega-recepción de la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política (JCP) en octubre y noviembre de 2025. La JCP, crucial para el funcionamiento del Congreso, se mantuvo enfocada en su misión primordial de impulsar consensos legislativos y coordinar la agenda. Además, el Congreso asumió tareas de contrapeso al realizar análisis y comparecencias detalladas sobre la ejecución del PEDG.
Este nivel de funcionamiento formal es un indicador de alta legitimidad institucional. Sin embargo, el análisis del entorno político general del 2025 señala un riesgo de que esta adhesión se deba, en parte, a un contexto de concentración de poder a nivel nacional. La fuerte hegemonía política del partido en el poder a nivel federal relega a la oposición a una presencia debilitada. Esto significa que, si bien la legitimidad formal es alta, la legitimidad democrática (basada en la pluralidad y la capacidad real de contrapeso) puede estar estructuralmente erosionada.
El sector empresarial, representado por organismos como Coparmex, la Cámara de Comercio y el Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco mantuvo una relación de colaboración con el Ejecutivo estatal, reconociendo avances en la competitividad de Jalisco, aunque señalando la persistencia de desafíos. La celebración de eventos como el Premio Jalisco al Emprendimiento en octubre de 2025 refuerza la percepción de una relación funcional y de apoyo mutuo con las élites económicas.
En contraste, la academia, como la Universidad de Guadalajara (UdeG), centró su discurso en la necesidad de que los órganos autónomos, como la Suprema Corte, busquen legitimidad a través de resoluciones imparciales. Esto se interpreta como un recordatorio crítico al Ejecutivo sobre la importancia de la independencia judicial y la vigilancia académica para sostener la legitimidad del sistema de gobernanza. También las tensiones entre la Universidad de Guadalajara (UdeG) y el Gobierno de Jalisco, bajo la administración de Pablo Lemus Navarro, persistieron principalmente por temas presupuestales y de seguridad. La UdeG ha señalado la necesidad de mayor presupuesto estatal, mientras que la seguridad pública fue otro punto de fricción.
Por lo que respecta a la vinculación con cúpulas partidistas y gobiernos municipales. Movimiento Ciudadano (MC), el partido en el poder, delineó una estrategia buscando puntos de coincidencia puntuales con otros partidos (PAN, PRI, Morena) sin formalizar alianzas de largo aliento, sino coyunturales esto se evidenció en acuerdos alcanzados entre grupos parlamentarios al interior del Legislativo local. Esta postura pragmática intentó generar adhesiones, defendiendo la idea de que la construcción de Jalisco debe trascender las líneas partidistas rígidas. La coordinación con gobiernos municipales se centró, primordialmente, en la aplicación territorial del PEDG.
Coordinación y cohesión institucional
La coherencia decisional se fundamentó en la implementación rigurosa del PEDG. El Plan fue diseñado para articular políticas en todos los sectores, buscando la concordancia entre la ejecución estatal, la agenda federal y las necesidades municipales. La presentación de estrategias “integrales” por parte de los secretarios del gabinete en temas como salud, cultura y educación mostró una directriz unificada que promueve la consecución de estilos de vida saludables, reducción de desigualdades y fortalecimiento de la infraestructura, asegurando un flujo de comunicación interinstitucional coordinado.
Un indicador crítico de la cohesión institucional son los movimientos dentro del gabinete. El Gobierno de Jalisco anunció cambios en el Gabinete en diciembre de 2025 (cambios que al momento de redactar este informe no se han realizado). Si bien los ajustes son parte del ciclo administrativo, su concentración al cierre del periodo de análisis puede generar una incertidumbre en la continuidad de procesos.
La dependencia del gobierno en la gestión tecnocrática avanzada (uso e impulso de la IA y Gobierno Digital. https://transformaciondigital.jalisco.gob.mx/ ) hace que cualquier cambio en las cabezas de las coordinaciones introduzca un riesgo de interrupción en la ejecución de políticas complejas. Los nuevos funcionarios deben asimilar rápidamente los objetivos estratégicos del PEDG para evitar que la parálisis gerencial socave la eficacia decisional lograda en la fase de planeación.
El contexto de 2025, marcado por una tendencia hacia la concentración de poder a nivel nacional, tiene una doble implicación para la cohesión: por un lado, facilita la imposición de una visión única y acelera la implementación de la agenda política; por otro lado, hace que el sistema sea excesivamente dependiente de la figura del Ejecutivo. En este entorno, la cohesión puede depender más de la lealtad política que de la eficiencia burocrática horizontal, lo que aumenta la vulnerabilidad ante fallos de comunicación o errores no corregidos por contrapesos internos.
Estabilidad política
La estabilidad política se refiere a la continuidad institucional sin interrupciones abruptas del orden constitucional y la capacidad del gobierno para contener crisis. Jalisco mantuvo una estabilidad formal durante 2025, gestionando sus transiciones de manera legal.
El sistema político estatal operó dentro de la normalidad constitucional. El relevo de las dirigencias en el Congreso en noviembre de 2025 se realizó bajo un estricto marco de legalidad, garantizando la continuidad de los procesos legislativos. La ausencia de violencia política sistémica o interrupciones abruptas de las funciones de gobierno confirma un nivel básico de estabilidad formal.
La principal crisis a contener es la de seguridad y derechos humanos. La administración articuló una estrategia de seguridad ciudadana enfocada en la protección de derechos humanos, la prevención social y el fortalecimiento institucional. El enfoque incluye la colaboración intergubernamental para la localización y prevención de desapariciones.
Además de la seguridad, la estabilidad se mide por la capacidad de mantener en curso los proyectos prioritarios, incluso ante la oposición. La amenaza de protestas vecinales para frenar obras de la Línea 4 del Tren Eléctrico requirió una gestión activa para evitar la interrupción del orden público y el retraso de la infraestructura.
No obstante, a pesar de la estabilidad formal, existen factores de riesgo estructurales. La ineficacia administrativa y la corrupción son elementos clave que impulsan la violencia y la impunidad en México, reduciendo la estabilidad a largo plazo. En Jalisco, la persistencia de carencias sociales masivas crea un caldo de cultivo para la conflictividad política. La ineficacia del gobierno en la reducción de la pobreza y la desigualdad es un factor de inestabilidad latente mucho más peligroso que cualquier conflicto gremial aislado.
La conflictividad política evalúa las confrontaciones dirigidas contra actos o políticas del gobierno por parte de grupos organizados. Durante 2025, la conflictividad en Jalisco fue de naturaleza dual: de baja intensidad en el ámbito laboral y de alta intensidad en el ámbito social-estructural.
El foco más agudo de la conflictividad ocurrió a principios de 2025, cuando Guadalajara se unió a una protesta global contra la desigualdad y el poder de los multimillonarios en enero. Este conflicto no fue meramente opositor a una política puntual, sino una confrontación estructural e ideológica. Los manifestantes criticaron directamente al gobierno de Jalisco, percibiéndolo como «cómplice de las élites económicas».6 Las demandas concretas se dirigieron contra la privatización del patrimonio público, el desarrollo inmobiliario que no resuelve la crisis de vivienda, y la sobreexplotación de recursos como el agua.6 La naturaleza de este conflicto, que exige impuestos progresivos a los superricos y mayor inversión en servicios públicos 6, socava la legitimidad del modelo de desarrollo económico promovido por el estado y resulta ser de contención más compleja que los conflictos tradicionales.
Los grandes proyectos de infraestructura generaron conflictos localizados. La Línea 4 del Tren Eléctrico enfrentó críticas por su desarrollo y amenazas directas de vecinos de, quienes advirtieron que realizarían protestas y freno de obras. Estos conflictos vecinales reflejaron la tensión constante entre la necesidad de desarrollo y el impacto social y ambiental de las obras públicas.
Un factor estabilizador fue la baja intensidad de la conflictividad laboral. Jalisco, bajo el nuevo sistema de justicia laboral federal, logró una alta eficacia del 60% en la resolución de conflictos. A nivel nacional, el modelo privilegia la conciliación, resolviendo alrededor del 70% de los conflictos por esta vía. Esta alta capacidad institucional para gestionar y resolver disputas gremiales evita movilizaciones sindicales masivas que podrían desestabilizar la economía y la política estatal.
Deterioro social y episodios violentos
Este indicador mide el debilitamiento de las estructuras de bienestar y la incidencia de eventos violentos, los cuales son catalizadores directos de la inestabilidad. Los datos de 2025 sobre la pobreza multidimensional en Jalisco revelan un deterioro social persistente que amenaza la cohesión. Un porcentaje significativo de la población, entre el 59.9% y el 61.5%, padece al menos una carencia social (Secretaría del Bienestar. Informe Anual sobre la Pobreza y Rezago Social 2025. Jalisco. Las carencias sociales más críticas son:
Acceso a la Seguridad Social: 42.0% de la población (3,568,388 personas) carece de acceso a la seguridad social.7 Esto indica una alta informalidad económica y una profunda vulnerabilidad.
Acceso a los Servicios de Salud: 37.1% de la población (3,156,568 personas) carece de acceso a servicios de salud.7 Esta es una carencia masiva que pone en riesgo la salud pública y la calidad de vida, demostrando una brecha crítica en la promesa de bienestar.
Rezago Educativo: 20.4% de la población (1,737,839 personas) sufre de rezago educativo.
El impacto de estas carencias es grave, limitando el capital humano y, en el caso de los jóvenes, contribuyendo al reclutamiento por parte del crimen organizado debido a la falta de oportunidades. Este vínculo directo entre la carencia social y la violencia es un factor de fragilidad para la gobernabilidad.
En lo que respecta a episodios violentos, el análisis de la violencia en 2025 presenta cifras contradictorias que requieren una interpretación crítica de la realidad de seguridad en Jalisco.
Desapariciones: En 2025, se registró una reducción significativa de enero a agosto, con 1,857 casos, lo que representa una disminución del 15.5% respecto al mismo periodo en 2024 (2,199 casos). Esta cifra es la más baja desde 2019, una reducción acumulada del 42.1% en seis años. Además, la eficacia en localización es notable, con el 59% de las personas desaparecidas en 2025 localizadas. Sin embargo, especialistas y académicos señalan que existen discrepancias en el Registro Estatal de Personas Desaparecidas, señalando que se esconden las cifras para maquillar el índice de incidencia.
Homicidios: La Presidencia de la República destacó una disminución del 15% en homicidios dolosos a nivel federal entre septiembre de 2024 y febrero de 2025. Aunque este dato es de carácter federal, se alinea con la narrativa estatal de reducción en delitos de alto impacto. Con base en los reportes disponibles a diciembre de 2025 sobre la situación de seguridad en Jalisco, persisten diferencias de narrativa entre las cifras oficiales de los gobiernos federal y estatal con las observaciones de familiares de víctimas y colectivos. Mientras los gobiernos sostienen una baja histórica en homicidios dolosos para 2025, los colectivos de familiares ponen el enfoque en la persistente crisis de desapariciones y hallazgos en campo, lo que genera una brecha significativa en la percepción de la realidad de seguridad.
A pesar de las cifras positivas en la crisis de desaparecidos, la seguridad interna del estado se deterioró en otras áreas. El total de mujeres víctimas de algún presunto delito en Jalisco registró un aumento significativo. En octubre de 2025, se registraron 671 víctimas, un incremento del 5.01% respecto a septiembre (639 víctimas) y superior al promedio mensual histórico de 548 víctimas (periodo 2016-2025), según datos del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco.
La confrontación de datos es crucial: mientras que se reportó una “caída histórica” en feminicidios (40%) y una reducción del 20% en violencia familiar en 2024 y 2025, el aumento en la victimización femenina total implica que la violencia no desapareció, sino que pudo haberse internalizado o trasladado a otras esferas, posiblemente delitos de menor visibilidad mediática, pero que afectan la seguridad personal y la cohesión social. El Estado no logra garantizar la seguridad básica en la esfera privada, lo que alimenta la fragilidad de la gobernabilidad.
Implicaciones para la gobernabilidad en Jalisco
El análisis de los seis indicadores de gobernabilidad en Jalisco para el periodo 2025 conduce a cuatro implicaciones fundamentales para la estabilidad y el desarrollo del estado:
- La brecha de la legitimidad estratégica
La principal debilidad de la gobernabilidad en Jalisco reside en la brecha entre la eficacia tecnocrática y la legitimidad social. El gobierno invirtió en planificación participativa (PEDG) y modernización administrativa, demostrando la capacidad de generar una estructura de gestión de alto nivel. Sin embargo, esta capacidad no ha sido percibida como una herramienta al servicio de la resolución de los problemas sociales crónicos. La conflictividad de 2025 no cuestionó la existencia de las decisiones, sino su orientación (crítica a la complicidad con élites y la privatización). La gobernabilidad es funcional en la gestión, pero vulnerable en su consentimiento social.
- Los riesgos estructurales del deterioro social
El deterioro social, especialmente la carencia en salud (37.1%) y seguridad social (42.0%), representa un riesgo de inestabilidad crónica. La alta tasa de pobreza multidimensional y la vinculación documentada entre la falta de oportunidades para jóvenes y el reclutamiento criminal crean una base social desestructurada que alimenta la conflictividad política a largo plazo. La estabilidad formal se mantiene a pesar de, y no gracias a, la situación social.
- La incoherencia en la gestión de la seguridad
La dicotomía y contradicción en las cifras de violencia es una implicación crítica para la credibilidad institucional. El gobierno celebra la reducción en desapariciones y homicidios, pero el aumento en la victimización femenina total revela que las estrategias de seguridad no están funcionando de manera integral. Esta incoherencia erosiona la confianza pública y la legitimidad de las políticas de seguridad, haciendo que la cohesión institucional parezca selectiva o enfocada únicamente en delitos de alta notoriedad mediática, ignorando la violencia sistémica y de género que desestructura la vida cotidiana.
- Vulnerabilidad ante la concentración de poder
El contexto de debilidad de los contrapesos, tanto en el Congreso local como por la tendencia nacional de concentración de poder, implica que, si bien la eficacia decisional es rápida, el sistema carece de mecanismos robustos para corregir errores de alto costo político. Las críticas a proyectos de infraestructura (Línea 4) 18 o la gestión de organismos descentralizados (SIAPA) demuestran que, sin una oposición institucional fuerte, la corrección de rumbo debe provenir de una conflictividad política externa, lo que incrementa el riesgo de crisis.
Síntesis cuantitativa de la gobernabilidad
La siguiente tabla resume el grado de desempeño alcanzado por cada uno de los indicadores clave de gobernabilidad durante el periodo 2024-2025, con una escala cualitativa que va de «Muy Baja» a «Muy Alta», basada en el análisis y los datos presentados en este balance:
| Indicador de Gobernabilidad | Grado alcanzado (Dic 2024 – Dic 2025) |
| EFICACIA DECISIONAL DEL GOBIERNO | Alta |
| LEGITIMIDAD GUBERNAMENTAL | Media |
| COORDINACIÓN Y COHESIÓN INSTITUCIONAL | Media-Alta |
| ESTABILIDAD POLÍTICA | Alta |
| CONFLICTIVIDAD POLÍTICA | Alta |
| DETERIORO SOCIAL Y EPISODIOS VIOLENTOS | Muy Alta |
Conclusiones
El análisis revela una compleja dinámica marcada por la alta capacidad técnica y la eficacia en la planeación administrativa del gobierno, contrastada por una legitimidad bajo presión social constante, impulsada por la persistencia de carencias sociales severas y una conflictividad política latente y que en cualquier momento podría detonar a instancias más altas.
La administración estatal demostró una notable eficacia decisional al articular y formalizar el Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, priorizando la modernización mediante el Gobierno Digital y la Inteligencia Artificial. Esta orientación tecnocrática se complementó con decisiones clave en la agenda de derechos humanos, como la política de búsqueda integral de personas desaparecidas.
Sin embargo, la legitimidad gubernamental se vio comprometida. A pesar de una relación funcional con el Congreso y las élites empresariales, la conflictividad social alcanzó picos significativos, especialmente en enero de 2025, cuestionando la priorización de intereses privados sobre derechos fundamentales. La estabilidad política se mantuvo formalmente, pero los riesgos de gobernabilidad son estructurales, derivados del alto índice de carencias sociales (37.1% de la población sin acceso a salud) y de una preocupante incoherencia en las cifras de seguridad: mientras se dice desde esferas gubernamentales que las desapariciones disminuyeron drásticamente, la victimización total de mujeres registró un incremento que superó el promedio histórico.
La principal conclusión es que la gobernabilidad de Jalisco es funcional a nivel administrativo, pero intrínsecamente vulnerable a nivel social. La capacidad de la administración para mantener la estabilidad a futuro dependerá de su habilidad para traducir la eficacia tecnocrática en una resolución palpable de las carencias sociales crónicas y para atender las demandas de los movimientos anti-élite de manera estructural.
Referencias
Arbós, X. y Giner, S. La gobernabilidad. Ciudadanía y democracia en la encrucijada mundial. México, Siglo XXI, 1993.
Bobbio, Norberto. Diccionario de política, 13° edición, 2 tomos. México, Siglo XXI, 2002. Pp. 703-710.
Camou, Antonio, «Gobernabilidad», en Léxico de la Política, México, FLACSO-FCE-CONACYT, 2000.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es profesor investigador en el CUCSH de la Universidad de Guadalajara. Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM. Escribe a jose.gomezvalle@gmail.com.
El renacer de la República del Río Grande

La política, al igual que el deporte de alto rendimiento, es una disciplina de resistencia, precisión y, sobre todo, vitalidad.
La irrupción del juez Tano Tijerina en la contienda por el Congreso de los Estados Unidos no sólo representa un cambio de siglas, sino un relevo generacional y fisiológico que redefine la representación del sur de Texas.
Con una trayectoria de más de quince años en la judicatura, Tijerina no es sólo un conocedor del espíritu de la ley, sino un exponente del ideal clásico mens sana in corpore sano.
Su pasado como lanzador profesional en la organización de los Milwaukee Brewers le otorgó una disciplina férrea que hoy traslada a la gestión pública. Esta faceta deportiva no es un mero accesorio biográfico; es el estandarte de un liderazgo enérgico que contrasta de manera casi dramática con la figura de su oponente, Henry Cuéllar.
A sus 70 años, el congresista demócrata proyecta la imagen de una política agotada, un hombre que luce cansado y carente del brillo necesario para afrontar los retos de una frontera que exige dinamismo.
Mientras Tijerina recorre el distrito con la agilidad de quien entiende que el servicio público es una carrera de fondo, Cuéllar parece arrastrar el peso de décadas de inercia legislativa que no han logrado cristalizar en soluciones tangibles para la región. La diferencia en la estampa física de ambos candidatos es el reflejo externo de sus propuestas: por un lado, la renovación vigorosa y la salud mental que otorga el rigor deportivo; por el otro, la fatiga crónica de un sistema que se niega a soltar el poder.
Más allá de la apariencia, el contraste se profundiza en el terreno de la integridad y el escrutinio legal. La imagen de Henry Cuéllar ha quedado irremediablemente desgastada tras la investigación del FBI que lo vinculó con la recepción de recursos provenientes de Azerbaiyán, flujos financieros que, según los informes, habrían transitado por instituciones como Banco Azteca.
Si bien es cierto que Donald Trump, en un movimiento político de alta estrategia, le otorgó un indulto, este acto de gracia no equivale a una declaración de inocencia ni borra la mancha ética ante el electorado. El hecho de que Cuéllar no tuviera el valor de acreditar su probidad ante un jurado, optando por la «vía libre» que le brindó el perdón presidencial, lo sitúa en una posición de extrema vulnerabilidad moral.
Para el votante del sur de Texas y el observador del norte de México, esta elusión de la justicia formal lo convierte en un candidato carente de la confiabilidad necesaria para representar intereses de seguridad nacional y comercio internacional.
En cambio, Tano Tijerina se presenta con la transparencia de quien ha servido desde el estrado, sin las sombras de la interferencia extranjera o el cabildeo cuestionable. Su candidatura, respaldada ahora por Trump para desplazar a un Cuéllar que el mandatario considera «poco confiable» a pesar del favor concedido, marca un punto de inflexión. Tijerina no solo lleva consigo la fuerza de su juventud y su pasado atlético, sino la solidez de una carrera judicial que lo blinda contra los señalamientos de corrupción que hoy asfixian la carrera de su rival.
La elección se resume, por tanto, en una pregunta sobre el vigor: ¿preferirá el sur de Texas la energía renovada de un deportista del derecho o la fatiga procesal de un congresista bajo sospecha?
La importancia de la candidatura de Tano Tijerina trasciende las fronteras administrativas de Texas para situarse en el plano de la geopolítica binacional. Como descendiente de mexicanos y poseedor de una afinidad profunda por la cultura y el sistema de vida de México, Tijerina se perfila como el vehículo ideal para abrir las puertas a una era de negocios sin precedentes entre el norte de México y el sur de Texas.
Su «mexicanidad» no es un discurso de campaña, sino una marca registrada que se manifiesta en su uso icónico del sombrero, un símbolo de identidad y respeto por la tierra que lo distingue de cualquier otro político en Washington. Esta conexión cultural le permite hablar un lenguaje común con los empresarios de Jalisco y Nuevo León, eliminando las barreras idiomáticas y conceptuales que a menudo frenan la inversión. Su visión es la de una integración económica real, donde Laredo recupere su estatus histórico como capital de la prosperidad.
Al ser un hombre que entiende el valor del sombrero y lo que este representa el trabajo duro, la palabra dada y la tradición, Tijerina lleva a la capital estadounidense una representación auténtica del «Rancher» del sur de Texas que, en esencia, es el hermano gemelo del «Charro» jalisciense. Este vínculo es fundamental para revitalizar acuerdos comerciales que vayan más allá de lo burocrático y se asienten en la confianza mutua y la historia compartida de una región que nunca ha dejado de ser una sola comunidad a pesar del río que la atraviesa.
En este contexto, la cuestión deportiva del Juez Tano cobra una relevancia estratégica como generadora de vínculos comerciales, educativos y culturales, especialmente con estados potencia como Jalisco.
Al recordar que Jalisco y Texas son estados hermanos, se evoca una relación histórica de orgullo y resistencia: mientras uno decidió permanecer con el «padre México» para convertirse en una potencia mundial de cultura y tradición, el otro buscó un «padre adoptivo» en la unión americana, pero ambos conservan el mismo ADN de liderazgo y autonomía.
La estatua situada a las afueras del Aeropuerto Internacional de Laredo, que muestra a un charro y a un vaquero dándose la mano, es el recordatorio físico de este destino común. Tijerina busca rescatar el espíritu de la efímera, pero significativa República del Río Grande, cuya capital fue precisamente Laredo, para demostrar que el norte de México y el sur de Texas poseen una fuerza económica propia capaz de dictar su propio futuro.
Su presencia en Washington no será la de un asimilado que olvida sus raíces, sino la de un embajador de facto que llevará la cultura, los negocios y la hermandad de Jalisco y el norte de México directamente al despacho oval y al pleno del Congreso.
Sobre el autor
Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.
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