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Opinión

Balance de un año de gobierno de Pablo Lemus

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Balance de un año de gobierno de Pablo Lemus Navarro

La gobernabilidad es, de acuerdo a los aportes teóricos de la ciencia política, la cualidad de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio de un modo considerado legítimo por la ciudadanía (Arbós y Giner, 1993: 13); también se entiende como el estado de equilibrio dinámico entre el nivel de las demandas sociales y la capacidad del sistema político para responderlas de manera legítima y eficaz (Camou, 1995: 22; 2000:283-286); en ese sentido, gobernabilidad es un concepto amplio que se refiere a cómo se gobierna un país, una entidad o un municipio, es decir, la manera en que una autoridad gubernamental toma decisiones y la medida en que dichas decisiones generan por parte de otros actores (políticos, económicos y sociales)  respaldos, apoyos y adhesiones, en concreto legitimidad.

Para calibrar o medir la gobernabilidad existen varias metodologías e indicadores impulsados por organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Comisión Económica para América Latina y el Banco Mundial, entre otros. Para efectos prácticos de este documento se seleccionaron seis indicadores que ayudan a evaluar la gobernabilidad, los cuales se definen a continuación:

Eficacia decisional del gobierno. La capacidad de un gobierno para tomar decisiones que logren los objetivos deseados y que tengan resultados positivos para la sociedad. Implica que las decisiones sean efectivas, que cumplan con su propósito y que los resultados sean percibidos como beneficiosos por la ciudadanía. La eficacia decisional de un gobierno implica la capacidad de tomar decisiones acertadas, implementarlas eficazmente y lograr resultados positivos que satisfagan las necesidades de la sociedad y sean percibidos como tales por la ciudadanía.

Legitimidad gubernamental. La aceptación y reconocimiento por parte de la población del derecho de un gobierno a dirigir y a desempeñarse como agente director. Es la cualidad que hace que un gobierno sea considerado legítimo, basado en la creencia de que actúa de acuerdo con las normas, valores y expectativas de la sociedad. La legitimidad es crucial para la gobernabilidad, ya que un gobierno legítimo goza de mayor estabilidad, cooperación y apoyo social. Sin legitimidad, un gobierno puede enfrentar resistencia, inestabilidad política y dificultades para implementar políticas.

Coordinación y cohesión institucional. La articulación y armonización de esfuerzos entre diferentes entidades de gobierno para lograr objetivos comunes, evitando duplicidades y conflictos. La cohesión institucional, por otro lado, implica la existencia de un sentido de pertenencia, confianza y colaboración entre los diferentes actores del gobierno, lo que facilita la implementación de políticas y la consecución de metas compartidas.

Estabilidad política. Capacidad del sistema político para mantener un gobierno en funcionamiento y evitar perturbaciones o cambios significativos a largo plazo. Implica un estado de tranquilidad, organización y continuidad en la esfera política, lo que a su vez facilita la planificación, inversión y prosperidad. 

Conflictividad política. Situaciones de tensión y enfrentamiento dentro de un sistema político, donde diferentes grupos o individuos con intereses y valores divergentes compiten por el poder, recursos o influencia. Estos conflictos pueden manifestarse a través de debates, protestas, o incluso violencia, y pueden afectar la estabilidad y el funcionamiento del sistema político.

Deterioro social y episodios violentos. El deterioro social se refiere al proceso progresivo de debilitamiento o ruptura de los lazos que sostienen la cohesión de una sociedad. Este fenómeno puede manifestarse en múltiples dimensiones: aumento de la violencia, pérdida de confianza en las instituciones, debilitamiento del tejido comunitario, exclusión social, y normalización de prácticas que atentan contra la convivencia y la equidad. Los episodios violentos son actos de aplicación de fuerza intencionalmente lesiva para las personas o grupos a los que se les aplica; tipo de acción mediante la cual una persona o grupo de personas daña a otros.

El periodo de análisis (diciembre 2024 – diciembre 2025) corresponde al inicio de la ejecución de políticas públicas del nuevo ciclo sexenal, posterior a la elección de 2024. Este contexto está marcado por la necesidad de consolidar una agenda de desarrollo ambiciosa y por la adaptación a un entorno nacional caracterizado por una fuerte hegemonía política del partido en el poder, lo que implica una debilidad de la oposición a nivel federal y un riesgo de concentración de poder en el ámbito local.

El marco conceptual adoptado define la gobernabilidad no sólo como la capacidad de un gobierno para actuar (eficacia), sino también como el mantenimiento de la estabilidad institucional a través del consenso social y la adhesión de los actores clave (legitimidad). El informe se basa en la triangulación de datos oficiales (Planes de Desarrollo, informes de pobreza, cifras de seguridad), la revisión de procesos institucionales (Congreso, Gabinete) y la crítica especializada (medios y columnas de opinión). 

Eficacia decisional

La eficacia decisional evalúa la capacidad del gobierno para tomar decisiones importantes y lograr un impacto directo en la resolución de los problemas planteados. En 2025, esta capacidad se centró en la planificación a largo plazo y la modernización administrativa.

El primer esfuerzo decisional de la administración de Pablo Lemus Navarro se concretó en el Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza (PEDG) 2024-2030. Este documento, presentado formalmente en septiembre de 2024, fue el resultado de un extenso proceso de consulta que involucró a más de 650 mil personas de todas las regiones y sectores, un ejercicio que buscó dotar al plan de una alta legitimidad de origen. El PEDG se concibió como una “hoja de ruta” viva y no un “catálogo de promesas”. Su intención parece ser una guía operativa y motor de transformación en todos los órdenes de gobierno.

Los temas estratégicos identificados reflejan una clara intención de atacar problemas históricos de Jalisco, incluyendo la búsqueda integral y coordinada de personas desaparecidas, el enfoque de mujeres libres de violencia y el saneamiento del Río Santiago.

Una decisión de alto impacto fue la priorización de la innovación pública, el gobierno digital y la Inteligencia Artificial (IA) como pilares fundamentales de la gestión. La literatura especializada citada en documentos oficiales sugiere que la IA puede optimizar procesos, personalizar servicios y facilitar la toma de decisiones más informada, lo que se traduce en una mayor eficiencia y eficacia.

La ejecución de esta estrategia se orientó a consolidar un desempeño eficiente e incrementar el uso de tecnologías de la información en políticas y proyectos. Como mecanismo de rendición de cuentas, el gobierno estableció un sistema de seguimiento en línea (mide.jalisco.gob.mx) para monitorear el cumplimiento de las metas del Plan Estatal.  Esta formalización del seguimiento es un indicador de la capacidad gerencial para la transparencia y la medición del desempeño.

A mediados de 2025, el Congreso del Estado realizó un análisis del PEDG, confirmando la coherencia en la planeación y la articulación de estrategias integrales en cultura, salud, desarrollo social y educación.12 Esto demuestra la capacidad del Ejecutivo para generar un documento rector que articula acciones con la federación y los municipios.

No obstante, se observa una divergencia entre la eficacia técnica y la percepción resolutiva. La alta inversión en herramientas tecnocráticas (IA, digitalización, planificación detallada) sugiere un gobierno internamente eficiente. Sin embargo, como se analizará más adelante, la persistencia de una alta conflictividad social y deterioro social masivo plantea la preocupación de que la eficacia se perciba como meramente administrativa y no como la solución efectiva a los problemas fundamentales de la ciudadanía. La eficacia decisional, en ese sentido corre el riesgo de ser interpretada como una herramienta de optimización burocrática en lugar de un motor de bienestar social inclusivo.

Legitimidad gubernamental 

La legitimidad gubernamental se mide por la capacidad del gobierno de generar adhesiones y consensos entre los principales actores políticos y sociales. Durante 2025, la administración logró mantener una adhesión institucional, aunque enfrentó un profundo desafío de legitimidad social por parte de grupos organizados.

La relación con el Congreso del Estado se mantuvo dentro del marco de la legalidad y la formalidad institucional. Un ejemplo de esto fue el proceso ordenado de entrega-recepción de la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política (JCP) en octubre y noviembre de 2025. La JCP, crucial para el funcionamiento del Congreso, se mantuvo enfocada en su misión primordial de impulsar consensos legislativos y coordinar la agenda. Además, el Congreso asumió tareas de contrapeso al realizar análisis y comparecencias detalladas sobre la ejecución del PEDG.

Este nivel de funcionamiento formal es un indicador de alta legitimidad institucional. Sin embargo, el análisis del entorno político general del 2025 señala un riesgo de que esta adhesión se deba, en parte, a un contexto de concentración de poder a nivel nacional. La fuerte hegemonía política del partido en el poder a nivel federal relega a la oposición a una presencia debilitada. Esto significa que, si bien la legitimidad formal es alta, la legitimidad democrática (basada en la pluralidad y la capacidad real de contrapeso) puede estar estructuralmente erosionada.

El sector empresarial, representado por organismos como Coparmex, la Cámara de Comercio y el Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco mantuvo una relación de colaboración con el Ejecutivo estatal, reconociendo avances en la competitividad de Jalisco, aunque señalando la persistencia de desafíos. La celebración de eventos como el Premio Jalisco al Emprendimiento en octubre de 2025 refuerza la percepción de una relación funcional y de apoyo mutuo con las élites económicas.

En contraste, la academia, como la Universidad de Guadalajara (UdeG), centró su discurso en la necesidad de que los órganos autónomos, como la Suprema Corte, busquen legitimidad a través de resoluciones imparciales. Esto se interpreta como un recordatorio crítico al Ejecutivo sobre la importancia de la independencia judicial y la vigilancia académica para sostener la legitimidad del sistema de gobernanza. También las tensiones entre la Universidad de Guadalajara (UdeG) y el Gobierno de Jalisco, bajo la administración de Pablo Lemus Navarro, persistieron principalmente por temas presupuestales y de seguridad. La UdeG ha señalado la necesidad de mayor presupuesto estatal, mientras que la seguridad pública fue otro punto de fricción. 

Por lo que respecta a la vinculación con cúpulas partidistas y gobiernos municipales. Movimiento Ciudadano (MC), el partido en el poder, delineó una estrategia buscando puntos de coincidencia puntuales con otros partidos (PAN, PRI, Morena) sin formalizar alianzas de largo aliento, sino coyunturales esto se evidenció en acuerdos alcanzados entre grupos parlamentarios al interior del Legislativo local. Esta postura pragmática intentó generar adhesiones, defendiendo la idea de que la construcción de Jalisco debe trascender las líneas partidistas rígidas. La coordinación con gobiernos municipales se centró, primordialmente, en la aplicación territorial del PEDG. 

Coordinación y cohesión institucional 

La coherencia decisional se fundamentó en la implementación rigurosa del PEDG. El Plan fue diseñado para articular políticas en todos los sectores, buscando la concordancia entre la ejecución estatal, la agenda federal y las necesidades municipales. La presentación de estrategias “integrales” por parte de los secretarios del gabinete en temas como salud, cultura y educación mostró una directriz unificada que promueve la consecución de estilos de vida saludables, reducción de desigualdades y fortalecimiento de la infraestructura, asegurando un flujo de comunicación interinstitucional coordinado.

Un indicador crítico de la cohesión institucional son los movimientos dentro del gabinete. El Gobierno de Jalisco anunció cambios en el Gabinete en diciembre de 2025 (cambios que al momento de redactar este informe no se han realizado). Si bien los ajustes son parte del ciclo administrativo, su concentración al cierre del periodo de análisis puede generar una incertidumbre en la continuidad de procesos.

La dependencia del gobierno en la gestión tecnocrática avanzada (uso e impulso de la IA y Gobierno Digital. https://transformaciondigital.jalisco.gob.mx/ ) hace que cualquier cambio en las cabezas de las coordinaciones introduzca un riesgo de interrupción en la ejecución de políticas complejas. Los nuevos funcionarios deben asimilar rápidamente los objetivos estratégicos del PEDG para evitar que la parálisis gerencial socave la eficacia decisional lograda en la fase de planeación.

El contexto de 2025, marcado por una tendencia hacia la concentración de poder a nivel nacional, tiene una doble implicación para la cohesión: por un lado, facilita la imposición de una visión única y acelera la implementación de la agenda política; por otro lado, hace que el sistema sea excesivamente dependiente de la figura del Ejecutivo. En este entorno, la cohesión puede depender más de la lealtad política que de la eficiencia burocrática horizontal, lo que aumenta la vulnerabilidad ante fallos de comunicación o errores no corregidos por contrapesos internos.

Estabilidad política 

La estabilidad política se refiere a la continuidad institucional sin interrupciones abruptas del orden constitucional y la capacidad del gobierno para contener crisis. Jalisco mantuvo una estabilidad formal durante 2025, gestionando sus transiciones de manera legal.

El sistema político estatal operó dentro de la normalidad constitucional. El relevo de las dirigencias en el Congreso en noviembre de 2025 se realizó bajo un estricto marco de legalidad, garantizando la continuidad de los procesos legislativos. La ausencia de violencia política sistémica o interrupciones abruptas de las funciones de gobierno confirma un nivel básico de estabilidad formal.

La principal crisis a contener es la de seguridad y derechos humanos. La administración articuló una estrategia de seguridad ciudadana enfocada en la protección de derechos humanos, la prevención social y el fortalecimiento institucional. El enfoque incluye la colaboración intergubernamental para la localización y prevención de desapariciones.

Además de la seguridad, la estabilidad se mide por la capacidad de mantener en curso los proyectos prioritarios, incluso ante la oposición. La amenaza de protestas vecinales para frenar obras de la Línea 4 del Tren Eléctrico requirió una gestión activa para evitar la interrupción del orden público y el retraso de la infraestructura.

No obstante, a pesar de la estabilidad formal, existen factores de riesgo estructurales. La ineficacia administrativa y la corrupción son elementos clave que impulsan la violencia y la impunidad en México, reduciendo la estabilidad a largo plazo. En Jalisco, la persistencia de carencias sociales masivas crea un caldo de cultivo para la conflictividad política. La ineficacia del gobierno en la reducción de la pobreza y la desigualdad es un factor de inestabilidad latente mucho más peligroso que cualquier conflicto gremial aislado.

La conflictividad política evalúa las confrontaciones dirigidas contra actos o políticas del gobierno por parte de grupos organizados. Durante 2025, la conflictividad en Jalisco fue de naturaleza dual: de baja intensidad en el ámbito laboral y de alta intensidad en el ámbito social-estructural.

El foco más agudo de la conflictividad ocurrió a principios de 2025, cuando Guadalajara se unió a una protesta global contra la desigualdad y el poder de los multimillonarios en enero. Este conflicto no fue meramente opositor a una política puntual, sino una confrontación estructural e ideológica. Los manifestantes criticaron directamente al gobierno de Jalisco, percibiéndolo como «cómplice de las élites económicas».6 Las demandas concretas se dirigieron contra la privatización del patrimonio público, el desarrollo inmobiliario que no resuelve la crisis de vivienda, y la sobreexplotación de recursos como el agua.6 La naturaleza de este conflicto, que exige impuestos progresivos a los superricos y mayor inversión en servicios públicos 6, socava la legitimidad del modelo de desarrollo económico promovido por el estado y resulta ser de contención más compleja que los conflictos tradicionales.

Los grandes proyectos de infraestructura generaron conflictos localizados. La Línea 4 del Tren Eléctrico enfrentó críticas por su desarrollo y amenazas directas de vecinos de, quienes advirtieron que realizarían protestas y freno de obras. Estos conflictos vecinales reflejaron la tensión constante entre la necesidad de desarrollo y el impacto social y ambiental de las obras públicas.

Un factor estabilizador fue la baja intensidad de la conflictividad laboral. Jalisco, bajo el nuevo sistema de justicia laboral federal, logró una alta eficacia del 60% en la resolución de conflictos. A nivel nacional, el modelo privilegia la conciliación, resolviendo alrededor del 70% de los conflictos por esta vía.  Esta alta capacidad institucional para gestionar y resolver disputas gremiales evita movilizaciones sindicales masivas que podrían desestabilizar la economía y la política estatal.

Deterioro social y episodios violentos 

Este indicador mide el debilitamiento de las estructuras de bienestar y la incidencia de eventos violentos, los cuales son catalizadores directos de la inestabilidad. Los datos de 2025 sobre la pobreza multidimensional en Jalisco revelan un deterioro social persistente que amenaza la cohesión. Un porcentaje significativo de la población, entre el 59.9% y el 61.5%, padece al menos una carencia social (Secretaría del Bienestar.  Informe Anual sobre la Pobreza y Rezago Social 2025. Jalisco. Las carencias sociales más críticas son:

Acceso a la Seguridad Social: 42.0% de la población (3,568,388 personas) carece de acceso a la seguridad social.7 Esto indica una alta informalidad económica y una profunda vulnerabilidad.

Acceso a los Servicios de Salud: 37.1% de la población (3,156,568 personas) carece de acceso a servicios de salud.7 Esta es una carencia masiva que pone en riesgo la salud pública y la calidad de vida, demostrando una brecha crítica en la promesa de bienestar.

Rezago Educativo: 20.4% de la población (1,737,839 personas) sufre de rezago educativo.

El impacto de estas carencias es grave, limitando el capital humano y, en el caso de los jóvenes, contribuyendo al reclutamiento por parte del crimen organizado debido a la falta de oportunidades. Este vínculo directo entre la carencia social y la violencia es un factor de fragilidad para la gobernabilidad.

En lo que respecta a episodios violentos, el análisis de la violencia en 2025 presenta cifras contradictorias que requieren una interpretación crítica de la realidad de seguridad en Jalisco.

Desapariciones: En 2025, se registró una reducción significativa de enero a agosto, con 1,857 casos, lo que representa una disminución del 15.5% respecto al mismo periodo en 2024 (2,199 casos). Esta cifra es la más baja desde 2019, una reducción acumulada del 42.1% en seis años. Además, la eficacia en localización es notable, con el 59% de las personas desaparecidas en 2025 localizadas. Sin embargo, especialistas y académicos señalan que existen discrepancias en el Registro Estatal de Personas Desaparecidas, señalando que se esconden las cifras para maquillar el índice de incidencia.

Homicidios: La Presidencia de la República destacó una disminución del 15% en homicidios dolosos a nivel federal entre septiembre de 2024 y febrero de 2025. Aunque este dato es de carácter federal, se alinea con la narrativa estatal de reducción en delitos de alto impacto. Con base en los reportes disponibles a diciembre de 2025 sobre la situación de seguridad en Jalisco, persisten diferencias de narrativa entre las cifras oficiales de los gobiernos federal y estatal con las observaciones de familiares de víctimas y colectivos. Mientras los gobiernos sostienen una baja histórica en homicidios dolosos para 2025, los colectivos de familiares ponen el enfoque en la persistente crisis de desapariciones y hallazgos en campo, lo que genera una brecha significativa en la percepción de la realidad de seguridad. 

A pesar de las cifras positivas en la crisis de desaparecidos, la seguridad interna del estado se deterioró en otras áreas. El total de mujeres víctimas de algún presunto delito en Jalisco registró un aumento significativo. En octubre de 2025, se registraron 671 víctimas, un incremento del 5.01% respecto a septiembre (639 víctimas) y superior al promedio mensual histórico de 548 víctimas (periodo 2016-2025), según datos del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco.

La confrontación de datos es crucial: mientras que se reportó una “caída histórica” en feminicidios (40%) y una reducción del 20% en violencia familiar en 2024 y 2025, el aumento en la victimización femenina total implica que la violencia no desapareció, sino que pudo haberse internalizado o trasladado a otras esferas, posiblemente delitos de menor visibilidad mediática, pero que afectan la seguridad personal y la cohesión social. El Estado no logra garantizar la seguridad básica en la esfera privada, lo que alimenta la fragilidad de la gobernabilidad.

Implicaciones para la gobernabilidad en Jalisco 

El análisis de los seis indicadores de gobernabilidad en Jalisco para el periodo 2025 conduce a cuatro implicaciones fundamentales para la estabilidad y el desarrollo del estado:

  • La brecha de la legitimidad estratégica

La principal debilidad de la gobernabilidad en Jalisco reside en la brecha entre la eficacia tecnocrática y la legitimidad social. El gobierno invirtió en planificación participativa (PEDG) y modernización administrativa, demostrando la capacidad de generar una estructura de gestión de alto nivel. Sin embargo, esta capacidad no ha sido percibida como una herramienta al servicio de la resolución de los problemas sociales crónicos. La conflictividad de 2025 no cuestionó la existencia de las decisiones, sino su orientación (crítica a la complicidad con élites y la privatización). La gobernabilidad es funcional en la gestión, pero vulnerable en su consentimiento social.

  • Los riesgos estructurales del deterioro social

El deterioro social, especialmente la carencia en salud (37.1%) y seguridad social (42.0%), representa un riesgo de inestabilidad crónica. La alta tasa de pobreza multidimensional y la vinculación documentada entre la falta de oportunidades para jóvenes y el reclutamiento criminal crean una base social desestructurada que alimenta la conflictividad política a largo plazo. La estabilidad formal se mantiene a pesar de, y no gracias a, la situación social.

  • La incoherencia en la gestión de la seguridad

La dicotomía y contradicción en las cifras de violencia es una implicación crítica para la credibilidad institucional. El gobierno celebra la reducción en desapariciones y homicidios, pero el aumento en la victimización femenina total revela que las estrategias de seguridad no están funcionando de manera integral. Esta incoherencia erosiona la confianza pública y la legitimidad de las políticas de seguridad, haciendo que la cohesión institucional parezca selectiva o enfocada únicamente en delitos de alta notoriedad mediática, ignorando la violencia sistémica y de género que desestructura la vida cotidiana.

  • Vulnerabilidad ante la concentración de poder

El contexto de debilidad de los contrapesos, tanto en el Congreso local como por la tendencia nacional de concentración de poder, implica que, si bien la eficacia decisional es rápida, el sistema carece de mecanismos robustos para corregir errores de alto costo político. Las críticas a proyectos de infraestructura (Línea 4) 18 o la gestión de organismos descentralizados (SIAPA) demuestran que, sin una oposición institucional fuerte, la corrección de rumbo debe provenir de una conflictividad política externa, lo que incrementa el riesgo de crisis.

Síntesis cuantitativa de la gobernabilidad

La siguiente tabla resume el grado de desempeño alcanzado por cada uno de los indicadores clave de gobernabilidad durante el periodo 2024-2025, con una escala cualitativa que va de «Muy Baja» a «Muy Alta», basada en el análisis y los datos presentados en este balance:

Indicador de GobernabilidadGrado alcanzado  (Dic 2024 – Dic 2025)
EFICACIA DECISIONAL DEL GOBIERNOAlta
LEGITIMIDAD GUBERNAMENTALMedia
COORDINACIÓN Y COHESIÓN INSTITUCIONALMedia-Alta
ESTABILIDAD POLÍTICAAlta
CONFLICTIVIDAD POLÍTICAAlta
DETERIORO SOCIAL Y EPISODIOS VIOLENTOSMuy Alta

Conclusiones

El análisis revela una compleja dinámica marcada por la alta capacidad técnica y la eficacia en la planeación administrativa del gobierno, contrastada por una legitimidad bajo presión social constante, impulsada por la persistencia de carencias sociales severas y una conflictividad política latente y que en cualquier momento podría detonar a instancias más altas.

La administración estatal demostró una notable eficacia decisional al articular y formalizar el Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, priorizando la modernización mediante el Gobierno Digital y la Inteligencia Artificial. Esta orientación tecnocrática se complementó con decisiones clave en la agenda de derechos humanos, como la política de búsqueda integral de personas desaparecidas.

Sin embargo, la legitimidad gubernamental se vio comprometida. A pesar de una relación funcional con el Congreso y las élites empresariales, la conflictividad social alcanzó picos significativos, especialmente en enero de 2025, cuestionando la priorización de intereses privados sobre derechos fundamentales. La estabilidad política se mantuvo formalmente, pero los riesgos de gobernabilidad son estructurales, derivados del alto índice de carencias sociales (37.1% de la población sin acceso a salud) y de una preocupante incoherencia en las cifras de seguridad: mientras se dice desde esferas gubernamentales que las desapariciones disminuyeron drásticamente, la victimización total de mujeres registró un incremento que superó el promedio histórico.

La principal conclusión es que la gobernabilidad de Jalisco es funcional a nivel administrativo, pero intrínsecamente vulnerable a nivel social. La capacidad de la administración para mantener la estabilidad a futuro dependerá de su habilidad para traducir la eficacia tecnocrática en una resolución palpable de las carencias sociales crónicas y para atender las demandas de los movimientos anti-élite de manera estructural.

Referencias

Arbós, X. y Giner, S. La gobernabilidad. Ciudadanía y democracia en la encrucijada mundial. México, Siglo XXI, 1993.                                                                                  

Bobbio, Norberto. Diccionario de política, 13° edición, 2 tomos. México, Siglo XXI, 2002. Pp. 703-710.                         

Camou, Antonio, «Gobernabilidad», en Léxico de la Política, México, FLACSO-FCE-CONACYT, 2000.

Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es profesor investigador en el CUCSH de la Universidad de Guadalajara. Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM. Escribe a jose.gomezvalle@gmail.com.

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Opinión

Llueve sobre mojado: Guadalajara se ahoga en 13 milímetros. Parte 2

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La semana pasada se registró una lluvia que dejó 100 automóviles varados en Periférico y 8 de Julio. Foto: Especial.

En la primera entrega establecimos que llamar “atípica” a la lluvia que inunda Guadalajara cada temporal es, con perdón, una mentira con permiso oficial: el problema es de drenaje y suelo, no de cielo. Toca ahora la parte incómoda que los boletines de gobierno omiten: la ciudad no se inunda igual para todos, y no es casualidad meteorológica, es geografía social con nombre de colonia.

Guadalajara ya tiene clasismo en el transporte público y clasismo en el acceso efectivo al agua potable (efectivo porque tener un tubo conectado no alcanza para definir “acceso”); faltaba documentar el clasismo hídrico de las inundaciones; aquí los datos lo confirman con una nitidez incómoda:

Al revisar los veinte eventos de inundación más severos de la última década en el AMG, la distribución por estrato económico es así de desigual: apenas tres colonias de estrato alto resultaron afectadas, una de medio-alto, dos de medio, cinco de medio-bajo, cinco de bajo y cuatro más de bajo con vulnerabilidad “muy alta” —la categoría reservada para Ferrocarril, Miramar, Juan de la Barrera y Las Pintas, entre otras—. En números llanos: catorce de veinte colonias castigadas pertenecen a estratos bajo y medio-bajo. No es que llueva más sobre los pobres; es que el agua, cuando no tiene a dónde ir, busca siempre el camino de menor resistencia institucional.

El gráfico de severidad por estrato lo confirma con crudeza: en una escala de 1 a 4, el daño patrimonial —agua y lodo entrando a las casas, entre 30 y 80 centímetros de altura— se concentra en los estratos bajo y medio-bajo. Los vehículos arrastrados sí aparecen también en zonas de estrato alto como Plaza del Sol o Jardines de la Patria, pero ahí debemos considerar una importante trampa contable: para esos autos existen pólizas de seguro, además de deducibles de impuestos. Para el menaje empapado de una vivienda en Ferrocarril o El Mante, no existe tal cosa.

En este punto conviene separar finanzas de economía, una distinción que un analista económico no podría pasar por alto y que, en este caso, resulta reveladora: en pesos “nominales”, quien más pierde es el estrato medio-alto, con un costo total promedio estimado de 760 mil pesos por evento, frente a 422 mil del estrato bajo (Baró-Suárez et al., 2011; Milenio, 2024). Visto así, el relato cómodo sería: “los inundados ricos pierden más”. Es el tipo de dato que un funcionario promedio citaría para minimizar el problema. Sin embargo, esa lectura es, en el mejor de los casos, incompleta y, en el peor, deliberadamente engañosa.

Sucede que, cuando esa misma pérdida se mide como porcentaje del ingreso anual —la única forma honesta de medir el golpe real a un hogar—, el cuento se invierte por completo. El daño patrimonial promedio en el estrato bajo equivale al 352 % de su ingreso anual estimado; en el estrato medio-bajo, al 220 %; mientras que en el estrato alto la misma categoría de daño representa apenas el 40 % de su ingreso. Quien gana menos pierde, en términos relativos, hasta nueve veces más que quien gana más. Esta cifra, que los comunicados de prensa no suelen destacar, desmiente la épica de “la inundación no distingue clases” con la que algunos suelen lavarse las manos.

Sí, es cierto: el agua arrastra por igual vehículos en Jardines de la Patria que menaje en Las Pintas, pero la familia de Las Pintas no tiene seguro, no tiene ahorro, no tiene deducción fiscal y probablemente tampoco tenga un segundo vehículo para moverse mientras tanto. Pierde su patrimonio completo y, además, pierde el día de trabajo, el transporte público que se detuvo y, algunas veces, el empleo informal que tampoco perdona ausencias. Es la lógica de siempre en un país desigual: el desastre llega parejo, la factura no.

La inadecuada planeación urbana de Guadalajara —igual que ciertos megaeventos deportivos que pasan por encima de todos los estratos imponiendo sus intereses— arrastra a ricos y pobres por igual en el momento del impacto; pero la cuenta, como siempre sucede en México y América Latina, se paga distinto según el código postal. Mientras los Arcos del Milenio sigan sin terminarse y el drenaje profundo siga esperando su turno en una lista de obras a “ejecutar poco a poco”, cada temporal seguirá siendo el mismo examen: la ciudad reprueba, y los que menos tienen son, otra vez, quienes pagan la colegiatura más cara.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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Lemus y la crisis del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara

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El periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

El segundo trimestre de 2026 representó para el gobierno de Pablo Lemus una etapa de alta tensión política y de fuerte presión sobre la narrativa de estabilidad que había intentado construir desde su primer año de gestión. Aunque el Ejecutivo estatal logró sostener niveles aceptables de operación institucional, particularmente en infraestructura, coordinación federal y preparación del Mundial 2026, el periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

A diferencia del primer trimestre, donde predominaba todavía la expectativa política alrededor del gobierno, entre abril y junio comenzó a observarse un proceso más claro de desgaste gubernamental. El discurso de eficiencia y cercanía ciudadana empezó a enfrentar pruebas concretas de capacidad estatal, particularmente en materia de agua, seguridad y cohesión política.

Se hace aquí un balance de la gobernabilidad a partir de seis indicadores básicos: eficacia decisional, legitimidad, cohesión institucional, estabilidad política, conflictividad política y deterioro social y actos violentos.

Eficacia decisional. La eficacia decisional sigue siendo reactiva más que preventiva. La reestructuración del Siapa fue anunciada reiteradamente desde octubre de 2025 sin materializarse en un plan integral hasta bien entrado 2026, lo que generó señalamientos sobre la brecha entre el discurso de urgencia y los tiempos reales de ejecución. La cartera vencida del organismo y el déficit operativo evidencian que el rescate anunciado atiende síntomas de corto plazo (cambio de titular, presupuesto de emergencia) sin resolver el problema de fondo de financiamiento y gobernanza metropolitana del agua. El propio Gobernador reconoció públicamente un abandono institucional de años, lo que también desplaza la responsabilidad de su propia gestión, que ya lleva año y medio sin presentar una solución definitiva. 

No obstante, el gran déficit de eficacia permaneció en seguridad. Después de los hechos violentos derivados del operativo contra el CJNG en febrero, el gobierno dedicó buena parte del trimestre aquí analizado a administrar las consecuencias mediáticas y políticas de la crisis, más que a demostrar recuperación plena del control territorial. La eficacia decisional fue, por tanto, parcialmente positiva en infraestructura y coordinación administrativa, pero limitada en capacidad estructural de contención de crisis.

Legitimidad. En materia de legitimidad, el trimestre reveló una contradicción central. Mientras el gobierno intentó posicionar a Jalisco como una entidad lista para el Mundial y atractiva internacionalmente, persistieron crisis locales que cuestionan la narrativa de normalidad. El caso más evidente fue el tema de las desapariciones y la violencia criminal. Aunque el gobierno permitió manifestaciones y visibilización de colectivos, la percepción pública comenzó a consolidar la idea de que el gobierno administra políticamente la crisis, pero aún no modifica sus causas estructurales.

La legitimidad también se vio erosionada por la crisis de la calidad del agua; cientos de denuncias ciudadanas por agua contaminada con metales pesados, ausencia de cloro y fallas bacteriológicas, documentadas por monitoreos se hicieron públicas en momentos en que la ciudad se preparaba para recibir a millones de visitantes mundialistas. Investigadores de la UdeG y activistas señalaron que, pese al discurso de apertura técnica del nuevo director del Siapa no fueron efectivamente invitados o incorporados al diseño de la reingeniería.

Cohesión institucional. A diferencia de la etapa final del sexenio de Enrique Alfaro Ramírez, marcada por confrontaciones recurrentes con actores federales, el gobierno de Lemus privilegió la coordinación política e institucional. La relación con el gabinete federal de seguridad fue particularmente estrecha después del operativo contra el CJNG. Lemus presumió comunicación directa con el secretario de Seguridad Federal y con las Fuerzas Armadas.

Por otra parte, el gabinete estatal continuó mostrando alta rotación. El gobierno acumula, para junio de 2026, más de una decena de cambios en secretarías y direcciones en apenas año y medio de gestión, incluidos ajustes en la Comisión Estatal del Agua y en el Siapa, lo que muestra un síntoma de inestabilidad administrativa más que de fortalecimiento institucional. Los múltiples ajustes en el gabinete estatal, incluyendo cambios en la CEA, Ipejal, salud y juventudes, muestran un gobierno en constante reacomodo. Aunque oficialmente se presentan como movimientos para fortalecer áreas estratégicas, la frecuencia de los cambios sugieretensiones internas y necesidad de corregir rumbo sobre la marcha. La gobernanza del Siapa (centralizada en el Ejecutivo estatal) sigue dejando a los municipios en un rol secundario, lo que reproduce tensiones de fondo sobre quién es el responsable último del organismo.

Asimismo, la cohesión institucional tuvo dos focos de vulnerabilidad. Primero, el Siapa evidenció que la gobernanza metropolitana sigue siendo débil y altamente fragmentada, y segundo, el gobierno continúa dependiendo excesivamente de coordinación federal en seguridad, lo cual limita la autonomía efectiva del estado. En términos generales, hubo cohesión operativa, pero todavía no hay una consolidación institucional profunda.

Estabilidad política. El trimestre cerró sin amenazas reales de ruptura política o ingobernabilidad abierta, pero sí con incremento de presión estructural sobre el gobierno. Lemus logró evitar conflictos mayores con empresarios, universidades, iglesias y élites metropolitanas. El Mundial funcionó como un factor temporal de alineamiento político y económico. Sin embargo, la estabilidad política descansó más en la ausencia de una oposición articulada que en la resolución de los problemas de fondo.

El operativo federal de febrero dejó un impacto psicológico y político considerable. Aunque el gobierno insistió en que los hechos violentos fueron excepcionales y posteriores al operativo no hubo eventos de igual magnitud, la percepción de vulnerabilidad estatal aumentó. Además, comenzó a aparecer un fenómeno políticamente delicado: la sobreexposición internacional de Jalisco. El Mundial colocó al estado bajo observación global y obligó al gobierno a sostener una narrativa permanente de control y seguridad. Eso generó una paradoja, mientras más intentaba proyectarse estabilidad internacional, más visibles se volvían las contradicciones locales, particularmente desapariciones, agua y violencia.

La estabilidad sigue siendo, en buena medida, una estabilidad gestionada bajo presión más que construida sobre certidumbre institucional. 

Conflictividad política. La conflictividad política aumentó respecto al trimestre anterior, aunque sin alcanzar niveles críticos. El principal cambio fue discursivo. Comenzaron a crecer cuestionamientos públicos hacia la narrativa de un Jalisco seguro impulsada por el gobierno. Aquí aparece una contradicción entre el discurso de ciudad global preparada para el Mundial y la persistencia de crisis locales no resueltas.

La conflictividad más relevante no provino de partidos, sino de agendas sociales acumuladas como las de colectivos de búsqueda, usuarios afectados por el Siapa, críticas por seguridad, inconformidades metropolitanas y una percepción de desigualdad territorial.

Un aspecto poco observado es que el gobierno de Lemus enfrenta un tipo de conflictividad distinto al de Alfaro. Ya no predomina el choque frontal con actores políticos o mediáticos, ahora el desgaste surge de expectativas incumplidas de eficacia técnica. En otras palabras, el principal riesgo político para Lemus no es la confrontación abierta, sino la decepción gradual de sectores que esperaban un gobierno más eficiente y menos reactivo.

Deterioro social y episodios violentos. Este fue el indicador más negativo del trimestre. Aunque el gobierno destacó disminuciones estadísticas en homicidios e incidencia delictiva, el impacto de la violencia sigue condicionando la percepción pública. A ello se sumó la persistencia de la crisis de desapariciones, que continúa siendo el principal pasivo humanitario de Jalisco. El gobierno mostró apertura relativa hacia colectivos, pero todavía no logra modificar la percepción de insuficiencia institucional. El Mundial ayudó temporalmente a contener la percepción de deterioro mediante inversión urbana y narrativa internacional, pero no resolvió las causas estructurales.

En paralelo, la crisis del agua representa un deterioro social menos espectacular pero más profundo: agua de mala calidad, desconfianza en el servicio, sacrificio de obras en municipios con problemas de abastecimiento y contaminación (Autlán, Ciudad Guzmán, Puerto Vallarta). La combinación de violencia estructural (desigualdad en acceso a agua segura) y violencia criminal en proceso de contención configura un escenario donde la gobernabilidad se sostiene, pero el bienestar social sigue siendo frágil.

En conclusión, el segundo trimestre de 2026 deja una imagen dual del gobierno de Pablo Lemus. Por un lado, exhibió cierta eficacia decisional y una capacidad de coordinación interinstitucional notables para salir del paso y sacar adelante un evento de la magnitud del Mundial de Futbol, capitalizado políticamente como un éxito de gestión y reconocido (al menos en el discurso oficial) como la mejor sede del torneo. Por otro lado, persisten fallas estructurales que el trimestre no resolvió, sino que apenas administró: una crisis hídrica que combina colapso financiero, deterioro de infraestructura y riesgo sanitario; un patrón de toma de decisiones que privilegia el anuncio mediático sobre la planeación de fondo; y, sobre todo, una crisis de violencia y desapariciones que sitúa a Jalisco entre las entidades más afectadas del país, con episodios (hallazgos de fosas clandestinas) que contrastan de forma directa con la narrativa de normalidad y éxito proyectada durante el Mundial.

La principal tensión del trimestre es, en ese sentido, la que existe entre la gobernabilidad exhibida (eventos sin incidentes, obras entregadas, coordinación de seguridad visible) y la gobernabilidad de fondo (desapariciones, contaminación del agua, cartera vencida del Siapa, rotación constante de funcionarios), que sugiere una administración con capacidad operativa real, pero con una agenda de gestión todavía reactiva frente a los problemas estructurales más graves del estado.

El dato políticamente más relevante del trimestre analizado es que el gobierno todavía conserva control político, pero ya no controla completamente la narrativa pública. Eso, en clave de gobernabilidad significa que cuando un gobierno pierde el monopolio de la narrativa de eficacia, comienza la etapa más difícil de su administración.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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