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¿Es sarape o jorongo?

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El sarape es algo más que una prenda típica; es jorongo, es gabán, es tapete y cobija; mucho más que una especie de frazada con un agujero dónde meter la cabeza.

Es signo de identidad, capote de improvisados toreros, nombre de un equipo de la liga mexicana de beisbol, elemento de los cuentos de Juan Rulfo y los grabados de Posada. Se presenta además como prenda imprescindible de la época de oro del cine mexicano y aparece como protección infalible contra las cuchilladas, defensa del valiente de la lotería y, dicen los que saben, «chaleco antibalas» de la época de los cristeros.

A pesar de la vastedad de sus usos, el diccionario de la Real Academia Española, al igual que el de Mexicanismos de Santa María, distingue entre sarape y jorongo: significan exactamente lo mismo y son parientes de la palabra gabán que, aunque en México es igual a las anteriores, en realidad describe un atuendo distinto.

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Lo que ocurre es que la palabra gabán llegó de España y era utilizada para nombrar una prenda masculina comúnmente empleada en el medievo; de cuello redondo y con mangas, era un abrigo largo cerrado por delante con alamares y acompañado regularmente de una amplia capa llena de pliegues.

De hecho, en el capítulo 16 de la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes narra el encuentro entre su protagonista y un tal «caballero del verde gabán».

En cuanto a México, Saltillo es la cuna del sarape; su fama es tal que sus prendas tienen reconocimiento nacional y lograron penetrar la frontera sur estadounidense, convirtiéndose en el atuendo predilecto de los hombres del campo en las zonas frías de ambas naciones.

El sarape identifica de tal forma a los saltillenses que incluso su equipo de beisbol lleva el nombre de Los Saraperos de Saltillo. Este colectivo arribó a la Liga Mexicana de Beisbol en 1970.

La calidad de sus hechuras y sus peculiares diseños convirtieron al sarape de Saltillo en una prenda de referencia: películas como Y si Adelita se Fuera con Otro (1948), Allá en el Rancho Grande (1949) o Hay un Niño en su Futuro (1952), protagonizadas por Jorge Negrete.

En el mundo

Además otras estrellas de talla internacional como Pedro Armendáriz, José Alfredo Jiménez, Tito Guízar, Vicente Fernández, Antonio Aguilar, Pedro Vargas, Marlon Brando, Clint Eastwood, Anthony Quinn, Henry Fonda, Burt Lancaster o Michael J. Fox vistieron el tradicional jorongo.

 

Pero no sólo en Saltillo se elaboran sarapes desde tiempos inmemoriales; Chiapas, Oaxaca, Tlaxcala, Zacatecas, Michoacán y Jalisco, entre otros estados, manufacturan gabanes.

De acuerdo con el cronista tapatío Juan José Doñán, los poblados de Teocaltiche y Tapalpa crearon un mercado regional cotizado y famoso en las cercanías de esos Municipios. En ambos lugares el frío y la crianza de ganado ovino propiciaron el desarrollo de esta actividad.

A la fecha, el Mercado Libertad ofrece en sus puestos de ropa típica: gabanes, jorongos y sarapes provenientes de varias zonas de la República; prendas que para los comerciantes sí son diferente entre sí.

Según lo explica José Alfredo Carrillo, vendedor, desde hace cuatro décadas en el también conocido Mercado San Juan de Dios el gabán y el jorongo son aquellos que tienen un agujero donde introducir la cabeza; el sarape es aquel que no tiene abertura y que comúnmente se usa doblado sobre el hombro.

De ahí la creencia de que el sarape era utilizado como protección del corazón durante la Guerra Cristera, pues el grosor que se obtiene con los dobleces del mismo hacían que la lana resistiera los impactos de los proyectiles. Dato que resulta más una leyenda.

Lo que sí, es que son más los turistas extranjeros, quienes preguntan y compran este atuendo, los de aquí, dice Carrillo, por lo general ni voltean.

 

 

Publicado en Mural.

 

 

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Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

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En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.

Los buñuelos

Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.

Los tejocotes en dulce

Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

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Cinco deliciosas frutas 100% mexicanas, tejocote

Pan de elote

El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.

Polvorones de harina

Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.

Las hojarascas

Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

 

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Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

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Alfeñiques, artesanía, creatividad y dulzura del sincretismo
La elaboración de alfeñiques en México se registró por primera vez en el siglo XVII. Foto: @guanajuatogob.

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial. 

La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.

Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios. 

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La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.

Alfeñiques, un arraigo comunitario

Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.

Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.

En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.

Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.

Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.

En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, artesanía, creatividad y dulzura del sincretismo
La palabra alfeñique proviene del árabe al-faníq y significa delicado. Foto: @guanajuatogob.

Alfeñiques, elaboración artesanal

El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.

La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.

En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.

En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial. 

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