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La fotografía en su nueva frontera: la mirada desde la IA

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Rebeca Saray (Sirves, España, 1983) es una de esas artistas que sabe medir la ola, montarse a ella y sacar lo mejor de esa potencia natural. Fotógrafa, creadora digital y poeta, en sus imágenes vive el don de la intervención, de la ilustración, del fotomontaje.

Asidua visitante de México desde hace 9 años, la fotógrafa originaria de la provincia de Galicia en la Península Ibérica, es conocida por su trabajo de fine-art en el que a través del retoque digital, transforma imágenes fotográficas en ilustraciones de gran fuerza onírica e imaginativa. Ahora, desde hace poco más de un año, explora los territorios de la inteligencia artificial (IA) y la plataforma Midjourney, una tecnología que permite enriquecer con nuevos recursos sus representaciones de la realidad, y a la que aún muchos creadores miran con desconfianza.

“La gente siempre tiene miedo cuando no podemos controlar una situación, lo que hacemos es ponernos a la defensiva, es una actitud muy humana, y es lo que está sucediendo ahora con la inteligencia artificial, muchos artistas están a la defensiva, y en lugar de ver como una herramienta, como un potencial increíble, lo ven como el enemigo. Ya no solo a la inteligencia artificial por sí misma, sino a los que la utilizamos”, dice Saray, quien recuerda que siempre ha acompañado su obra de la mano de los avances técnicos computacionales.

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Para la creadora, quien dará dos cursos en Guadalajara a partir de la próxima semana, hay mucha falsa información sobre cómo funciona la IA, sin embargo, debe tomarse como lo que es, un referente o inspiración, como lo pueden ser la música, el cine, la literatura, una pintura o hasta una buena conversación, pero también como una herramienta eficaz para artistas emergentes que no pueden enfrentar elevados costos de producción.

“Al final, su funcionamiento es como cuando tú vas a un museo y disfrutas, yo cuando voy al Museo del Prado y veo las pinturas de Rubens, que me encantan, veo sus paletas de color, su composición, las formas, y cojo todo eso y lo añado a mi trabajo. Al final, todos bebemos de otros artistas, es muy raro una persona que se ponga a crear sin tener un referente”, añade.

Saray comenzó su camino más formal por el arte desde los 19 años, huyendo de casa porque su familia no la apoyaba en sus inquietudes (ella quería estudiar cine). A partir de ahí, establecida en La Coruña, comenzó a editar, como ayudante, en un pequeño estudio y desde el ordenador, bodas, bautizos y primeras comuniones, y en sus espacios libres, hacía ensayos fotográficos y montajes con las imágenes sobrantes. Luego de 3 años trabajando decidió comprarse una cámara propia, una Canon 400D, una de las más barata del mercado entonces, y comenzó a tomar sus propias fotos los fines de semana.

Pronto comenzó a encontrar su voz propia y a darse cuenta que muy pocas personas hacían la técnica que ella practicaba –si acaso un par de propuestas inglesas y una estadounidense– lo que hizo que su trabajo cobrara más relevancia. Así, sus creaciones la llevaron a un pequeño Salón del Cómic en La Coruña, donde vendía ampliaciones y postales de su trabajo, y ahí mismo fue donde le surgió la propuesta para editar un libro, para hacerlo de hecho, tuvo que declararse enferma en el trabajo y viajar a Barcelona durante 4 días a fin de revisar la propuesta, en que a la postre se convertiría en su primer trabajo, Feelings, un compendio de sus foto-pinturas en el que se incluía poesía de su autoría.

Autodidacta al principio, a partir de ahí se percató de que para seguir ese camino profesional debía capacitarse y emigrar, por lo que se mudó a Madrid, donde estudió un curso muy básico de fotografía, –sus ingresos no le daban para un máster–, pero que le permitía usar su estudio para experimentar, mientras, para sostenerse, hacía algunos books para modelos, eso la llevó a comenzar a trabajar en catálogos y editoriales de moda, y posteriormente, a trabajar en una revista de videojuegos, así como tomando retratos a bandas de rock, o acudir a festivales buscando fotografiar a grupos que admiraba como Soundgarden o Black Sabbath.

A la par, seguía trabajando en sus foto-artes y le surgían propuestas para dar talleres o charlas los fines de semana, lo que hizo que su agenda comenzara a explotar, pues su carrera en el fotoperiodismo también había despegado al ser llevada al magazine dominical del diario El Mundo, lo que la convirtió, a los 24 años, en la persona más joven en publicar portadas en dicha revista.

“Ahí exploté psicológicamente tenía que tomar una decisión, o me quedaba con la formación o con eso, no tenía vida y me estaba yendo a pique”, recordó. 

Tras nueve meses de retiro en Londres y una vuelta a Madrid, dejo la música, la moda y el ajetreo de las revistas y se enfocó en la formación y a perseguir el sueño de la juventud, estudiar cine y guión, fue ahí haciendo las historias para cortos, donde descubrió que en ellos reflejaba cosas muy personales y lo que encontraba era una sanación a través del arte, lo que la llevó a estudiar astrología, tarot, psicomagia y couching, técnicas que ahora incluye en algunos de sus talleres.

Desnudo, iluminación e IA

En el caso de su visita a la Perla Tapatía, Rebeca Saray estará dando dos cursos, “Desnudo Artístico Fine Art” el domingo 28 de mayo y “Creación con Inteligencia Artificial, Iluminación y Fotomontaje” el fin de semana del 3 y 4 de junio, ambos en Avenida Del Valle 1705 interior 2 en la Colonia Jardines Del Valle.

“Los cursos que suelo hacer aquí son más de fotografía artística, toda la expresión completa, desde la conceptualización, cómo trabajar con el equipo, la parte más emocional, y luego ya toda la parte técnica, que es lo que la gente demanda: parámetros de cámara, temas de iluminación, cómo trabajar con los modelos y la parte de retoque que es lo que la gente percibe desde fuera como mi punto fuerte”, explica.

Mayores informes en:

Curso Creación con IA

https://rebecasaraytuviajeinterior.com/cursosfotografia/cursoiaguadalajara

Curso Desnudo Artístico Fine Art

https://rebecasaraytuviajeinterior.com/cursosfotografia/desdelapielguadalajara

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Postres mexicanos que no pueden faltar en tu mesa esta Navidad

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En México también nos lucimos con los postres. Nuestra gastronomía aporta sabores y tradiciones que se han vuelto parte esencial de la Navidad. Por eso, aquí te compartimos algunos postres navideños made in México que no pueden faltar en la mesa durante estas fechas.

Los buñuelos

Estas crujientes tostadas forman parte del acervo culinario de gran parte de la República Mexicana y cuentan con múltiples variantes regionales. En Veracruz, por ejemplo, existen versiones hervidas que se preparan con jaiba, piña o arroz; mientras que en Oaxaca son fritos en manteca, espolvoreados con azúcar y servidos sobre hojas secas de maíz, lo que les da un sello muy particular. Hay muchas formas de disfrutarlos, pero todos conservan ese sabor festivo tan característico.

Los tejocotes en dulce

Este postre es una delicia de herencia novohispana con raíces prehispánicas. Su presencia en la temporada navideña se debe a que el tejocote es una fruta que abunda en estos meses. Tradicionalmente se cocina con guayaba y ralladura de naranja, y se endulza con piloncillo o azúcar, dando como resultado un dulce reconfortante y lleno de tradición.

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Cinco deliciosas frutas 100% mexicanas, tejocote

Pan de elote

El elote es uno de los ingredientes más consumidos en México y su sabor permite crear una gran variedad de recetas. En esta temporada, cuando se antoja un café o un chocolate caliente, el pan de elote se convierte en el acompañante ideal. Para su elaboración suelen utilizarse ingredientes como queso fresco, mantequilla y azúcar, que le aportan una textura suave y un sabor inconfundible.

Polvorones de harina

Aunque su origen se atribuye a España, los polvorones de harina llegaron a México y se adaptaron hasta convertirse en un clásico de la Navidad. Son de los dulces más económicos de la temporada, ya que se elaboran con ingredientes sencillos como harina de trigo, grasa de cerdo, azúcar y almendra. Su bajo costo no les resta sabor, y por el contrario, los mantiene como favoritos en muchas mesas.

Las hojarascas

Reciben este nombre porque se deshacen en la boca. Estas galletas tradicionales se preparan de distintas maneras según la región. En Pátzcuaro, Michoacán, la masa se elabora con harina, yemas de huevo, mantequilla, manteca de cerdo y miel, y se aromatiza con especias como clavo, canela y anís. En Nuevo León, en cambio, se preparan con azúcar, canela, harina de trigo o maíz, manteca vegetal, huevo, vainilla y leche. Una vez horneadas, se revuelcan en azúcar y canela molida.

 

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Alfeñiques, creatividad y dulzura del sincretismo

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Alfeñiques, artesanía, creatividad y dulzura del sincretismo
La elaboración de alfeñiques en México se registró por primera vez en el siglo XVII. Foto: @guanajuatogob.

La elaboración de alfeñiques en territorio mexicano se registró por primera vez en el siglo XVII, durante el periodo colonial. 

La técnica para cocer y moldear azúcar llegó a la Nueva España como parte de los intercambios culturales impuestos por el dominio europeo, aunque su permanencia fue resultado de la adaptación y apropiación local.

Esta práctica tiene sus antecedentes en la confitería árabe-andalusí, difundida previamente en la península ibérica. En el contexto novohispano, la técnica se transformó al integrarse a las tradiciones y rituales de los pueblos originarios. 

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La palabra alfeñique proviene del árabe hispánico al-faníq y se relaciona con un dulce elaborado a base de azúcar cocida. Su significado, “delicado”, alude tanto a la textura del material como al trabajo minucioso requerido para su elaboración artesanal.

Alfeñiques, un arraigo comunitario

Con el paso del tiempo, la producción de alfeñiques dejó de ser una técnica importada y se integró a la confitería tradicional mexicana.

Su elaboración se consolidó en distintas regiones del País, entre ellas Puebla, Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit y Oaxaca.

En Toluca, Estado de México, esta tradición dio origen a la Feria del Alfeñique, una de las celebraciones más antiguas vinculadas a la producción artesanal de dulces.

Esta feria se realiza cada año en noviembre y reúne a artesanas y artesanos que elaboran figuras de azúcar, chocolate, amaranto y otros ingredientes, manteniendo prácticas transmitidas por generaciones.

Aunque los alfeñiques se asocian principalmente con celebraciones como el Día de Muertos, las posadas y la Navidad, pero su presencia no se limita a estas fechas.

En diversos mercados del País, estos dulces forman parte de la economía local y de la continuidad de los saberes artesanales.

Alfeñiques, artesanía, creatividad y dulzura del sincretismo
La palabra alfeñique proviene del árabe al-faníq y significa delicado. Foto: @guanajuatogob.

Alfeñiques, elaboración artesanal

El proceso de elaboración del alfeñique requiere control del calor y la humedad. El azúcar de caña se mezcla con agua y se somete al fuego hasta obtener una pasta moldeable, a la que se incorporan ingredientes como claras de huevo, aceite de almendras y gotas de jugo de limón.

La pasta se moldea a mano o con moldes tradicionales, generalmente de yeso. De este proceso surgen figuras como animales, frutas y angelitos, así como las calaveritas de azúcar, que adquirieron un significado particular en el contexto del Día de Muertos.

En las ofrendas, las calaveras de alfeñique representan la memoria y la relación entre la vida y la muerte desde una visión cultural propia. Más que un símbolo fúnebre, funcionan como un elemento de diálogo entre generaciones y como expresión de identidad colectiva.

En diversas comunidades, la elaboración de alfeñiques es reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial. 

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