Opinión
El consumo de temporada y los trueques de moda

La temporada navideña trae consigo un flujo económico considerable, los aguinaldos y demás prestaciones llegan incluso previos al mes de diciembre para ser aprovechados desde el “Buen fin”, para quienes anticipan sus compras navideñas antes de entrar en el caos que es asistir a las plazas comerciales los días previos a todos los compromisos sociales del mes, no están exentos de hacer conciencia y planificar sus compras desde considerar el consumo local y la huella ambiental que genera esta época de regalos y outfits para estas fiestas.
Comprar y regalar ropa es algo que nunca pasará de moda y es que en los últimos 25 años se ha pasado de diseñar 2 colecciones al año a diseñar 50. Este incremento de creación de colecciones es consecuencia del modelo de negocio. La moda Fast-fashion busca satisfacer de inmediato una demanda cambiante, las consecuencias de esta producción acelerada se ven reflejadas en las inmensas cantidades de agua desperdiciada, en químicos dañinos para la salud, en emisiones de CO2 y en prendas prácticamente desechables que terminan en la basura.
Reflexionar sobre qué regalar, qué usar en estas fechas y preocuparse por preguntar de dónde viene lo que he comprado, ha sido el detonante para la organización de eventos como bazares, que impulsan el comercio local o los eventos de Trueque de moda que no son tan populares pero debido a esta sobre producción y sobre consumo todos deberían de conocer.
Los Trueques de moda se organizan en un espacio amplio donde el primer paso es la recepción y revisión de las prendas, ya que dependiendo del estado y valuación monetaria de lo que fue su costo original le proporcionan puntos al propietario, por ejemplo: blusas 1 punto, pantalones o vestidos 2 puntos etc. Al sumar el total de puntos de las prendas que dejas para la dinámica y finalizar la recepción de ropa de todos los asistentes, esta es acomodada en racks para que se dé apertura a que todos pasen a elegir prendas calculando el número de puntos que fueron otorgados.
Una vez que tienes las prendas seleccionadas pasas a “pagar” con los puntos que obtuviste por la ropa que fue dejada en un inicio, es gratificante ver como algunas de tus prendas son valoradas por los demás asistentes y las llevan consigo para darles un nuevo uso, dependiendo de qué tantas personas acudan al llamado generalmente queda un número de prendas considerable que al final del evento es donado a diferentes asociaciones o comunidades.
El propósito de estos eventos no solo es el intercambio, sino que se invita a diferentes organizaciones sociales a dar pláticas e invitar a reflexionar sobre el impacto ambiental que se está generando, tan solo en el mes de noviembre fueron realizados tres de estas convocatorias en Guadalajara.
El primero en Casa Teodora organizado por Karla Gradilla y su equipo, donde fue invitado Fridays For Future que es un creciente movimiento internacional principalmente estudiantil que se manifiesta para reclamar acción contra el calentamiento global y el cambio climático.
El segundo fue Proyecto mexa que es una comunidad de creativos y emprendedores mexicanos, decididos a cambiar la perspectiva del consumo local donde ofrecen marcas comprometidas con el diseño divertido, urbano y al mismo tiempo amigable con el medio ambiente, organizó un truque en sus instalaciones promoviendo la moda circular y el slow fashion.
Para terminar, el centro universitario de ITESO que dentro de las premisas fundamentales de su filosofía promueve la conciencia ambiental entre la comunidad estudiantil, se unió organizando la primera edición del Swap, ya que no es la primera vez que planifican este tipo de llamado a los estudiantes, en 2019 se invitó a un trueque llamado Fiesta de ropa. El Swap 2022, fue organizado por el colectivo RedUC encargado de la logística y el branding, que lo integran Lourdes Nieto egresada y Jesús Hueso, en sinergia con la materia de diseño básico impartida por el profesor Gabriel Honorato que estuvo a cargo de la pasarela y montaje de la ropa, a su vez hubo otras colaboradoras como Renata Mercado, Julia Eusebio, Karla padilla, Abril, Elena Sordo y Adalis Hernández, el ITESO brinda las facilidades con su área de servicios generales para la adaptación del espacio ya que participaron más de 145 personas en el intercambio y las prendas restantes fueron donadas a la comunidad Xamixtli y FM4.
Sin duda los trueques de moda deben hacerse presentes en 2023 con mayor frecuencia, ya que los beneficios son muchos, como el cambio de mentalidad de consumo, evitar el consumo desmesurado, extender la vida útil de las prendas y tener la conciencia ambiental del impacto en el proceso de fabricación de una prenda.
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Opinión
Ojo, así se roban tus datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.
Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.
Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.
Datos personales de los afectados
En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.
La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.
Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.
Ignoramos el valor de nuestros datos
La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.
En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas.
La tarea primordial
En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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Opinión
La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.
Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.
En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.
La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.
Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.
No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.
No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.
Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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