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Opinión

El espejo y la boleta: reflexiones en torno al 1 de julio

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En 1960, el gobierno de la república que encabezó Adolfo López Mateos, conmemoró el 50 aniversario de la Revolución Mexicana, con una compilación de ensayos sobre los logros del movimiento y sus tareas pendientes. En un ambicioso e inusitado ejercicio –que combinó la autocrítica con la promoción–, el propio López Mateos prologó el volumen resultante, que fue editado por el Fondo de Cultura Económica.

Mediante la revisión de cuatro ejes (economía, sociedad, política y cultura), la gesta de 1910 fue analizada a medio siglo de su puesta en marcha; en sus páginas se desmenuzan los alcances revolucionarios, “tanto en lo que atañe a lo material como a lo espiritual”[1]. Para cumplir con la tarea, en la obra se dieron cita las plumas de Edmundo O’Gorman, Jorge Castañeda, Jesús Reyes Heroles, Emilio Portes Gil, Jaime Torres Bodet, Pablo González Casanova, José Luis Martínez y muchos otros. Ha sido de mis hallazgos más afortunados en una librería de viejo.

México entonces, México ahora

Pero si algo salta a la vista en aquellos textos –encargados por el llamado “último presidente popular de México”, quizá porque todavía le aplaudían­–, es la perpetuidad que tienen en la agenda nacional temas como el combate a la pobreza, la desigualdad o el rezago educativo. Temas que, a más de cien años del inicio de la Revolución, continúan presentes.

En el sexenio de López Mateos, nuestro país crecía en un promedio de 6% anual; en el de Enrique Peña Nieto, el promedio ha sido de 2%, según los datos del Fondo Monetario Internacional. Pese a las obvias diferencias macroeconómicas y de contexto, entre un periodo y otro, los retos a superar son gravemente coincidentes.

Foto: Archivo Casasola, Autor: Casasola, Lugar de asunto: México, 1961

El país impostergable

Quien sea que se convierta esta semana en presidente, tiene frente a sí un cúmulo de retos que exigen soluciones razonadas. Pero como ciudadanos, también tenemos por delante un ejercicio de introspección impostergable. Hoy inicia la veda electoral que marca el INE y que culminará en la elección del domingo. Quizá es buen momento para aprovechar los tres días en que gozaremos del silencio de las campañas, para construir reflexiones en el mismo espíritu de aquel libro.

En los últimos tres años, por ejemplo, los feminicidios en el país se han incrementado hasta alcanzar no menos de 7 por día, según las estadísticas que recogen ONU Mujeres y el Instituto Nacional de las Mujeres. Pese a que vivimos en una alerta de género perpetua, estos actos de violencia siguen encontrando voces que los justifican hasta alcanzar extremos tan absurdos como peligrosos. Al hacerlo, las mujeres que los padecen sufren una doble victimización. A ello se le añade la desigualdad de oportunidades laborales, que restringe el acceso de las mujeres a ciertos sectores o profesiones, y la disparidad de salarios.

En otra tendencia violenta, esta contienda electoral nos deja, hasta el día de hoy, 140 políticos asesinados. Del total, 47 fueron candidatos a un puesto de elección popular. Al estar sobreexpuestos frente a la brutalidad criminal, comenzamos a ver como “normales” este tipo de homicidios. Pese al gran número de candidatos muertos, la atención parece concentrarse en otros aspectos de la contienda, y las autoridades estatales o municipales tampoco parecen muy interesadas en encontrar a los responsables. La pérdida del asombro se combina con nuestro escepticismo hacia el sistema de partidos. Pero esa normalización de la violencia política no sólo cuartea nuestros procesos democráticos, sino que se lleva vidas humanas en el proceso.

La violencia no sabe de sexenios.

https://www.facebook.com/cuarta.mx/videos/405212019957620/

Desde la raíz

Por otro lado, siguiendo la máxima que vincula los índices delictivos y de violencia con el rezago educativo, no sorprende que nuestro país mantenga índices de escolarización bajos, en el nivel medio superior. De acuerdo con el diagnóstico de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), aunque la cobertura de educación básica es casi universal, el índice de escolarización de quienes tienen 15 a 19 años, es de apenas 54%. México ocupa el puesto más bajo en un grupo de países cuya media se ubica en el 84%. Parte de la solución se encuentra desde la etapa formativa básica; es decir, en el preescolar, la primaria y la secundaria. Los maestros de esos niveles desempeñan un papel fundamental en la construcción de ciudadanía y, desde luego, en la formación en todas las disciplinas académicas.

Teniendo en cuenta lo anterior, es indispensable que continuemos formando a los formadores. Que garanticemos en las aulas la presencia de profesoras y profesores capacitados, en constante actualización. Si bien sería un error dar marcha atrás a la Reforma Educativa, por ejemplo, también es necesario que a los docentes se les otorguen incentivos para continuar en la ruta de la profesionalización. Tal como está, la reforma le otorga un peso importante a la evaluación docente (lo cual es fundamental), pero no plantea la suficiente retribución a quienes dedican su vida a la enseñanza.

Una legislación persecutoria es incompatible con la meta de una educación de calidad. Pero si una educación de calidad es la raíz del progreso en todas sus dimensiones, entonces el Estado debe liberarla de las maquinaciones políticas y sindicales. Los maestros, por su parte, deben refrendar su compromiso ante la tarea que les fue encomendada. Y las familias, finalmente, tenemos la responsabilidad de involucrarnos y reforzar lo aprendido en las aulas, con una genuina formación en valores.

En casa y afuera

Pero además de la confrontación de cifras y leyes, también es urgente el fortalecimiento de nuestras instituciones, que se encuentran bajo una especie de asedio. No importa cuántas veces propongamos, aprobemos o deroguemos; si las instituciones están cojas, las reformas estarán mancas. No se puede operar sin un andamiaje institucional adecuado y libre de corrupción.

Combatir esta última es otro de los grandes retos que enfrentamos. El Sistema Nacional Anticorrupción es clave para lograr, entre otros objetivos, la desarticulación de redes de sobornos y la vigilancia del gasto público. Dándole entrada, además, a la sociedad civil en su conjunto. Para lograrlo, también los sistemas estatales deberán servir el propósito para el que fueron creados; deben evitar convertirse en vehículos del revanchismo político, como llega a suceder en algunas entidades.

Donald Trump

Foto: EFE

En suma, unas instituciones fuertes contribuyen a enviar el mensaje de que el país no es presa de intimidaciones. Algo de lo que puede beneficiarse, por ejemplo, la renegociación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, o todo aquello que se enmarque en la relación bilateral con Estados Unidos. Si bien el presidente Donald Trump lo dejó claro desde la elección estadounidense de 2016, la actual crisis migratoria que se vive en la frontera, reafirma la complejidad de la situación.

Pese a que las condiciones son disparejas, es evidente que contamos con capacidad de negociación. Este es un buen momento para hacer un despliegue de la diplomacia cultural de nuestro país, por ejemplo, que ha sido gravemente desaprovechada. Teniendo en cuenta que la renegociación del TLCAN se enfrenta con obstáculos aún mayores que cuando el tratado fue firmado, el próximo presidente deberá reforzar nuestra capacidad negociadora; la diplomacia cultural es el puente ideal para ayudar en la creación de consensos y el mantenimiento del diálogo. Ante la retórica del odio, la sagacidad diplomática. Frente a la obstinación, la diversificación de relaciones y el multilateralismo.

El México que viene

Hace algunas semanas (en una entrevista para El País), el ministro de la Suprema Corte José Ramón Cossío, señalaba que en México está en juego una recomposición de las élites (económicas, políticas, sociales, culturales, etc.). Bajo esta lógica, no sólo son cuatro los proyectos de nación y sus respectivos candidatos, los que se enfrentan en la elección. Sino que la disputa también es entre los grupos que ven representados sus intereses en esas cuatro opciones.

Es verdad que el 1 de julio podríamos presenciar el cambio de unas élites por otras, o bien el mantenimiento del status quo; percibo difícil pensar en escenarios alternos. Pero, en cualquier caso, tendríamos la ocasión justa de aprovechar una coyuntura de ese carácter. A riesgo de parecer ingenuo, me atrevo a decir que ello abre la puerta para exigir más a la clase política y levantar la mano para incidir en la agenda nacional. Si tal recomposición es posible, existiría la oportunidad de avanzar en la lucha por los derechos LGBT, la equidad de género, la exigencia de soluciones sustentables en los sectores productivos, el combate eficaz al crimen organizado, la reducción de la pobreza y un larguísimo etcétera.

Con seguridad, Elecciones Jalisco 2018, inseguridad, crimen organizado

Foto: Especial

Cambiando el sentido de lo anterior, tampoco sería descabellado pensar en relajar un poco nuestro rígido sistema presidencialista, para ensayar con los gobiernos de coalición. Pese a que la Reforma Político-Electoral de 2014 contempla esta figura, no contamos con un terreno adecuado ni la voluntad de echarla a andar. Dice el texto emitido por el Gobierno de la República, a propósito de la aprobación de la reforma, que “en un gobierno de coalición los acuerdos construidos serán públicos y transparentes. Irán más allá de los temas de coyuntura, al tiempo que su implementación será más eficiente, más expedita y con beneficios concretos para los mexicanos”.

El México deseable

Si ya estamos enfrascados en “coaliciones Frankenstein” durante el proceso electoral (donde conviven fuerzas políticas heterogéneas y con objetivos dispares), quizá es el momento propicio para no quedarnos sólo en el pragmatismo electoral y plantear opciones colaborativas de gobernabilidad. Es célebre la hazaña de Abraham Lincoln cuando, tras convertirse en presidente de Estados Unidos, decidió integrar en su gabinete a quienes habían sido sus rivales en las contiendas electorales donde participó. Ese “equipo de rivales” fue decisivo durante la Guerra Civil estadounidense, como lo apunta Doris Kearns Goodwin, en su libro de 2005 sobre el tema.

Evidentemente, replicar algo así en México no es tan sencillo como cabría esperar; menos aún, teniendo actores políticos que se distinguen por su intransigencia o su tendencia a atacar a sus rivales políticos. Pero es innegable que nos merecemos un gobierno que genuinamente integre distintas visiones en su práctica. Que demuestre su voluntad de trabajar en conjunto con otras fuerzas políticas, buscando logros compartidos. Que se aleje de los ataques socarrones y las descalificaciones pueriles, que no contribuyen en nada al debate público. Aunado, por supuesto, a un Congreso de la Unión que cumpla a cabalidad su papel como contrapeso efectivo al poder ejecutivo. Si tales escenarios son posibles, ello nos daría una señal de que vamos alcanzando la madurez política.

Al cruzar el Rubicón

Este domingo, vayamos a votar por el proyecto de nación que más nos convenza. Votemos teniendo en mente el abandono del anacronismo y pensando en soluciones modernas y pertinentes, que resuelvan los problemas urgentes a los que nos enfrentamos.  La agenda de lo absurdo la podemos olvidar, cuando tengamos las seis papeletas en la mano. Pensemos en el candidato, pero también en el gabinete que se conformará, el cual diseñará y ejecutará la dirección que la administración decida tomar.  Ejerzamos el sufragio a favor del estado de derecho.

Pero eso sí, votemos por la convicción de hacerlo. Por ejercer nuestro derecho inalienable como ciudadanos. No acudamos a las urnas por miedo, o a raíz de las intimidaciones. Quien recurre al miedo como herramienta para convocar al voto, daña nuestra democracia y pone en evidencia las carencias del proyecto que defiende. Eso es inaceptable y es una forma de terrorismo.

Cuando tuve la fortuna de colaborar por primera vez en Cuarta, me prometí no hablar sobre ningún tema electoral hasta el fin de las campañas. No obstante, la situación que vivimos es apremiante y pudieron más mis ganas de contribuir al debate con algunas reflexiones.

Si tenemos suerte, quizá en cincuenta o cien años también se conmemore otro tipo de revolución: la de las conciencias.

Cristian J. Vargas Díaz es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Guadalajara, e “intrigoso” como consecuencia. Les debe a Ray Bradbury, Juan Rulfo y Thomas Mann su gusto por la literatura y su vejez prematura. Cinéfilo y “seriéfago” enfermizo, sigue aprendiendo a escribir.

[1] Beltrán E. et al., (1963), México a 50 años de Revolución. México Distrito Federal: Fondo de Cultura Económica.

Bolígrafo 

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Opinión

¿Qué hacemos con el SIAPA? Parte 3

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¿Qué hacemos con el SIAPA? Parte III

Tras haber revisado en las entregas anteriores la anemia financiera y la esclerosis institucional operativa del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), toca ahora hablar de lo que realmente importa: la reconstrucción. Pero antes de sacar la calculadora y el vernier, nos toca mirarnos al espejo como sociedad.

1. Descolonizar el grifo: Más allá del fetiche de la tubería

Durante décadas, en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) hemos asumido que la gestión del agua sea un “asunto de ingenieros”. Con el respeto que merece la disciplina, pero la gestión hidrosanitaria ha sido colonizada por una visión puramente física que reduce el ciclo del agua a un sistema de presiones, análisis químicos, válvulas y diámetros. Hemos olvidado que el agua no fluye solo por tubos, sino por realidades sociales, marcos jurídicos, vulnerabilidades de salud y equilibrios ecosistémicos.

Es urgente descolonizar el conocimiento hidrosanitario. Necesitamos sentar a la mesa no solo al que sabe de hidráulica o saneamiento, sino al economista que entiende de elasticidad de la demanda, al sociólogo que comprende la segregación urbana, al abogado que defiende el derecho humano al agua y, sobre todo, al ciudadano que recibe el “chocolate” líquido en su casa.

En el bréte mexicano de “querer ser siempre el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro”, nos hemos olvidado de que la construcción conjunta no es un concurso de egos; en este caso, es nuestra balsa de salvamento.

Si no somos capaces de generar consensos y evitar protagonismos estériles, seguiremos ahogándonos en un vaso de agua… sucia. La solución debe ser multidimensional o no será.

2. La arquitectura de la solución: Orientarse a resultados.

Para aquellos que creen que la administración pública es solo “imaginarse en el futuro”, “echarle ganas” o peor, salir en videos, permítanme ejemplificar un ejercicio de Cadena de Valor Público aplicado a la potabilización, ese proceso místico que el SIAPA parece haber olvidado en algún cajón de la colonia moderna.

A. El diagnóstico del lodo

La problemática es clara: Agua con parámetros de turbiedad y presencia de metales fuera de norma en puntos críticos de la red. Las causas no son “el destino” o “el crecimiento urbano”; son el desdén del diseño institucional y su operación: la obsolescencia o caducidad de las plantas potabilizadoras —como Miravalle—, la falta de mantenimiento en los sedimentadores y una red de distribución que parece colador romano.

B. La solución lógica

No se trata de comprar más cloro, sino de atacar las causas: sustitución de tecnologías para el retiro de metales, modernización tecnológica de las plantas y sectorización de la red para evitar la recontaminación.

C. La Cadena de Valor (El “cómo” sin cuentos)

1.  Objetivo de resultado (Propósito): Los usuarios del AMG reciben agua que cumple con la NOM-127-SSA1-1994 (o su actualización) directamente en sus grifos.
Riesgo externo: El estrés hídrico extremo que altere la calidad química de las fuentes superficiales (Chapala/Calderón) o profundas (a mayor profundidad, más contaminación geogénica).

2.  Objetivos de producto (Componentes): Plantas separadoras de contaminantes químicos y metales, instaladas; potabilizadoras rehabilitadas y sistemas de filtración avanzada operando al 100%.

3.  Objetivos de proceso (Actividades): Licitación transparente de tecnologías, mantenimiento preventivo de lechos filtrantes y dosificación automatizada de reactivos.

D. El tablero de control (M&E)

Para que no nos den “atole con el dedo”, necesitamos indicadores de verdad:

Indicador de resultado: IR = [(Muestras dentro de norma) / (Total de muestras en domicilio) × 100]. Fuente: Auditorías externas aleatorias (no las del propio SIAPA).

Indicador de producto: IP = [(Caudal potabilizado bajo norma) / (Caudal de entrada) × 100]. Fuente: Registros de supervisión de producto, al salir de la planta y al ingreso al predio.

Indicador de proceso: IPr = [(Número de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo con cumplimiento / Número total de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo) × 100].

3. ¿Privatizar? El espejismo de la eficiencia empresarial

Aquí es donde el debate se pone picante. Existe una pulsión casi erótica en ciertos sectores por privatizarlo todo, bajo la premisa de que “el gobierno es inepto por naturaleza”. Pero cuidado, la historia de México está llena de instituciones diseñadas deliberadamente para fallar, creando el caldo de cultivo perfecto para la “salvación” privada, que suele ser más cara y menos santa.

El SIAPA es un monopolio natural. Sea público o privado, usted no puede elegir que otra empresa le ponga un tubo diferente en su casa. Por ello, el problema no es la propiedad, sino el arbitraje. La variable crítica no es quién opera, sino cómo se regula, supervisa y sanciona.

El espejo de Aguascalientes (Veolia 1993-2023)

Para quienes suspiran por una concesión privada, miremos el caso documentado por el ITESM (2012). Tras 30 años de concesión a Veolia, una empresa internacional “experta” en agua, los resultados son una bofetada a la lógica del libre mercado:

Problemas estructurales:

1.  Especulación vs. realidad: Se planeó y permitieron crecer la ciudad con criterios inmobiliarios mientras se sobreexplotaba la escasa agua subterránea.

2.  Contratos leoninos: Un título de concesión que no sancionaba el incumplimiento y protegía solo a la empresa.

3.  Autoridad omisa: La CCAPAMA (el regulador municipal) terminó siendo un espectador decorativo de los abusos empresariales.

La numeralia del desastre:

Asimetría obscena: La autoridad cargaba con el 89% de la responsabilidad, pero la empresa se quedaba con el 98% de los ingresos. ¡El negocio soñado!

Eficiencia global de risa: Apenas el 30%. Es decir, de cada 10 litros, 7 se perdían entre fugas y mala cobranza.

El robo del tiempo: Se practicaban retrasos voluntarios en la impresión de recibos para cobrar el agua con tarifas indexadas (más caras) meses después del consumo real.

Salud en riesgo: El agua distribuida incumplía la norma de salud por contaminación geogénica (arsénico y flúor).

Conclusión: El balón está en nuestra cancha

Privatizar no es la respuesta; es solo cambiar de amo en un sistema que carece de látigo (arbitraje). La solución estructural para el SIAPA requiere tres pilares: diseño lógico multidimensional, arbitraje externo estricto y un esquema de asignación de recursos que priorice la equidad, no el beneficio político del gobernante en turno.

Como tapatíos, el reto es mayúsculo. ¿Podremos soltar ese “pequeño marranito exigente” del ego y exigir que el SIAPA deje de ser la “caja chica” (o grande) de la política estatal? ¿Podremos descolonizar nuestra mente y entender que el agua es un derecho, no una mercancía ni un botín electoral?

El comienzo de la solución no está en un nuevo director, ni en “la danza de los millones”, ni en una concesión milagrosa; pasa por enfrentar nuestros propios demonios como sociedad: la fragmentación, la desconfianza, la tentación del atajo y dejar de ser espectadores de nuestro propio desabasto. Si seguimos permitiendo que la gestión del agua sea un secreto de Estado entre ingenieros y políticos, lo único que tendremos garantizado en el futuro será sed… y una cuenta muy alta por pagar.

Es hora de actuar. Por el agua, por la ciudad, por nuestros hijos.

Sobre el autor 

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP

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Opinión

El trimestre más turbulento de Lemus

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Columna de opinión de José de Jesús Gómez Valle

El primer trimestre de 2026 resultó ser el periodo más turbulento del gobierno de Pablo Lemus Navarro desde su toma de posesión en diciembre de 2024. Tres grandes crisis concentraron la presión sobre el Ejecutivo estatal: el llamado “tarifazo” al transporte público, que detonó semanas de movilizaciones; el abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el 22 de febrero en Tapalpa, con la subsecuente ola de represalias violentas; y, al cierre del trimestre, una crisis hídrica que afectó a cientos de colonias del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG). 

El telón de fondo de los tres episodios es el Mundial de Fútbol 2026, que convierte a Jalisco en escaparate internacional y eleva exponencialmente los costos políticos de cualquier percepción de desequilibrios.

Eficacia decisional. La eficacia decisional del gobierno de Lemus durante este trimestre exhibe un patrón recurrente: decisiones iniciales polémicas seguidas de rectificaciones bajo presión social. El caso paradigmático es el llamado “tarifazo”. A partir del 1 de abril de 2026, el pasaje del transporte público estaba previsto para pasar de 9.50 a 14 pesos, lo que representaría un aumento del 47.37 por ciento. El esquema era técnicamente discutible: el Gobernador presentó una opción para pagar 11 pesos mediante una tarjeta de débito de una financiera amonestada por la Comisión Nacional Bancaria y Valores (CNBV), a la que el Gobierno Estatal pagaría 5.45 pesos mensuales por cada tarjeta activa. 

Tras semanas de presión ciudadana y legislativa, Lemus acabó cediendo de forma considerable. El Gobierno de Jalisco canceló el aumento de 14 pesos en la tarifa del transporte público, y anunció que el pasaje se mantendría en 11 pesos a partir del 1 de abril, sin importar el método de pago. La rectificación evitó una escalada mayor, pero el costo político fue alto: el gobierno abandonó su postura inicial ante la presión, lo que debilita su capacidad de anticipación y diseño de política pública. 

El episodio del Siapa repitió el patrón. En medio de la crisis por la mala calidad del agua potable, el Gobernador de Jalisco anunció la destitución del director del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa), Antonio Juárez Trueba. La decisión fue reactiva: la destitución ocurrió horas después de que colectivos, académicos y vecinos exigieran una alerta sanitaria y el relevo del funcionario. 

Legitimidad política. La legitimidad de origen de Lemus es sólida (a pesar de recursos legales y protestas opositoras los tribunales reconocieron su triunfo) y mantiene niveles de aprobación razonables según lo reportan diversos medios de comunicación. Sin embargo, la legitimidad del ejercicio de gobierno durante este trimestre sufrió erosión en al menos tres frentes.

En el flanco del transporte, la movilización popular fue sostenida e intensa. Las protestas contra el aumento de la tarifa del transporte público y la obligatoriedad de usar una tarjeta de débito de una financiera privada, continuaron con la séptima marcha en enero con consignas como en contra de la decisión gubernamental.

La legitimidad del esquema fue cuestionada adicionalmente por los tribunales. El Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa otorgó una suspensión provisional a 35 estudiantes, determinando que el subsidio al transporte no puede condicionarse a la entrega obligatoria de datos personales a una empresa privada. 

En el terreno legislativo, el conflicto con bancadas de oposición generó fricciones de legitimidad. Los grupos parlamentarios de Morena, Hagamos y Futuro acusaron al Gobernador Pablo Lemus de desinformación, al señalar que el dictamen sobre identidad de género aprobado por el Congreso no autorizaba ni promovía cambios de sexo, y que ni el Congreso ni el Gobernador tienen facultades para cuestionar la vigencia de derechos humanos reconocidos por México en tratados internacionales. 

Un episodio adicional que dañó su imagen fue la detención de estudiantes manifestantes, a quienes Lemus acabó liberando. El Gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, liberó a los cuatro estudiantes detenidos por realizar pintas en Palacio de Gobierno y la Catedral durante una manifestación contra la tarifa del transporte público, acusando que los jóvenes fueron “azuzados” por actores políticos de la oposición. La justificación fue percibida por organizaciones civiles como politización de un hecho represivo: más de 50 colectivos y organismos defensores de derechos humanos, entre ellos Amnistía Internacional, calificaron la actuación policial como una grave violación a las garantías individuales.

Cohesión institucional. La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo estatal es el punto más frágil de la gobernabilidad de Lemus. El Gobernador gobierna sin mayoría propia: Movimiento Ciudadano sólo logró ganar en cuatro distritos concentrados en el AMG, mientras que la coalición de los partidos PRI, PAN y PRD ganó tres escaños en el Poder Legislativo. Esta situación de no contar con una bancada legislativa robusta se ha traducido en fricciones sistemáticas. El propio Lemus ha descrito el escenario en términos de confrontación. 

Un episodio que ilustra la ruptura Ejecutivo-Legislativo es el conflicto en Bolaños. En el municipio de Bolaños existe una situación de conflicto entre mestizos y miembros de la etnia wixárika, a raíz de que se aprobó en el Congreso de Jalisco un cambio de régimen de gobierno por uno de usos y costumbres. Esto provocó el cierre de carreteras y el derribo de una escultura icónica, lo que mantiene el clima de confrontación, que a decir del Gobernador Lemus, les fue advertido a los legisladores, pero lo ignoraron. 

La relación con el Gobierno Federal es ambivalente: cordial en lo personal con la presidenta Sheinbaum, pero tensa en lo presupuestal. Lemus ha denunciado en entrevistas que dependencias federales castigan a Jalisco por ser un estado de oposición. Por otro lado, el nombramiento del nuevo director del Siapa por criterios de lealtad personal generó cuestionamientos sobre el criterio técnico frente al político en las designaciones del gabinete.

Estabilidad política. Este es el indicador que registró la mayor caída en el trimestre. El abatimiento de “El Mencho” el 22 de febrero de 2026 fue el acontecimiento más disruptivo para la estabilidad política y el orden público en Jalisco en años recientes. El epicentro fue Jalisco. En Guadalajara, hubo más de 30 puntos de bloqueos y enfrentamientos en toda el AMG. La reacción violenta del CJNG incluyó bloqueos, incendios y tiroteos. 

En materia electoral, el Partido del Trabajo lanzó amenazas de impulsar una revocación de mandato contra Lemus a raíz del tarifazo, aunque sin concreción formal durante el trimestre. El trimestre estuvo marcado por un nivel de conflictividad sociopolítica inusualmente alto para Jalisco, con múltiples frentes abiertos de forma simultánea.

El conflicto por el incremento a las tarifas del transporte público fue el más sostenido. Desde principios de enero se registraron protestas prácticamente cada semana, La conflictividad fue multifactorial: partidos de oposición, colectivos estudiantiles, estudiantes mediante amparos, y el propio Congreso del Estado mediante exhortos formales al Ejecutivo. A este conflicto se sumó en enero el choque legislativo en torno a la ley de identidad de género, con acusaciones de desinformación cruzadas entre el Gobernador y las bancadas parlamentarias opositoras.

El episodio de Bolaños al cierre del trimestre añadió una dimensión étnica y territorial a la conflictividad. El municipio de Bolaños registra una situación de conflicto entre mestizos y miembros de la etnia wixárika, con cierre de carreteras. El Gobernador, visiblemente irritado, responsabilizó a los legisladores: “Si ellos tomaron esa decisión, que vayan a dialogar entre las partes también, a explicarle a la ciudadanía de Bolaños por qué tomaron esa decisión. Los quiero ver allá, no encerraditos en el Poder Legislativo”.  

Desde un análisis de gobernabilidad, la simultaneidad de estos frentes conflictivos —transporte, seguridad, agua, identidad de género, conflicto étnico— indica una capacidad de gestión institucional desbordada, incapaz de contener la conflictividad dentro de los canales institucionales ordinarios.

Deterioro social y episodios violentos. Este indicador registra la lectura más preocupante del trimestre, determinada por la convergencia de tres crisis de naturaleza distinta.

Violencia organizada. Antes del 22 de febrero, el trimestre mostraba avances genuinos en seguridad. El promedio diario de homicidio doloso, según cifras oficiales, en la entidad se redujo 47% entre septiembre de 2024 y enero de 2026, al pasar de 4.80 a 2.55 casos diarios, siendo enero de 2026 el mes con la incidencia más baja de homicidios en los últimos 11 años. Sin embargo, el abatimiento de “El Mencho” trastocó este panorama. En marzo, Jalisco registró 59 homicidios, aunque dentro de la media regional.

Crisis del agua. El deterioro en la calidad del agua durante marzo representó una crisis sanitaria de gran impacto. En diversas zonas de Guadalajara y Zapopan, el agua que llegaba a los hogares presentó coloración, mal olor y presencia de sedimentos. Al menos 176 colonias fueron reconocidas como afectadas, aunque registros independientes elevaban la cifra a más de 450. 

Crisis de personas desaparecidas. Jalisco mantiene una de las crisis humanitarias más agudas del país en materia de personas desaparecidas. Jalisco está entre los que registran el mayor número de personas desaparecidas, con 12,500 casos documentados. Esta crisis adquirió una dimensión política específica en el trimestre, cuando familias de desaparecidos denunciaron intentos de retirar carteles de búsqueda de cara al Mundial. Las familias que colocan los volantes para buscar a sus seres queridos dicen que enfrentan intentos del gobierno por borrar esos rostros de cara al Mundial.

Conclusiones

El primer trimestre de 2026 deja a Pablo Lemus Navarro en una posición de equilibrio precario: no hay síntomas de ingobernabilidad aguda, pero sí un patrón de gobierno reactivo que responde a las crisis cuando ya están desbordadas, en lugar de anticiparlas. La rectificación del tarifazo fue políticamente necesaria, pero reflejó una decisión inicial mal calibrada. La destitución del director del Siapa fue oportuna, pero ocurrió tras semanas de protestas. 

El rasgo más preocupante desde una perspectiva de gobernabilidad no es ninguna crisis en particular, sino su simultaneidad y su naturaleza estructural: el transporte, el agua y los desaparecidos son problemas sistémicos que no se resuelven con cambios de director ni con decretos tarifarios corregidos. El Mundial de Fútbol 2026, que inicia en junio, opera como catalizador dual: obliga a acelerar soluciones de fachada al tiempo que expone ante el mundo las fisuras del modelo de gobierno “al estilo Jalisco”.

Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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