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Opinión

La histórica cumbre que quedó a deber

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opinión Luis Sánchez Pérez

Uno de los eventos más esperados con los que comenzaba el 2023, ocurrió durante esta semana: La Cumbre de Líderes de América del Norte, en la que participaron el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, como anfitrión. La décima edición de dicha cumbre, era catalogada como histórica, dado que desde hace casi 10 años, un presidente estadounidense no visitaba México, además de que a nivel geopolítico existen condiciones que no había durante la última edición celebrada en Washington 2021, como la guerra de Rusia-Ucrania, los cambios en las cadenas productivas derivadas de dicho conflicto bélico, la inflación post pandemia, etc.

Unos días antes de la cumbre, el 5 de enero en la sindicatura de Jesús María, en Culiacán, Sinaloa, ocurrió la detención de uno de los principales líderes del Cártel de Sinaloa, Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera. Cabe recordar que “El Ratón”, como lo apodan, ya había sido detenido en 2019 en Culiacán, pero fue liberado por órdenes del presidente, ante las amenazas del crimen organizado, de actuar en contra de la población, si no se le liberaba. En este sentido y dado que en política no existen las coincidencias, es importante señalar que la detención del hijo del “Chapo” Guzmán, fue gracias a una orden de captura con fines de extradición, solicitada por Washington, no por una orden de captura emitida por el Gobierno de México por delitos en contra de la salud o algún otro cometido en territorio nacional; por lo anterior, varios analistas afirmaban que esta detención, era un “regalo” de AMLO a Biden, previo a su visita para la Cumbre de Líderes. Por otro lado, se afirma que con esta detención, el Gobierno de México da un golpe significativo en contra del Cártel de Sinaloa, ante las acusaciones de algunos miembros de la oposición, sobre una supuesta protección y complicidad por parte de la 4T con dicho grupo criminal. Si bien, el tema del narcotráfico no era uno de los principales a tratar, durante la Cumbre, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, habló sobre la innovación tecnológica en la frontera, con el objetivo de tener mayor supervisión sobre lo que entra y sale de la frontera con México, para disminuir el trasiego de drogas como el fentanilo.

¿Qué temas se trataron en la Cumbre?

  • Diversidad, equidad e inclusión
  • Medio ambiente y cambio climático
  • Competitividad
  • Salud
  • Seguridad Regional
  • Migración y Desarrollo

En este último rubro, uno de los más esperados, los mandatarios de Estados Unidos y México, se comprometieron a cumplir con las obligaciones derivadas de la Declaración de los Ángeles, suscrita en junio pasado, la cual establece que México recibirá y ofrecerá trabajo a 30 mil cubanos, nicaragüenses, venezolanos y haitianos devueltos desde Estados Unidos que no cumplan con los estándares, y a cambio, Estados Unidos ofrecerá visas temporales de trabajo a la misma cantidad de personas, cuando los cumplan. Esto pone en desventaja a nuestro país, ya que queda a merced de los criterios de Estados Unidos para que dichas personas se queden en nuestro territorio, sin poderles garantizar una protección a sus derechos humanos.

Es por esto que la histórica Cumbre quedó a deber, se perdió una oportunidad, como lo mencionamos, histórica, para poder establecer acuerdos concretos en torno al tema migratorio, una de las principales deudas pendientes de las administraciones, tanto estadounidense, como mexicana. No hay un sólo programa concreto, ni una cifra en miles de millones de dólares comprometida para atender a mujeres y hombres de todas las edades que se quedan en México, ante la imposibilidad de retornar a sus países. A esto hay que añadirle que al interior de nuestro país tampoco se están tomando las medidas necesarias, ya que al Instituto Nacional de Migración (INM) tan solo se le aumentó 1.4% su presupuesto, mientras que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) solo recibirá 0.8% más que el año pasado, y en ninguno de los mencionados se contempla la atención de los migrantes que serán expulsados mensualmente y llegarán a México…

Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

 

 

 

 

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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Opinión

La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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