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Opinión

México polarizado

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opinión Luis Sánchez Pérez

El pasado lunes, en al menos 25 ciudades del país, se llevó a cabo la marcha #ElINENoSeToca, para protestar en contra de la Reforma Electoral que presentó en abril pasado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la cual contempla 18 modificaciones a la Constitución y a 7 artículos transitorios, teniendo como principales objetivos:

  • Desaparecer al INE y sustituirlo por el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC).
  • Disminuir el número de consejeros electorales de 11 a 7 y que estos sean electos a través del voto popular.
  • Eliminar financiamiento a partidos políticos.
  • Desaparecer a los legisladores plurinominales (200 diputados y 32 senadores), así como a los organismos públicos locales y que las elecciones sean organizadas únicamente por el INEC.
  • Disminuir de 40% a 32% el umbral para la revocación de mandato, ampliar las excepciones para la difusión de propaganda gubernamental.
  • La implementación del voto electrónico
  • Modificar los tiempos en radio y televisión referente a las campañas.

¿Cuánta gente fue a la marcha?

La convocatoria del domingo 13 de noviembre en “defensa de la democracia” tiene cifras encontradas, dependiendo a quién le preguntes… Los asistentes y opositores hablan de que casi logran ser un millón de personas, mostrando como argumentos, cálculos que utilizaban la medida de ancho que tienen los carriles de Av. Reforma, los kilómetros del recorrido, la distancia que ocupaba una persona entre otros datos; videos de tomas aéreas, e incluso fotografías de marchas de otros lugares. Por otro lado, las cifras oficiales del gobierno de la Ciudad de México, las usadas por políticos de Morena o las que presentó el presidente, contabilizaban menos de 100,000 personas. Cifras que reflejan la realidad actual en el terreno sociopolítico del País, un escenario polarizado donde lejos de construir puentes para encontrar los puntos en común que beneficien a la democracia, se amplía los abismos ideológicos y la cerrazón prevalece, impidiendo el diálogo y la construcción de acuerdos en pro del bienestar común.

Esta polarización es alimentada diariamente con los dichos del Presidente durante su conferencia “Mañanera”, porque nos guste o no, el ejercicio comunicacional que desde su primer día de mandato ha hecho de lunes a viernes desde Palacio Nacional, es lo que marca la agenda pública de los medios día con día. La “Mañanera” del Presidente se ha convertido en el lugar donde además de presentar “otros datos”, se denosta y descalifica a periodistas, activistas, políticos, funcionarios, y demás miembros de oposición (o no), que cuestionan a la 4T. Siguiendo esta lógica, la mañana este lunes 14 de noviembre, el mandatario mexicano restó importancia a la manifestación del domingo:

“Lo del INE fue una excusa, una bandera, en el fondo, los que se manifestaron ayer lo hicieron en contra de la transformación que se está llevando en el país, lo hicieron a favor de los privilegios que ellos tenían antes del Gobierno que represento, a favor de la corrupción; lo hicieron a favor del racismo, del clasismo, de la discriminación”, declaró el Presidente López Obrador, durante su conferencia matutina de este lunes 14 de noviembre. Además, el Mandatario cuestionó la legitimidad de la marcha, resaltando la presencia de políticos, funcionarios, ex presidentes, entre otros actores de oposición:

“Ni modo que Madrazo, Elba Esther y Fox sean demócratas, el mismo Woldenberg que convalidó fraudes electorales cuando estuvo en el INE; le voy más a la maestra Elba Esther porque esa no se da baños de pureza, es más sincera que Woldenberg porque lo que más molesta es la hipocresía”. Finalmente invitó a los asistentes, a que siguieran organizándose porque “no se trata solo de una marcha, así que a seguir luchando, adelante, van a ser siempre respetados porque hay libertades plenas”.

Se prevé que la Reforma Electoral pueda ser discutida mientras se lleva a cabo el mundial Qatar 2022, a su vez, se contemplan algunas manifestaciones a favor y en contra, ya veremos el resultado que tiene la presión social, tras la discusión de la reforma en el pleno, pero a cómo se ve de polarizada la situación, es muy probable que ocurra algo similar a lo que pasó con la Reforma Energética y no pase tal cual está, sino con modificaciones que seguramente serán moneda de cambio previo al 2024, como pasó con la militarización del país, ya lo veremos, porque en política y en fútbol todo puede pasar antes de que den el silbatazo final.

Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

 

 

 

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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Opinión

La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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