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¿Objetivos de Desarrollo Sostenible?, qué son y por qué son claves para Jalisco

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participación ciudadana de Jalisco, Laboratorio de Innovación Democrática

¿Por qué los objetivos del desarrollo sostenible deben ser promovidos por la institución que garantiza la responsabilidad y el apego a la legalidad de las instituciones y sus servidores públicos en la entidad? Es una de las muchas preguntas que surgen en torno a la decisión de que la Comisión Estatal de Derechos Humanos del Estado de Jalisco haya realizado el primer Foro Ciudadano sobre los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) los días 17 y 18 de agosto.

Para dar respuesta es necesario revisar los antecedentes de los derechos económicos, culturales, sociales y ambientales a fin de determinar qué relación tienen con los Objetivos Del Milenio (ODM) y su impacto en la agenda pública local.

Pacto de los Derechos Civiles y Políticos

Encontramos los antecedentes de los DESCA en el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas  en el año de 1966 y ratificado por nuestro país en  el año de 1981, en él se establecen los compromisos de los Estados que se  adhieren,  respecto al cumplimiento de medidas legales e institucionales para garantizar el cumplimiento fundamental de las libertades y garantías que dan sustento y sustancia a un gobierno democrático: la vigencia y respeto a los derechos civiles, políticos y sociales, que son a su vez el núcleo de los derechos humanos.

El Pacto también incluye la formación y funcionamiento de un Comité que entre otras funciones tiene la de recibir, examinar y emitir comentarios respecto de los informes que sobre el cumplimiento del Pacto llevan a cabo los Estados parte. Esta última es una función de control y medición del desempeño, que en el marco de la cooperación internacional, opera con el fin de identificar, visibilizar y evaluar el grado de avance en los compromisos.

No obstante, como sucede con diversos ordenamientos normativos internacionales tuvieron que pasar muchos años para encontrar la coyuntura que permitiera intensificar los alcances y expectativas del Pacto, es así que para septiembre del año 2000 se firma por 189 países la “Declaración del Milenio de las Naciones Unidas” de la cual emanan los llamado Objetivos del Milenio, que cito a continuación:

1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

2: Lograr la enseñanza primaria universal

3: Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer

 4: Reducir la mortalidad infantil

5: Mejorar la salud materna

 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

Si bien resulta favorable contar con un horizonte claro y acordado sobre el puerto de llegada al que deben aspirar los gobiernos nacionales a través del funcionamiento de su aparato de administración pública, una de las principales limitantes a las que se enfrentó los ODM es que se elaboraron y sancionaron de manera unilateral por funcionarios públicos, ministros y líderes políticos.

La fórmula de integración omitió la consulta a quienes son beneficiarios de la acción pública, la ciudadanía. Por ello se careció de la legitimidad que brindará suficiencia y pertinencia política de los objetivos y por consecuencia de las metas e indicadores que cada país elaboró al respecto.

jalisco, participacioon ciudadana

El contenido sustantivo de los ODM

El contenido sustantivo de los ODM es plausible y refleja las aspiraciones de bienestar y prosperidad, no podrían ser calificados como indeseables, pero el modelo democrático de un régimen político se encuentra apuntalado por la virtuosa relación entre gobernados y gobernantes. Con mayor precisión un conjunto de relaciones de servicios y respuestas a demandas, pero también de comunicación y cooperación en torno a las decisiones públicas. Posiblemente ésta sea una de las razones por las que los resultados expresados en los informes periódicos que los países han presentado, muestra avances conservadores e insuficientes de las metas e indicadores nacionales y locales armonizados a los ODM.  

El conjunto de metas públicas de los Estados parte conformaron la denominada Agenda 2015, sin embargo el deficiente nivel de cumplimiento y la demanda de un mayor consenso exigió a la ONU replantear el modelo de confección de la ahora llamada agenda 2030.

En este contexto surgen los ODS, que no sólo aumentan en cantidad, ahora son 17 frente a los 8 ODM, sino que la clave de la reformulación de la agenda global radicó en una amplia consulta a la ciudadanía mediante la figura de la “Encuesta Mi Mundo”. 

Los resultados e interpretación de las demandas y aspiración que jaliscienses expresaron en la encuesta aplicada  se encuentran debidamente analizados en el estudio Agenda global y políticas públicas en Jalisco, elaborado por el Consejo Económico y Social de Jalisco (CESJAL).

Dos caras de un mismo fenómeno

En el estudio, se da cuenta del grado de incorporación de los ODS y los ODM en los instrumentos de planeación que van del Plan Estatal de Desarrollo a los Planes de Desarrollo Municipal.  Es en este punto donde radica la importancia de analizar la concurrencia dos caras de un mismo fenómeno del sistema político mundial y de la administración pública local a partir de los cuales se diseñan las políticas públicas y programas de gobierno.

Resulta de utilidad contrastar en qué medida se incluyen en la agenda pública nacional, estatal y municipal, así como en el Poder Legislativo, los objetivos y metas de la agenda global de la ONU, más aún cuando esta ha sido edificada desde abajo, tomando en cuenta la opinión y voz de la sociedad civil y procesada posteriormente por la gerencia pública a fin de proyectarla en los   instrumentos de planeación de los poderes públicos.

Frente a la renovación del gobierno del estado, de la legislatura estatal y de 125 gobiernos municipales en Jalisco y por exigencia de la Ley de Planeación del Estado de Jalisco y sus Municipios que dispone la elaboración y actualización de los planes de desarrollo, además de que la Ley Orgánica del Poder Legislativo dispone la formación de la Agenda Parlamentaria y el programa de trabajo de la legislatura, nos encontramos ante un momento privilegiado de incluir, actualizar o intensificar la adopción de los ODS, sus metas e indicadores en el andamiaje de planeación en nuestra entidad.

Participación ciudadana Jalisco.

¿Le toca a la CEDHJ?

Retomo la pregunta inicial de este artículo respecto a: por qué debe ser la Comisión Estatal de Derechos Humanos quien promueva esta discusión, la difusión de los DESCA y los ODM. Además de hacerlo en una convocatoria dirigida principalmente a asociaciones, redes y colectivos civiles, la respuesta es clara y contundente, dado nuestro marco jurídico, el derecho humano a la participación social se concibe como la  libertad y garantía ciudadana de incidir en las etapas de diseño, formulación y ejecución de las políticas públicas y los actos de gobierno, mediante ejercicios de comunicación y deliberación que permitan la colaboración de la sociedad con su gobierno.

Desde esta perspectiva los ODM y el derecho ciudadana a participar en la formulación de instrumentos de planeación brindan un marco efectivo para la gobernanza democrática: ¿qué más se requiere para llegar a buen puerto?  Sin duda, los vasos comunicantes que darán vida a este escenario serán la sensibilidad y receptividad de las élites políticas al frente del gobierno para que en una convicción de los valores del gobierno abierto, permitan la apertura y contribución a las instituciones públicas de la ciudadanía que puede, quiere y debe contribuir con los poderes públicos, más allá de sus contribuciones fiscales de la emisión del voto.

En hora buena a la CEDHJ por organizar el foro ciudadano, en la medida en que los agentes públicos conozcan, respeten y ejerzan los DESCA seguramente existirán menos recomendaciones y medidas cautelares emitidas por la órgano garante de los derechos humanos en Jalisco y seguramente podremos desarrollar una ciudadanía activa que tenga como parte de su ejercicio político los DESCA y los ODM.

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Llueve sobre mojado: Guadalajara se ahoga en 13 milímetros. Parte 2

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La semana pasada se registró una lluvia que dejó 100 automóviles varados en Periférico y 8 de Julio. Foto: Especial.

En la primera entrega establecimos que llamar “atípica” a la lluvia que inunda Guadalajara cada temporal es, con perdón, una mentira con permiso oficial: el problema es de drenaje y suelo, no de cielo. Toca ahora la parte incómoda que los boletines de gobierno omiten: la ciudad no se inunda igual para todos, y no es casualidad meteorológica, es geografía social con nombre de colonia.

Guadalajara ya tiene clasismo en el transporte público y clasismo en el acceso efectivo al agua potable (efectivo porque tener un tubo conectado no alcanza para definir “acceso”); faltaba documentar el clasismo hídrico de las inundaciones; aquí los datos lo confirman con una nitidez incómoda:

Al revisar los veinte eventos de inundación más severos de la última década en el AMG, la distribución por estrato económico es así de desigual: apenas tres colonias de estrato alto resultaron afectadas, una de medio-alto, dos de medio, cinco de medio-bajo, cinco de bajo y cuatro más de bajo con vulnerabilidad “muy alta” —la categoría reservada para Ferrocarril, Miramar, Juan de la Barrera y Las Pintas, entre otras—. En números llanos: catorce de veinte colonias castigadas pertenecen a estratos bajo y medio-bajo. No es que llueva más sobre los pobres; es que el agua, cuando no tiene a dónde ir, busca siempre el camino de menor resistencia institucional.

El gráfico de severidad por estrato lo confirma con crudeza: en una escala de 1 a 4, el daño patrimonial —agua y lodo entrando a las casas, entre 30 y 80 centímetros de altura— se concentra en los estratos bajo y medio-bajo. Los vehículos arrastrados sí aparecen también en zonas de estrato alto como Plaza del Sol o Jardines de la Patria, pero ahí debemos considerar una importante trampa contable: para esos autos existen pólizas de seguro, además de deducibles de impuestos. Para el menaje empapado de una vivienda en Ferrocarril o El Mante, no existe tal cosa.

En este punto conviene separar finanzas de economía, una distinción que un analista económico no podría pasar por alto y que, en este caso, resulta reveladora: en pesos “nominales”, quien más pierde es el estrato medio-alto, con un costo total promedio estimado de 760 mil pesos por evento, frente a 422 mil del estrato bajo (Baró-Suárez et al., 2011; Milenio, 2024). Visto así, el relato cómodo sería: “los inundados ricos pierden más”. Es el tipo de dato que un funcionario promedio citaría para minimizar el problema. Sin embargo, esa lectura es, en el mejor de los casos, incompleta y, en el peor, deliberadamente engañosa.

Sucede que, cuando esa misma pérdida se mide como porcentaje del ingreso anual —la única forma honesta de medir el golpe real a un hogar—, el cuento se invierte por completo. El daño patrimonial promedio en el estrato bajo equivale al 352 % de su ingreso anual estimado; en el estrato medio-bajo, al 220 %; mientras que en el estrato alto la misma categoría de daño representa apenas el 40 % de su ingreso. Quien gana menos pierde, en términos relativos, hasta nueve veces más que quien gana más. Esta cifra, que los comunicados de prensa no suelen destacar, desmiente la épica de “la inundación no distingue clases” con la que algunos suelen lavarse las manos.

Sí, es cierto: el agua arrastra por igual vehículos en Jardines de la Patria que menaje en Las Pintas, pero la familia de Las Pintas no tiene seguro, no tiene ahorro, no tiene deducción fiscal y probablemente tampoco tenga un segundo vehículo para moverse mientras tanto. Pierde su patrimonio completo y, además, pierde el día de trabajo, el transporte público que se detuvo y, algunas veces, el empleo informal que tampoco perdona ausencias. Es la lógica de siempre en un país desigual: el desastre llega parejo, la factura no.

La inadecuada planeación urbana de Guadalajara —igual que ciertos megaeventos deportivos que pasan por encima de todos los estratos imponiendo sus intereses— arrastra a ricos y pobres por igual en el momento del impacto; pero la cuenta, como siempre sucede en México y América Latina, se paga distinto según el código postal. Mientras los Arcos del Milenio sigan sin terminarse y el drenaje profundo siga esperando su turno en una lista de obras a “ejecutar poco a poco”, cada temporal seguirá siendo el mismo examen: la ciudad reprueba, y los que menos tienen son, otra vez, quienes pagan la colegiatura más cara.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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Lemus y la crisis del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara

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El periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

El segundo trimestre de 2026 representó para el gobierno de Pablo Lemus una etapa de alta tensión política y de fuerte presión sobre la narrativa de estabilidad que había intentado construir desde su primer año de gestión. Aunque el Ejecutivo estatal logró sostener niveles aceptables de operación institucional, particularmente en infraestructura, coordinación federal y preparación del Mundial 2026, el periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

A diferencia del primer trimestre, donde predominaba todavía la expectativa política alrededor del gobierno, entre abril y junio comenzó a observarse un proceso más claro de desgaste gubernamental. El discurso de eficiencia y cercanía ciudadana empezó a enfrentar pruebas concretas de capacidad estatal, particularmente en materia de agua, seguridad y cohesión política.

Se hace aquí un balance de la gobernabilidad a partir de seis indicadores básicos: eficacia decisional, legitimidad, cohesión institucional, estabilidad política, conflictividad política y deterioro social y actos violentos.

Eficacia decisional. La eficacia decisional sigue siendo reactiva más que preventiva. La reestructuración del Siapa fue anunciada reiteradamente desde octubre de 2025 sin materializarse en un plan integral hasta bien entrado 2026, lo que generó señalamientos sobre la brecha entre el discurso de urgencia y los tiempos reales de ejecución. La cartera vencida del organismo y el déficit operativo evidencian que el rescate anunciado atiende síntomas de corto plazo (cambio de titular, presupuesto de emergencia) sin resolver el problema de fondo de financiamiento y gobernanza metropolitana del agua. El propio Gobernador reconoció públicamente un abandono institucional de años, lo que también desplaza la responsabilidad de su propia gestión, que ya lleva año y medio sin presentar una solución definitiva. 

No obstante, el gran déficit de eficacia permaneció en seguridad. Después de los hechos violentos derivados del operativo contra el CJNG en febrero, el gobierno dedicó buena parte del trimestre aquí analizado a administrar las consecuencias mediáticas y políticas de la crisis, más que a demostrar recuperación plena del control territorial. La eficacia decisional fue, por tanto, parcialmente positiva en infraestructura y coordinación administrativa, pero limitada en capacidad estructural de contención de crisis.

Legitimidad. En materia de legitimidad, el trimestre reveló una contradicción central. Mientras el gobierno intentó posicionar a Jalisco como una entidad lista para el Mundial y atractiva internacionalmente, persistieron crisis locales que cuestionan la narrativa de normalidad. El caso más evidente fue el tema de las desapariciones y la violencia criminal. Aunque el gobierno permitió manifestaciones y visibilización de colectivos, la percepción pública comenzó a consolidar la idea de que el gobierno administra políticamente la crisis, pero aún no modifica sus causas estructurales.

La legitimidad también se vio erosionada por la crisis de la calidad del agua; cientos de denuncias ciudadanas por agua contaminada con metales pesados, ausencia de cloro y fallas bacteriológicas, documentadas por monitoreos se hicieron públicas en momentos en que la ciudad se preparaba para recibir a millones de visitantes mundialistas. Investigadores de la UdeG y activistas señalaron que, pese al discurso de apertura técnica del nuevo director del Siapa no fueron efectivamente invitados o incorporados al diseño de la reingeniería.

Cohesión institucional. A diferencia de la etapa final del sexenio de Enrique Alfaro Ramírez, marcada por confrontaciones recurrentes con actores federales, el gobierno de Lemus privilegió la coordinación política e institucional. La relación con el gabinete federal de seguridad fue particularmente estrecha después del operativo contra el CJNG. Lemus presumió comunicación directa con el secretario de Seguridad Federal y con las Fuerzas Armadas.

Por otra parte, el gabinete estatal continuó mostrando alta rotación. El gobierno acumula, para junio de 2026, más de una decena de cambios en secretarías y direcciones en apenas año y medio de gestión, incluidos ajustes en la Comisión Estatal del Agua y en el Siapa, lo que muestra un síntoma de inestabilidad administrativa más que de fortalecimiento institucional. Los múltiples ajustes en el gabinete estatal, incluyendo cambios en la CEA, Ipejal, salud y juventudes, muestran un gobierno en constante reacomodo. Aunque oficialmente se presentan como movimientos para fortalecer áreas estratégicas, la frecuencia de los cambios sugieretensiones internas y necesidad de corregir rumbo sobre la marcha. La gobernanza del Siapa (centralizada en el Ejecutivo estatal) sigue dejando a los municipios en un rol secundario, lo que reproduce tensiones de fondo sobre quién es el responsable último del organismo.

Asimismo, la cohesión institucional tuvo dos focos de vulnerabilidad. Primero, el Siapa evidenció que la gobernanza metropolitana sigue siendo débil y altamente fragmentada, y segundo, el gobierno continúa dependiendo excesivamente de coordinación federal en seguridad, lo cual limita la autonomía efectiva del estado. En términos generales, hubo cohesión operativa, pero todavía no hay una consolidación institucional profunda.

Estabilidad política. El trimestre cerró sin amenazas reales de ruptura política o ingobernabilidad abierta, pero sí con incremento de presión estructural sobre el gobierno. Lemus logró evitar conflictos mayores con empresarios, universidades, iglesias y élites metropolitanas. El Mundial funcionó como un factor temporal de alineamiento político y económico. Sin embargo, la estabilidad política descansó más en la ausencia de una oposición articulada que en la resolución de los problemas de fondo.

El operativo federal de febrero dejó un impacto psicológico y político considerable. Aunque el gobierno insistió en que los hechos violentos fueron excepcionales y posteriores al operativo no hubo eventos de igual magnitud, la percepción de vulnerabilidad estatal aumentó. Además, comenzó a aparecer un fenómeno políticamente delicado: la sobreexposición internacional de Jalisco. El Mundial colocó al estado bajo observación global y obligó al gobierno a sostener una narrativa permanente de control y seguridad. Eso generó una paradoja, mientras más intentaba proyectarse estabilidad internacional, más visibles se volvían las contradicciones locales, particularmente desapariciones, agua y violencia.

La estabilidad sigue siendo, en buena medida, una estabilidad gestionada bajo presión más que construida sobre certidumbre institucional. 

Conflictividad política. La conflictividad política aumentó respecto al trimestre anterior, aunque sin alcanzar niveles críticos. El principal cambio fue discursivo. Comenzaron a crecer cuestionamientos públicos hacia la narrativa de un Jalisco seguro impulsada por el gobierno. Aquí aparece una contradicción entre el discurso de ciudad global preparada para el Mundial y la persistencia de crisis locales no resueltas.

La conflictividad más relevante no provino de partidos, sino de agendas sociales acumuladas como las de colectivos de búsqueda, usuarios afectados por el Siapa, críticas por seguridad, inconformidades metropolitanas y una percepción de desigualdad territorial.

Un aspecto poco observado es que el gobierno de Lemus enfrenta un tipo de conflictividad distinto al de Alfaro. Ya no predomina el choque frontal con actores políticos o mediáticos, ahora el desgaste surge de expectativas incumplidas de eficacia técnica. En otras palabras, el principal riesgo político para Lemus no es la confrontación abierta, sino la decepción gradual de sectores que esperaban un gobierno más eficiente y menos reactivo.

Deterioro social y episodios violentos. Este fue el indicador más negativo del trimestre. Aunque el gobierno destacó disminuciones estadísticas en homicidios e incidencia delictiva, el impacto de la violencia sigue condicionando la percepción pública. A ello se sumó la persistencia de la crisis de desapariciones, que continúa siendo el principal pasivo humanitario de Jalisco. El gobierno mostró apertura relativa hacia colectivos, pero todavía no logra modificar la percepción de insuficiencia institucional. El Mundial ayudó temporalmente a contener la percepción de deterioro mediante inversión urbana y narrativa internacional, pero no resolvió las causas estructurales.

En paralelo, la crisis del agua representa un deterioro social menos espectacular pero más profundo: agua de mala calidad, desconfianza en el servicio, sacrificio de obras en municipios con problemas de abastecimiento y contaminación (Autlán, Ciudad Guzmán, Puerto Vallarta). La combinación de violencia estructural (desigualdad en acceso a agua segura) y violencia criminal en proceso de contención configura un escenario donde la gobernabilidad se sostiene, pero el bienestar social sigue siendo frágil.

En conclusión, el segundo trimestre de 2026 deja una imagen dual del gobierno de Pablo Lemus. Por un lado, exhibió cierta eficacia decisional y una capacidad de coordinación interinstitucional notables para salir del paso y sacar adelante un evento de la magnitud del Mundial de Futbol, capitalizado políticamente como un éxito de gestión y reconocido (al menos en el discurso oficial) como la mejor sede del torneo. Por otro lado, persisten fallas estructurales que el trimestre no resolvió, sino que apenas administró: una crisis hídrica que combina colapso financiero, deterioro de infraestructura y riesgo sanitario; un patrón de toma de decisiones que privilegia el anuncio mediático sobre la planeación de fondo; y, sobre todo, una crisis de violencia y desapariciones que sitúa a Jalisco entre las entidades más afectadas del país, con episodios (hallazgos de fosas clandestinas) que contrastan de forma directa con la narrativa de normalidad y éxito proyectada durante el Mundial.

La principal tensión del trimestre es, en ese sentido, la que existe entre la gobernabilidad exhibida (eventos sin incidentes, obras entregadas, coordinación de seguridad visible) y la gobernabilidad de fondo (desapariciones, contaminación del agua, cartera vencida del Siapa, rotación constante de funcionarios), que sugiere una administración con capacidad operativa real, pero con una agenda de gestión todavía reactiva frente a los problemas estructurales más graves del estado.

El dato políticamente más relevante del trimestre analizado es que el gobierno todavía conserva control político, pero ya no controla completamente la narrativa pública. Eso, en clave de gobernabilidad significa que cuando un gobierno pierde el monopolio de la narrativa de eficacia, comienza la etapa más difícil de su administración.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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