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Guadalajara

El convulso trayecto para exigir agua limpia en Guadalajara

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Marcha por agua limpia en Guadalajara termina con destrozos
La segunda marcha por agua limpia en Guadalajara estuvo marcada por enfrentamientos entre manifestantes y encapuchados. Foto: Especial.

El domingo (18.10.26), el Centro de Guadalajara amaneció agitado desde temprano.

Las primeras horas de la madrugada trajeron consigo los cortes a la circulación para dar paso a la carrera de los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, cuya salida y meta, frente a Rectoría, preparaban el escenario para lo que se preveía como una jornada de movilización ciudadana.

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Sin embargo, el ambiente deportivo pronto dio paso a la incertidumbre. Para la Segunda Marcha por Agua Limpia, la cita formal era a las 11:00 de la mañana en el Parque Rojo, pero la expectativa movilizó a los asistentes mucho antes. Grupos dispersos comenzaron a concentrarse antes de las 9:00 horas y, hacia las 10:00, la presencia aumentó gradualmente. A las 10:45, un nutrido contingente compuesto por jóvenes, familias con niños, adultos mayores y personas con discapacidad tomaba ya el cruce de las avenidas Juárez y Federalismo.

Aunque la afluencia se notaba menor que la de la marcha del domingo previo, el ánimo de manifestarse se mantenía firme.

A las 11:00 horas en punto, cuando los organizadores iniciaban el acomodo de las filas para arrancar el recorrido rumbo a Palacio de Gobierno, la marcha se fracturó. Entre la multitud se detectó la presencia de al menos cinco grupos de personas encapuchadas que cargaban mochilas pesadas.

Al percatarse de que en las mochilas transportaban palos, tubos, bates, martillos, cohetes y barrenos con pólvora, los ánimos se encendieron.

La confrontación verbal no se hizo esperar. Los manifestantes pacíficos encararon a los encapuchados al grito unánime de “¡Fuera encapuchados!” y les exigieron que se descubrieran el rostro o abandonaran la concentración para evitar que la causa ciudadana se desvirtuara.

Acorralados por el rechazo social, cerca de las 11:17 horas, los bloques de encapuchados optaron por separarse del contingente principal y adelantarse a paso apresurado sobre la avenida Juárez hacia el Centro Histórico.

Ante el riesgo inminente de violencia y para priorizar la seguridad de niños, adultos mayores y personas con discapacidad, los convocantes decidieron suspender el avance unificado de la marcha.

El contingente que había logrado avanzar hasta las inmediaciones de la calle 8 de Julio se detuvo, dio media vuelta y retornó a Federalismo para mantenerse en una concentración estática y segura.

A medida que el grupo radical avanzaba en solitario, dejaba a su paso una estela de destrozos. Durante el trayecto se registraron detonaciones de petardos y barrenos que provocaron pánico entre comerciantes y peatones.

Un hotel ubicado en la intersección de 8 de Julio y Juárez sufrió severos daños cuando las ventanas de la entrada y del vestíbulo quedaron destrozadas a martillazos. Diversos establecimientos comerciales a lo largo de Juárez sufrieron saqueos, mientras que los cristales de una tienda departamental en la esquina con Colón terminaron hechos añicos.

El grupo de encapuchados alcanzó la Plaza de Armas alrededor de las 12:15 horas. Ahí, la tensión escaló cuando agredieron a otros manifestantes y a miembros de los medios de comunicación que cubrían la jornada, a quienes amedrentaron con martillos y les lanzaron artefactos explosivos.

Posteriormente, hacia las 12:40 horas, un primer grupo de manifestantes llegó al corazón de la plaza para sostener un mitin desordenado. A través de megáfonos, alzaron la voz para exigir una solución al problema del suministro de agua limpia y proclamaron consignas a favor de la revocación de mandato del Gobernador Pablo Lemus.

No fue sino hasta pasadas las 13:20 horas cuando el grueso del contingente que había permanecido resguardado en el Parque Rojo logró arribar finalmente a la Plaza de Armas, unificando el reclamo social.

Para las 13:47 horas, el paisaje sobre el corredor comercial de Juárez —desde Federalismo hasta la calzada Alcalde— era desolador: cortinas metálicas abajo, comercios cerrados y empleados resguardados en el interior ante el temor de nuevas agresiones.

Según estimaciones de los propios organizadores, la jornada congregó a cerca de 5 mil personas en sus distintos momentos y puntos de concentración, un dato que, al cierre de esta edición, no había sido ratificado oficialmente por Protección Civil del Estado, mientras que Bomberos de Guadalajara señalaron que dicha vocería no correspondía a su jurisdicción.

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