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Campañas electorales México 2018, ¿cuál es la agenda para la confrontación política?

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LID, Laboratorio de Innovación y Democracia,

Campañas electorales México 2018…

El 30 de marzo pasado comenzaron oficialmente las campañas electorales México 2018, y con ello comenzó, al menos en términos oficiales, la etapa de confrontación de las propuestas de candidatos y partidos políticos. En la teoría de la democracia las campañas políticas juegan un rol fundamental para cumplir la premisa de hacer valer la voluntad popular, pues es precisamente a partir de las campañas que los electores tienen la posibilidad de confrontar las propuestas, pero ¿cuáles son las prioridades que se encuentran en la agenda nacional, son las prioridades de los políticos y sus partidos consistentes con las demandas ciudadanas?

En una encuesta nacional en viviendas realizada por Consulta Mitofsky entre el 16 y el 18 de marzo (cuyos resultados, instrumento y base de datos se encuentran disponibles públicamente en la página del INE,  se preguntó a los electores qué tan importantes resultarían algunos temas para decidir su voto (la batería de preguntas indaga sobre una lista de 13 temas).

Qué preocupa al ciudadano

Como es de esperarse, los temas que se perciben de mayor importancia entre los ciudadanos son la pobreza (74% de los ciudadanos considera ‘muy importante’ las propuestas “para combatir la pobreza”),  la inseguridad (73% considera ‘muy importante’ las propuestas para “el combate a la inseguridad”), y la corrupción (72% considera ‘muy importante’ el “combate a la corrupción”). Los tres temas que registraron los menores niveles de importancia están asociados directamente con atributos personales de los candidatos;  como “su religión” (sólo 31% lo considera ‘muy importante’), “su riqueza” (40% lo considera ‘muy importante’), y “su relación con los empresarios” (45% lo considera ‘muy importante’).

elecciones México 2018, laboratorio de innovación y democracia,

Foto: Esteban Dato.

Un aspecto relevante es que, en la medida que se trata de temas más específicos los niveles de importancia disminuyen, por ejemplo el tema de “la despenalización de la mariguana” que mantiene una relación estrecha con la problemática de la inseguridad, es considerado como ‘muy importante’ sólo por el 49% de los entrevistados, muy por debajo del nivel de importancia que tiene la inseguridad en general (73%). O el tema de “su posición frente al aborto”, que resultó ‘muy importante’ únicamente para el 46% de los informantes; mientras que el tema general de la “defensa de los derechos humanos” resultó ‘muy importante’ para 68% de los ciudadanos.

Por otro lado, resulta también importante apreciar las diferencias que se presentan entre las prioridades que tienen los electores que apoyan a uno u otro candidato a la presidencia de la república.

AMLO

Entre los partidarios del candidato de la coalición “Juntos haremos historia”, Andrés Manuel López Obrador el orden de las prioridades prácticamente se mantiene similar al del electorado en general, pero con mayores niveles de importancia pues la pobreza (85% la considera ‘muy importante’), la inseguridad (78%), el manejo de la economía (78%), y la corrupción (76%), registraron porcentajes superiores.

Anaya

En cambio, entre los partidarios del candidato de la coalición “Por México al frente”, Ricardo Anaya Cortés las prioridades cambian: el tema más importante para este segmento fue la corrupción (77% lo considera ‘muy importante’), seguido de la inseguridad (74%), y su manejo de la economía (70%), destacando que el tema de la pobreza pasó al séptimo lugar de importancia (con un 65% de sus partidarios que lo considera ‘muy importante’).

Meade

Para el electorado que manifestó su preferencia por el candidato de la coalición “Todos por México”, José Antonio Meade Kuribreña los temas prioritarios mantienen niveles de importancia muy similares, y son: en primer lugar su manejo de la economía (71% lo considera ‘muy importante’), la inseguridad (71%), y la corrupción (71%).

Zavala

Finalmente, en el segmento de informantes que expresó su respaldo por la candidata independiente, Margarita Zavala los temas prioritarios difieren de los que se presentan entre el electorado en general: el asunto más importante es la defensa de los derechos humanos (89% lo consideró ‘muy importante’), seguido por su propuesta educativa (86%), y el manejo de la economía (85%).

En ese contexto se presentan varios retos no sólo para este proceso electoral, sino general para la dinámica que priva en la cultura política mexicana: por un lado, resulta indispensable que las opciones políticas que se presentan ante una contienda electoral formulen propuestas específicas, y que más allá de las declaraciones generales que se plantean en las plataformas y programas de gobierno, se discutan los ‘cómo’. Al mismo tiempo es necesario que los ciudadanos reflexionemos sobre las alternativas que presentan los actores políticos. Con el propósito de que la confrontación política adquiera cada vez más los elementos de un debate informado de ideas, y se aleje de la comparación entre atributos superficiales de los candidatos.

Estuardo Gómez es investigador del Laboratorio de Innovación Democrática (LID) y profesor de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Guadalajara.

 

Bolígrafo       Laboratorio de Innovación Democrática

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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