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Opinión

Cómo se gasta el dinero de la reconstrucción de México

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Reconstrucción de México, sismo

La reconstrucción de México.

Con los desafortunados acontecimientos de las últimas semanas en México, me refiero a los terremotos, se ha generado una exigencia de la sociedad que parece evidenciar una disyuntiva, en su punto más claro, con la administración del dinero que actualmente tienen los partidos políticos como actores del gobierno.

A la par de esta exigencia que, por cierto, han capitalizado hábilmente los partidos políticos, desde el gobierno federal y el sector empresarial también se han materializado instrumentos que permitirán la reconstrucción de las zonas afectadas, a partir de fideicomisos, principalmente.

Ante estos dos procesos -reconfiguración del gasto de los partidos políticos y fideicomisos para la reconstrucción del país- prevalecen dos narrativas que en algunos sectores de la sociedad mexicana simplemente no se comunican y se plantean como caminos que, en sí mismos, se aíslan bajo la propia retórica de los actores que les promueven.

De la palabra a la realidad

Me explico. En la discusión sobre los recursos que tienen los partidos políticos se ha concentrado el análisis sobre el “tipo de gasto” ofrecido para la reconstrucción. En un extremo tenemos aquellos partidos que ofrecieron porcentajes de su gasto operativo y, por el otro, aquellos que efectivamente ofrecieron los recursos destinados a la campaña electoral de 2018, siendo estos últimos claramente superiores a los de su gasto operativo anual.

Otra parte de la discusión se ha concentrado también en corregirles la plana, al puntualizar que estos partidos no están haciendo “donaciones” de esos recursos, ya que les pertenecen a los mexicanos.

Una discusión adicional se concentra en la legalidad de modificar el destino de dichos recursos y una última, sobre los riesgos de permitir financiamiento privado en las campañas electorales -entiéndase también la preocupación por la narco política-.

Rendición de cuentas, señores

En esta discusión los propios actores, partidos políticos, INE, periodistas, juristas y sociedad civil están enfocados a comentar sobre la fuente de estos recursos, pues de manera general, se entiende que serán destinados para la reconstrucción del país y por ello no se profundiza en aquellos mecanismos que permitirán revisar cómo se gastarán adecuadamente.

Dicho de otra forma, a la sociedad y al ciudadano lo enfocan en el análisis del origen y la fuente de este financiamiento, más que en su proceso de rendir cuentas sobre cómo se va a gastar.

¿Qué tan distinto hubiera sido una propuesta entre los partidos políticos para asignar ese dinero a la reconstrucción del país, pidiendo también, un mecanismo que transparentara de forma efectiva los resultados de esta propuesta e incluso se involucrara en alguna medida?

Ese es otro enfoque que, desafortunadamente, los partidos políticos no pueden promover en la actualidad dada su tan desgastada autoridad moral en épocas recientes.

Sismo, México, dinero de la reconstrucción,

¿Qué criterios aplicarán para entregar dinero y contratos a empresas? Foto: Especial.

De fideicomisos

Desde la perspectiva del ¿para qué y cómo se gastarán estos recursos? tanto la clase empresarial como el gobierno federal han comentado la existencia de fideicomisos para la reconstrucción. Es decir, nos están indicando la forma técnica como se agruparán y ejecutarán estos recursos para beneficio de las zonas afectadas.

En esta visión también prevalece una narrativa que no permite al ciudadano comprender su máximo alcance. Básicamente, parte de la discusión se ha concentrado en el análisis de juntar recursos públicos con privados en estos fideicomisos, así como la necesidad de criterios mínimos para transparentar su uso.

No obstante, como ciudadanos no sólo queremos que se transparenten, sino que se gasten efectiva y eficientemente, y en caso contrario se ubique y sancione a los responsables. Es decir, que se establezca este proceso y estos instrumentos -fideicomisos- en un marco de rendición de cuentas donde se transparenten, se informe cómo se gastaron y en caso que haya alguna omisión, también se sancione a los responsables.

Por ejemplo, ¿qué criterios aplicarán para entregar dinero y contratos de reconstrucción a empresas constructoras que tienen casos recientes de corrupción en su historial? ¿Sabemos qué actor gubernamental tendrá el liderazgo moral para hacer estas valoraciones?

Información y acciones claras

En síntesis, el ciudadano y la sociedad resulta informada de estos procesos, pero tiene una comprensión acotada de un fenómeno: la adecuada rendición de cuentas sobre los recursos administrados por el gobierno y su reasignación para la reconstrucción del país.

Los actores políticos actualmente ubican al ciudadano en la disyuntiva de comprender qué es más importante, si conocer de donde vienen los recursos destinados a la reconstrucción, o bien, saber cómo se van a gastar.

Realmente, lo que deberíamos ver es un movimiento de rendición de cuentas que haga natural la toma de decisiones desde el gobierno y la sociedad, donde sea obvio que los recursos para las campañas son aquellos que deben aclararse en términos de su impacto, resultados y beneficios sociales, y por ello, son los primeros que se exigen para reconstruir a las zonas afectadas y, por otro lado, que la presencia de fideicomisos, principalmente aquéllos con carácter privado para beneficio público, deben entrar a una nueva dinámica donde es indispensable impulsar criterios mínimos sobre sus resultados, y dejar de lado aquellos mínimos que simplemente los permiten caracterizar como “transparentes”.

Mauricio Hernández estudió políticas públicas, ha trabajado en temas de rendición de cuentas, educación y democracia desde el gobierno. Actualmente está vinculado en proyectos del LID, relacionados con participación ciudadana y transparencia.

 

 

Bolígrafo       Laboratorio de Innovación 

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Opinión

De renuncias y crisis en el IEPC Jalisco

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La repentina salida de la consejera presidenta del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC)

La repentina salida de la consejera presidenta del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC), deja muchas más interrogantes que las que la cobertura mediática ha planteado hasta ahora. Más allá del relato de una «renuncia por motivos personales» y tras una gestión severamente cuestionada, hay otras lecturas que no han sido abordadas.

La consejera presidenta que se va construyó buena parte del capital político institucional de su gestión a partir de narrativas de paridad, inclusión de grupos históricamente discriminados y mecanismos de participación ciudadana; durante su gestión el impulso y promoción de esos temas era una divisa de uso común. No obstante, la realidad y algunas evidencias empíricas muestran lo contrario. Desde el año pasado circuló en algunos medios una denuncia por violencia política en razón de género de Bertha Rocío Reyes Reyes, funcionaria del Servicio Profesional Electoral Nacional (SPEN) del IEPC, quien fue removida y rotada arbitrariamente de su adscripción original por lo que denunció, a la consejera presidenta, a un consejero y a dos consejeras más, por acoso laboral y por violar el estatuto del SPEN. Aquí aparece una disonancia entre la «marca personal» externa de quienes integran el órgano máximo de dirección del IEPC y lo que habría ocurrido al interior del propio organismo. Esa brecha entre política pública de cara afuera y cultura organizacional hacia adentro es, probablemente, un dato muy relevante para entender una de las causas de la renuncia.

En México, la única autoridad facultada para remover a una consejera o un consejero electoral es el Instituto Nacional Electoral (INE) a través de un recurso de remoción, un proceso público, documentado y con efectos para sentar precedentes. Una renuncia «personal e irrevocable» negociada directamente con la presidenta del INE en una reunión en la Ciudad de México, permitiría evitar ese expediente público y estaríamos ante la consolidación de una ruta de salida que normaliza procesar y resolver crisis de gobernanza electoral sin escrutinio formal ni rendición de cuentas documentada, algo que sentará una peligrosa referencia para casos futuros en otros organismos electorales.

Otro problema de fondo es de tiempos, el inexorable calendario electoral sigue caminando. Una decisión de la magnitud de cubrir una vacante como la aquí comentada, tomada bajo presión de cronómetro y en plena preparación del proceso 2026-2027, es exactamente el tipo de ventana que un sistema de partidos confrontado y polarizado puede capturar mediante negociaciones cruzadas o vetos, no necesariamente por un plan maquiavélico ¿cómo creen?, sino por la lógica, que no por informal es menos utilizada, de reparto político ante un puesto vacante de mucha trascendencia.

En un momento en que los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE) han enfrentado presiones derivadas de recortes presupuestales, cuestionamientos sobre sus funciones y propuestas de reforma que incluso han planteado reducir sus atribuciones o desaparecerlos es un contexto latente. Una salida turbulenta, con denuncias internas no resueltas y un vacío de liderazgo justo antes de un proceso electoral, es precisamente el tipo de episodio que se puede usar como evidencia anecdótica para argumentar que los OPLE son disfuncionales y que conviene centralizar sus funciones en el INE. El riesgo no es únicamente quién dirige el IEPC, sino si el episodio se convierte en un caso de estudio dentro del debate sobre la sobrevivencia del propio Instituto.

Por otro lado, la secuencia de los hechos de la renuncia reproduce exactamente el mismo patrón de manejo reactivo que ya había mostrado fallas durante el cómputo de 2024, cuando el IEPC comunicó, de manera improvisada y defectuosa, amenazas y denuncias de forma fragmentada y bajo presión mediática. Lo que no se ha señalado es que este patrón deja pasivos narrativos sin cerrar para quien tome la Presidencia; esos pasivos son la denuncia de violencia política de género sin resolución pública, la última controversia con la consulta ciudadana para decidir sobre el paso de las elecciones con partidos políticos a un sistema indígena de usos y costumbres, y la ausencia de explicación oficial sobre las causas reales de la salida. El próximo o la próxima presidenta del IEPC no únicamente heredará un proceso electoral 2026-2027 en arranque, sino un inventario de temas explosivos que la gestión saliente nunca cerró comunicacionalmente, y que en cualquier momento pueden reactivarse como antecedente directo.

Es preciso recordar que la mayoría de los análisis y críticas hacia el IEPC en la elección del 2024 se concentraron en los litigios poselectorales y las controversias derivadas de las elecciones del Ayuntamiento de Guadalajara y de la Gubernatura del Estado. Sin embargo, el problema más profundo es que el organismo electoral local perdió capacidad para construir confianza pública. En una democracia moderna, la legitimidad no depende únicamente de hacer bien los cómputos, sino de que los actores políticos y la ciudadanía crean que la autoridad actúa con imparcialidad. La defensa técnica de los procedimientos fue constante, no obstante, la construcción narrativa de la confianza fue deficiente. El instituto ganó varias discusiones jurídicas, no todas, pero perdió la batalla de la percepción pública.

Después de la jornada electoral del 2024, la Presidencia del IEPC actuó como una autoridad técnica explicando procedimientos, porcentajes y reglas, no siempre de manera oportuna y eficaz. El problema es que los actores políticos estaban demandando algo distinto, demandaban una figura capaz de contener tensiones, generar interlocución y transmitir certidumbre en un contexto altamente polarizado. La diferencia entre administrar una elección y liderar una institución electoral quedó expuesta. La comunicación se concentró en datos cuando la sociedad estaba demandando confianza.

La gran lección del 2024 es que en contextos de polarización ya no basta con organizar bien las elecciones. Las autoridades electorales deben ser capaces de administrar confianza, percepción pública y legitimidad democrática en tiempo real.

El verdadero examen para el IEPC será demostrar en los próximos meses que aprendió de esa experiencia y que puede llegar al 2027 como una institución más resiliente, menos dependiente de la discrecionalidad y personalización de una sola figura, con estrategias comunicacionales robustas para gestionar crisis y blindada contra dinámicas de presión partidistas. De no hacerlo, pende sobre el IEPC la posibilidad de que el INE ejerza la facultad de asunción para asumir directamente la organización del proceso electoral local. 


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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Una sede mundialista con alta percepción de inseguridad

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Una sede mundialista con alta percepción de inseguridad

A tres días de la inauguración del Mundial 2026, tres de los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) llegan a esta fiesta deportiva con una alta percepción de inseguridad.

El primer trimestre de 2026 (de enero a marzo) reportó incrementos de doble dígito en la percepción de inseguridad en los municipios de Guadalajara, Zapopan y Tonalá.

Tan sólo en la capital jalisciense el 90.2 por ciento de las personas asegura sentirse insegura, es decir que nueve de cada 10 tapatíos temen ser víctimas de la violencia o vivir algún tipo de delito.

En Zapopan, donde se encuentra el Estadio Guadalajara, sede de cuatro partidos del Mundial de Futbol 2026, la percepción de inseguridad subió 16.1 puntos de un trimestre a otro, al pasar de 54.7 a 70.8, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu), publicada el pasado 26 de abril.

En Tonalá, el indicador aumentó 11.6 puntos, al subir de 56.5 a 68.1 por ciento.

Este incremento entre el pasado trimestre (de octubre a diciembre de 2025) y el primer trimestre de 2026 parece responder a los hechos de violencia registrados el pasado 22 de febrero, cuando se logró la captura y abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.   

En Guadalajara, el porcentaje de personas que se sienten inseguras pasó de 79.2 en diciembre de 2025 a 90.2 en marzo de 2026.

Los datos también muestran un aumento en Puerto Vallarta, principal destino de playa de la entidad, donde la percepción pasó de 32.0 a 59.9. Este municipio registró el mayor incremento del periodo en Jalisco, con un alza de 27.9 puntos porcentuales.

En contraste, la Ensu reporta una disminución en la percepción de inseguridad en municipios de Tlajomulco de Zúñiga y Tlaquepaque.

Tlajomulco de Zúñiga reportó una disminución en la percepción de inseguridad, al pasar de 73.9 a 70.1. En San Pedro Tlaquepaque, el indicador también bajó, de 65.8 a 62.5.

Aunque la disminución ronda los tres puntos, es relevante en uno de los trimestres más complejos registrados en Jalisco.

El Mundial de Futbol de 2026 está por comenzar y la seguridad es la prioridad para las autoridades, la meta es que la estancia de las y los visitantes sea tranquila y que los jaliscienses vivan esta fiesta sin percances.

En los centros de los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco se ofrecerán actividades para estos días de competencia deportiva, las autoridades locales aseguran que se desplegarán los operativos para garantizar la seguridad de los asistentes.

Como ciudadanas y ciudadanos confiemos en que la máxima fiesta deportiva se realizará en paz y con saldo blanco.

La próxima Ensu se publicará el 24 de julio, justo después de la final del Mundial, entonces veremos los resultados de las estrategias de seguridad implementadas previamente y durante la justa deportiva.


Mayra Torres de la O es maestra en Transparencia y Protección de Datos Personales. Ha escrito para medios como El Informador y Milenio.

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