Opinión
¿Conservadores en la izquierda?

El enfado de la senadora Lilly Téllez por el símbolo que representa la marea verde a nivel internacional, para exigir el respeto del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, dejó perplejos a quienes simpatizan con el progresismo y la izquierda.
Y no podía ser de otra manera, pues estaban escuchando en voz de la legisladora un discurso radicalmente conservador.
Por lo tanto, cabe preguntar: ¿Por qué MORENA integró a sus filas a Téllez?
Téllez en el Senado
La periodista Téllez, es senadora electa por el principio de mayoría relativa de MORENA. Está trabajando en el Senado de la República en representación del estado de Sonora.
Asimismo, es secretaria de la Comisión de Marina e integra las comisiones de Defensa Nacional, y la de Minería y Desarrollo Regional.
Ocupa un escaño a lado de mujeres progresistas o de izquierda, como es el caso de la decana Ifigenia Martínez Hernández, quien junto a Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo encabezó la Corriente Democrática de México.
Después participó como principal miembro fundador del Partido de la Revolución Democrática a finales de los 80`s; o bien, con figuras jóvenes como Citlalli Hernández Mora, quien ha fijado en el pleno una postura positiva para la protección de los derechos humanos.
En el caso particular de los derechos de las mujeres, es compañera de Martha Lucía Micher Camarena, senadora que ha tenido acalorados debates dentro de la Cámara Alta en temas de género.
También, ha impulsado una agenda legislativa en torno a los derechos sanitarios y laborales de las mujeres.

Foto: Senado de la República.
¿Por qué en MORENA?
Quienes identifican a MORENA como un partido de izquierda, pensarían que dentro de sus filas no hay cabida para Téllez.
Sin embargo, dentro de la Declaración de Principios del ente político, se aprecia un claro desprecio por el modelo económico neoliberal, pero también, la inexistencia de un pensamiento único.
Por ello, el documento en cita, enaltece los principios democráticos en torno a un objetivo común, por lo que se proclama la configuración de un espacio abierto, plural e incluyente.
En éste, participan mexicanos de todas las clases sociales y de diversas corrientes de pensamiento, religiones y culturas.
Postura no transgresora
Por lo tanto, los integrantes de MORENA tienen derecho a ejercer a plenitud su libertad y el derecho a disentir de sus compañeros.
Bajo esa máxima morenista, la postura de la senadora Téllez no transgrede al partido que la llevó a ocupar un escaño en la Cámara de Senadores.
Contrariamente, sabía desde su postulación que tenía carta abierta para fijar su propia posición, aún y cuando ésta sea la más conservadora.
Ante tal apertura, las personas que constituyen el partido que dirige Yeidckol Polevnsky, pueden expresar planteamientos muy distintos a los que estamos acostumbrados a recibir de la izquierda y del progresismo latinoamericano, por lo que el tiempo nos podría dar nuevas sorpresas en el Poder Legislativo.
Entonces: ¿MORENA, es un partido de izquierda?
La historia de las corrientes de izquierda ha demostrado que no se puede llegar a ningún lado sino existe una inclusión social y una negociación con los diversos sectores que conviven en un Estado, tal y como estamos apreciando en Venezuela.
Por ello, algunos grupos políticos han decidido dejar de lado la dicotomía tradicional entre izquierda y derecha que heredó la divergencia entre el capitalismo y socialismo de la guerra fría, para gestar un progresismo incluyente.
Pero también, dicho progresismo ha sufrido altas y bajas, por lo que se halla en proceso de reconfiguración.

Foto: AFP.
Progresismo renovador
Al parecer la esencia de MORENA, como parte de tal reconfiguración, está más enfocada a un progresismo renovador que hacia una izquierda radical.
No deberíamos asombrarnos si en el futuro surgen otras voces que difieran de la mayoría de los simpatizantes.
Ante dicha situación, y frente al debilitamiento del progresismo regional, los morenistas están obligados a analizar las lecciones de la debacle del Partido de los Trabajadores en Brasil o del kirchnerismo en Argentina.
Las consecuencias
Las divergencias aisladas como es el caso de Lilly Téllez no constituyen un problema para lograr acuerdos; lo complejo arribará cuando existan divisiones potenciales que pudieran poner en riesgo la capacidad de tomar decisiones.
Lo que se esperaría quienes forman parte de ese partido, es que respeten la regla de la mayoría.
La inclusión ideológica y la libertad de expresión que teóricamente concede MORENA, explota una imagen democrática de un nuevo progresismo.
Sin embargo, la intolerancia y los protagonismos podrían arruinar los planes de gobierno.
Como se dijo, a la luz de las nuevas visiones políticas, resulta significativo negociar con el círculo empresarial, con el sector católico, evangelista y protestante.
Además, con los medios de comunicación y la sociedad civil organizada, con la intención de conseguir la gobernabilidad deseada.
Los principios de MORENA
No obstante, los detalles se encuentran en las letras chiquitas de los acuerdos o negociaciones.
Si éstos no son claros y se interpretan con inteligencia, quienes en algún momento se comprometieron, podrían voltear la espalda y flagelar el esquema político ideal.
Para muestra, el regreso a la derecha en algunos países de América Latina.
Sorpresivo y despreciable
En suma, el asunto de Lilly Téllez es sorpresivo y despreciable por parte de los simpatizantes de la izquierda y el progresismo nacional.
Sin embargo, no transgrede los principios de MORENA como partido político.
¿Será una contradicción?, o ¿quizá la inclusión ideológica será un elemento clave del nuevo progresismo?, pero ¿se vale incluir hasta los más conservadores? Ustedes ¿qué opinan?
Manuel Bazan Cruz. Doctorante en Ciencias Sociales por la UAM. Integrante de LID. Especialización en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina (CLACSO). Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la UDG. Especialista en Derecho de la Información por la UNAM. Escribe @SomosLID @bazancruzz
Etiquetas: Laboratorio de Innovación Democrática LID
Opinión
Ojo, así se roban tus datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.
Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.
Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.
Datos personales de los afectados
En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.
La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.
Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.
Ignoramos el valor de nuestros datos
La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.
En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas.
La tarea primordial
En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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Opinión
La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.
Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.
En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.
La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.
Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.
No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.
No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.
Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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