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Opinión

El cuarto desinfome de Andrés Manuel López Obrador

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opinión Luis Sánchez Pérez

El pasado 1 de septiembre, en Palacio Nacional; al evento acudieron funcionarios del gabinete, familiares y empresarios cercanos, entre los que destacaron Claudia Sheinbaum, Olga Sánchez Cordero, Arturo Saldívar y Marcelo Ebrard. El monólogo, perdón, el informe del presidente que se alargó más de una hora, al igual que sus spots, estuvo lleno de datos sobre economía, recuperación de empleo, seguridad, desigualdad e inversión pública, acompañados de la misma retórica que viene marcando su administración desde 2018.

A diferencia de los años anteriores, el formato de este Cuarto Informe fue muy sencillo, e incluso, la manera de hablar del Presidente, no tuvo nada significativo o que reflejase ese avance del que tanto se habló. Quienes seguimos el informe de cerca, vimos a un López Obrador acartonado y cansado, que se limitó solo a leer los logros y cifras de beneficios que ha tenido México y sus habitantes, no solo en este, sino en los cuatro años que van de su gestión, entre ellos, logros en educación, salud, combate a la pobreza y hasta en materia de seguridad.

Pero, ¿qué tan ciertos son estos datos?

Diversos analistas, medios de comunicación y organizaciones civiles, realizaron un análisis de las distintas frases que el Presidente leyó durante su informe, si bien, López Obrador hizo énfasis en la fuente de sus datos, como el INEGI, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) e instituciones públicas como el IMSS, también es cierto que la presentación de estos datos es engañosa, verídica o falsa, ya que no existe una correlación entre lo que el presidente afirma y la realidad, por ejemplo:

“Los programas para el bienestar permitieron que los adultos mayores, de 2018 a 2020, incrementaran su ingreso trimestral por persona de 12,420 pesos a 13,586 pesos”.

“La relación con los dirigentes del SNTE y de la CNTE es de diálogo y atención a sus demandas. En todo el tiempo que llevamos gobernando, no se ha registrado ningún paro, y los maestros y las maestras no han dejado de asistir a las aulas a enseñar a niñas y niños”.

“Con datos del Inegi podemos demostrar que hemos reducido el número de homicidios en 2.82% y en lo que va del año se estima en 10.4% la disminución. Aquí creo conveniente señalar que este delito, homicidio, aumentó con Fox durante su sexenio en 1.6%, con Calderón en 192.8% y con Peña en 59%”.

En los casos anteriores, si revisamos la Encuesta de Ingresos y Gastos, en el caso de los adultos mayores, no existe una variable que indique que el aumento de su ingreso, sea necesariamente por los programas de bienestar; por otro lado, maestros de los estados de Michoacán, Guerrero, Zacatecas y Tabasco, se han manifestado y han parado labores ante la falta de pagos, jubilaciones y plazas de trabajo; finalmente en el tema de homicidios, es cierta la disminución en comparativa de cuando se recibió el gobierno a la fecha, sin embargo, también es cierto, que los homicidios registrados en este gobierno son 0.9% más que los ocurridos durante el sexenio de Felipe Calderón…

Y así, podemos ir analizando de una por una, las frases y los datos que dio AMLO, para darnos cuenta que este (des) informe, es parte de la estrategia comunicacional que ha venido ejerciendo el presidente desde 2018 a través de las conferencias de prensa matutinas, los spots, la narrativa de la Cuarta Transformación y todo el andamiaje narrativo alrededor de su gobierno. Aun con todo lo anterior, la realidad no miente y esta contrasta en gran medida con lo presentado hace unos días en Palacio Nacional; sin embargo, pareciera que esta no tiene relevancia, ya que el presidente domina la comunicación política, la agenda pública, el congreso, se lleva bien con la cúpula empresarial y en ese sentido, lo que para él no es importante, para los medios de comunicación tampoco lo es.

Así llegamos al Cuarto Informe, con un montón de cifras y datos que dicen mucho pero a la vez nada, todo depende de la interpretación que se les de y como dicen por ahí “del cristal con que se mire”. Lo cierto es que para Morena, esto le beneficia rumbo a las elecciones de 2023, porque fortalece la narrativa de los candidatos de su partido, que serán electos en dos estados que históricamente son bastiones del PRI: Coahuila y Estado de México.

¿Le alcanzará a la 4T para arrebatarle el poder a la oposición?

Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

 

 

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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Opinión

La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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