Connect with us

Opinión

Por qué el gobierno no responde las solicitudes de acceso a la información

Publicada

Acceso a la información, Solicitud de acceso, transparencia, rendición de cuentas,

Por qué el gobierno no responde las solicitudes de acceso a la información es la pregunta de hoy. 

La solicitud de información es uno de los medios más importantes que tenemos los ciudadanos para acceder a la información pública que generan los gobiernos municipales, estatales y federales, fideicomisos y universidades públicas, partidos políticos, sindicatos y demás organismos que reciben un presupuesto del erario.

Ingresamos una solicitud de acceso, ya sea mediante los portales de información estatales o a través de la Plataforma Nacional;  esperamos el plazo establecido en las leyes de transparencia. En el caso de la Ley General de Transparencia es de un máximo de 20 días hábiles —Artículo 132—, con derecho a prórroga.

Es importante saber que la ley clasifica la información para determinar a qué vamos o no a acceder como ciudadanos.

Primero está la información fundamental derivada de las obligaciones comunes a la que accedemos, incluso mediante los portales web, por ejemplo nomina, gastos de comunicación, contratos, etc.

Y segundo está la información clasificada como reservada, que tiene un plazo en la cual “no se puede acceder” y pongo comillas porque existen determinaciones normativas que dan pie al acceso.

Y tercero, la información confidencial que se distingue porque incluye datos personales.

Ya con lo anterior vamos a contestar el por qué el gobierno no responde a las solicitudes de acceso.

Cuando ya pasó el plazo con o sin prorrogas para la entrega de la información, el organismo público puede responder: Negativa de acceso a la información, Procedente parcial y Procedente.

Negativa de acceso por inexistencia de la información

En estos casos, el ente público nos dice que la información solicitada no existe, pueden ser varios motivos los que generan esta respuesta.

  • El solicitante pudo pedir algo que es una información que no resguarda la entidad pública por sus atribuciones, pero está obligada a redireccionar la solicitud al ente que sí cuenta con dichos datos.
  • La ley no obliga a la recolección de la información que el solicitante pidió, entonces no hay esa información.

Información reservada

Esta información se reserva por un tiempo determinado por las siguientes causas, establecidas en el Artículo 113.

  • Compromete la seguridad nacional.
  • Afecta negociaciones y relaciones internacionales.
  • Pone en riesgo la política monetaria y el sistema financiero.
  • Es de riesgo para la vida, salud y seguridad de una persona física.
  • Impide las auditorias y las inspecciones.
  • Limita la prevención o persecución de los delitos.
  • Obstruye los procedimientos para fincar responsabilidad a los Servidores Públicos, en caso de delito.
  • Afecta los derechos del debido proceso.
  • Vulnera la conducción de expedientes judiciales o procedimientos administrativos.
  • La contenida dentro de las investigaciones de delitos.
  • Cuando es entregada a la entidad pública ya con la leyenda de reservada por organismos internacionales.
  • Y algún otro punto considerado por los sujetos públicos.

Información confidencial

Es una información delicada porque contiene datos personales y no se entrega por los siguientes motivos.

  • Pediste información con datos personales que no son tuyos.
  • Solicitaste datos dentro de los secretos bancario, fiduciario, industrial, comercial, fiscal, bursátil y postal, cuya titularidad corresponda a particulares, sujetos de derecho internacional y sujetos obligados, siempre y cuando no ejerza recursos públicos.

De manera general son los motivos normativos por lo que no se entrega la información, hay otros motivos que no se reconocen pero existen, como los siguientes:

  • El ente público no cuenta con sistemas de archivos adecuados, entonces tiene la información dispersa, revuelta, hecha un caos y es imposible encontrar los datos. Esto es real y pasa, no hay la capacitación para el orden y resguardo de la información.
  • El organismo público no recolecta dicha información porque es negligente u omiso y vale, pese a las sanciones.
  • La información solicitada la pidió un reportero que provocará un escándalo mediático y entonces se valora entregar o no la información. Todo de verdad pasa en el gobierno, sé de casos.
  • Se traspapeló la solicitud, no hubo tiempo, entonces contesta que no existe, etc.

Y así lo que se pueda ocurrir, ante estos últimos motivos es importante que como ciudadanos ejerzamos nuestro derecho de acceso a la información; garantizados en el Artículo 6 de la Constitución.

 

Mayra Torres de la O es maestra en Transparencia y Protección de Datos Personales.  Ha sido periodista en medios como El Informador y Público-Milenio.

 

 

Bolígrafo      Acceso a la información 

Continúa leyendo
Advertisement
Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

Publicada

on

Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: LA EXTINCIÓN DE LOS INSTITUTOS DE TRANSPARENCIA: ¿FALTA DE EMPATÍA O INDIFERENCIA?

Continúa leyendo

Opinión

La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

Publicada

on

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

Continúa leyendo

LO MÁS VISTO