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Opinión

Una mirada al candidato independiente el Bronco

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Candidato el Bronco…

Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón alias “El Bronco”. Hace cuatro años, un desconocido para casi todo México. El ahora candidato presidencial, saltó a la fama al postularse como independiente para la gubernatura de Nuevo León, en el año 2015 y ganar las elecciones en dicho estado. 

Rodríguez se muestra como un tipo sencillo, con una imagen muy cercana a un ciudadano común y corriente, su lenguaje es simple y escueto, pareciera un tipo honesto y eso, le ha permitido hacerse cercano a la gente.

¿Quién es el Bronco?

“El Bronco” nació en Galeana, Nuevo León en 1957, actualmente tiene 60 años y está casado con Adalina Dávalos, 22 años menor que él; con quien tiene tres hijos, sin embargo, el señor ha procreado en total seis hijos con tres esposas diferentes. Uno de ellos, fallecido a manos del crimen organizado, según testimonio del propio candidato; lo hace ser testigo y parte de la problemática actual que vive el País.

En su página web oficial Jaime Rodríguez cuenta su historia, Menciona que cuando era niño debía caminar kilómetros para llegar a la escuela primaria (una historia muy cercana a la que hoy aún muchos mexicanos viven día a día). También dice que es ingeniero Agrónomo Fitotecnista, por la Universidad Autónoma de Nuevo León y hace bastante énfasis en que siempre ha luchado de la mano del pueblo.

Candidato independiente

Hoy en día se ha convertido en el único candidato independiente contendiendo hasta el final en las elecciones presidenciales de 2018, Después de que Margarita Zavala, también candidata independiente, desistiera la candidatura y prefiriera no continuar en esta carrera.

No olvidemos lo controversial que ha sido el camino de “El Bronco”, quien al tratar de recabar las más de 800 mil firmas que solicitaba el INE para poder registrarse como candidato independiente a la presidencia de la República. Rodríguez fue incapaz de hacerlo y públicamente en el noticiero “Las Diez en Punto”, en marzo de este año, el consejero del Instituto Nacional Electoral (INE) afirmó que Jaime Rodríguez no había alcanzado las firmas suficientes para poder certificarlo como candidato independiente.

Con todo y trampas

Tenía 158 MIL 532 casos de simulación, también contaba con duplicados y fotocopias; con un total de 41% de firmas validadas por el INE. 

Sin importar el impacto público que tuvo esta revelación, y colocarse como “tramposo” ante la mirada de todo México. Este personaje no desistió y pidió al Tribunal Electoral la revisión a su caso. En un acto inesperado y prácticamente considerado por todo México como perdido; el Tribunal Electoral falló a favor de Jaime Rodríguez Calderón. 

A “El Bronco” se le ha tachado públicamente de “mentiroso”. Él mismo lo ha reconocido en diversas entrevistas donde ha dicho que le mintió al Estado de Nuevo León. Al decirles que estaría los seis años de la gubernatura y que no iba a contender por “la grande”.

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Foto: EFE

Su objetivo

Pero la ambición es mucha, y ante la fama, la oportunidad que nunca había tenido (y que probablemente jamás hubiera alcanzado del lado del partido al cual perteneció 33 años, el PRI).  Así prefirió mentirle al pueblo nuevoleonense; antes de dejar pasar por alto la coyuntura de poder llegar a ser presidente del País y entonces sí tener todo el poder en sus manos.

Ahí está el señor Bronco. Como hace seis años también estuvo Gabriel Quadri, como candidato a la presidencia de la República por el partido Nueva Alianza.

Están ahí en la contienda, en los debates, en las entrevistas, en los programas de televisión y radio; pero realmente sus posibilidades de ganar son extremadamente remotas hagan lo que hagan, digan lo que digan.  

“Les vamos a mochar la mano”, ha proclamado “El Bronco” cuando se refiere a las personas que cometan el delito de robo en este país, y que esta sería una de las medidas a tomar “literalmente” si llegara a ganar la presidencia de este país.   Así es, mocharles la mano a los rateros, ¿y a los violadores?, ¿secuestradores?, ¿los corruptos?, ¿a los narcotraficantes?, ¿cómo qué tipo de castigo habrá pensado para ellos?, ¿será que el hartazgo es tan grande, que nuestro sistema legal no es suficiente para calmar la sed de venganza de este pueblo?

Efectivamente, Jaime Rodríguez apela al cansancio del País ante la impunidad y el ineficiente ejercicio del estado de derecho en México, y lo logra. Conecta con muchos mexicanos ante este sentimiento y los hace sumarse a sus filas.

Su estrategia de comunicación con el pueblo

Experto en el manejo de redes sociales; sabe poner los medios necesarios, como un número de Whatsapp, para estar comunicado con la gente.

“El Bronco” ha sorprendido. No tiene filtros, es irreverente, se le nota sin miedo, acepta sus errores. Es un tipo muy cercano a la figura que hoy proyecta Andrés Manuel; inclusive con una trayectoria política similar, en contra de los gobiernos corruptos y a favor del pueblo. Sin embargo, insuperable serán los más de 12 años que tiene AMLO contendiendo por esta posición; y ninguna propuesta radicalista tumbarán los años ya trabajados por Andrés Manuel.

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Foto: cuartoscuro.

Nula posibilidad 

No, en estas elecciones Jaime Rodríguez Calderón no tiene posibilidades de ganar; sólo cuenta con el 4% del apoyo de los mexicanos en las últimas encuestas electorales. Sin embargo, él dice que tiene otras encuestas hechas donde tiene el 18% del apoyo electoral.

Faltan pocos días para las elecciones. Muchos mexicanos están ya cansados hasta este punto de la carrera electoral; de la guerra sucia; de las pocas propuestas y de los debates que se vuelven un circo. Lamento decir que México no necesita un Bronco al frente. Necesita una persona inteligente que haga valer la ley y que con acciones inteligentes reúna los “pedazos” de este país, para hacerlo fuerte ante las adversidades que se atraviesan.

 

Evelyn Villanueva Macdonel estudió Negocios Internacionales en Guadalajara, actualmente termina una maestría en Economía en Italia. Apasionada por México, sus tradiciones y cultura. Emprendedora, empresaria y desarrolladora de nuevos proyectos. Completamente a favor de romper esquemas, innovar y transformar. En la actualidad se desempeña en el LID como Investigadora en temas de desigualdad socioeconómica.

 

Bolígrafo        Elecciones 2018       Evelyn Mcdonel      

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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Opinión

La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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