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Agua turbia en Guadalajara: La actual crisis del Siapa

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Humberto Mendoza es un profesional comprometido en el campo del diseño y evaluación de políticas públicas en Jalisco. Es licenciado en Administración Gubernamental y Políticas Públicas Locales por la Universidad de Guadalajara con un Máster en Antropología en la Universitat Autònoma de Barcelona.

En la Zona Metropolitana de Guadalajara, una crisis se ha desatado, centrada en la calidad del agua. Este problema trasciende más allá de una emergencia de salud pública, reflejando profundas falencias en la administración del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa). La creciente desconfianza de la población hacia el agua que fluye de sus grifos ha generado una carga financiera doble: pagar por un servicio de agua ineficiente y, simultáneamente, incurrir en el costo adicional de comprar garrafones de agua. La aparente incapacidad de las autoridades para implementar soluciones efectivas y oportunas agrava esta crisis, dejando a los residentes en un estado de incertidumbre y frustración.

Una inversión millonaria, resultados mínimos

Durante su comparecencia el 10 de noviembre frente al congreso de jalisco, el titular del Siapa identificó a la obsoleta red de distribución de agua como la principal causa de la turbiedad del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Señaló específicamente a las tuberías, muchas de las cuales tienen más de 30 años, como responsables de la contaminación actual del suministro de agua. Esta declaración se da en el contexto de una inversión sustancial, superando los 15 mil millones de pesos, en la gestión del agua durante la administración de Enrique Alfaro, una cifra que excede en más de cuatro veces la inversión de la administración anterior. Sin embargo, los resultados de esta inversión han sido notablemente limitados. De los 8,400 km de tuberías que el titular del Siapa indica como necesitadas de renovación, solo se han rehabilitado 15.3 km, lo que representa menos del 0.18% del total. Se calcula que serían necesarios aproximadamente 8 mil millones de pesos adicionales para una renovación completa del sistema. Este desfase entre la inversión realizada y los resultados palpables en la mejora de la infraestructura hídrica suscita serias dudas sobre la eficiencia en la gestión y el uso de los recursos financieros asignados a un servicio tan esencial como el suministro de agua potable.

Admisión del Titular del Siapa: Agua no potable

El reconocimiento público del titular del Siapa sobre la no potabilidad del agua distribuida en la Zona Metropolitana de Guadalajara constituye una admisión crítica que pone de relieve la gravedad de la crisis actual. Esta declaración se ve respaldada por datos alarmantes: en el año 2023, aproximadamente el 20% de las muestras de agua analizadas por el Siapa no alcanzaron los estándares requeridos para garantizar el uso humano seguro. Este elevado porcentaje de no conformidad subraya la urgencia y la seriedad del problema, evidenciando un desafío significativo en la gestión del suministro de agua y en la protección de la salud pública.

Carga económica para los ciudadanos

La actual crisis del agua en Guadalajara ha forzado a los ciudadanos a asumir costos adicionales significativos para asegurar el acceso a agua potable. En promedio, cada hogar en Jalisco gasta 2,112 pesos anuales en el servicio proporcionado por el Siapa, que se complementa con un gasto adicional de 1,800 pesos en la compra de garrafones de agua. Esta doble inversión asciende a un total de 3,912 pesos por hogar al año. A nivel colectivo, esta situación representa un desembolso anual de aproximadamente 2.6 mil millones de pesos destinados a la compra de garrafones de agua por parte de los hogares en la Zona Metropolitana de Guadalajara, evidenciando la magnitud del impacto económico de esta crisis en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Responsabilidad del gobernador Enrique Alfaro

La gestión de la crisis de agua turbia por parte del Gobernador Enrique Alfaro, quien simultáneamente preside la junta de gobierno del Siapa a través del Secretario de Gestión integral de Agua, ha sido objeto de intensas críticas, particularmente de voces opositoras como la Diputada Mara Robles. Estas críticas apuntan a un marcado desequilibrio entre la considerable inversión realizada, que supera los 15 mil millones de pesos, y la falta de avances significativos en la mejora de la infraestructura hídrica y en la calidad del agua suministrada. Esta discrepancia ha levantado importantes cuestionamientos sobre la eficiencia y la transparencia de la gestión de Alfaro, poniendo en duda su habilidad para administrar de manera efectiva los recursos destinados y para satisfacer adecuadamente las necesidades fundamentales de los ciudadanos relacionadas con el acceso a agua potable.

Exigencia de soluciones integrales

Frente a la aguda crisis del agua turbia en la Zona Metropolitana de Guadalajara, se hace evidente la necesidad de una gestión del agua integral, que abarque más que la mera renovación de infraestructura. Es fundamental que el Siapa y el gobierno del Estado de Jalisco, bajo el liderazgo de Enrique Alfaro, implementen medidas inmediatas y concretas para abordar efectivamente esta situación. En este contexto, durante la glosa legislativa del 24 de noviembre, la Diputada Mara Robles, quien funge como presidenta de la junta de coordinación política del congreso, enfatizó la importancia de una discusión detallada y profunda en el marco de la elaboración del presupuesto de egresos para 2024. Su propuesta apunta a asegurar una asignación presupuestaria adecuada para el Siapa, con el objetivo de proporcionar una solución real y sostenible al persistente problema del agua turbia en la ZMG. Esta iniciativa resalta la urgencia de comprometer recursos específicos y estratégicos para atajar de raíz un problema que afecta a millones de habitantes.

 

 

 

Sobre el autor
Humberto Mendoza es un profesional comprometido en el campo del diseño y evaluación de políticas públicas en Jalisco. Es licenciado en Administración Gubernamental y Políticas Públicas Locales por la Universidad de Guadalajara con un Máster en Antropología en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente, lidera el Órgano Técnico de Administración y Planeación Legislativa en el Congreso de Jalisco.

 

 

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Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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