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Opinión

Los “defensores” de México

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Nuestro país, un país de más de 120 millones de habitantes, con una gran diversidad. Los habitantes del norte son muy diferentes a los del sur y centro. La comida puede cambiar de una región a otra de una manera inimaginable. Los acentos, los tonos de piel, la forma de los ojos, las costumbres, las palabras cambian pero no dejamos de tener en el alma nuestro origen, este país: México.

Sí, el amor a México es un amor con el que uno nace y crece, el orgullo de ser mexicano se lleva por todo el mundo y el corazón se engrandece cuando ves una bandera mexicana o escuchas tu himno nacional en tierras extranjeras.

—Ciao ¿De dónde eres?

—De México.

—Tú país es hermoso.

—Sí, muchas gracias, (¿hermoso? Hermosísimo, pienso yo, mientras platico con una italiana).

Me he encontrado en algunos de los países más hermosos del mundo y no hay una sola persona que no hable bien de México, incluso cuando, en los países extranjeros llegan las noticias de “terror” de este país. Los titulares de los periódicos hablan del escape y recaptura de “El Chapo”; de los narcos o la corrupción. Claro, después de elogiar a mi país la siguiente pregunta es acerca de la seguridad, es imposible evitar esa pregunta y no puedes evadirla, luego nos convertimos en “defensores” de México y empiezas a explicar que la vida en México es muy diferente a lo que los periódicos difunden. Aunque por dentro yo misma sé que es verdad que el país ha caído en una situación de crisis de valores.​

Viviendo fuera de México me he dado cuenta cómo otras culturas conviven, cómo se organizan, cómo se informan y colaboran para el desarrollo de su país. Y también me he hecho consciente de lo grande que somos, de las cosas maravillosas que tenemos. Somos una sociedad con bases sólidas que vienen de diferentes culturas prehispánicas que nos enorgullecen más que nunca. Una sociedad con una mezcla Europea que el destino nos alcanzó posiblemente para unirnos más.

Somos fuertes, somos grandes, somos inteligentes, audaces, alegres, inteligentes, amables, atentos, serviciales, amorosos, y la lista continúa. Lo sabemos, sí; pero no somos conscientes. Creemos más en los noticieros que desde las 6:00 de la mañana nos bombardean con  todo lo malo que somos y tenemos y así continuamos el día con pensamientos negativos.

El mexicano es individualista y hoy se ha potencializado por las redes sociales. No sabemos trabajar en equipo, todos quieren sobresalir, todos quieren liderar, todos quieren ser el número uno y recibir el aplauso, pero en ocasiones no se toma en cuenta al otro o si estamos afectando a los demás para lograr nuestro objetivo. Es muy fácil identificar que mis palabras son reales, haz un análisis de tu equipo de trabajo: ¿Cómo interactúan?, ¿cómo se ayudan?, hazlo de tu empresa, en tu colonia, inclusive en tu familia y amigos, el matrimonio es un trabajo en equipo, ¿cuántos divorcios hay en tu familia o entre tus amigos?

Viviendo fuera de México me he dado cuenta cómo otras culturas conviven, cómo se organizan, cómo se informan y colaboran para el desarrollo de su país. Y también me he hecho consciente de lo grande que somos, de las cosas maravillosas que tenemos. Somos una sociedad con bases sólidas que vienen de diferentes culturas prehispánicas que nos enorgullecen más que nunca. Una sociedad con una mezcla Europea que el destino nos alcanzó posiblemente para unirnos más.

Somos fuertes, somos grandes, somos inteligentes, audaces, alegres, inteligentes, amables, atentos, serviciales, amorosos, y la lista continúa. Lo sabemos, sí; pero no somos conscientes. Creemos más en los noticieros que desde las 6:00 de la mañana nos bombardean con  todo lo malo que somos y tenemos y así continuamos el día con pensamientos negativos.

El mexicano es individualista y hoy se ha potencializado por las redes sociales. No sabemos trabajar en equipo, todos quieren sobresalir, todos quieren liderar, todos quieren ser el número uno y recibir el aplauso, pero en ocasiones no se toma en cuenta al otro o si estamos afectando a los demás para lograr nuestro objetivo. Es muy fácil identificar que mis palabras son reales, haz un análisis de tu equipo de trabajo: ¿Cómo interactúan?, ¿cómo se ayudan?, hazlo de tu empresa, en tu colonia, inclusive en tu familia y amigos, el matrimonio es un trabajo en equipo, ¿cuántos divorcios hay en tu familia o entre tus amigos?

Ana es una chica de 30 años, bonita, delgadita, blanca de ojos azules, es licenciada en Administración de Empresas, hace tres años se casó con el que pensaba era el amor de su vida, después de dos años de un noviazgo un poco complicado se casó en una boda espectacularmente organizada en Acapulco y cuidó hasta el último detalle. Nunca imaginaría que tres años después estaría levantando una demanda de divorcio.

—Mi matrimonio se terminó, no hay nada que rescatar, yo sabía que él era así y yo también tengo mis defectos pero pensé que en el matrimonio él cambiaría.

—Pero, ¿Qué sucedió?

— ¿Qué sucedió? Que no le importó este matrimonio. Sufrió un despido en su trabajo y no supo cómo lidiar con ello. En casa, solo teníamos el dinero que yo llevaba que no era mucho, y no podía con todo, nos estábamos ahogando en deudas. Yo me encontré desesperada con esa situación.

—¿Y no lo apoyaste?

—Claro que lo apoyé, le di ideas de lo que podía hacer. Tenía nuevas oportunidades enfrente, es un hombre con más de 15 años de experiencia. Pero tiene ideas muy raras, que me da pena decir.

—¿Cómo que ideas?

—Quiere ser blogger, pero ¿cómo es posible? Tiene 38 años.

—Eso no tiene nada de malo.

—Claro que no tiene nada de malo cuando no tienes deudas que cubrir, cuando tienes un soporte económico para cumplir con tus responsabilidades como pareja. Lo veía horas metido en la computadora haciendo todo menos buscar trabajo.

—¿Ahora te sientes más tranquila?

—Sí, el matrimonio es una experiencia donde tienes que dejar de pensar en ti para pensar en los dos. Y cuando alguno de los dos no está en esta línea no hay matrimonio.

—¿Has aprendido algo?

—Sí, yo también fui muy egoísta y no estaba lista para unir mi vida a otra persona.

—Tus papás tienen un matrimonio de casi 40 años. ¿Crees que los matrimonios actuales puedan lograr experiencias de este tipo?

—Bajo mi experiencia y lo que puedo ver entre mis amistades yo creo que 50% de los matrimonios lo logrará de esta generación que estamos entre los 30 y 40 años.

Probablemente Ana tenga razón, datos del INEGI que son duros, nos muestran que por cada 100 matrimonios hubo 18 divorcios en el año 2013. Es decir, 18% de las personas se divorciaron y estas personas tienen un nivel de escolaridad medio superior y superior. El dato más curioso es que las personas con más preparación educativa son las que deciden divorciarse.

El matrimonio sigue siendo reflejo de la sociedad, base para la educación, para el desarrollo del individuo. Ha sido fortaleza de este país y seguirá siéndolo. ¿Qué sucede con este país? ¿Con los matrimonios de estas nuevas generaciones? ¿Qué pasa con las responsabilidades adquiridas? ¿Qué pasa con los valores? Nadie habla de los valores que les vamos a transmitir a nuestros hijos. Les diremos que amen cuando no hemos sido capaces de amar; que se casen cuando no fuimos capaces de mantener un matrimonio; que sean honestos cuando nos hemos mentido a nosotros mismos.

En México no hace falta dinero, ni recursos, ni tratados, ni programas nuevos, ni ser los número uno en innovación, ni trabajar 12-14 horas al día. Lo que hace falta es un fortalecimiento en los valores de nuestra sociedad. Eso es lo que hace falta.


Evelyn Villanueva Macdonel. Estudió Negocios Internacionales en Guadalajara y es maestra en Economía en Italia. Apasionada por México, sus tradiciones y cultura. Emprendedora, empresaria y desarrolladora de nuevos proyectos. En la actualidad se desempeña en el LID como investigadora en temas de desigualdad socioeconómica.

 

 

Etiquetas: Bolígrafo      Laboratorio de Innovación y Democracia

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Opinión

Llueve sobre mojado: Guadalajara se ahoga en 13 milímetros. Parte 2

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La semana pasada se registró una lluvia que dejó 100 automóviles varados en Periférico y 8 de Julio. Foto: Especial.

En la primera entrega establecimos que llamar “atípica” a la lluvia que inunda Guadalajara cada temporal es, con perdón, una mentira con permiso oficial: el problema es de drenaje y suelo, no de cielo. Toca ahora la parte incómoda que los boletines de gobierno omiten: la ciudad no se inunda igual para todos, y no es casualidad meteorológica, es geografía social con nombre de colonia.

Guadalajara ya tiene clasismo en el transporte público y clasismo en el acceso efectivo al agua potable (efectivo porque tener un tubo conectado no alcanza para definir “acceso”); faltaba documentar el clasismo hídrico de las inundaciones; aquí los datos lo confirman con una nitidez incómoda:

Al revisar los veinte eventos de inundación más severos de la última década en el AMG, la distribución por estrato económico es así de desigual: apenas tres colonias de estrato alto resultaron afectadas, una de medio-alto, dos de medio, cinco de medio-bajo, cinco de bajo y cuatro más de bajo con vulnerabilidad “muy alta” —la categoría reservada para Ferrocarril, Miramar, Juan de la Barrera y Las Pintas, entre otras—. En números llanos: catorce de veinte colonias castigadas pertenecen a estratos bajo y medio-bajo. No es que llueva más sobre los pobres; es que el agua, cuando no tiene a dónde ir, busca siempre el camino de menor resistencia institucional.

El gráfico de severidad por estrato lo confirma con crudeza: en una escala de 1 a 4, el daño patrimonial —agua y lodo entrando a las casas, entre 30 y 80 centímetros de altura— se concentra en los estratos bajo y medio-bajo. Los vehículos arrastrados sí aparecen también en zonas de estrato alto como Plaza del Sol o Jardines de la Patria, pero ahí debemos considerar una importante trampa contable: para esos autos existen pólizas de seguro, además de deducibles de impuestos. Para el menaje empapado de una vivienda en Ferrocarril o El Mante, no existe tal cosa.

En este punto conviene separar finanzas de economía, una distinción que un analista económico no podría pasar por alto y que, en este caso, resulta reveladora: en pesos “nominales”, quien más pierde es el estrato medio-alto, con un costo total promedio estimado de 760 mil pesos por evento, frente a 422 mil del estrato bajo (Baró-Suárez et al., 2011; Milenio, 2024). Visto así, el relato cómodo sería: “los inundados ricos pierden más”. Es el tipo de dato que un funcionario promedio citaría para minimizar el problema. Sin embargo, esa lectura es, en el mejor de los casos, incompleta y, en el peor, deliberadamente engañosa.

Sucede que, cuando esa misma pérdida se mide como porcentaje del ingreso anual —la única forma honesta de medir el golpe real a un hogar—, el cuento se invierte por completo. El daño patrimonial promedio en el estrato bajo equivale al 352 % de su ingreso anual estimado; en el estrato medio-bajo, al 220 %; mientras que en el estrato alto la misma categoría de daño representa apenas el 40 % de su ingreso. Quien gana menos pierde, en términos relativos, hasta nueve veces más que quien gana más. Esta cifra, que los comunicados de prensa no suelen destacar, desmiente la épica de “la inundación no distingue clases” con la que algunos suelen lavarse las manos.

Sí, es cierto: el agua arrastra por igual vehículos en Jardines de la Patria que menaje en Las Pintas, pero la familia de Las Pintas no tiene seguro, no tiene ahorro, no tiene deducción fiscal y probablemente tampoco tenga un segundo vehículo para moverse mientras tanto. Pierde su patrimonio completo y, además, pierde el día de trabajo, el transporte público que se detuvo y, algunas veces, el empleo informal que tampoco perdona ausencias. Es la lógica de siempre en un país desigual: el desastre llega parejo, la factura no.

La inadecuada planeación urbana de Guadalajara —igual que ciertos megaeventos deportivos que pasan por encima de todos los estratos imponiendo sus intereses— arrastra a ricos y pobres por igual en el momento del impacto; pero la cuenta, como siempre sucede en México y América Latina, se paga distinto según el código postal. Mientras los Arcos del Milenio sigan sin terminarse y el drenaje profundo siga esperando su turno en una lista de obras a “ejecutar poco a poco”, cada temporal seguirá siendo el mismo examen: la ciudad reprueba, y los que menos tienen son, otra vez, quienes pagan la colegiatura más cara.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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Opinión

Lemus y la crisis del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara

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El periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

El segundo trimestre de 2026 representó para el gobierno de Pablo Lemus una etapa de alta tensión política y de fuerte presión sobre la narrativa de estabilidad que había intentado construir desde su primer año de gestión. Aunque el Ejecutivo estatal logró sostener niveles aceptables de operación institucional, particularmente en infraestructura, coordinación federal y preparación del Mundial 2026, el periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

A diferencia del primer trimestre, donde predominaba todavía la expectativa política alrededor del gobierno, entre abril y junio comenzó a observarse un proceso más claro de desgaste gubernamental. El discurso de eficiencia y cercanía ciudadana empezó a enfrentar pruebas concretas de capacidad estatal, particularmente en materia de agua, seguridad y cohesión política.

Se hace aquí un balance de la gobernabilidad a partir de seis indicadores básicos: eficacia decisional, legitimidad, cohesión institucional, estabilidad política, conflictividad política y deterioro social y actos violentos.

Eficacia decisional. La eficacia decisional sigue siendo reactiva más que preventiva. La reestructuración del Siapa fue anunciada reiteradamente desde octubre de 2025 sin materializarse en un plan integral hasta bien entrado 2026, lo que generó señalamientos sobre la brecha entre el discurso de urgencia y los tiempos reales de ejecución. La cartera vencida del organismo y el déficit operativo evidencian que el rescate anunciado atiende síntomas de corto plazo (cambio de titular, presupuesto de emergencia) sin resolver el problema de fondo de financiamiento y gobernanza metropolitana del agua. El propio Gobernador reconoció públicamente un abandono institucional de años, lo que también desplaza la responsabilidad de su propia gestión, que ya lleva año y medio sin presentar una solución definitiva. 

No obstante, el gran déficit de eficacia permaneció en seguridad. Después de los hechos violentos derivados del operativo contra el CJNG en febrero, el gobierno dedicó buena parte del trimestre aquí analizado a administrar las consecuencias mediáticas y políticas de la crisis, más que a demostrar recuperación plena del control territorial. La eficacia decisional fue, por tanto, parcialmente positiva en infraestructura y coordinación administrativa, pero limitada en capacidad estructural de contención de crisis.

Legitimidad. En materia de legitimidad, el trimestre reveló una contradicción central. Mientras el gobierno intentó posicionar a Jalisco como una entidad lista para el Mundial y atractiva internacionalmente, persistieron crisis locales que cuestionan la narrativa de normalidad. El caso más evidente fue el tema de las desapariciones y la violencia criminal. Aunque el gobierno permitió manifestaciones y visibilización de colectivos, la percepción pública comenzó a consolidar la idea de que el gobierno administra políticamente la crisis, pero aún no modifica sus causas estructurales.

La legitimidad también se vio erosionada por la crisis de la calidad del agua; cientos de denuncias ciudadanas por agua contaminada con metales pesados, ausencia de cloro y fallas bacteriológicas, documentadas por monitoreos se hicieron públicas en momentos en que la ciudad se preparaba para recibir a millones de visitantes mundialistas. Investigadores de la UdeG y activistas señalaron que, pese al discurso de apertura técnica del nuevo director del Siapa no fueron efectivamente invitados o incorporados al diseño de la reingeniería.

Cohesión institucional. A diferencia de la etapa final del sexenio de Enrique Alfaro Ramírez, marcada por confrontaciones recurrentes con actores federales, el gobierno de Lemus privilegió la coordinación política e institucional. La relación con el gabinete federal de seguridad fue particularmente estrecha después del operativo contra el CJNG. Lemus presumió comunicación directa con el secretario de Seguridad Federal y con las Fuerzas Armadas.

Por otra parte, el gabinete estatal continuó mostrando alta rotación. El gobierno acumula, para junio de 2026, más de una decena de cambios en secretarías y direcciones en apenas año y medio de gestión, incluidos ajustes en la Comisión Estatal del Agua y en el Siapa, lo que muestra un síntoma de inestabilidad administrativa más que de fortalecimiento institucional. Los múltiples ajustes en el gabinete estatal, incluyendo cambios en la CEA, Ipejal, salud y juventudes, muestran un gobierno en constante reacomodo. Aunque oficialmente se presentan como movimientos para fortalecer áreas estratégicas, la frecuencia de los cambios sugieretensiones internas y necesidad de corregir rumbo sobre la marcha. La gobernanza del Siapa (centralizada en el Ejecutivo estatal) sigue dejando a los municipios en un rol secundario, lo que reproduce tensiones de fondo sobre quién es el responsable último del organismo.

Asimismo, la cohesión institucional tuvo dos focos de vulnerabilidad. Primero, el Siapa evidenció que la gobernanza metropolitana sigue siendo débil y altamente fragmentada, y segundo, el gobierno continúa dependiendo excesivamente de coordinación federal en seguridad, lo cual limita la autonomía efectiva del estado. En términos generales, hubo cohesión operativa, pero todavía no hay una consolidación institucional profunda.

Estabilidad política. El trimestre cerró sin amenazas reales de ruptura política o ingobernabilidad abierta, pero sí con incremento de presión estructural sobre el gobierno. Lemus logró evitar conflictos mayores con empresarios, universidades, iglesias y élites metropolitanas. El Mundial funcionó como un factor temporal de alineamiento político y económico. Sin embargo, la estabilidad política descansó más en la ausencia de una oposición articulada que en la resolución de los problemas de fondo.

El operativo federal de febrero dejó un impacto psicológico y político considerable. Aunque el gobierno insistió en que los hechos violentos fueron excepcionales y posteriores al operativo no hubo eventos de igual magnitud, la percepción de vulnerabilidad estatal aumentó. Además, comenzó a aparecer un fenómeno políticamente delicado: la sobreexposición internacional de Jalisco. El Mundial colocó al estado bajo observación global y obligó al gobierno a sostener una narrativa permanente de control y seguridad. Eso generó una paradoja, mientras más intentaba proyectarse estabilidad internacional, más visibles se volvían las contradicciones locales, particularmente desapariciones, agua y violencia.

La estabilidad sigue siendo, en buena medida, una estabilidad gestionada bajo presión más que construida sobre certidumbre institucional. 

Conflictividad política. La conflictividad política aumentó respecto al trimestre anterior, aunque sin alcanzar niveles críticos. El principal cambio fue discursivo. Comenzaron a crecer cuestionamientos públicos hacia la narrativa de un Jalisco seguro impulsada por el gobierno. Aquí aparece una contradicción entre el discurso de ciudad global preparada para el Mundial y la persistencia de crisis locales no resueltas.

La conflictividad más relevante no provino de partidos, sino de agendas sociales acumuladas como las de colectivos de búsqueda, usuarios afectados por el Siapa, críticas por seguridad, inconformidades metropolitanas y una percepción de desigualdad territorial.

Un aspecto poco observado es que el gobierno de Lemus enfrenta un tipo de conflictividad distinto al de Alfaro. Ya no predomina el choque frontal con actores políticos o mediáticos, ahora el desgaste surge de expectativas incumplidas de eficacia técnica. En otras palabras, el principal riesgo político para Lemus no es la confrontación abierta, sino la decepción gradual de sectores que esperaban un gobierno más eficiente y menos reactivo.

Deterioro social y episodios violentos. Este fue el indicador más negativo del trimestre. Aunque el gobierno destacó disminuciones estadísticas en homicidios e incidencia delictiva, el impacto de la violencia sigue condicionando la percepción pública. A ello se sumó la persistencia de la crisis de desapariciones, que continúa siendo el principal pasivo humanitario de Jalisco. El gobierno mostró apertura relativa hacia colectivos, pero todavía no logra modificar la percepción de insuficiencia institucional. El Mundial ayudó temporalmente a contener la percepción de deterioro mediante inversión urbana y narrativa internacional, pero no resolvió las causas estructurales.

En paralelo, la crisis del agua representa un deterioro social menos espectacular pero más profundo: agua de mala calidad, desconfianza en el servicio, sacrificio de obras en municipios con problemas de abastecimiento y contaminación (Autlán, Ciudad Guzmán, Puerto Vallarta). La combinación de violencia estructural (desigualdad en acceso a agua segura) y violencia criminal en proceso de contención configura un escenario donde la gobernabilidad se sostiene, pero el bienestar social sigue siendo frágil.

En conclusión, el segundo trimestre de 2026 deja una imagen dual del gobierno de Pablo Lemus. Por un lado, exhibió cierta eficacia decisional y una capacidad de coordinación interinstitucional notables para salir del paso y sacar adelante un evento de la magnitud del Mundial de Futbol, capitalizado políticamente como un éxito de gestión y reconocido (al menos en el discurso oficial) como la mejor sede del torneo. Por otro lado, persisten fallas estructurales que el trimestre no resolvió, sino que apenas administró: una crisis hídrica que combina colapso financiero, deterioro de infraestructura y riesgo sanitario; un patrón de toma de decisiones que privilegia el anuncio mediático sobre la planeación de fondo; y, sobre todo, una crisis de violencia y desapariciones que sitúa a Jalisco entre las entidades más afectadas del país, con episodios (hallazgos de fosas clandestinas) que contrastan de forma directa con la narrativa de normalidad y éxito proyectada durante el Mundial.

La principal tensión del trimestre es, en ese sentido, la que existe entre la gobernabilidad exhibida (eventos sin incidentes, obras entregadas, coordinación de seguridad visible) y la gobernabilidad de fondo (desapariciones, contaminación del agua, cartera vencida del Siapa, rotación constante de funcionarios), que sugiere una administración con capacidad operativa real, pero con una agenda de gestión todavía reactiva frente a los problemas estructurales más graves del estado.

El dato políticamente más relevante del trimestre analizado es que el gobierno todavía conserva control político, pero ya no controla completamente la narrativa pública. Eso, en clave de gobernabilidad significa que cuando un gobierno pierde el monopolio de la narrativa de eficacia, comienza la etapa más difícil de su administración.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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