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Opinión

Del plato a la boca…

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Ferriz de Con…

Ya es febrero, el segundo mes del año.  Y estamos a punto de celebrar el Día del Amor y la Amistad.  Se dice que el amor trasciende fronteras, rompe barreras, mueve montañas. En conclusión muchas veces hemos oído que el amor lo puede todo.

Sin duda es muy probable que así sea, pero sin la voluntad es difícil que el amor pueda trascender. ¿Y que sucede cuando tenemos el amor por nuestro País? Se entendería entonces que éste sería el amor de todas las voluntades de un pueblo por alcanzar un objetivo más grande que el objetivo de una sola persona en una nación. Es decir, que antepongo mis intereses personales por los de la mayoría.

¿Será que todos los ciudadanos de México amamos a nuestro país? O solo algunos cuantos aman al país y el resto de las personas solo viven el día a día porque “ya estamos aquí”, “ya nos tocó nacer aquí”. Es un poco complicado unir las voces de 120 millones de personas, podemos creer  saber lo que sería lo mejor para ellas, en Economía se cree saberlo, y  se le denomina riqueza o en inglés wealth. Es así como se buscaría el bien común, aumentando la riqueza de un país.

Así pues dentro de los objetivos finales del principal dirigente de una nación sería aumentar la riqueza de los ciudadanos en aquel país que él o ella dirigiese. Gran tarea para una sola persona, sin embargo como se comentó en el artículo del mes de enero tenemos varios valientes que se creen capaces de lograrlo. Antes de entrar en materia sobre los pre-candidatos a la presidencia que llegarán a la boleta electoral quisiera hablar un poco sobre uno que contiende pero que me ha dejado muy sorprendida.

Estoy hablando del ingeniero con maestría en matemáticas aplicadas, de profesión periodista y conferencista Pedro Ferriz de Con que con 182,723 firmas al 5 de febrero y de acuerdo al reporte del INE, va en el sexto lugar y cuenta con solo el 21% de las firmas requeridas para aparecer en la boleta electoral. Pues este personaje como ya lo dije me dejó “anonadada”.

En el primer acto de su carrera política se la pasó hablando muy mal de los actuales políticos y estuvo haciendo una gira dentro y fuera del país autodenominándose como un ciudadano más del pueblo mexicano harto del sistema (hasta aquí vamos bien),  después por ahí en una conferencia en Monterrey un estudiante le hizo una pregunta incomoda a lo cual él le contestó que era un “pendejo”,  así es, le respondió que era un “pen-de-jo” enfrente de todos y como se esperaba esta respuesta se hizo viral en redes sociales.

Ufff qué contestación para quien aspira a ser presidente de muchos estudiantes, obviamente tuvo que ofrecer disculpas a ese estudiante, igualito como tuvo que ofrecer disculpas cuando se hicieron públicos los audios de su relación extramarital con una de sus colaboradoras.

Ahora, pasamos al segundo acto de su carrera política actual y es cuando hace oficial la intención ante el INE para ser precandidato independiente. En una entrevista en el programa “La Silla Roja”, el aspirante a candidato menciona que “el trabajo de calle, de territorio es enorme y se requiere mucho”, dando a entender que él sí tiene la fuerza y la estructura para lograrlo y duda que sus competidores puedan alcanzar el número de firmas solicitadas por el INE, alardea diciendo “quién puede y quién no?

https://www.youtube.com/watch?v=lUnl6XJybJ0

También menciona que tuvo una plática con un narcotraficante (ya saben, casual) y que su experiencia sobre economía está basada en los “tantos” años que tiene de dar noticias de economía. Vaya, vaya,  el éxito de este segundo acto se esfumó rápidamente después de tanta arrogancia y soberbia de esta persona, iba bien, pintaba, pero se fue desvaneciendo en el grado que le fue subiendo a su ego.

En esta entrevista muy seguro de sí mismo comenta lograría obtener 5 millones de firmas, “tengo la estructura territorial, ciudadana, voluntaria, probono para poderlo hacer, la he venido formando”, comentó.

Cinco millones parece un número altísimo para cualquiera, pero para alguien que tiene 4 millones de seguidores en Twitter y un millón en Facebook, aunque en YouTube solo tiene 1,400 subscriptores, no le parecía difícil en ese momento. Si, si se veía alcanzable.

 ¿Qué pasó? ¿Dónde quedaron esos millones de seguidores? ¿Por qué no apoyaron a su celebridad?

Bueno aquí pasamos al tercer acto de sus inicios en la política, fácil de deducir, el señor Pedro Ferriz de Con nunca entendió lo que significa hacer empatía con la gente de este país. No es suficiente tener la intención, ser un ciudadano harto del sistema, ser una persona cansada de los partidos políticos, no es suficiente. En este país primero tienes que hacer ese click con los ciudadanos, situación que el Señor Pedro nunca logró y como dije en líneas anteriores  el amor al país va más allá de un ego individual, y con certeza puedo concluir que el periodista no estaba listo para el puesto y el pueblo de México se dio que cuenta rápidamente que no era el momento para este personaje.

Hoy en día, ya ha declarado que no llegará a la boleta electoral, ahora ya ve más complicado llegar al número de firmas solicitadas por el INE y hace una denuncia pública diciendo que sus competidores como el “Bronco” y Margarita Zavala compraron firmas a una mafia para lograr el objetivo final del número de firmas solicitadas. Además ha llegado a mencionar en varias entrevistas que ninguno de ellos son candidatos realmente independientes y que todos los que van a llegar a la boleta le reportan indirectamente o directamente a los partidos políticos actuales.

Concluyendo con este precandidato y dejando mi opinión muy personal continúo. Un sueño siempre requiere de mucha lucha, de mucha paciencia y perseverancia, mucho aprendizaje, pero sobre todo de mucha congruencia. Se debe ser auténtico.

El Señor Pedro Ferriz vende una idea muy hermosa de ser el candidato ciudadano, se mofa de tener la experiencia necesaria para ser el presidente de este país y se ensimismó diciendo que estar en la boleta “no es para todos”. Error, error y más error. Empezó mal y mal iba a terminar.  No dudo para nada de sus buenas intenciones, no dudo de su lucha personal contra el sistema, no dudo que seguramente millones de personas lo estamos siguiendo. Sin embargo, su poca humildad, su poca congruencia, su intolerancia, su poca paciencia y su arrogancia lo destinaron al lugar donde ha quedado, fuera de estar en la tan añorada boleta electoral donde pretendía ganarle a López Obrador la contienda.

En entrevista con Joaquín López Doriga menciona que el 19 de Febrero, último día para reunir las 866,593 firmas necesarias para figurar como candidato en la boleta, va a ser el día de su nacimiento, no va a ser el día de su defunción. Arrogante, arrogante y más arrogante.  Aunque después menciona que será el nacimiento de un movimiento observante de cambios substanciales que nos beneficien. Pues ¿qué más podía decir Pedro? después de esta terrible actuación donde no solo tuvo que pedir disculpas, en más de una ocasión, si no que reafirmó aquel dicho conocido que dice así: “Del plato a la boca se cae la sopa” o el de “calladito te ves más bonito”. Sin duda, una gran lección y un gran aprendizaje no solo para Pedro sino para los ciudadanos que lo hemos seguido y que creíamos que era posible su candidatura.

Este país definitivamente no puede estar peor y me parece muy acertado que los cinco millones de personas hayan decidido abstenerse a apoyar a un personaje que vive en un sueño común pero que no comparte con el resto de la población los valores necesarios para dirigirlo. No Pedro, definitivamente como bien lo afirmaste, estar en la boleta electoral  “no es para todos”.

 

 

Evelyn Villanueva Mcdonel estudió Negocios Internacionales en Guadalajara, actualmente termina una maestría en Economía en Italia. Apasionada por México, sus tradiciones y cultura. Emprendedora, empresaria y desarrolladora de nuevos proyectos. Completamente a favor de romper esquemas, innovar y transformar. En la actualidad se desempeña en el LID como Investigadora en temas de desigualdad socioeconómica.

 

Bolígrafo

 

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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