Opinión
Kumamoto y su supuesta ‘Ley Antichayote’

Ley Antichayote…
La mal llamada Ley de #MiLanaNoEsChayote que pretende modificar el artículo 13 de la Ley de Austeridad y Ahorro del Estado de Jalisco, que estipula que los gastos en comunicación oficial de los sujetos obligados (gente que recibe dinero público) no pueden exceder al .3 por ciento de su presupuesto para el ejercicio social, quiere ser cambiada.
Esos cambios propuestos por el diputado independiente Pedro Kumamoto Aguilar, se realizaron sin consultar a ningún periodista o representante de los medios de comunicación, y planea hacer modificaciones que dañarían al gremio de la comunicación irreparablemente.

Kumamoto y su supuesta Ley Antichayote. Foto: Archivo.
Menos gasto en publicidad
El equipo donde milita Kumamoto Aguilar, en su visión sin especialistas, pretende modificar el monto de .3 por ciento y reducirlo. En su artículo 16 dice:
“El presupuesto asignado por concepto de gastos de publicidad oficial, no podrá exceder del 0.1 por ciento del presupuesto de egresos aprobado por el Poder Legislativo en el ejercicio fiscal que corresponda”.
Sin embargo, dada la precariedad del gremio ampliamente registrada, este tipo de medidas fiscalizadoras sólo culminarán en severas violaciones a los derechos laborales de los comunicadores y comunicadoras. Despidos masivos sin explicaciones.
Si el dinero de la publicidad oficial se recorta en un 75 por ciento como lo propone Kumamoto, los despidos masivos de periodistas serán inminentes, pero no ocurrirá con los periodistas que el diputado independiente cree que son “chayoteros”.
Por poner un ejemplo… Si algún medio tiene 10 pesos para pagar a dos reporteros; pero uno de ellos es crítico y honesto, mientras que el otro es un mercader del poder en turno, ¿a quién cree Kumamoto que van a despedir cuando tengan sólo la mitad del presupuesto?
Es naíf pensar que el problema de la corrupción en las redacciones se resuelve cortando el dinero de lo que debería protegerse. Y lo que es peor, sin un camino claro y consensuado con todas las partes.
Oootro Consejo Consultivo
Aunado a ello, muchos estudios han confirmado que son las comunicadoras quienes más padecen de violación y agresiones, pero la iniciativa de Pedro Kumamoto no contempla dicha vulnerabilidad en ningún artículo.
La Ley Chayote de Kumamoto también propone:
“Desalentar la discrecionalidad en el gasto en publicidad oficial, se propone la creación de un Consejo Consultivo para la Evaluación y Seguimiento de la Publicidad Oficial. Sus integrantes serán peritos en las materias que atraviesan esta dinámica, emanados de la academia, el periodismo y las organizaciones de la sociedad civil”.
Este punto preocupa porque el gobierno del Estado de Jalisco ya contempla un Consejo en el que integraron a periodistas serviles al poder y activistas de dudosa calidad moral. ¿Puestos para sus amigos activistas? No sabemos.
¿Audiencia o réplica?
Finalmente, parece alarmante que la iniciativa del independiente confunda el derecho de audiencia, con el derecho de réplica, y cito:
“Es requisito para los medios interesados en recibir partidas sobre publicidad oficial la obligación de contar con un defensor de sus audiencias o de sus lectores, según sea el caso, así como de mecanismos explícitos para garantizar el derecho de réplica a quien se lo solicite”.
Toda vez que el Derecho de Réplica se encuentra YA PROTEGIDO por la constitución vigente y publicado en noviembre del 2015 y ratificado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde se explica que dicho derecho sólo aplica para información falsa. Es decir, el mecanismo es un tribunal.
Seguridad laboral y física de los reporteros

Foto: Fernando Brito/AFP/GETTY IMAGES.
Siendo claros. El problema del presupuesto público que se ejerce para proteger el Articulo 7 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ya se había cuestionado durante la reunión nacional de periodistas derivada del asesinato de nuestro compañero Javier Valdez.
Y de haber consultado a los periodistas que ya conoce, sabría que la postura fue pública: Los periodistas propusimos desde aquellas reuniones que simplemente se desaparezca toda erogación de presupuesto en contratación a medios de comunicación en tanto no se garantice la seguridad laboral y fisica de todos los compañeros.
Desde las curules los diputados no están acostumbrados a consultar. Pero el futuro financiero y laboral de nuestro oficio consagrado en la Carta Magna de los Estados Unidos Mexicanos debería no ser un tema menor para ningún congresista. Lo que queda claro con la sentencia de wikipolítica fue que los periodistas somos la maleza de “su bosque”.
(Vía: Zona Docs)
Periodismo Bolígrafo Pedro Kumamoto
JCS
Opinión
Ojo, así se roban tus datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.
Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.
Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.
Datos personales de los afectados
En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.
La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.
Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.
Ignoramos el valor de nuestros datos
La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.
En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas.
La tarea primordial
En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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Opinión
La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.
Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.
En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.
La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.
Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.
No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.
No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.
Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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