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Opinión

Las intermitencias del deshielo coreano

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Qucho Corea del Norte

Las intermitencias del deshielo coreano…

Una breve cronología

Agosto de 1910: mediante el Tratado de Anexión Japón-Corea, el otrora Imperio Coreano pasa a formar parte del Japón imperial.

Agosto de 1945: al término de la Segunda Guerra Mundial, la rendición de Japón se formaliza frente a los Aliados y la península de Corea es dividida por Estados Unidos y la Unión Soviética. Se establece la línea divisoria en el paralelo 38 y surgen la República Popular Democrática de Corea (en el norte, bajo domino soviético) y la República de Corea (en el sur, bajo control estadounidense).

Noviembre de 2017: Corea del Norte lanza el Hawsong-15, considerado su misil balístico intercontinental más potente.

27 de Abril de 2018: tras más de siete décadas de tensiones, Kim Jong-un cruza la línea de demarcación y se convierte en el primer líder norcoreano en pisar el suelo de Corea del Sur, para estrechar la mano de Moon Jae-in, su presidente.

24 de mayo de 2018: El presidente Donald Trump ha cancelado la reunión programada para el 12 de junio.

En el derecho internacional existe el dogma de la igualdad jurídica de los Estados, que les otorga una simetría a todos los países miembros de la comunidad internacional. Desde su segundo artículo, por ejemplo, la Carta de las Naciones Unidas edifica su organización sobre el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros. ¿Igualdad de iure? Absolutamente. ¿Igualdad de facto? Esa es otra historia; dependiente del contexto político, económico, social e incluso cultural de cada época.

Casi podría parecer, si uno se queda en los terrenos de la ley y los discursos, que no existen las asimetrías entre países, y que todas las crisis son producto de la inhabilidad de quienes los gobiernan. Pero la historia –ese catálogo de lecciones mal aprendidas–, nos demuestra que la realidad siempre es otra. Sin ánimos de caer en lo simplista, una de las muchas lecturas que tiene la historia universal reside en la batalla campal entre “los que tienen” y “los que no”.

En tiempos de la disuasión

La carrera armamentista de la segunda mitad del siglo pasado, es un ejemplo de la vigorosa competencia entre ambos bandos de la Guerra Fría por hacerse de la mayor cantidad de ventajas posibles. Tener y no tener, se convirtieron en dos condiciones en las que podía encontrarse un país, en medio del conflicto bipolar. Ante la carencia relativa de  ciertas capacidades (económicas, militares, etc.), siempre quedaba la posibilidad de disuadir al otro mediante estrategias que le obligasen a cambiar los planes y evitar una confrontación directa.

La disuasión (la palabra del siglo XX) entre Estados Unidos y la Unión Soviética, se manifestó mediante una compleja red de acciones militares focalizadas, discursos amenazantes, pruebas nucleares y ataques indirectos donde los aliados de uno y otro bando se vieron involucrados. En esta línea, la península de Corea se volvió uno de los tantos cuadros en el gran tablero de ajedrez mundial; esa analogía predilecta de la geopolítica clásica, que aún después de la Guerra Fría pareció tomar nuevos bríos. ¿Pero a qué viene todo esto, si ya estamos en pleno siglo XXI?

Corea del Norte ha sido el blanco de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos desde que comenzaron las hostilidades. Las disparidades económicas entre la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y la República de Corea (RC) son abismales. La ausencia de inversión extranjera y los bloqueos en el terreno del comercio internacional, en el norte, son dos ejemplos de ello. Su aislacionismo y los señalamientos de violaciones a los derechos humanos, no hacen sino complicar su situación frente al mundo. Un ejemplo del “no tener”.

El juego nuclear

Por otro lado, en lo relativo al arsenal nuclear, las disparidades también son notorias entre la RDPC y el resto de potencias que poseen armas de este tipo. Si bien las cifras sobre su arsenal son inciertas debido a su relativo asilamiento, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) calculó en 2017 que el gobierno de Kim Jong-un cuenta con entre 10 y 20 ojivas nucleares; a diferencia, por ejemplo, de las 7,000 que tiene Rusia o las 6,800 de Estados Unidos.

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Imagen: Internet

Pese a la cantidad limitada de ojivas, el arsenal total es suficiente para que no se pierdan de vista las pruebas y ejercicios que Corea del Norte ha venido haciendo desde hace un par de años. Suficiente, también, para mantener presencia naval y aérea (mediante maniobras militares conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur) en la península. Si a esto se le añade la posición estratégica que tienen ambas Coreas en la región de Asia-Pacífico, la relevancia de este conflicto se infiere fácilmente.

Volviendo a la idea de la disuasión, el académico Kepa Sodupe rescata en 1991 un concepto que la define como “el intento de reestructurar el conjunto de opciones que se ofrecen a los dirigentes de un país […] llevado a cabo por los dirigentes de otra nación […], mediante la formulación de una amenaza a sus valores fundamentales. Mediante esa reestructuración, se pretende excluir la consideración de la agresión armada”

Con esa definición en mente, ¿no quedan obsoletas las interpretaciones emanadas de la Guerra Fría, en un contexto posterior al 9/11? Parece que no, mientras las dinámicas de dicho periodo histórico continúen siendo parte de nuestra realidad.

El diplomático en sazón

Esto nos hace reflexionar sobre las opciones que el actual líder norcoreano tiene a su alcance, dadas sus capacidades limitadas. Y lo que ocurrió este año, en apenas un par de meses, es un ejemplo de ello. Para sorpresa de muchos, la relación entre ambas Coreas dio un giro inesperado, al igual que la relación de Corea del Norte y los países de la región, con apenas unas semanas de diferencia.

Y es que, de la noche a la mañana, Kim Jong-un se convirtió en un diplomático en sazón. En febrero de 2018, las delegaciones deportivas de ambos países desfilaron juntas en los Juegos Olímpicos de Invierno, bajo la bandera de la unificación coreana. Unas semanas después, el 28 de marzo, el presidente chino Xi Jinping se entrevistó con el líder norcoreano en una visita que este hizo a Pekín. Lo que parecía ser una relación cada vez más tensa entre ambos países, dio un giro sorpresivo que tiene más de una lectura.

La sorpresa fue mayor, por otro lado, después de la reunión que tuvo lugar entre el 09 y el 15 de abril (no se conoce el día exacto) entre Kim y el entonces director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, Mike Pompeo (quien ahora es Secretario de Estado). Una semana después, Donald Trump anunciaba mediante un tweet (¿de qué otro modo?) que la reunión entre ambos había dejado resultados positivos, de cara a una eventual cumbre entre el líder de la RPDC y el presidente estadounidense.

Zona Desmilitarizada

Pero la contundencia rotunda la tuvo el histórico encuentro entre ambos mandatarios de la península coreana, en la llamada Zona Desmilitarizada. El 28 de abril, la prensa difundió unas imágenes sin precedentes, donde vemos a Kim Jong-un estrechar la mano de Moon Jae-in en Panmunjom. Apenas una semana antes, Corea del Norte declaraba terminados los ensayos nucleares que desde 2017 venía llevando a cabo. Si bien entonces no existían indicios que apuntaran a la desnuclearización, la declaración firmada en la jubilosa cubre entre gobernantes, compromete a ambas partes a no quitar dicho tema de la mesa y trabajar de manera conjunta para tener una península libre de armas nucleares.

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Foto: EFE

La suspensión del diálogo

Las fotografías estaban tomadas, los artículos de opinión escritos y los videos del encuentro compartidos en redes sociales. Más importante aún, se definió que el 12 de junio en Singapur, se llevará a cabo el encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un; el primero entre un mandatario estadounidense y uno norcoreano.  El optimismo perduró hasta que, la semana pasada (el 15 de mayo), Corea del Norte anunció la  suspensión del diálogo con el sur.

¿La razón? Los ejercicios militares conjuntos que EE.UU. realizó con Corea del Sur. La BBC reportó por entonces que dichas maniobras involucraron cuando menos 100 aviones de combate. Si bien son comunes, Corea del Norte los interpretó como una continuación de las hostilidades. Derivado de ello, surgieron muchas voces que se ahora se preguntan si la cumbre del 12 de junio se llevará a cabo. Para entendernos mejor, el tercer mandatario de la dinastía Kim le dijo a Trump, “tampoco te creas con el monopolio de las decisiones repentinas”.

Desde cualquier ángulo que se mire, es innegable que Corea del Norte vio incrementada su capacidad de maniobra frente a un proceso de negociación con Estados Unidos que no será nada sencillo. Las intermitencias del deshielo entre ambas Coreas, nos obligan a reflexionar sobre los motivos que persigue Kim Jong-un y lo que planea conseguir en la próxima cumbre con Trump. Justo el martes 22 de mayo, Pyongyang anunció que cerrará su centro de pruebas nucleares (ubicado en Punggye-ri) entre hoy jueves 24 y mañana viernes 25 del mismo mes. Un anuncio que, dado el clima actual, ha sido recibido con escepticismo, pese a que la medida se planeó desde el encuentro en la Zona Desmilitarizada

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Foto: AFP

Los motivos de Kim Jong-un

Pero, con la doctrina de la disuasión nuclear resucitada, ¿no es contradictorio que Corea del Norte desmantele su sitio de pruebas? ¿No es precisamente la posesión de armas nucleares lo que sostiene a su gobierno como negociador? Es probable que, ahora que ya se dieron por terminadas las pruebas que el régimen venía realizando desde el año pasado, el cierre de sus instalaciones sea meramente simbólico; bien podría tener como propósito el demostrar que sigue existiendo la voluntad de desnuclearizar la península, sin por ello comprometerse a dar mayores pasos en esa dirección.

¿Qué motivó a Kim Jong-un, entonces, para hacer acuerdos con sus vecinos del sur y buscar reunirse con Estados Unidos? ¿Será que las sanciones económicas son ya intolerables y no queda otra opción? Independientemente de los resultados, el líder norcoreano ya logró un bono de legitimidad al abrir el diálogo. Si la reunión con el presidente de Estados Unidos termina llevándose a cabo, Kim Jong-un habrá logrado sentarse a negociar con Trump “entre pares”. El que “no tiene”, negociando entre iguales con el que sí.

Son muchas las lecturas y todo puede suceder hasta que llegue el 12 de junio. Yo dejo un par de interrogantes: ¿Se buscarán mecanismos en esta línea para “terminar de bajar el puente” entre las dos coreas? ¿Podrá lograrse la desnuclearización de Corea del Norte, o avanzar en hacer lo propio en toda la península?

De cara al futuro

¿Y qué papel jugará China en las negociaciones, pese a no estar presente en el mismo salón que Trump y Kim, en su probable próximo encuentro? El encuentro de Xi Jinping al que me referí anteriormente, sin duda resultó ventajoso para China, en tanto que permitió hacerle saber a Estados Unidos que al gigante asiático no se le puede ignorar en todo lo que concierne a la península de Corea.

Finalmente, no está de más rescatar que este texto estuvo a punto de convertirse en una celebración del deshielo coreano. Poco faltó para que yo calificara de “cínicos” los análisis más escépticos de la renovada relación entre las dos Coreas. Pero las circunstancias decidieron obligarme a rescatar aquí el viejo dicho de “piensa mal y acertarás”. Si bien es necesario seguir reflexionando sobre la situación de la península y los mecanismos que continúan articulándose para ponerle un “final” aparente a las tensiones, no todo son malas noticias; no perdamos de vista la trascendencia de los eventos recientes y la mengua relativa de la amenaza nuclear, al menos por ahora.

24 de mayo de 2018: En la fecha de publicación de este texto, el presidente Donald Trump ha cancelado la reunión programada para el 12 de junio.

Cristian J. Vargas Díaz es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Guadalajarae “intrigoso” como consecuencia. Les debe a Ray Bradbury, Juan Rulfo y Thomas Mann su gusto por la literatura y su vejez prematura. Cinéfilo y “seriéfago” enfermizo, sigue aprendiendo a escribir.

 

 

El Orbe    Bolígrafo

 

 

 

 

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Opinión

Llueve sobre mojado: Guadalajara se ahoga en 13 milímetros. Parte 2

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La semana pasada se registró una lluvia que dejó 100 automóviles varados en Periférico y 8 de Julio. Foto: Especial.

En la primera entrega establecimos que llamar “atípica” a la lluvia que inunda Guadalajara cada temporal es, con perdón, una mentira con permiso oficial: el problema es de drenaje y suelo, no de cielo. Toca ahora la parte incómoda que los boletines de gobierno omiten: la ciudad no se inunda igual para todos, y no es casualidad meteorológica, es geografía social con nombre de colonia.

Guadalajara ya tiene clasismo en el transporte público y clasismo en el acceso efectivo al agua potable (efectivo porque tener un tubo conectado no alcanza para definir “acceso”); faltaba documentar el clasismo hídrico de las inundaciones; aquí los datos lo confirman con una nitidez incómoda:

Al revisar los veinte eventos de inundación más severos de la última década en el AMG, la distribución por estrato económico es así de desigual: apenas tres colonias de estrato alto resultaron afectadas, una de medio-alto, dos de medio, cinco de medio-bajo, cinco de bajo y cuatro más de bajo con vulnerabilidad “muy alta” —la categoría reservada para Ferrocarril, Miramar, Juan de la Barrera y Las Pintas, entre otras—. En números llanos: catorce de veinte colonias castigadas pertenecen a estratos bajo y medio-bajo. No es que llueva más sobre los pobres; es que el agua, cuando no tiene a dónde ir, busca siempre el camino de menor resistencia institucional.

El gráfico de severidad por estrato lo confirma con crudeza: en una escala de 1 a 4, el daño patrimonial —agua y lodo entrando a las casas, entre 30 y 80 centímetros de altura— se concentra en los estratos bajo y medio-bajo. Los vehículos arrastrados sí aparecen también en zonas de estrato alto como Plaza del Sol o Jardines de la Patria, pero ahí debemos considerar una importante trampa contable: para esos autos existen pólizas de seguro, además de deducibles de impuestos. Para el menaje empapado de una vivienda en Ferrocarril o El Mante, no existe tal cosa.

En este punto conviene separar finanzas de economía, una distinción que un analista económico no podría pasar por alto y que, en este caso, resulta reveladora: en pesos “nominales”, quien más pierde es el estrato medio-alto, con un costo total promedio estimado de 760 mil pesos por evento, frente a 422 mil del estrato bajo (Baró-Suárez et al., 2011; Milenio, 2024). Visto así, el relato cómodo sería: “los inundados ricos pierden más”. Es el tipo de dato que un funcionario promedio citaría para minimizar el problema. Sin embargo, esa lectura es, en el mejor de los casos, incompleta y, en el peor, deliberadamente engañosa.

Sucede que, cuando esa misma pérdida se mide como porcentaje del ingreso anual —la única forma honesta de medir el golpe real a un hogar—, el cuento se invierte por completo. El daño patrimonial promedio en el estrato bajo equivale al 352 % de su ingreso anual estimado; en el estrato medio-bajo, al 220 %; mientras que en el estrato alto la misma categoría de daño representa apenas el 40 % de su ingreso. Quien gana menos pierde, en términos relativos, hasta nueve veces más que quien gana más. Esta cifra, que los comunicados de prensa no suelen destacar, desmiente la épica de “la inundación no distingue clases” con la que algunos suelen lavarse las manos.

Sí, es cierto: el agua arrastra por igual vehículos en Jardines de la Patria que menaje en Las Pintas, pero la familia de Las Pintas no tiene seguro, no tiene ahorro, no tiene deducción fiscal y probablemente tampoco tenga un segundo vehículo para moverse mientras tanto. Pierde su patrimonio completo y, además, pierde el día de trabajo, el transporte público que se detuvo y, algunas veces, el empleo informal que tampoco perdona ausencias. Es la lógica de siempre en un país desigual: el desastre llega parejo, la factura no.

La inadecuada planeación urbana de Guadalajara —igual que ciertos megaeventos deportivos que pasan por encima de todos los estratos imponiendo sus intereses— arrastra a ricos y pobres por igual en el momento del impacto; pero la cuenta, como siempre sucede en México y América Latina, se paga distinto según el código postal. Mientras los Arcos del Milenio sigan sin terminarse y el drenaje profundo siga esperando su turno en una lista de obras a “ejecutar poco a poco”, cada temporal seguirá siendo el mismo examen: la ciudad reprueba, y los que menos tienen son, otra vez, quienes pagan la colegiatura más cara.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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Lemus y la crisis del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara

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El periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

El segundo trimestre de 2026 representó para el gobierno de Pablo Lemus una etapa de alta tensión política y de fuerte presión sobre la narrativa de estabilidad que había intentado construir desde su primer año de gestión. Aunque el Ejecutivo estatal logró sostener niveles aceptables de operación institucional, particularmente en infraestructura, coordinación federal y preparación del Mundial 2026, el periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

A diferencia del primer trimestre, donde predominaba todavía la expectativa política alrededor del gobierno, entre abril y junio comenzó a observarse un proceso más claro de desgaste gubernamental. El discurso de eficiencia y cercanía ciudadana empezó a enfrentar pruebas concretas de capacidad estatal, particularmente en materia de agua, seguridad y cohesión política.

Se hace aquí un balance de la gobernabilidad a partir de seis indicadores básicos: eficacia decisional, legitimidad, cohesión institucional, estabilidad política, conflictividad política y deterioro social y actos violentos.

Eficacia decisional. La eficacia decisional sigue siendo reactiva más que preventiva. La reestructuración del Siapa fue anunciada reiteradamente desde octubre de 2025 sin materializarse en un plan integral hasta bien entrado 2026, lo que generó señalamientos sobre la brecha entre el discurso de urgencia y los tiempos reales de ejecución. La cartera vencida del organismo y el déficit operativo evidencian que el rescate anunciado atiende síntomas de corto plazo (cambio de titular, presupuesto de emergencia) sin resolver el problema de fondo de financiamiento y gobernanza metropolitana del agua. El propio Gobernador reconoció públicamente un abandono institucional de años, lo que también desplaza la responsabilidad de su propia gestión, que ya lleva año y medio sin presentar una solución definitiva. 

No obstante, el gran déficit de eficacia permaneció en seguridad. Después de los hechos violentos derivados del operativo contra el CJNG en febrero, el gobierno dedicó buena parte del trimestre aquí analizado a administrar las consecuencias mediáticas y políticas de la crisis, más que a demostrar recuperación plena del control territorial. La eficacia decisional fue, por tanto, parcialmente positiva en infraestructura y coordinación administrativa, pero limitada en capacidad estructural de contención de crisis.

Legitimidad. En materia de legitimidad, el trimestre reveló una contradicción central. Mientras el gobierno intentó posicionar a Jalisco como una entidad lista para el Mundial y atractiva internacionalmente, persistieron crisis locales que cuestionan la narrativa de normalidad. El caso más evidente fue el tema de las desapariciones y la violencia criminal. Aunque el gobierno permitió manifestaciones y visibilización de colectivos, la percepción pública comenzó a consolidar la idea de que el gobierno administra políticamente la crisis, pero aún no modifica sus causas estructurales.

La legitimidad también se vio erosionada por la crisis de la calidad del agua; cientos de denuncias ciudadanas por agua contaminada con metales pesados, ausencia de cloro y fallas bacteriológicas, documentadas por monitoreos se hicieron públicas en momentos en que la ciudad se preparaba para recibir a millones de visitantes mundialistas. Investigadores de la UdeG y activistas señalaron que, pese al discurso de apertura técnica del nuevo director del Siapa no fueron efectivamente invitados o incorporados al diseño de la reingeniería.

Cohesión institucional. A diferencia de la etapa final del sexenio de Enrique Alfaro Ramírez, marcada por confrontaciones recurrentes con actores federales, el gobierno de Lemus privilegió la coordinación política e institucional. La relación con el gabinete federal de seguridad fue particularmente estrecha después del operativo contra el CJNG. Lemus presumió comunicación directa con el secretario de Seguridad Federal y con las Fuerzas Armadas.

Por otra parte, el gabinete estatal continuó mostrando alta rotación. El gobierno acumula, para junio de 2026, más de una decena de cambios en secretarías y direcciones en apenas año y medio de gestión, incluidos ajustes en la Comisión Estatal del Agua y en el Siapa, lo que muestra un síntoma de inestabilidad administrativa más que de fortalecimiento institucional. Los múltiples ajustes en el gabinete estatal, incluyendo cambios en la CEA, Ipejal, salud y juventudes, muestran un gobierno en constante reacomodo. Aunque oficialmente se presentan como movimientos para fortalecer áreas estratégicas, la frecuencia de los cambios sugieretensiones internas y necesidad de corregir rumbo sobre la marcha. La gobernanza del Siapa (centralizada en el Ejecutivo estatal) sigue dejando a los municipios en un rol secundario, lo que reproduce tensiones de fondo sobre quién es el responsable último del organismo.

Asimismo, la cohesión institucional tuvo dos focos de vulnerabilidad. Primero, el Siapa evidenció que la gobernanza metropolitana sigue siendo débil y altamente fragmentada, y segundo, el gobierno continúa dependiendo excesivamente de coordinación federal en seguridad, lo cual limita la autonomía efectiva del estado. En términos generales, hubo cohesión operativa, pero todavía no hay una consolidación institucional profunda.

Estabilidad política. El trimestre cerró sin amenazas reales de ruptura política o ingobernabilidad abierta, pero sí con incremento de presión estructural sobre el gobierno. Lemus logró evitar conflictos mayores con empresarios, universidades, iglesias y élites metropolitanas. El Mundial funcionó como un factor temporal de alineamiento político y económico. Sin embargo, la estabilidad política descansó más en la ausencia de una oposición articulada que en la resolución de los problemas de fondo.

El operativo federal de febrero dejó un impacto psicológico y político considerable. Aunque el gobierno insistió en que los hechos violentos fueron excepcionales y posteriores al operativo no hubo eventos de igual magnitud, la percepción de vulnerabilidad estatal aumentó. Además, comenzó a aparecer un fenómeno políticamente delicado: la sobreexposición internacional de Jalisco. El Mundial colocó al estado bajo observación global y obligó al gobierno a sostener una narrativa permanente de control y seguridad. Eso generó una paradoja, mientras más intentaba proyectarse estabilidad internacional, más visibles se volvían las contradicciones locales, particularmente desapariciones, agua y violencia.

La estabilidad sigue siendo, en buena medida, una estabilidad gestionada bajo presión más que construida sobre certidumbre institucional. 

Conflictividad política. La conflictividad política aumentó respecto al trimestre anterior, aunque sin alcanzar niveles críticos. El principal cambio fue discursivo. Comenzaron a crecer cuestionamientos públicos hacia la narrativa de un Jalisco seguro impulsada por el gobierno. Aquí aparece una contradicción entre el discurso de ciudad global preparada para el Mundial y la persistencia de crisis locales no resueltas.

La conflictividad más relevante no provino de partidos, sino de agendas sociales acumuladas como las de colectivos de búsqueda, usuarios afectados por el Siapa, críticas por seguridad, inconformidades metropolitanas y una percepción de desigualdad territorial.

Un aspecto poco observado es que el gobierno de Lemus enfrenta un tipo de conflictividad distinto al de Alfaro. Ya no predomina el choque frontal con actores políticos o mediáticos, ahora el desgaste surge de expectativas incumplidas de eficacia técnica. En otras palabras, el principal riesgo político para Lemus no es la confrontación abierta, sino la decepción gradual de sectores que esperaban un gobierno más eficiente y menos reactivo.

Deterioro social y episodios violentos. Este fue el indicador más negativo del trimestre. Aunque el gobierno destacó disminuciones estadísticas en homicidios e incidencia delictiva, el impacto de la violencia sigue condicionando la percepción pública. A ello se sumó la persistencia de la crisis de desapariciones, que continúa siendo el principal pasivo humanitario de Jalisco. El gobierno mostró apertura relativa hacia colectivos, pero todavía no logra modificar la percepción de insuficiencia institucional. El Mundial ayudó temporalmente a contener la percepción de deterioro mediante inversión urbana y narrativa internacional, pero no resolvió las causas estructurales.

En paralelo, la crisis del agua representa un deterioro social menos espectacular pero más profundo: agua de mala calidad, desconfianza en el servicio, sacrificio de obras en municipios con problemas de abastecimiento y contaminación (Autlán, Ciudad Guzmán, Puerto Vallarta). La combinación de violencia estructural (desigualdad en acceso a agua segura) y violencia criminal en proceso de contención configura un escenario donde la gobernabilidad se sostiene, pero el bienestar social sigue siendo frágil.

En conclusión, el segundo trimestre de 2026 deja una imagen dual del gobierno de Pablo Lemus. Por un lado, exhibió cierta eficacia decisional y una capacidad de coordinación interinstitucional notables para salir del paso y sacar adelante un evento de la magnitud del Mundial de Futbol, capitalizado políticamente como un éxito de gestión y reconocido (al menos en el discurso oficial) como la mejor sede del torneo. Por otro lado, persisten fallas estructurales que el trimestre no resolvió, sino que apenas administró: una crisis hídrica que combina colapso financiero, deterioro de infraestructura y riesgo sanitario; un patrón de toma de decisiones que privilegia el anuncio mediático sobre la planeación de fondo; y, sobre todo, una crisis de violencia y desapariciones que sitúa a Jalisco entre las entidades más afectadas del país, con episodios (hallazgos de fosas clandestinas) que contrastan de forma directa con la narrativa de normalidad y éxito proyectada durante el Mundial.

La principal tensión del trimestre es, en ese sentido, la que existe entre la gobernabilidad exhibida (eventos sin incidentes, obras entregadas, coordinación de seguridad visible) y la gobernabilidad de fondo (desapariciones, contaminación del agua, cartera vencida del Siapa, rotación constante de funcionarios), que sugiere una administración con capacidad operativa real, pero con una agenda de gestión todavía reactiva frente a los problemas estructurales más graves del estado.

El dato políticamente más relevante del trimestre analizado es que el gobierno todavía conserva control político, pero ya no controla completamente la narrativa pública. Eso, en clave de gobernabilidad significa que cuando un gobierno pierde el monopolio de la narrativa de eficacia, comienza la etapa más difícil de su administración.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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