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Opinión

Meade o el imposible milagro de alcanzar la Presidencia

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José Antonio Meade, PRI, candidato a la presidencia, la verdad sobre Meade

Meade o el imposible milagro de alcanzar la Presidencia

 

José Antonio Meade Kuribreña, candidato a la presidencia de México por el Partido Revolucionario Institucional. Sí, el PRI, ese partido que todos sabemos ha estado arraigado a la presidencia de este país durante años, y no se quiere soltar. Nuestros padres lo han padecido, nuestros abuelos, y hasta nuestros bisabuelos.

Meade Kuribreña, al leerlo, de entrada resaltan sus apellidos extranjeros. Meade de origen irlandés, y Kuribreña, una mezcla de apellidos de sus abuelos maternos Kuri Kuri de origen libanés y Breña de origen español. Pues no estamos errados, el candidato definitivamente tiene esta influencia externa, sin embargo, la familia Meade está establecida en México desde mediados de 1830 y se dedicaban al comercio en aquellos tiempos. Este apellido es realmente conocido en San Luis Potosí y forman un grupo dentro de la socialité de aquel estado. El padre de Pepe Toño, Dionisio Meade, es un político mexicano militante del PRI y su tío abuelo materno, Daniel Kuri Breña, es fundador del Partido Acción Nacional (PAN) junto con Manuel Gómez Morín y Luis Calderón. Ahora podemos entender un poco mejor por qué José Antonio se mueve entre los miembros de los dos partidos sin problemas.

Tiene 49 años, nació y creció en la Ciudad de México. Casado desde los 25 años con Juana Cuevas Rodríguez, tienen tres hijos, dos hombres y una mujer. Estudió Economía en el ITAM (mención honorífica) y Derecho en la UNAM, como era costumbre dentro de los futuros jóvenes políticos de aquel entonces. Su doctorado que tanto “presume” en sus spots comerciales, lo hizo en Yale con especialidad en Finanzas Publicas y Economía Internacional.  Comenzó su carrera profesional en 1991 como analista de planeación en la Comisión Nacional de Seguros y Finanzas (CONSAR), y para el año 2002 ya era nombrado director de BANRURAL.

Si hacemos los números, el doctor José Antonio Meade comenzó su licenciatura en 1987, pensando y asumiendo que estudiaría la carrera de Economía y Derecho al mismo tiempo seguramente terminaría cuatro años después, en 1991, justo cuando inicia su carrera profesional. El Doctorado en Yale lo terminó en 1997, entonces tendría que haberlo comenzado 4 o 5 años antes, esto quiere decir que comenzó en 1992 o 1993.

Conclusión: el doctor José Antonio Meade con escasos siete años de experiencia laboral, a los 33 años,  tomaba el cargo de director de uno de los Bancos más importantes de ese tiempo (BANRURAL) y que estaría en banca rota (bajo el sexenio de Vicente Fox), lo cual lo llevó a tomar la decisión de “refundarlo”. Es decir, desaparecerlo y formar una nueva institución para retomar los objetivos de aquella institución. Es de conocimiento popular que el campo no ha tenido el crecimiento esperado en los últimos 30 años. Al contrario, ha decrecido fuertemente, sobre todo en ciertos sectores.

El padre de José Antonio llegaría a ser director general de Promoción Fiscal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de 1983 a 1988. Su hijo lo sería también 20 años después, pues en el año 2008 llegó a ser subsecretario de ingresos de la SHCP. Meade Kuribrema ha mencionado en entrevistas que él aspiraba como máximo a tener el mismo puesto que su padre, pero que la vida le dio una sorpresa y llegó a ser titular de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público. Y no sólo eso, Pepe Toño se ganó la confianza de priistas y panistas y ha estado al frente de cinco secretarías:

2011 Secretaría de Energía ( Felipe Calderón – PAN )

2012 Secretaria de Relaciones Exteriores ( Enrique Peña Nieto – PRI )

2015 Secretario de Desarrollo Social ( Enrique Peña Nieto – PRI )

2016  Secretaria de Hacienda y Crédito Público (Enrique Peña Nieto – PRI )

En total son cinco años, en los que sólo estuvo unos meses en Secretaría de Energía y tres años en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Una gran experiencia en las instituciones de gobierno, sin ser militante del PRI ni del PAN, trabajando a lado de los líderes más controversiales de los últimos años en México, haciéndolo bien en algunas ocasiones y haciéndolo muy mal en otras. A José Antonio Meade le vuelve a sonreír la vida, se encuentra en el momento adecuado en el lugar indicado. Sus amigos y compañeros de trabajo han cometido errores que serán imperdonables por el pueblo de México y, por ello, les será imposible repetir el milagro de 2012.

José Antonio Meade, PRI, candidato a la presidencia, la verdad sobre Meade

El PRI, en un nuevo giro, postula a Jose Antonio Meade como su candidato a la presidencia de la República, apostándole a que el pueblo vote por el candidato y no por el partido político que ya está bastante “quemado”. Gran tarea le han asignado a Pepe Toño, cargar con toda la mala reputación del partido que lo respalda e intentar dar la cara ante todo México para poder convencer de que esta vez será diferente.

Se le ha visto en entrevistas en todos los canales, con influencers, en conferencias, en universidades y con empresarios. Aun así no ha podido repuntar. En esta ocasión, este México no solo está cansado, sino enfurecido, y lo ha colocado en tercer lugar según las encuestas actuales. El discurso de José Antonio y sus allegados es aterrador. Hablan de un futuro próspero. Quieren disminuir la corrupción, la desigualdad e incrementar la seguridad en el país. Y las preguntas de México son: ¿Y por qué no lo hiciste en esos cinco años que estuviste en las secretarías? Estuviste en SEDESOL y no hubo grandes logros ¿Por qué hasta ahorita es que te llega la preocupación?

En efecto, me parece un discurso totalmente errado y perdedor. Tuve la oportunidad de asistir a una de las pláticas que ha dado Meade en su campaña a la presidencia. Se nos permitió hacer preguntas al candidato. Una de las preguntas obvias fue acerca de la inseguridad: ¿qué es lo que haría para mejorar la seguridad en el país? Nos respondió que va a quitarle las armas a los criminales y el dinero. ¿Qué? ¿Es en serio?  ¿Y cómo lo va a hacer? “Estamos en el hoyo y cavando”, pensé, “No lo puedo creer”.

Otra de las asistentes, empresaria, le preguntó cómo es que él haría para apoyar a los pequeños empresarios que estaban ahí presentes. “Pues votando por mí, así es como mejor les puedo ayudar”, dijo el candidato.  Ah caray, “Ahora sí no hay pa´donde”, me dije, con esas respuestas no hay mucho que decir. Este candidato tendrá mucha experiencia, como él pregona, pero me quedo con dos impresiones:

  1. O no tenía la respuesta exacta para esa pregunta y la evadió.
  2. O realmente no tiene interés genuino sobre los asuntos de este país.

Su discurso era memorizado. Si lo sacas de su área de confort no podrá responderte. No es auténtico. Carece de una preocupación real. Muestra desinterés por este país, y creo mucho menos le interesa ser Presidente de la República.

Analicemos algunas de sus propuestas. En su sitio web nos encontramos con sus compromisos por Estado. Revisemos sus compromisos con Jalisco:

Resolver el problema del agua en Guadalajara.

Segunda pista del aeropuerto.

Construcción de 300 km de ciclovía en todo el estado.

Fortalecer el transporte masivo de la zona metropolitana. Por ejemplo, el Peribus y un transporte masivo de la Barranca al Aeropuerto.

Impulsar y fortalecer la ciudad creativa digital. Habrá una nueva Universidad Pública enfocada a innovación.

Mis respuestas:

Si, es problema del agua es uno que hemos tenido desde hace muchos años, y que nuestro actual gobernador (Del PRI) y el Presidente de la República (Del PRI) no han podido resolver. ¿Cómo es que ahora si se va a resolver? – En Guadalajara llueve mucho, ¿Porque no se ha rescatado esa agua? ¿Porque cada año la ciudad está inundada?

¿Es enserio que la segundo pista del aeropuerto es el punto dos más urgente en Jalisco? Aquí el tema son los terrenos del Ejido del Zapote, que no es nuevo, y el actual Gobernador tampoco ha podido resolver (leer cita).

Las ciclovías es una buena iniciativa, pero, de nuevo ¿es realmente el punto tres más urgente en Jalisco?

Ya le va atinando mejor, fortalecer el transporte masivo es muy importante en la ZMG. Sin embargo, la solución debe estar enfocada en disminuir el tráfico. Necesitamos un metro subterráneo. De lo contrario, la ciudad va a colapsar. Propuesta errada

¡Excelente! Quedamos en espera de los recursos ya autorizados del nivel Federal y que no han llegado.

¿Y la inseguridad del Estado, dónde quedo? La desigualdad de la que tanto habla, ¿no hay alguna propuesta en específico para el Estado? Empleo bien remunerado, ¿alguna propuesta? Vaya que se ha quedado corto este candidato.

En resumen, José Antonio Meade no tiene ni el carisma, ni el empuje, ni la fuerza para ser presidente de este país. Va por el partido más viejo y oscuro. Sus propuestas son débiles y cuando no tiene la respuesta memorizada no tiene la capacitación (o la autorización) para responder. Toda propuesta, iniciativa o mejora es a futuro, como si el actual presidente no fuera parte de su grupo, y como si el pasado pudiera borrarse en un instante.

Partido incorrecto, propuestas erradas y un candidato simulado. La fórmula perfecta para perder estas elecciones del 2018.

Evelyn Villanueva Macdonell estudió Negocios Internacionales en Guadalajara, actualmente termina una maestría en Economía en Italia. Apasionada por México, sus tradiciones y cultura. Emprendedora, empresaria y desarrolladora de nuevos proyectos. Completamente a favor de romper esquemas, innovar y transformar. En la actualidad se desempeña en el LID como Investigadora en temas de desigualdad socioeconómica.

 

Bolígrafo      Laboratorio de Innovación

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Opinión

Llueve sobre mojado: Guadalajara se ahoga en 13 milímetros. Parte 2

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La semana pasada se registró una lluvia que dejó 100 automóviles varados en Periférico y 8 de Julio. Foto: Especial.

En la primera entrega establecimos que llamar “atípica” a la lluvia que inunda Guadalajara cada temporal es, con perdón, una mentira con permiso oficial: el problema es de drenaje y suelo, no de cielo. Toca ahora la parte incómoda que los boletines de gobierno omiten: la ciudad no se inunda igual para todos, y no es casualidad meteorológica, es geografía social con nombre de colonia.

Guadalajara ya tiene clasismo en el transporte público y clasismo en el acceso efectivo al agua potable (efectivo porque tener un tubo conectado no alcanza para definir “acceso”); faltaba documentar el clasismo hídrico de las inundaciones; aquí los datos lo confirman con una nitidez incómoda:

Al revisar los veinte eventos de inundación más severos de la última década en el AMG, la distribución por estrato económico es así de desigual: apenas tres colonias de estrato alto resultaron afectadas, una de medio-alto, dos de medio, cinco de medio-bajo, cinco de bajo y cuatro más de bajo con vulnerabilidad “muy alta” —la categoría reservada para Ferrocarril, Miramar, Juan de la Barrera y Las Pintas, entre otras—. En números llanos: catorce de veinte colonias castigadas pertenecen a estratos bajo y medio-bajo. No es que llueva más sobre los pobres; es que el agua, cuando no tiene a dónde ir, busca siempre el camino de menor resistencia institucional.

El gráfico de severidad por estrato lo confirma con crudeza: en una escala de 1 a 4, el daño patrimonial —agua y lodo entrando a las casas, entre 30 y 80 centímetros de altura— se concentra en los estratos bajo y medio-bajo. Los vehículos arrastrados sí aparecen también en zonas de estrato alto como Plaza del Sol o Jardines de la Patria, pero ahí debemos considerar una importante trampa contable: para esos autos existen pólizas de seguro, además de deducibles de impuestos. Para el menaje empapado de una vivienda en Ferrocarril o El Mante, no existe tal cosa.

En este punto conviene separar finanzas de economía, una distinción que un analista económico no podría pasar por alto y que, en este caso, resulta reveladora: en pesos “nominales”, quien más pierde es el estrato medio-alto, con un costo total promedio estimado de 760 mil pesos por evento, frente a 422 mil del estrato bajo (Baró-Suárez et al., 2011; Milenio, 2024). Visto así, el relato cómodo sería: “los inundados ricos pierden más”. Es el tipo de dato que un funcionario promedio citaría para minimizar el problema. Sin embargo, esa lectura es, en el mejor de los casos, incompleta y, en el peor, deliberadamente engañosa.

Sucede que, cuando esa misma pérdida se mide como porcentaje del ingreso anual —la única forma honesta de medir el golpe real a un hogar—, el cuento se invierte por completo. El daño patrimonial promedio en el estrato bajo equivale al 352 % de su ingreso anual estimado; en el estrato medio-bajo, al 220 %; mientras que en el estrato alto la misma categoría de daño representa apenas el 40 % de su ingreso. Quien gana menos pierde, en términos relativos, hasta nueve veces más que quien gana más. Esta cifra, que los comunicados de prensa no suelen destacar, desmiente la épica de “la inundación no distingue clases” con la que algunos suelen lavarse las manos.

Sí, es cierto: el agua arrastra por igual vehículos en Jardines de la Patria que menaje en Las Pintas, pero la familia de Las Pintas no tiene seguro, no tiene ahorro, no tiene deducción fiscal y probablemente tampoco tenga un segundo vehículo para moverse mientras tanto. Pierde su patrimonio completo y, además, pierde el día de trabajo, el transporte público que se detuvo y, algunas veces, el empleo informal que tampoco perdona ausencias. Es la lógica de siempre en un país desigual: el desastre llega parejo, la factura no.

La inadecuada planeación urbana de Guadalajara —igual que ciertos megaeventos deportivos que pasan por encima de todos los estratos imponiendo sus intereses— arrastra a ricos y pobres por igual en el momento del impacto; pero la cuenta, como siempre sucede en México y América Latina, se paga distinto según el código postal. Mientras los Arcos del Milenio sigan sin terminarse y el drenaje profundo siga esperando su turno en una lista de obras a “ejecutar poco a poco”, cada temporal seguirá siendo el mismo examen: la ciudad reprueba, y los que menos tienen son, otra vez, quienes pagan la colegiatura más cara.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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Lemus y la crisis del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara

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El periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

El segundo trimestre de 2026 representó para el gobierno de Pablo Lemus una etapa de alta tensión política y de fuerte presión sobre la narrativa de estabilidad que había intentado construir desde su primer año de gestión. Aunque el Ejecutivo estatal logró sostener niveles aceptables de operación institucional, particularmente en infraestructura, coordinación federal y preparación del Mundial 2026, el periodo estuvo marcado por tres factores estructurales que condicionaron la gobernabilidad: la crisis de seguridad derivada del operativo federal del 22 de febrero contra el CJNG, el deterioro financiero y operativo del Siapa y la persistencia de la crisis de desapariciones en Jalisco.

A diferencia del primer trimestre, donde predominaba todavía la expectativa política alrededor del gobierno, entre abril y junio comenzó a observarse un proceso más claro de desgaste gubernamental. El discurso de eficiencia y cercanía ciudadana empezó a enfrentar pruebas concretas de capacidad estatal, particularmente en materia de agua, seguridad y cohesión política.

Se hace aquí un balance de la gobernabilidad a partir de seis indicadores básicos: eficacia decisional, legitimidad, cohesión institucional, estabilidad política, conflictividad política y deterioro social y actos violentos.

Eficacia decisional. La eficacia decisional sigue siendo reactiva más que preventiva. La reestructuración del Siapa fue anunciada reiteradamente desde octubre de 2025 sin materializarse en un plan integral hasta bien entrado 2026, lo que generó señalamientos sobre la brecha entre el discurso de urgencia y los tiempos reales de ejecución. La cartera vencida del organismo y el déficit operativo evidencian que el rescate anunciado atiende síntomas de corto plazo (cambio de titular, presupuesto de emergencia) sin resolver el problema de fondo de financiamiento y gobernanza metropolitana del agua. El propio Gobernador reconoció públicamente un abandono institucional de años, lo que también desplaza la responsabilidad de su propia gestión, que ya lleva año y medio sin presentar una solución definitiva. 

No obstante, el gran déficit de eficacia permaneció en seguridad. Después de los hechos violentos derivados del operativo contra el CJNG en febrero, el gobierno dedicó buena parte del trimestre aquí analizado a administrar las consecuencias mediáticas y políticas de la crisis, más que a demostrar recuperación plena del control territorial. La eficacia decisional fue, por tanto, parcialmente positiva en infraestructura y coordinación administrativa, pero limitada en capacidad estructural de contención de crisis.

Legitimidad. En materia de legitimidad, el trimestre reveló una contradicción central. Mientras el gobierno intentó posicionar a Jalisco como una entidad lista para el Mundial y atractiva internacionalmente, persistieron crisis locales que cuestionan la narrativa de normalidad. El caso más evidente fue el tema de las desapariciones y la violencia criminal. Aunque el gobierno permitió manifestaciones y visibilización de colectivos, la percepción pública comenzó a consolidar la idea de que el gobierno administra políticamente la crisis, pero aún no modifica sus causas estructurales.

La legitimidad también se vio erosionada por la crisis de la calidad del agua; cientos de denuncias ciudadanas por agua contaminada con metales pesados, ausencia de cloro y fallas bacteriológicas, documentadas por monitoreos se hicieron públicas en momentos en que la ciudad se preparaba para recibir a millones de visitantes mundialistas. Investigadores de la UdeG y activistas señalaron que, pese al discurso de apertura técnica del nuevo director del Siapa no fueron efectivamente invitados o incorporados al diseño de la reingeniería.

Cohesión institucional. A diferencia de la etapa final del sexenio de Enrique Alfaro Ramírez, marcada por confrontaciones recurrentes con actores federales, el gobierno de Lemus privilegió la coordinación política e institucional. La relación con el gabinete federal de seguridad fue particularmente estrecha después del operativo contra el CJNG. Lemus presumió comunicación directa con el secretario de Seguridad Federal y con las Fuerzas Armadas.

Por otra parte, el gabinete estatal continuó mostrando alta rotación. El gobierno acumula, para junio de 2026, más de una decena de cambios en secretarías y direcciones en apenas año y medio de gestión, incluidos ajustes en la Comisión Estatal del Agua y en el Siapa, lo que muestra un síntoma de inestabilidad administrativa más que de fortalecimiento institucional. Los múltiples ajustes en el gabinete estatal, incluyendo cambios en la CEA, Ipejal, salud y juventudes, muestran un gobierno en constante reacomodo. Aunque oficialmente se presentan como movimientos para fortalecer áreas estratégicas, la frecuencia de los cambios sugieretensiones internas y necesidad de corregir rumbo sobre la marcha. La gobernanza del Siapa (centralizada en el Ejecutivo estatal) sigue dejando a los municipios en un rol secundario, lo que reproduce tensiones de fondo sobre quién es el responsable último del organismo.

Asimismo, la cohesión institucional tuvo dos focos de vulnerabilidad. Primero, el Siapa evidenció que la gobernanza metropolitana sigue siendo débil y altamente fragmentada, y segundo, el gobierno continúa dependiendo excesivamente de coordinación federal en seguridad, lo cual limita la autonomía efectiva del estado. En términos generales, hubo cohesión operativa, pero todavía no hay una consolidación institucional profunda.

Estabilidad política. El trimestre cerró sin amenazas reales de ruptura política o ingobernabilidad abierta, pero sí con incremento de presión estructural sobre el gobierno. Lemus logró evitar conflictos mayores con empresarios, universidades, iglesias y élites metropolitanas. El Mundial funcionó como un factor temporal de alineamiento político y económico. Sin embargo, la estabilidad política descansó más en la ausencia de una oposición articulada que en la resolución de los problemas de fondo.

El operativo federal de febrero dejó un impacto psicológico y político considerable. Aunque el gobierno insistió en que los hechos violentos fueron excepcionales y posteriores al operativo no hubo eventos de igual magnitud, la percepción de vulnerabilidad estatal aumentó. Además, comenzó a aparecer un fenómeno políticamente delicado: la sobreexposición internacional de Jalisco. El Mundial colocó al estado bajo observación global y obligó al gobierno a sostener una narrativa permanente de control y seguridad. Eso generó una paradoja, mientras más intentaba proyectarse estabilidad internacional, más visibles se volvían las contradicciones locales, particularmente desapariciones, agua y violencia.

La estabilidad sigue siendo, en buena medida, una estabilidad gestionada bajo presión más que construida sobre certidumbre institucional. 

Conflictividad política. La conflictividad política aumentó respecto al trimestre anterior, aunque sin alcanzar niveles críticos. El principal cambio fue discursivo. Comenzaron a crecer cuestionamientos públicos hacia la narrativa de un Jalisco seguro impulsada por el gobierno. Aquí aparece una contradicción entre el discurso de ciudad global preparada para el Mundial y la persistencia de crisis locales no resueltas.

La conflictividad más relevante no provino de partidos, sino de agendas sociales acumuladas como las de colectivos de búsqueda, usuarios afectados por el Siapa, críticas por seguridad, inconformidades metropolitanas y una percepción de desigualdad territorial.

Un aspecto poco observado es que el gobierno de Lemus enfrenta un tipo de conflictividad distinto al de Alfaro. Ya no predomina el choque frontal con actores políticos o mediáticos, ahora el desgaste surge de expectativas incumplidas de eficacia técnica. En otras palabras, el principal riesgo político para Lemus no es la confrontación abierta, sino la decepción gradual de sectores que esperaban un gobierno más eficiente y menos reactivo.

Deterioro social y episodios violentos. Este fue el indicador más negativo del trimestre. Aunque el gobierno destacó disminuciones estadísticas en homicidios e incidencia delictiva, el impacto de la violencia sigue condicionando la percepción pública. A ello se sumó la persistencia de la crisis de desapariciones, que continúa siendo el principal pasivo humanitario de Jalisco. El gobierno mostró apertura relativa hacia colectivos, pero todavía no logra modificar la percepción de insuficiencia institucional. El Mundial ayudó temporalmente a contener la percepción de deterioro mediante inversión urbana y narrativa internacional, pero no resolvió las causas estructurales.

En paralelo, la crisis del agua representa un deterioro social menos espectacular pero más profundo: agua de mala calidad, desconfianza en el servicio, sacrificio de obras en municipios con problemas de abastecimiento y contaminación (Autlán, Ciudad Guzmán, Puerto Vallarta). La combinación de violencia estructural (desigualdad en acceso a agua segura) y violencia criminal en proceso de contención configura un escenario donde la gobernabilidad se sostiene, pero el bienestar social sigue siendo frágil.

En conclusión, el segundo trimestre de 2026 deja una imagen dual del gobierno de Pablo Lemus. Por un lado, exhibió cierta eficacia decisional y una capacidad de coordinación interinstitucional notables para salir del paso y sacar adelante un evento de la magnitud del Mundial de Futbol, capitalizado políticamente como un éxito de gestión y reconocido (al menos en el discurso oficial) como la mejor sede del torneo. Por otro lado, persisten fallas estructurales que el trimestre no resolvió, sino que apenas administró: una crisis hídrica que combina colapso financiero, deterioro de infraestructura y riesgo sanitario; un patrón de toma de decisiones que privilegia el anuncio mediático sobre la planeación de fondo; y, sobre todo, una crisis de violencia y desapariciones que sitúa a Jalisco entre las entidades más afectadas del país, con episodios (hallazgos de fosas clandestinas) que contrastan de forma directa con la narrativa de normalidad y éxito proyectada durante el Mundial.

La principal tensión del trimestre es, en ese sentido, la que existe entre la gobernabilidad exhibida (eventos sin incidentes, obras entregadas, coordinación de seguridad visible) y la gobernabilidad de fondo (desapariciones, contaminación del agua, cartera vencida del Siapa, rotación constante de funcionarios), que sugiere una administración con capacidad operativa real, pero con una agenda de gestión todavía reactiva frente a los problemas estructurales más graves del estado.

El dato políticamente más relevante del trimestre analizado es que el gobierno todavía conserva control político, pero ya no controla completamente la narrativa pública. Eso, en clave de gobernabilidad significa que cuando un gobierno pierde el monopolio de la narrativa de eficacia, comienza la etapa más difícil de su administración.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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