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Opinión

¿Qué proyecta Filma Jalisco?

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Apreciable lector/a, le comparto que disfruto mucho ir al cine. La magia que se produce dentro de una sala es una suerte de experiencia inmersiva que provoca que uno se sienta dentro de la película. Cuando no hay una oferta atractiva en cartelera, a veces me quedo en casa y utilizo una de las plataformas de streaming para elegir una película o serie. El punto es que me complace que me cuenten una buena historia. Sin embargo, le confieso que cuando ofertan material mexicano, ya sea en el cine o en casa, sinceramente, casi en automático, lo descarto. No se trata de malinchismo, sino que, desde hace tiempo, percibo que el cine mexicano está sustraído por un sector que se beneficia del recurso público.

Déjeme explicarme. Regularmente, vemos a los mismos actores, directores, productores, entre otros, en la pantalla grande o en la que está en la sala de su casa; a pesar de ello, lo verdaderamente problemático es el tipo de historias que nos quieren contar, depositan un mensaje peligroso a la sociedad que, de por sí, solo busca entretenimiento sin detenerse a reflexionar si este producto cultural, llámese película o serie, le produce algún bien cultural. Ojo, no me malentienda, estoy seguro de que hay producciones de calidad que conjuntan la forma y el fondo, no obstante, son estos agentes que acaparan los reflectores y, por desgracia, no generan el impacto esperado, puesto que no hay un efectivo ejercicio de promoción y distribución, lo cual lleva a preguntarme: ¿Para quiénes se produce el cine mexicano? ¿Quién rinde cuentas de cómo se invierte el recurso público en la industria cinematográfica? ¿Nosotros, los consumidores, sacamos algo bueno de lo que nos enjaretan en las salas de cine o en nuestras propias casas? ¿Por qué no tienen más luz aquellas películas que pasan desapercibidas?

Sé que el consumo cultural y las experiencias estéticas son subjetivas, esto quiere decir que cuando el sujeto se encuentra íntimamente con una obra de arte u otra manifestación cultural, este le dota de un significado particular, puesto que lo relaciona con algún aspecto específico de su vida y contexto, ya sea con un sentimiento o una sensación, le despierta una emoción, estimula la memoria sobre algo o alguien especial, es decir, se siente identificado por múltiples motivos. Lo anterior pretende justificar el hecho de que cada persona ve y escucha lo que le plazca, pero es importante subrayar algunas cuestiones, entre ellas, nosotros, como público consumidor de productos y servicios culturales, merecemos un trato digno; no me parece justo que nos quieran ver la cara, mucho menos cuando se trata de recursos públicos que se (mal)invierten en la producción de películas que quedan en el olvido, algunos (la minoría) salen beneficiados sin importar en qué termina el material cinematográfico y que, encima de ello, difunden un mensaje que perpetúa las estructuras que mantienen las desigualdades sociales, no solo en materia económica, sino que caen en un tratamiento banal y estereotípico de diversos temas, o sea, caen en lugares comunes que aluden al clasismo, al racismo, la homofobia, la misoginia, la xenofobia, la gordofobia, entre otras. Si me permite la analogía, ver películas del cine mexicano actual es casi equivalente a comer comida chatarra, y, por lo menos para su servidor, me frustra saber que el dinero público se desperdicia en tener a los Derbez, los Omar Chaparro, los Mauricio Ochmann, los Michel Franco, las Martha Higareda y a todo ese séquito en cada filme cuya historia es inverosímil. Mi intención no es ponerme exquisito con mis gustos cinematográficos, se trata de contar buenas historias y que los recursos públicos tengan ese destino.

Le cuento todo lo anterior por dos razones: la primera es que en la columna anterior le decía que las industrias culturales y creativas, siendo la cinematográfica y audiovisual parte de ellas, traen beneficios al desarrollo y crecimiento económico porque incide directamente al PIB, pero que en México, las instituciones débiles y las políticas públicas ineficientes han impedido que haya un verdadero progreso del sector cultural, casi siempre son las grandes empresas y ciertas figuras públicas, como en el caso del cine mexicano, salen victoriosos en una carrera que empiezan con ventajas claras por su estatus privilegiado; la segunda razón, vinculada con la anterior, se debe a que recientemente se lanzó el programa Filma Jalisco, con el cual se pretende fortalecer la cadena de valor de la industria cinematográfica de Jalisco y se convierta en el hub del séptimo arte más importante de México y Latinoamérica. Tomamos dicho programa y lo colocamos dentro de un marco que muestra una industria dominada por algunos, es decir que llegará el momento de evaluar si las y los productores, directores, guionistas, actores y actrices, y demás, encuentran en esta iniciativa política una verdadera oportunidad de desarrollo y profesionalización.

¿En qué contexto (nacional) sale dicho programa? Según los datos del Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2021, la versión más reciente lanzada por IMCINE el año pasado, en voz de María Novaro, Directora General del Instituto, nos dice a grandes rasgos que “da cuenta cabal (el anuario) de una reactivación económica de la producción cinematográfica en el 2021 (…), después del desplome económico de la producción y exhibición en salas en el 2020”, añade también que “Damos cuenta también de que el 56% del cine mexicano del 2021 pudo ser realizado con apoyos públicos, y de ahí la importancia de no detener los apoyos al cine”. Adicionalmente, el anuario expone la producción de 259 largometrajes, lo cual denota un aumento significativo en comparación con el 2020, año de la pandemia, con un total de 111 películas producidas. Es decir, Filma Jalisco aparece en la escena de una supuesta recuperación de la industria fílmica al ver un incremento en el porcentaje de producciones cinematográficas nacionales y que, aunado a ello, se usa el recurso público para la realización de las películas. Eso puede pintar un panorama alentador porque, desde lo cuantitativo, es evidente cómo la industria retoma un buen camino, pero, desde lo cualitativo, me surgen varias dudas.

Las estadísticas arrojan datos que pueden interpretarse a conveniencia, o simplemente “dejar que hablen por sí solos”, pero no podemos realizar un análisis dejando a un lado la experiencia y su significación, o sea, ¿esta “esperanzadora” y productiva alza representa un verdadero bien cultural o solo es un instrumento de entretenimiento popular que beneficia a unos cuantos? Considero que México es uno de los países donde más se consume cine. Según el anuario, se registraron 341 millones de personas en salas de cine en el último año, sin considerar las plataformas de streaming, aunque solo 35.2 millones fueron a ver filmes mexicanos. De modo que se producen relativamente muchas películas mexicanas, pero no todas han sido redituables en taquilla, aunado a que gran parte de esas producciones no llegan siquiera a estrenarse, a pesar de haber contado con el apoyo de programas y políticas culturales del Estado. Justo aquí es donde coloco en la óptica el programa Filma Jalisco. ¿Cuál es el destino de esas películas? ¿Qué pasa con esas inversiones? ¿Quién da seguimiento al desarrollo de las carreras profesionales de quienes forman parte del ámbito cinematográfico? ¿Qué refleja el escaso consumo de cine nacional? Y de lo que se produce y consume, ¿con qué calidad están haciendo esas películas?

Se mencionó que la producción fílmica en México aumentó, eso no se cuestiona porque es un dato reflejado en el anuario, pero subrayo otro aspecto llamativo; son las películas del género “comedia romántica” las que han tenido ese aparente éxito comercial y no es una cuestión aislada porque se vincula con las y los artistas referidos en párrafos anteriores, quienes, a su vez, pertenecen a las dos cadenas de televisión dominantes en nuestro país. Esto nos dirige a deducir que los fideicomisos y recursos destinados a la producción cinematográfica estén en manos de esos personajes. Si no, explíqueme cómo es que constantemente vemos a Mauricio Ochmann o la dinastía Derbez, por mencionar algunos, aparecer en tres o hasta cuatro películas en un mismo año. El director Ulises Castillo declaró no hace mucho que obtener recursos para la producción de una película en México no es tarea sencilla. Él, así como muchos otros, constantemente se encuentran participando en las diferentes convocatorias de IMCINE, por ejemplo, con el propósito de realizar su proyecto fílmico. Quizás esta sea la razón por la cual hemos dicho que esta es la industria creativa, es decir, la mayoría de directores y productores deben buscar alternativas creativas para procurar fondos como donaciones, patrocinios, fondeadoras y demás para conseguir los recursos suficientes, aunado a que deben contar con un aparato mercadológico y publicitario efectivo para estar en las salas de cine y tratar de recuperar lo invertido y, con algo de suerte, generar ganancias.

Filma Jalisco se posiciona ante esta situación, obviamente, priorizando a quienes viven en el estado, pero no cierra las puertas a creativos de otras partes del país. Este programa, según el Congreso del Estado de Jalisco, tiene el objetivo de promover las producción, distribución, comercialización y exhibición de cine mexicano (jalisciense en lo particular), así como su rescate y preservación, procurando el estudio y atención de los asuntos relativos a la integración, fomento y desarrollo de la industria cinematográfica de Jalisco. Con base en las recientes reformas a la Ley de Filmaciones del Estado de Jalisco y a la Ley Orgánica de la Agencia Estatal de Entretenimiento de Jalisco, ahora se deben garantizar recursos para el fondo Filma Jalisco, cuyos servicios son: Apoyo Económico por medio de convocatoria, Gestión de locaciones, Trámite de permisos, Información y asesoría, Vinculación con prestadores de servicios o instituciones gubernamentales y Directorio de profesionales de la industria.

A partir de lo establecido por estas reformas, se instaura el catálogo de instrumentos y mecanismos de planeación, fomento y promoción para el desarrollo de obras cinematográficas, audiovisuales y otras que pertenezcan a distintas manifestaciones de las industrias culturales y creativas, con capacidad de impulsarlas y fortalecerlas, asimismo, se pretende simplificar procedimientos y trámites administrativos necesarios en coordinación con autoridades de los tres niveles de gobierno. La visión en este programa es que Jalisco se consolide como una entidad atractiva para la industria local, regional, nacional e internacionalmente. Incluso, Gustavo Staufert, Director de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, refiere que Jalisco ocupa el segundo lugar a nivel nacional en producción audiovisual y cinematográfica, y el segundo más buscado en Latinoamérica, también el Anuario Estadístico de IMCINE muestra que la diversidad que posee este estado, permite que haya un desarrollo importante y que se espera un efecto similar al que tuvo la industria tecnológica.

En el papel, todo se orienta a que el apoyo a la industria cinematográfica conllevará estímulos en el desarrollo económico y generará empleos formales directos e indirectos. De acuerdo con la Agencia Estatal de Entretenimiento de Jalisco, se proyecta que, para el presente año, haya un incremento en la cantidad de producciones que posicionarán a la entidad como sede de trabajo, acentuando que, a diferencia del año pasado, cuando se proyectó el desarrollo de 10 filmaciones, ahora estén en puerta 8 realizaciones de largometrajes, 2 series y alrededor de 40 trámites de 40 producciones diversas.

Bien se dice que “del dicho al hecho, hay mucho trecho”, pues el planteamiento de Filma Jalisco luce esperanzador para los productores y directores independientes, para aquellos y aquellas estudiantes de cine, artes audiovisuales y ciencias de la comunicación, entre otras carreras creativas, puede abrirse una oportunidad única en sus carreras profesionales y materializar sus sueños, no obstante, no hay que perder de vista las otras realidades, es decir, hacer cine en México es poco rentable, salvo para una minoría que comienza esta carrera con ventajas. No se ha consolidado una industria cinematográfica autosustentable, que tenga retorno de inversión y genere ganancias, así como un bien cultural en el público consumidor. Aproximadamente, el 3% de lo que a través de IMCINE se produce logra recaudar en taquillas el 1 o máximo 2 % sobre lo invertido, un panorama complejo, pero que, Dios mediante, Filma Jalisco sea un programa que ayude a las personas que pertenecen a la industria, y no solo refiriéndome a directores, guionistas, actores, fotógrafos y demás, sino a todas las personas que pueden salir beneficiadas en la filmación de una película.

En conclusión, el cine mexicano no vive una época de oro, como aquella del siglo XX. Es innegable que hay buen cine nacional, y ni hablar de los más importantes que hoy, de cierto modo, nos abanderan como el caso de Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón, pero la realidad es que actualmente no hay un panorama alentador para quienes quieren desarrollarse en el mundo del cine. Reconozco que las películas banales de los Derbez y los Chaparro mantienen con vida (agonizante) la industria, pero no me parece justo ni digno ese contenido que nos enjaretan. Ojalá que Filma Jalisco se consolide y sea un programa ejemplar, que lo que indica la ley, se lleve a cabo y muchos artistas y creativos tengan la oportunidad de materializar sus sueños y de paso, nos cuenten buenas historias.

 

 

Sobre el autor
Eduardo Daniel Ramírez Silva es licenciado en Gestión Cultural por la Universidad de Guadalajara y maestro en Ciencias Humanas por la Universidad Antropológica de Guadalajara. Su labor profesional está dedicada a la educación, la investigación y divulgación de la cultura, así como a la promoción de la lectura.

 

 

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Guadalajara y su caótico transporte público. Parte 1

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Luego de 28 años de historia, en 2022 salió de circulación la ruta 380. Foto: UdeG.

Concesiones y traiciones: Cómo la Alianza de Camioneros y el modelo MC secuestraron el transporte de Guadalajara (1980-2025).

Guadalajara no amaneció un día con caos de transporte. Lo construyó pacientemente durante cuatro décadas, ladrillo a ladrillo, concesión a concesión, sobrecosto a sobrecosto. Mientras la mancha metropolitana pasaba de 2.3 a más de seis millones de habitantes, el Estado se retiró de la operación pública, entregó la movilidad a operadores privados y permitió que la captura institucional se normalizara bajo el eufemismo de “modernización”.

Hoy, con el sello de Movimiento Ciudadano, el transporte se ha convertido en una vitrina de negocios públicos disfrazados de progreso, donde las promesas electorales se licúan y las obras se miden en plusvalías, no en minutos ahorrados. Esta no es una crisis técnica. Es una captura anunciada, financiada con dinero público y pagada por quienes ya no caben en los embudos viales que el poder planificó.

I. El gran retiro estatal y la génesis del desorden (1980-1994)
En 1980, el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) rondaba los 2.3 millones de habitantes y contaba con un sistema de transporte imperfecto, pero con cierto grado de coordinación estatal. La ideología de la época dictaba que el mercado resolvería lo que el Estado no podía. El resultado fue la retirada progresiva de la oferta pública y la apertura a concesiones por rutas.

Para 1989, cuando finalmente se inauguró la Línea 1 del Tren Eléctrico Urbano, la población ya superaba los 2.6 millones. Nueve años de retraso entre la necesidad evidente y la primera obra masiva. El Siteur nació como organismo paraestatal con mandato limitado: operar vías férreas, no planear movilidad metropolitana. Sin autoridad para integrar rutas, sin poder sobre concesionarios, sin visión de red, la modernidad nos cayó a “modo charro”.

La Línea 2 llegó en 1994. Fueron quince años sin expansión troncal significativa; mientras tanto, la ciudad crecía a razón de 70 mil habitantes anuales, dispersándose en periferias sin servicios, aunque con un naciente club de “planificadores urbanos” y jugosos contratos de urbanólogos para “definir el rumbo que soñábamos”.

La matemática era clara: por cada kilómetro de tren, llegaban decenas de miles de nuevos residentes. Nadie ajustó la ecuación, simplemente se asumió que los camiones concesionados absorberían la demanda. No lo hicieron, la saturaron mientras los políticos aprendían cómo anestesiar nuestra paciencia.

II. Corrupción, sobrecostos y la hipocresía de las transiciones
El desorden no fue accidental, fue financiado. La Línea 2 se convirtió en el primer escándalo de sobrecosto estructural. Durante la campaña de finales de 1994, Alberto Cárdenas Jiménez capitalizó el descontento por la negligencia criminal del PRI tras las explosiones de 1992.

El discurso panista prometió transparencia y fin al amiguismo. La realidad: El gobierno neopanista tomó posesión en 1995 y sobre el tema… Ni hubo voluntad política ni valor para investigar. El incremento brutal del costo de la Línea 2 se archivó como “complejidad técnica”. El PAN gobernó tres sexenios y el modelo de opacidad se mantuvo intacto.

La transición democrática no trajo rendición de cuentas; trajo cambio de logo y continuidad de negocio; apenas alcanzó a consolidarse un primer BRT, un intento de copy-paste de Bogotá, con cuestionables procesos de negociación en el sexenio de Emilio González Márquez.

Con la salida del PAN, regresó el partido y el patrón se repitió con la Línea 3: Medios como NTR documentaron que los estudios costo-beneficio aprobados por la entonces SHCP inflaron la estimación de la demanda en casi tres tantos respecto a los números reales demostrados ya puesta en operación. ¿Para qué? Simple: “subiendo el beneficio”, se puede “subir el costo” y justificar presupuestos hinchados, con su respectivo “moche” que caracteriza la obra pública cuando los controles son débiles.

El costo oficial rondó los 31 mil 500 millones de pesos (mdp); la obra se entregó con retraso y sobrecostos que nunca se auditaron con rigor independiente. Y no es un partido, es un sistema. Las transiciones (PRI → PAN → PRI → MC) han sido cosméticas. Ninguna ha servido para romper el pacto tácito entre gobierno y operadores concesionarios, con un apodo ganado a pulso: “El pulpo camionero”. La transparencia, efectividad y eficiencia en transporte es hoy equivalente a la que históricamente ha caracterizado al SIAPA en materia de agua.

III. Promesas licuadas: Alfaro, reestructurando; Lemus, LA “Línea 5” y el BRT con nombre de tren
Con la llegada de Movimiento Ciudadano al poder estatal y municipal, el transporte no mejoró; se mercantilizó. Enrique Alfaro prometió una reestructuración enfocada en la modernización y el cambio de modelo hacia un sistema integrado; causó tremendo desorden en los cambios y aumentos de sinuosidad de trazo; además, con la nomenclatura de rutas.

Fiel a su estilo, nos impuso un redondeo: aceptar el robo de 50 centavos de cambio al pagar cada viaje que vino con la “adaptación de la tarifa”, porque “los equipos no podían devolverlo”. Se inauguró un subsidio a los concesionarios, para que “los usuarios no nos viéramos afectados”, pero pagado “con el dinero de las personas, por supuesto”, como aclaraba la diputada que saltó al estrellato en aquella penosa entrevista en Canal 44. Pablo Lemus Navarro, durante su campaña a gobernador, prometió una línea de tren ligero por la carretera a Chapala.

La promesa sonó a progreso, a conexión real para el sur metropolitano. La realidad: en lugar de rieles, ofreció un sistema de camión sobre llantas articulado que, por pura fuerza de marketing político, bautizaron “Línea 5”. No es tren, usa llantas de hule; no tiene capacidad, frecuencia ni infraestructura segregada sobre rieles; se trata de un BRT convencional. Es un autobús con estación elevada y un nombre prestado para vender la ilusión de continuidad. La ingeniería política tapatía alcanzó su cenit: confundir modo de transporte con número de campaña.

IV. Línea 4: Inmobiliaria con tren de adorno y el embudo de López Mateos
Peor aún fue la concesión privada de la Línea 4 del Tren Ligero. Lejos de ser un proyecto de movilidad, constituye un mecanismo de valorización inmobiliaria. Los acuerdos con inversionistas incluyeron plusvalías de suelo, permisos de densificación y exenciones que más parecen fichas de desarrollador que contratos de transporte público.

La obra se realizó con un acuerdo de contraprestación de casi 50 mdp mensuales en un periodo de 36 años. La zona sur, históricamente de clase media en declive, vio multiplicar la vivienda vertical sin que la infraestructura vial se ampliara proporcionalmente. El resultado: López Mateos se consolidó en el embudo perfecto que sufrió la autorización de decenas de miles de nuevas unidades habitacionales y comerciales, pero dejaron una sola vía principal para ingreso y salida. Como si planear el tráfico fuera un concurso de eficiencia inversa.

Los tiempos de viaje en esa zona pasaron de duplicarse a triplicarse; la calidad del aire se deterioró y el nivel de vida colapsó bajo el peso de una movilidad que no sirve, sino que castiga.

V. Camiones de carga, espaldas rotas y muertes normalizados
Más allá de los sobrecostos y la política, está el usuario. Durante años se ha permitido la circulación de unidades con chasis diseñados para transporte de carga o ganado, adaptados con carrocería de pasajeros y un “faldón” para disimular el origen. La suspensión es rígida, pensada para toneladas estáticas o cuadrúpedos, no para cuerpos humanos. Resultado: vibración crónica, lesiones de columna y articulaciones que la salud pública nunca cuantificó.

Peor aún fue la normalización de la letalidad. En los 90 y 00, los medios publicaban anualmente las cifras de muertos por el transporte público: atropellamientos, volcaduras, colisiones por competencia de rutas. Eran récords que la autoridad permitía y la sociedad absorbía como “daño colateral”. Hoy, las estadísticas son más difusas. ¿Mejoraron los indicadores o simplemente se enterraron bajo clasificaciones jurídico-administrativas?

VI. ¿En qué gastamos? Tren vs BRT vs Teleféricos
Guadalajara se jacta de invertir en sistemas “modernos”, pero la comparación revela prioridades invertidas:

Guadalajara gasta en concreto cuando debería invertir en cobertura. La pregunta incómoda es clara: ¿Se puede revertir 40 años de captura con más obra? ¿O necesitamos primero recuperar la autoridad metropolitana, auditar concesiones y construir un sistema que priorice la vida sobre el negocio?

Mientras tanto, los usuarios seguimos subiendo, bajando y saltando en camiones y decisiones políticas que, claramente, no fueron hechos para nosotros.

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Opinión

¿Qué hacemos con el SIAPA? Parte 3

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¿Qué hacemos con el SIAPA? Parte III

Tras haber revisado en las entregas anteriores la anemia financiera y la esclerosis institucional operativa del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), toca ahora hablar de lo que realmente importa: la reconstrucción. Pero antes de sacar la calculadora y el vernier, nos toca mirarnos al espejo como sociedad.

1. Descolonizar el grifo: Más allá del fetiche de la tubería

Durante décadas, en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) hemos asumido que la gestión del agua sea un “asunto de ingenieros”. Con el respeto que merece la disciplina, pero la gestión hidrosanitaria ha sido colonizada por una visión puramente física que reduce el ciclo del agua a un sistema de presiones, análisis químicos, válvulas y diámetros. Hemos olvidado que el agua no fluye solo por tubos, sino por realidades sociales, marcos jurídicos, vulnerabilidades de salud y equilibrios ecosistémicos.

Es urgente descolonizar el conocimiento hidrosanitario. Necesitamos sentar a la mesa no solo al que sabe de hidráulica o saneamiento, sino al economista que entiende de elasticidad de la demanda, al sociólogo que comprende la segregación urbana, al abogado que defiende el derecho humano al agua y, sobre todo, al ciudadano que recibe el “chocolate” líquido en su casa.

En el bréte mexicano de “querer ser siempre el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro”, nos hemos olvidado de que la construcción conjunta no es un concurso de egos; en este caso, es nuestra balsa de salvamento.

Si no somos capaces de generar consensos y evitar protagonismos estériles, seguiremos ahogándonos en un vaso de agua… sucia. La solución debe ser multidimensional o no será.

2. La arquitectura de la solución: Orientarse a resultados.

Para aquellos que creen que la administración pública es solo “imaginarse en el futuro”, “echarle ganas” o peor, salir en videos, permítanme ejemplificar un ejercicio de Cadena de Valor Público aplicado a la potabilización, ese proceso místico que el SIAPA parece haber olvidado en algún cajón de la colonia moderna.

A. El diagnóstico del lodo

La problemática es clara: Agua con parámetros de turbiedad y presencia de metales fuera de norma en puntos críticos de la red. Las causas no son “el destino” o “el crecimiento urbano”; son el desdén del diseño institucional y su operación: la obsolescencia o caducidad de las plantas potabilizadoras —como Miravalle—, la falta de mantenimiento en los sedimentadores y una red de distribución que parece colador romano.

B. La solución lógica

No se trata de comprar más cloro, sino de atacar las causas: sustitución de tecnologías para el retiro de metales, modernización tecnológica de las plantas y sectorización de la red para evitar la recontaminación.

C. La Cadena de Valor (El “cómo” sin cuentos)

1.  Objetivo de resultado (Propósito): Los usuarios del AMG reciben agua que cumple con la NOM-127-SSA1-1994 (o su actualización) directamente en sus grifos.
Riesgo externo: El estrés hídrico extremo que altere la calidad química de las fuentes superficiales (Chapala/Calderón) o profundas (a mayor profundidad, más contaminación geogénica).

2.  Objetivos de producto (Componentes): Plantas separadoras de contaminantes químicos y metales, instaladas; potabilizadoras rehabilitadas y sistemas de filtración avanzada operando al 100%.

3.  Objetivos de proceso (Actividades): Licitación transparente de tecnologías, mantenimiento preventivo de lechos filtrantes y dosificación automatizada de reactivos.

D. El tablero de control (M&E)

Para que no nos den “atole con el dedo”, necesitamos indicadores de verdad:

Indicador de resultado: IR = [(Muestras dentro de norma) / (Total de muestras en domicilio) × 100]. Fuente: Auditorías externas aleatorias (no las del propio SIAPA).

Indicador de producto: IP = [(Caudal potabilizado bajo norma) / (Caudal de entrada) × 100]. Fuente: Registros de supervisión de producto, al salir de la planta y al ingreso al predio.

Indicador de proceso: IPr = [(Número de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo con cumplimiento / Número total de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo) × 100].

3. ¿Privatizar? El espejismo de la eficiencia empresarial

Aquí es donde el debate se pone picante. Existe una pulsión casi erótica en ciertos sectores por privatizarlo todo, bajo la premisa de que “el gobierno es inepto por naturaleza”. Pero cuidado, la historia de México está llena de instituciones diseñadas deliberadamente para fallar, creando el caldo de cultivo perfecto para la “salvación” privada, que suele ser más cara y menos santa.

El SIAPA es un monopolio natural. Sea público o privado, usted no puede elegir que otra empresa le ponga un tubo diferente en su casa. Por ello, el problema no es la propiedad, sino el arbitraje. La variable crítica no es quién opera, sino cómo se regula, supervisa y sanciona.

El espejo de Aguascalientes (Veolia 1993-2023)

Para quienes suspiran por una concesión privada, miremos el caso documentado por el ITESM (2012). Tras 30 años de concesión a Veolia, una empresa internacional “experta” en agua, los resultados son una bofetada a la lógica del libre mercado:

Problemas estructurales:

1.  Especulación vs. realidad: Se planeó y permitieron crecer la ciudad con criterios inmobiliarios mientras se sobreexplotaba la escasa agua subterránea.

2.  Contratos leoninos: Un título de concesión que no sancionaba el incumplimiento y protegía solo a la empresa.

3.  Autoridad omisa: La CCAPAMA (el regulador municipal) terminó siendo un espectador decorativo de los abusos empresariales.

La numeralia del desastre:

Asimetría obscena: La autoridad cargaba con el 89% de la responsabilidad, pero la empresa se quedaba con el 98% de los ingresos. ¡El negocio soñado!

Eficiencia global de risa: Apenas el 30%. Es decir, de cada 10 litros, 7 se perdían entre fugas y mala cobranza.

El robo del tiempo: Se practicaban retrasos voluntarios en la impresión de recibos para cobrar el agua con tarifas indexadas (más caras) meses después del consumo real.

Salud en riesgo: El agua distribuida incumplía la norma de salud por contaminación geogénica (arsénico y flúor).

Conclusión: El balón está en nuestra cancha

Privatizar no es la respuesta; es solo cambiar de amo en un sistema que carece de látigo (arbitraje). La solución estructural para el SIAPA requiere tres pilares: diseño lógico multidimensional, arbitraje externo estricto y un esquema de asignación de recursos que priorice la equidad, no el beneficio político del gobernante en turno.

Como tapatíos, el reto es mayúsculo. ¿Podremos soltar ese “pequeño marranito exigente” del ego y exigir que el SIAPA deje de ser la “caja chica” (o grande) de la política estatal? ¿Podremos descolonizar nuestra mente y entender que el agua es un derecho, no una mercancía ni un botín electoral?

El comienzo de la solución no está en un nuevo director, ni en “la danza de los millones”, ni en una concesión milagrosa; pasa por enfrentar nuestros propios demonios como sociedad: la fragmentación, la desconfianza, la tentación del atajo y dejar de ser espectadores de nuestro propio desabasto. Si seguimos permitiendo que la gestión del agua sea un secreto de Estado entre ingenieros y políticos, lo único que tendremos garantizado en el futuro será sed… y una cuenta muy alta por pagar.

Es hora de actuar. Por el agua, por la ciudad, por nuestros hijos.

Sobre el autor 

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP

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