¡Bienvenidos a Tapatiolandia!

Hay un lugar —no consta en los mapas, pero sí en los documentos oficiales con sello y rúbrica— donde gobernar consiste en grabar videos y rendir cuentas en posar; donde la máxima ambición de un ayuntamiento es gastarse íntegro su presupuesto y presumirlo; donde la desigualdad económica se compromete a bajar de 0.51 a 0.37 en un solo año, por obra y gracia de la voluntad municipal; donde la calidad de los servicios públicos se mide con encuestas en el panteón y el rastro; y donde la meta de confianza en la policía consiste, científicamente, en no seguir cayendo.
Ese lugar existe. Se llama Tapatiolandia, y está en Guadalajara.
No es sátira. Ojalá lo fuera. Todo está escrito en el Plan Municipal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2027 (Gobierno de Guadalajara, 2025) y en las Matrices de Indicadores para Resultados (MIR) de 2025, 2026 y sus metodologías. Cuando la ficción necesita nota a pie de página, la realidad ya nos superó.
Pongamos el ruido a un lado y miremos los cimientos, porque una casa se juzga por ellos y no por el color de la fachada. Un gobierno es, antes que nada, el mandato de un encargo: los ciudadanos delegamos en alguien la tarea de hacerse cargo, porque cuando todos se encargan, nadie lo hace. Y un encargo, como la pieza de res en la carnicería, se corta en bistecs antes de cocinarse: ¿qué te encargaron? ¿Cómo lo recibiste? ¿En qué territorio y cómo está partido? ¿Qué harás primero y por qué? ¿Con qué método evitarás divagar? ¿Con qué evidencia? ¿Qué riesgos ves venir? ¿Tu aparato de gobierno está construido para cumplir o está cosido de parches?
Ninguna de esas preguntas requiere cámara, dron ni escenario. Todas exigen sensatez y respuestas. Tapatiolandia tiene lo primero en abundancia. De lo segundo, veamos.
Primer corte: saber hasta dónde llega el cuchillo
El programa municipal de inclusión se propone “combatir la carencia social de los grupos vulnerables mediante programas sociales”, y lo mide con el coeficiente de Gini: de 0.51 a 0.37. El Gini mide qué tan concentrado está el ingreso, y lo mueven los salarios, las rentas del capital, los impuestos y las transferencias federales. ¿Con qué herramienta pretende un ayuntamiento moverlo catorce centésimas en un ejercicio fiscal? ¿Con el predial? ¿Con despensas? “Vamos arando”, dijo la mosca posada sobre el cuerno del buey.
Eso no es ambición: es ignorar dónde termina tu mandato. Y quien no sabe qué le toca jamás podrá responder por ello.
El truco, eso sí, tiene padrinos de lujo: junto al Gini aparece una liga del INEGI. Y el uso del fondo federal de infraestructura social —cuyo fin es reducir el rezago— se mide con el Índice de Ciudades Prósperas de ONU-Hábitat, edición 2018, con la misma cifra como punto de partida y como meta. Una fuente respetable garantiza que el dato existe, no que el gobierno lo haya causado. Pero el sello institucional hace su magia: el indicador entra con calzador y nadie le reclama.
El plan presume, entre sus “principales avances”, una pobreza que bajó de 25.8% a 24.8%… entre 2010 y 2020. Cuidado con los puntos suspensivos: ahí cabe una década entera y varias administraciones. Presume también la satisfacción ciudadana con el agua, el drenaje y el transporte público. El agua la da el SIAPA; el transporte, el Gobierno de Jalisco. La medalla, para el Ayuntamiento. En Tapatiolandia los aciertos se adoptan y los fracasos se dan en adopción.
Segundo corte: el Propósito que no propone
En una matriz para medir resultados, el Propósito es el compromiso: el cambio que el programa promete provocar en su gente. Lean los de Tapatiolandia (Gobierno de Guadalajara, 2026) y contengan la carcajada:
- Justicia y Estado de Derecho. Promete a la ciudadanía “certeza jurídica y la protección de sus Derechos Humanos”. Lo mide contando procedimientos de responsabilidad laboral contra sus propios empleados. Los derechos humanos de la ciudad, medidos en expedientes de personal.
- Atención ciudadana. Promete “la solución de sus problemas”. Lo mide con compromisos cumplidos entre compromisos… realizados, y lo verifica con los informes de gobierno. El que promete se autocalifica.
- Movilidad. Su propósito dice, completo: “Ciudadanos Los habitantes y visitantes del Municipio de Guadalajara.” Punto. Ni un verbo, ni un cambio. Un propósito sin verbo es como un semáforo sin luz: decorativo y peligroso. Se mide con “cruceros seguros”, con una meta por debajo de su propio punto de partida, y con un supuesto que ruega por “condiciones climáticas favorables”. La movilidad de Tapatiolandia depende, literalmente, de que no llueva.
- Servicios registrales. Promete que la ciudadanía “recibe servicios registrales”. Recibir un trámite no cambia la vida de nadie, salvo para alguno que otro coyote.
Y arriba, los Fines: la justicia medida en iniciativas presentadas por la presidenta; la eficiencia en eventos del “Martes Comunitario”; la legalidad con una meta del 339%. Cuando el horizonte da risa, el compromiso ya desapareció por algún lado.
De los 810 indicadores de 2026, el 88% son de gestión: cuentan trámites, eventos, campañas. Solo 13 se etiquetan como de calidad, y cinco de ellos miden materiales didácticos y sesiones de capacitación. Calidad, en Tapatiolandia, es haber impartido el curso.
De 39 Propósitos, dos miden un cambio en la gente, y ambos miden emociones. La confianza en la policía, según sus propias matrices, pasó de 66.3% a 44.3% entre un trimestre y el siguiente: ninguna corporación cambia a esa velocidad; las encuestas, sí. Y la calidad de vida del Sistema de Cuidados se mide preguntándole a los usuarios si su vida es buena “derivada de los servicios otorgados”: la encuesta que se contesta sola, con medio de verificación en una carpeta de Google Drive. La gobernanza del siglo XXI, accesible desde cualquier dispositivo.
El único indicador que sí le corresponde al municipio y que el ciudadano padece en carne propia —el tiempo de resolución de trámites de desarrollo urbano— tiene meta de 43.33 días y línea base: “información no disponible”. El mejor indicador de la ciudad no sabe de dónde parte.
Tercer corte: el que juega, pita
La Agenda Estratégica reportó 100% de cumplimiento al cierre de 2025, verificado con las propias matrices y los informes de gobierno; en 2026, el avance del plan se verifica con el “control interno” de la propia Dirección de Planeación. El rastro mide la inocuidad de la carne que él mismo sacrifica y procesa, y la certifica con sus propios registros: juez, parte y carnicero, todo en un mismo mostrador.
Y la cereza del pastel. En sus metodologías, el gobierno respondió si sus propios indicadores cumplen seis criterios de calidad. Contestó “sí” 4,965 veces y “no”, nueve. Los 851 indicadores quedaron declarados válidos, el Gini y el 339% incluidos. Es el alumno que califica su examen, redacta la boleta, firma como testigo y —¡oh, sorpresa!— se saca diez.
Informar no es rendir cuentas.
Un informe narra lo que se hizo, se inauguró, se entregó. La rendición de cuentas contrasta lo prometido contra lo logrado, con evidencia que verifique alguien distinto del interesado, y acepta la consecuencia. El segundo informe municipal fue, como el primero, un informe: video, escenario, relato. Tampoco es un vicio nuevo: a la marca “Guadalajara Guadalajara”, nacida en el Ayuntamiento y cedida al Imeplan, se le inyectaron 13 millones de pesos en tres años (El Informador, 2020). Primero la imagen; el encargo, después.
En las próximas entregas iremos corte por corte: el plan que llegó disperso y tarde, la ciudad de 11 comunidades medida con un solo promedio, la seguridad que se mide en sentimientos, los servicios que se califican en el panteón, el dinero de la narrativa, los informes contra sus propias matrices. Y, para que nadie diga que la vara está hecha a la medida, el mismo examen a otro municipio.
Roma no cayó por falta de espectáculos. La frivolidad es respetable frente al espejo; en lo público se paga en baches, en pipas y en miedo. La pregunta ya no es qué nos quieren contar.
Es qué nos van a rendir.
Sobre el autor
Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.
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