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Opinión

El liderazgo franco-alemán en tiempos del Brexit

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Brexit, Merkel

Cuando la crisis de la eurozona comenzó a manifestarse entre 2008 y 2009, la prensa francesa denominó “Merkozy” a la dupla conformada por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, canciller y presidente de Alemania y Francia, respectivamente.

A raíz de ello, tanto los diarios como sus propios equipos de prensa siguieron la tendencia de difundir fotografías donde aparecían juntos en las cumbres y foros internacionales.

De manera deliberada o no, las imágenes retrataban la relación especial, casi cariñosa, entre los mandatarios de dos de las principales economías de la Unión Europea.

Como en la política la forma es tan importante como el fondo, la cercanía entre ambos líderes tuvo el propósito de mostrar al proyecto europeo como un cruce de voluntades que podía y debía seguir solidificándose.

Estrategia electoral

Pero ese “matrimonio por conveniencia”, como le llamó en su momento The Telegraph, representaba, a los ojos de sus críticos, un pretexto para avanzar las agendas electorales de la canciller y el presidente.

Una forma de probar a los votantes alemanes y franceses que la continuidad era la única opción posible para salvar a la UE de la crisis que la azotaba.

Merkollande

No obstante, el panorama cambió cuando François Hollande se convirtió en presidente de Francia tras ganar las elecciones de 2012.

Ese cambio en la brújula política del país galo –cuyo mandatario provino de las filas del Partido Socialista–, significó divergencias notables con el férreo control del déficit público y los planes de austeridad promovidos por Angela Merkel.

Para el sucesor de Sarkozy, lo apremiante era incentivar el crecimiento y suavizar las rigurosas políticas fiscales que apretaban demasiado el cinturón de los países europeos.

Pero, si bien el “Merkollande” no tuvo la misma fuerza simbólica que el tándem anterior, las diferencias ideológicas demostraron no ser insalvables y, poco a poco, el socialista francés respaldó en los hechos (aunque no siempre en el discurso) las tesis alemanas sobre la zona euro.

Quizá en un giro de timón que contribuyó a su eventual pérdida de popularidad, Hollande relajó paulatinamente su plataforma política socialista, hasta encauzar su gobierno hacia un ensayo de la socialdemocracia con una marcada tendencia liberal.

 

Merkel

Foto: Reuters

La orquesta de Berlín

Diez años después de que estalló la recesión, el panorama financiero no ha cambiado tanto como cabría esperar.

Apenas en agosto pasado, la Troika (la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo) puso fin al rescate de Grecia que se echó a andar hace ocho años y que dominó todas las decisiones macroeconómicas en Atenas.

Pese a ello, la recuperación del país mediterráneo será larga y con altos costos sociales, que van desde recortes a la cultura hasta la desaparición de programas de apoyo a los desempleados.

En ese contexto, la variable constante sigue siendo la canciller alemana.

Tras asumir como jefa del gobierno federal en 2005 (convirtiéndose en la primera mujer en lograrlo), Angela Merkel ha dirigido la orquesta europea durante un concierto caracterizado por las disonancias y los instrumentos desafinados.

Frente a la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, hay quien dice que la única líder del “mundo libre” es ella; una europeísta convencida y quien recibe de los alemanes el mote de mutti Angela (mamá Angela).

Sin reelección 

Pero como nada puede prolongarse para siempre, la originaria de Hamburgo anunció en octubre pasado que no buscará la reelección como líder de la Unión Cristiano-Demócrata, ni como canciller en 2021, cuando termine su mandato.

En consecuencia, su protegida Annegret Kramp-Karrenbauer, asumió el liderazgo del partido el pasado 07 de diciembre, bajo la consigna de que “el corazón de Europa reside en la CDU”.

En su discurso, prometió una continuación de la línea marcada por su mentora, pero advirtió sobre la necesidad de políticas migratorias más estrictas; un tema difícil de sortear para la actual canciller y que no estará exento de controversia en el futuro.

Arde París

En la otra parte del eje Berlín-París se encuentra Emmanuel Macron, quien llegó al Palacio del Elíseo con una gran popularidad, tras fungir como Ministro de Economía de François Hollande.

Popularidad que, no obstante, se ha visto erosionada con singular rapidez. El líder de La République En Marche! se enfrenta a una crisis que ni el analista más perceptivo pudo vaticinar cuando el centrista se alzó con el triunfo electoral.

Las protestas de los llamados “chalecos amarillos”, que ya llevan casi tres meses en las calles, han pasado la factura a un gobierno que improvisa con incrementos de salarios y recortes a los impuestos con tal de aplacarlas.

Se rompió la burbuja y terminó la luna de miel.

Macron pasó de ser la cara de un movimiento fresco y con ideas políticas renovadoras, a ser tachado en la prensa como arrogante y “el presidente de los ricos”.

Pero no sólo está en juego su popularidad al interior de Francia, sino también su credibilidad como un jefe de Estado capaz de influir en la agenda internacional; –léase, como abogado de la lucha contra el cambio climático y como mediador destacado en las relaciones entre Estados Unidos y Europa– y de actuar como contrapeso o segundo timonel de una Unión Europea convulsa.

 

Hollande

Foto: Reuters

La derecha avanza

Más aún, la crisis actual ha permitido que la extrema derecha avance posiciones al aprovecharse del descontento social generalizado.

De acuerdo con los sondeos realizados por el Instituto Francés de la Opinión Pública (IFOP), si ocurriesen elecciones en Francia, la ultraderechista Marine Le Pen le ganaría por dos puntos a Macron en la primera vuelta.

No sólo su presidencia quedó irremediablemente marcada por las protestas, sino que también se quedaron cortos los ambiciosos proyectos que había propuesto para Bruselas.

El divorcio interminable

Los retos de la Unión Europea son aún mayores si consideramos que no sólo su liderazgo se encuentra en la encrucijada, sino también el proyecto de integración mismo.

Pese a que Bruselas logró impedir que la fiebre del Brexit se propagara a otros países de la unión (por lo menos hasta el momento), el que uno de los países que ingresaron desde 1973 haya decidido separarse, supuso una sacudida en los cimientos.

Sin embargo, los papeles del divorcio se están demorando más de lo esperado.

Faltando menos de dos meses para la salida definitiva del Reino Unido, Theresa May se vio obligada a frenar la votación en el Parlamento del acuerdo que ya se había logrado entre el gobierno británico y la Comisión Europea.

Cual Carlota de Habsburgo, la primera ministra británica emprendió a finales del año pasado una gira por Europa, buscando el apoyo para modificar un acuerdo que fue recibido con escepticismo por el poder legislativo de su país.

El respaldo que no encontró en casa también le fue negado por los principales mandatarios europeos y por el ejecutivo comunitario, quienes le dejaron claro que no habrá un segundo texto.

El acuerdo se queda como está y no habrá renegociaciones.

«Plan B»

Pero el golpe más contundente que recibió su gobierno ocurrió el pasado 15 de enero, cuando la votación sobre el plan de salida perdió en el parlamento al obtener 202 votos a favor y unos aplastantes 432 en contra.

Tras la derrota, el mes pasado presentó al Parlamento un “Plan B” que en esencia mantiene lo establecido en el acuerdo anterior.

La piedra en el zapato de Londres sigue siendo la cuestión de la frontera con la República de Irlanda, quien ha dejado claro que permanecerá en la UE.

Todo ello deja en evidencia la nula capacidad de acuerdo que mantiene al Reino Unido sumido en una profunda crisis política.

Frente a un escenario como ese, tanto Londres como Bruselas se preparan con planes de contingencia que mitiguen los efectos de una posible salida sin acuerdo definitivo, que, seguramente terminará por ocurrir cuando venza el plazo de salida el 29 de marzo.

Foto: AFP

Alto costo

Si esta parálisis que aqueja Westminster no termina antes de febrero, lo que comenzó como una sorpresiva y contundente decisión celebrada por los sectores más conservadores, terminará en un completo desastre que pagará el país entero.

Pese al caos, no debemos olvidar que el Brexit no es otra cosa que la culminación del euroescepticismo que siempre ha mostrado el Reino Unido frente a una unión que implica ceder soberanía a las instituciones supranacionales; especialmente si dichas instituciones funcionan de acuerdo con lo dictado por Alemania.

Como en su momento declaró el ex–primer ministro Gordon Brown, al respecto de la crisis de la deuda, “allá donde había fiesta, los alemanes suministraron la bebida”.

La casa en orden

¿Qué sigue, entonces, para la UE y la dupla Berlín-París?

Seguramente Merkel y Macron esperan que este 2019 traiga consigo un bono de legitimidad que les garantice la continuidad que tanto anhelan para el proyecto europeo (o un milagro, en el caso de Macron).

May, quien acaba de salvarse de un vote of no-confidence (moción de censura), probablemente pasará a la historia como la mujer que pagó los platos rotos, después de que David Cameron dejase caer la vajilla.

Si al final de 2008 se debatía la crisis de la deuda, ahora, al iniciar el 2019, además de los remanentes de aquellas crisis sin fin, también se debate el futuro del proyecto europeo.

Decía Jacques Attali, antiguo consejero de Mitterrand, que Francia y Alemania son responsables de organizar el suicidio de Europa a lo largo del siglo XX.

Es entonces natural que ambos, en cuanto que arquitectos de la UE, sean los responsables de consolidar una unión política y económica que parece tambalearse en un contexto donde la desunión es la norma.

Después de todo, es en las relaciones franco-germanas donde se hallan las claves para entender un proceso de integración.

Inició desde 1957 y se consolidó en Maastricht en febrero de 1992 (apenas la semana pasada se cumplieron 27 años desde que se definieron las bases para la unión política).

Un proceso que, no obstante, no puede seguir reproduciendo los mecanismos de antaño.

Ratifican armisticio

Conscientes de su papel, Merkel y Macron protagonizaron un momento simbólico el pasado 10 de noviembre, cuando ratificaron en Compiègne el armisticio que puso fin a la Gran Guerra, hace cien años.

Y es que es imprescindible dejar las rivalidades históricas en el pasado y pensar en soluciones comunes para los todavía veintisiete integrantes.

En fórmulas de representatividad política que hagan frente a los crecientes discursos anti-UE que surgen a lo largo de Europa.

Como apunta Thomas Piketty, una democratización de las instituciones comunitarias es urgente, pues al reducir la desigualdad se invierte en el futuro de todos los ciudadanos europeos.


 

Cristian J. Vargas Díaz. Es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Guadalajara, e “intrigoso” como consecuencia. Les debe a Ray Bradbury, Juan Rulfo y Thomas Mann su gusto por la literatura y su vejez prematura. Cinéfilo y “seriéfago” enfermizo, sigue aprendiendo a escribir.

 

 

 

Etiquetas:     Intenacional   UE      Macron

 

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Opinión

Federación multa a la FMF por Fan ID

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Federación multa a la FMF por Fan ID
La multa de casi 43 millones de pesos es por violaciones a la normativa en materia de protección de datos personales. Foto: Especial.

A punto de concluir el Mundial de Futbol 2026, un caso de negligencia y omisiones administrativas relacionadas con la liga doméstica se dio a conocer. La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno impuso a la Federación Mexicana de Futbol (FMF) una multa de casi 43 millones de pesos por violaciones a la normativa en materia de protección de datos personales relacionadas con el sistema Fan ID (el sistema de identificación digital y biométrica diseñado para registrar a las personas que asisten a eventos deportivos, con el objeto de fortalecer la seguridad y erradicar la violencia en los estadios). 

La resolución de la dependencia federal identificó dos infracciones principales, la primera, no informar de manera adecuada a los aficionados que las fotografías recabadas para generar el Fan ID constituían datos biométricos sensibles, y la segunda, no obtener el consentimiento expreso y por escrito de los titulares para tratar esa información. 

En concreto, la FMF recopiló fotografías de los aficionados para generar el Fan ID, pero en su aviso de privacidad no especificó que dichas imágenes constituyen datos personales sensibles, y la organización únicamente solicitó a los usuarios marcar una casilla en un sitio web para aceptar el tratamiento de sus datos, mecanismo que la autoridad consideró insuficiente al no incorporar firma autógrafa, firma electrónica u otro medio de autenticación. 

La multa evidencia un ecosistema institucional debilitado, donde la protección de datos personales quedó expuesta tras la desaparición del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) y donde el Fan ID nació bajo advertencias que fueron ignoradas. 

En este caso, la sanción revela fallas estructurales en el tratamiento de datos sensibles por parte de la Femexfut  lo que propició que la autoridad concluyera que se cometieron infracciones graves como no informar de manera clara que las fotografías utilizadas para generar el Fan ID eran datos personales sensibles, lo que impedía que los aficionados entendieran el alcance real del tratamiento, así como no obtener el consentimiento expreso y por escrito, como exige la ley para datos biométricos, solamente pedían marcar una casilla en línea, sin firma autógrafa o electrónica. Estas omisiones son violaciones directas a la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares.

Cuando nació el Fan ID lo hizo bajo advertencias técnicas y legales que no fueron atendidas. Se aprobó en 2023 (después de los hechos de violencia en el Estadio Corregidora de Querétaro). Las autoridades lo presentaron como una medida de seguridad para identificar aficionados y restringir acceso a personas violentas.  El INAI, entonces aún existente, alertó públicamente sobre riesgos de opacidad y falta de garantías en el tratamiento de datos biométricos, e incluso inició un procedimiento de sanción contra la FMF por el uso opaco de la aplicación. Las advertencias estaban ahí, pero ni la FMF ni la Liga MX ajustaron sus procesos para cumplir con estándares de consentimiento y transparencia.

El Fan ID surgió como respuesta de la FMF y la Liga MX a la violencia registrada en los estadios, luego de una pelea entre aficionados de Querétaro y Atlas. Se implementó un sistema masivo de reconocimiento biométrico para resolver un problema de seguridad pública sin que existiera, desde el inicio, la infraestructura jurídica y técnica para proteger esos datos. Priorizar la velocidad de implementación sobre el cumplimiento normativo es una decisión que ahora se paga con la sanción. Y algo que debe también preocuparnos es que la causa de fondo, la violencia en los estadios, sigue sin resolverse.

Con la desaparición del INAI se amplifica el impacto de la multa porque ahora no tenemos un órgano constitucional autónomo especializado en un caso que exige supervisión técnica. El proceso sancionador inició cuando el INAI aún existía, pero la resolución final ocurre en un contexto donde el órgano garante ya no está. Esto tiene varias implicaciones críticas. Para empezar, existe un vacío institucional ya que la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno asume funciones sancionadoras sin ser un órgano especializado en protección de datos; hay menor capacidad de vigilancia continua, sin el INAI, no hay una entidad autónoma que supervise el cumplimiento posterior de la FMF o de terceros como la empresa a la que le encargaron el desarrollo de la aplicación (Incode Technologies), y además se sienta un precedente peligroso porque si un actor privado poderoso incumple y la sanción llega tarde, sin un regulador técnico permanente, el incentivo para corregir prácticas es débil.

Durante la implementación del Fan ID la respuesta de la FMF fue defensiva y centrada en la narrativa de seguridad, no en la protección de datos; comunicaron que atenderían recomendaciones del INAI para la correcta implementación del Fan ID, pero no modificaron los elementos esenciales como clasificar las fotografías como datos sensibles, implementar mecanismos de consentimiento robusto y transparentar la relación con la empresa que diseñó la aplicación, así como el flujo de datos.

La comunicación pública de la FMF se enfocó en promover la aplicación como requisito para ingresar a estadios, sin explicar riesgos ni medidas de protección. Esto, en términos de gobernabilidad muestra una priorización de control y seguridad sobre derechos digitales.

Esta multa abre un frente de riesgos operativos para el deporte mexicano y las consecuencias no serán únicamente económicas porque estamos también ante un riesgo reputacional al quedar la FMF marcada como un actor que trató datos biométricos sin cumplir la ley, lo que la debe obligar a rediseñar avisos de privacidad, mecanismos de consentimiento y protocolos de seguridad. Además, la sanción se convierte en un caso emblemático sobre cómo el Estado puede, o no, regular tecnologías de identificación masiva. En un país sin órgano garante autónomo, este caso exhibe la fragilidad institucional para regular tecnologías biométricas en manos privadas.

La sanción a la FMF además de ser un castigo por malas prácticas es un recordatorio de cómo la ausencia de controles institucionales y la falta de transparencia pueden convertir una herramienta de seguridad en un riesgo para los derechos digitales. El Fan ID se aprobó sin garantías suficientes, se implementó ignorando advertencias técnicas y hoy se sanciona en un contexto donde el órgano especializado ya no existe.

El hecho de que la autoridad que hoy sanciona sea una dependencia del Ejecutivo, sin la separación institucional que tenía el INAI, obliga a evaluar con cautela si este tipo de resoluciones son un ejercicio consistente de rendición de cuentas o un caso puntual dentro de un sistema regulatorio con menor autonomía técnica que el anterior. La FMF cometió infracciones documentadas y verificables, y al mismo tiempo el entramado institucional que las vigila hoy es estructuralmente más débil en materia de independencia que el que existía cuando la medida se implementó.

Este caso representa una paradoja política. La sanción que hoy fortalece el derecho a la protección de datos personales fue posible gracias a una investigación iniciada por un órgano autónomo que ya no existe. Eso convierte al expediente del Fan ID en un caso de transición institucional que servirá para evaluar si el nuevo modelo de protección de datos mantiene el mismo nivel de independencia y rigor que caracterizó al INAI.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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Opinión

Un memorándum de absolución para el Siapa

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Un memorándum de absolución para el SIAPA

El Gobierno de Jalisco entregó ayer al Congreso del Estado un documento de 421 páginas. Lo llaman “Bases Técnicas para la Priorización de las Intervenciones Estratégicas para la Seguridad Hídrica del Área Metropolitana de Guadalajara”. Un título que, por sí solo, ya es una obra de ficción; hablamos de una obra maestra del ilusionismo institucional.

Porque resulta que las obras ya arrancaron. Doce días antes.

El 2 de julio, el Gobernador Pablo Lemus anunció 31 obras y acciones con 5 mil millones de pesos (mdp) de ejecución inmediata. La instrucción, según sus propias palabras, fue que “arrancáramos las obras de inmediato”. El 14 de julio —ayer— llegó al Congreso el documento que, según su propio texto, “no determina de manera anticipada las soluciones específicas”.

El orden natural de las cosas, en cualquier país con un mínimo de respeto por la planificación pública, es: diagnóstico, análisis, decisión, ejecución. Aquí el gobierno decidió invertir la secuencia: ejecución, y después, si acaso, el diagnóstico. Es como si un cirujano operara primero y, ya con el paciente abierto, pidiera los estudios.

La audacia del texto va mucho más allá de la cronología. Estamos frente a un artefacto diseñado para justificar infraestructura y evadir responsabilidades, redactado con un bisturí sintáctico asombroso. El documento de 89 mil 693 palabras revela su verdadero objetivo: no nombrar el problema. En todo ese océano de texto, hay exactamente siete valores porcentuales. Cero cifras monetarias. Cero cuantificación de pérdidas físicas, pese a que la palabra “pérdidas” aparece 97 veces. Cero menciones de plomo, mercurio, aluminio, metales pesados, coliformes, arsénico, microcistinas o cianobacterias. Cero.

El Gobierno de Jalisco entregó al Congreso un documento sobre una crisis de agua contaminada que nunca nombra un contaminante.

Tampoco nombra una colonia. La palabra “colonia” aparece una vez en 421 páginas. La Comisión Estatal de Derechos Humanos tiene registradas 600 colonias con agua turbia, con olor o contaminada. El gobierno dice que son 200. Una discrepancia de tres a uno.

Es fascinante cómo el Estado utiliza la gramática como mecanismo de absolución.

El documento está escrito en un tiempo verbal que los lingüistas llaman “futuro de la evasión”. Contiene 995 ocurrencias de “deberá” o “deberán”. Una cada 90 palabras. El sujeto de esas 995 obligaciones nunca se identifica. No hay una sola oración con la forma “X hará Y para la fecha Z con un costo de W”. Hay 995 oraciones con la forma “deberá hacerse Y”.

Es la gramática de la promesa sin responsable, del compromiso sin fecha, de la responsabilidad sin rostro; ni en las caricaturas habríamos visto algo similar.

Y, para que no quede duda de que nadie va a pagar las consecuencias, el documento repite 64 veces fórmulas como “no implica”, “no constituye” o “no representa”. Un documento que se exime de responsabilidad 64 veces no es un plan: es un blindaje legal con pretensiones de ingeniería.

El apartado 4.3 contiene lo que el documento llama su “Matriz estratégica de restricciones y capacidades”. Seis restricciones, seis capacidades. Cada capacidad es la negación gramatical de la restricción de la izquierda: si la restricción es “confiabilidad limitada”, la capacidad es “confiabilidad”. Es como si alguien escribiera “problema: tengo hambre; solución: no tener hambre”.

No hay jerarquía. No hay población afectada. No hay costo. No hay indicador.
Y, por supuesto, ninguna de las seis restricciones es la calidad del agua. La salud pública no aparece en ninguna de las veinticuatro celdas del único instrumento analítico del documento.

El texto define “restricción estructural” como “una condición que limita de manera recurrente la capacidad del sistema”. El sistema, dice el texto, es el paciente. Tuberías, plantas, tanques. Un objeto.

Los objetos no tienen voluntad, ni presupuesto, ni Junta de Gobierno, ni responsabilidad.

El documento registra 149 veces que “algo falla”. Siempre es un equipo. Las cosas fallan; las personas, nunca. Cero menciones de “omisión”. Cero “negligencia”. Cero “rezago”.

Las dos únicas veces que el documento nombra a un responsable, nombra al “personal responsable de la operación”. El operador de la válvula, no la Junta de Gobierno. No la Dirección General; mucho menos las Secretarías que encabezan el documento.

Es como si un capitán hundiera el barco y el informe de la tragedia dijera que “el agua entró”.

El documento tampoco menciona el artículo 115 de la Constitución, que asigna a los municipios el servicio público de agua potable. No menciona la Junta de Gobierno del Siapa. No menciona la Recomendación 10/2022 de la CEDHJ, incumplida cuatro años después. No menciona la Matriz de Indicadores para Resultados del Siapa, el instrumento legal que, por obligación, evaluaría su desempeño y resultados.

Esa MIR, por cierto, con un presupuesto de 6 mil 350 mdp, mide el derecho humano al agua con el volumen extraído. No contiene un solo indicador de calidad del agua. Su meta de eficiencia física es 72 por ciento, cuando el propio director del organismo declaró ante el Congreso que la eficiencia real es 50 por ciento.

El organismo puede cumplir su propósito al 100 por ciento mientras entrega agua contaminada a 600 colonias. De hecho, eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Las Bases Técnicas no son un plan, aunque sí merecen su propio reconocimiento en el museo del cinismo. Son una justificación ex post, una racionalización de decisiones ya tomadas, un paraguas conceptual lo suficientemente amplio como para que cualquier obra ya decidida encuentre en él una “restricción estructural” que la justifique.

El documento no reduce la incertidumbre de la decisión. Reduce la exposición de quien la tomó: 421 páginas, 995 “deberá”, 64 exenciones de responsabilidad y cero pesos, entregadas doce días después de que las obras arrancaran. No es un diagnóstico. Es un certificado de impunidad con formato PDF.

Los cinco millones de habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) merecen algo más que un documento que no se atreve a nombrar lo que está pasando. Merecen un gobierno que entienda que el agua no se planea con futuros, menos con la paleta de colores de la “mejora continua”, el gerundio preferido de la gestión pública. El agua se puede y debe planificar con base en evidencia, porque la salud de las personas no es un accidente en el camino de las obras, sino el propósito mismo de cualquier política pública.

El documento de 421 páginas que el Gobierno de Jalisco entregó ayer al Congreso no es un diagnóstico: es una coartada. Tampoco es un plan: es una declaración de buenas intenciones redactada en modo condicional, con el sujeto borrado y las responsabilidades diluidas en el futuro perfecto de lo que “deberá” hacerse, algún día, por alguien que nunca se nombra.

El problema no es que el documento sea malo. El problema es que es exactamente lo que sus autores necesitaban que fuera: lo suficientemente técnico para parecer serio, lo suficientemente vago para no comprometer a nadie, y lo suficientemente extenso para agotar al lector antes de que note que no dice nada.

Mientras tanto, en 600 colonias del AMG, los tapatíos abrimos la llave y sale agua turbia, con olor, con metales que nadie mide, con bacterias que nadie nombra. Siete años de quejas, ahora sin número de registro. Una recomendación de la CEDHJ incumplida. Una eficiencia física que cayó 11 puntos en ocho años. Y un gobierno que entrega al Congreso, doce días después de arrancar las obras, un documento que dice que las decisiones se tomarán después.

El agua no espera. La salud no espera. La verdad tampoco.

Lo que el Congreso debería hacer con estas Bases Técnicas es sencillo: devolverlas al Ejecutivo con una sola instrucción: que las reescriban, esta vez con datos, con responsables, con plazos, con indicadores que se puedan validar y con el nombre de las 600 colonias que hoy beben agua que no deberían beber.

Un gobierno que no puede nombrar el problema tampoco puede resolverlo; y un documento que se exime 64 veces de responsabilidad no es un instrumento de planeación: es un memorándum de absolución.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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