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Opinión

Futbol cartelizado

Publicada

columna de josé de jesús gómez valle
Los Leones Negros pueden ganar el campeonato de Expansión. Imagen: Qucho.

En julio de 2026, la Liga MX publicó su nuevo Reglamento de Competencia. El artículo 35 establece que, a partir de la temporada 2026-2027, los clubes de Primera División no descenderán a la Liga de Expansión MX.

La norma también señala que los clubes de la Liga de Expansión no podrán ascender a la Liga MX, sin importar los resultados deportivos que obtengan.

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Esta medida convirtió en indefinida una suspensión que se anunció como temporal en abril de 2020, en plena pandemia, cuando la Asamblea de Dueños acordó congelar el sistema durante seis temporadas.

El argumento consistió en «proteger la estabilidad financiera» de los clubes.

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Después de conocerse la determinación, varios equipos de la Liga de Expansión MX acudieron nuevamente al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) para impugnar la decisión del Comité Ejecutivo de la Federación Mexicana de Futbol (FMF).

Los clubes ya habían recurrido a esa instancia en mayo de 2025. El TAS rechazó aquella primera apelación, aunque confirmó que la suspensión acordada en 2020 concluía al cierre de la temporada 2025-2026.

La nueva inconformidad quedó plasmada en un comunicado conjunto de Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, Club Atlético La Paz, Mineros de Zacatecas, Club Atlético Morelia y Cancún Futbol Club.

La eliminación del ascenso y el descenso rebasa la discusión estrictamente deportiva. También plantea un problema de gobernanza y distribución del poder dentro del futbol mexicano.

Incluso permite establecer un sugerente paralelismo con la teoría del partido cartel, o la cartelización de los partidos políticos, desarrollada por Richard Katz y Peter Mair.

Katz y Mair plantearon en 1995 que los partidos políticos tradicionales habían experimentado una transformación: dejaron de ser organizaciones vinculadas con la sociedad civil y se convirtieron progresivamente en estructuras más próximas al Estado y sus recursos.

El elemento central de su argumento consiste en que los partidos establecidos pueden cooperar entre sí para preservar las condiciones que garantizan su supervivencia y el control del sistema.

De esta manera, limitan de facto las posibilidades de entrada de nuevos competidores.

Al conocer la eliminación del ascenso y el descenso, no pude evitar pensar en Katz y Mair, quienes explican el ensimismamiento de los partidos políticos y su colusión para conservar privilegios y prerrogativas.

La analogía con el futbol mexicano resulta sugerente. Cuando los clubes que ocupan los espacios de mayor poder modifican las reglas para impedir que otros accedan por mérito deportivo, el sistema adquiere características de un «futbol cartelizado».

No se trata de afirmar que la Liga MX sea literalmente un cartel en el sentido económico ni que los clubes actúen de manera idéntica a los partidos políticos.

La utilidad del concepto radica en que permite observar cómo un grupo de actores establecidos utiliza su posición institucional para definir las reglas de acceso, permanencia y competencia dentro del propio sistema.

Durante décadas, el ascenso y el descenso representaron dos de los principales mecanismos de movilidad vertical del futbol profesional.

Un club de una categoría inferior podía alcanzar la máxima división mediante sus resultados deportivos. Al mismo tiempo, un equipo de Primera podía perder la categoría si su desempeño resultaba insuficiente.

Esto generaba una ecuación sencilla: ganar abría las puertas, mientras que perder traía consecuencias.

La eliminación del mecanismo modifica radicalmente esa lógica. El problema no consiste únicamente en que determinados equipos hayan perdido la posibilidad de jugar en Primera División.

Desde la perspectiva de la gobernanza, lo relevante es que cambia la estructura de oportunidades del sistema. Es justo ahí donde aparece la analogía más interesante con Katz y Mair.

En un sistema abierto, la legitimidad de la competencia descansa en reglas previamente establecidas. Todos conocen las condiciones de entrada, compiten bajo ellas y los resultados determinan quién asciende y quién desciende.

En un sistema cerrado, la pertenencia a la división superior deja de depender exclusivamente del desempeño y pasa a depender de la autorización de quienes controlan ese espacio.

La dimensión cartelizada aparece cuando los miembros actuales de la Liga MX deciden quién tiene derecho a ingresar y bajo qué condiciones puede hacerlo.

La disputa actual hace especialmente visible esa contradicción. Leones Negros, Atlético La Paz, Atlético Morelia, Mineros de Zacatecas y Cancún FC llevaron nuevamente su inconformidad ante el TAS para cuestionar la decisión de la FMF.

Resulta significativo que estos clubes no reclamen una excepción particular. Su argumento se sustenta en la reivindicación del mérito deportivo como principio ordenador del sistema.

En términos políticos, cuestionan la capacidad de los actores dominantes para modificar unilateralmente las reglas de acceso al poder deportivo.

La situación del equipo de la Universidad de Guadalajara resulta particularmente simbólica.

Los Leones Negros pueden ganar el campeonato de Expansión, construir una plantilla competitiva, obtener resultados deportivos y generar una base social importante. Sin embargo, ese éxito ya no se traduce en el acceso a la máxima categoría.

El mérito deportivo queda dislocado del poder institucional. Esta separación permite comprender la lógica del cartel: quienes están dentro conservan su posición, aunque existan actores externos con capacidad para competir por ella.

Katz y Mair señalan que el partido cartel se caracteriza por la creciente autonomía de las organizaciones partidistas respecto de la sociedad y por la cooperación entre los partidos establecidos para proteger sus intereses colectivos.

Con base en ello, la pregunta central que debemos hacernos es: ¿quién gobierna el futbol mexicano y en beneficio de quién diseña sus reglas?

Gobernar no significa únicamente administrar torneos. También implica establecer reglas, distribuir incentivos, definir derechos, determinar quién participa y fijar las consecuencias de ganar o perder.

Otro riesgo al que no se le ha prestado suficiente atención es el de la legitimidad.

La legitimidad es un intangible que cualquier sistema social, incluido uno deportivo, necesita quizá tanto como la eficiencia económica.

La legitimidad del futbol profesional descansa, en buena medida, sobre una idea profundamente arraigada: el campo y el balón determinan quién merece ganar, obtener reconocimiento y acceder a otra categoría.

Cuando una institución modifica las reglas para impedir que el resultado deportivo produzca movilidad entre categorías, surge una tensión entre la legitimidad institucional y la deportiva.

Los clubes de Expansión intentan convertir esa tensión en una disputa jurídica y política. El hecho de que hayan acudido nuevamente al TAS demuestra que el conflicto ya no es únicamente deportivo.

Ahora estamos ante una disputa por las reglas de gobernanza del sistema.

Los defensores del modelo cerrado pueden argumentar que buscan fortalecer financieramente a la Liga MX, generar estabilidad y profesionalizar la estructura del futbol.

No obstante, estabilidad y gobernabilidad no son necesariamente sinónimos de legitimidad.

Un sistema puede ser estable porque protege a quienes ya están dentro. Sin embargo, cuando las reglas impiden el ingreso de nuevos competidores, esa estabilidad puede convertirse en exclusión institucionalizada.

Esto también ocurre en los sistemas políticos cartelizados. Las élites alcanzan acuerdos que producen estabilidad, pero lo hacen a costa de alejarse progresivamente de la sociedad y cerrar los canales de competencia.

La comparación con Katz y Mair permite formular una pregunta incómoda para el futbol mexicano: ¿estamos ante una Liga que busca fortalecer la competencia o ante una élite que intenta proteger su posición en el mercado futbolístico?

Si el ascenso y el descenso desaparecen definitivamente, la Liga MX corre el riesgo de convertirse en una estructura de membresía restringida, donde la competencia determina quién es campeón, pero no quién puede ingresar a la élite.

Eso modifica el sentido mismo del mérito deportivo.

Un futbol donde ganar no permite ascender y perder no implica descender conserva la competencia, pero elimina la movilidad, limita la meritocracia y puede debilitar la legitimidad del sistema en su conjunto.

Por eso, la batalla de Leones Negros, Atlético La Paz, Atlético Morelia, Mineros y Cancún no puede interpretarse solamente como la lucha de cinco clubes por llegar a Primera División.

En un sentido más amplio, se trata de una disputa por el poder de definir las reglas del futbol mexicano.

También plantea si ese poder debe subordinarse al mérito deportivo o a los intereses de quienes ya ocupan la cúspide del sistema.

La teoría del partido cartel ofrece así una potente metáfora para pensar en un posible «futbol cartelizado».

Es decir, un sistema donde los actores que controlan los espacios centrales de poder cierran las puertas de entrada y transforman una competencia abierta en una disputa reservada para los integrantes de una élite previamente definida.

La eliminación del ascenso y el descenso no se limita a una decisión deportiva.

También constituye un caso sobre cómo un conjunto de actores formalmente competidores puede transformar, mediante acuerdos colectivos, un sistema abierto en uno cerrado y priorizar su permanencia sobre la competencia genuina.

Además, permite observar cómo, a medida que aumentan los intereses compartidos, también crece la tendencia de los actores dominantes a cooperar y ejercer la facultad de diseñar su propio entorno normativo.

La tesis de Katz y Mair sobre la cartelización de la democracia ofrece un marco útil —sin que se trate de una equivalencia literal— para entender por qué el mérito deportivo dejó de ser suficiente para acceder a la élite.

También ayuda a comprender por qué Leones Negros, Atlético La Paz, Mineros de Zacatecas, Atlético Morelia y Cancún FC enfrentan algo más que una barrera deportiva: enfrentan una barrera estructural.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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