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Jóvenes es hora del activismo político

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Opinión de Fernando Arango
El activismo juvenil debe ser la fuerza motriz que impulse un cambio real en México. Foto de fondo: AP.

Es hora de que la juventud mexicana asuma su responsabilidad histórica y se involucre de lleno en el activismo político. El País necesita una inyección de ideas frescas y un ímpetu que sólo las nuevas generaciones pueden aportar.

Ya no podemos seguir confiando en pensadores del siglo XIX, cuyas ideologías, como el marxismo, han demostrado su ineficacia a lo largo del tiempo y han causado más divisiones que progreso.

A medida que nos acercamos a los primeros treinta años del siglo XXI, es evidente que los desafíos actuales requieren soluciones innovadoras, no dogmas anacrónicos.

El activismo juvenil debe ser la fuerza motriz que impulse un cambio real en México. Con su conocimiento de la tecnología, su capacidad para la conectividad y su visión global, los jóvenes están mejor equipados para generar un impacto positivo y duradero.

Las redes sociales, las plataformas digitales y la conciencia colectiva son herramientas poderosas que pueden ser utilizadas para construir movimientos, movilizar a la sociedad y exigir transparencia a quienes nos gobiernan.

Es el momento de dejar de ser simples espectadores y convertirse en los protagonistas de nuestra propia historia.

En este nuevo capítulo para la nación, el liderazgo de los jóvenes no es una opción, sino una necesidad imperativa. La jubilación de las viejas guardias políticas debe ser el primer paso para abrir las puertas a una nueva era de responsabilidad y honestidad.

Es vital que la juventud se involucre para reconstruir el tejido social y político, tomando las riendas del país con un enfoque en la innovación, la sostenibilidad y la justicia. El futuro de México no está en el pasado, sino en las manos y la mente de quienes están listos para construir un siglo XXI a la altura de sus aspiraciones.

Del anacronismo a la frescura: La urgencia de la juventud en la política mexicana

En días recientes, el presidente nacional del PRI, Alito Moreno, convocó a una concentración en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México. Las imágenes, sin embargo, revelaron una preocupante realidad: la mayoría de los asistentes eran adultos y adultos mayores, lo que alimenta la sospecha de la falta de interés de la juventud en la actividad política en México.

Esta aparente apatía generalizada ha sido una constante en los análisis de la vida pública del país, señalando una desconexión entre las nuevas generaciones y los partidos políticos tradicionales.

No obstante, esta falta de participación masiva no significa una carencia de voz. A pesar de que los grandes foros parecen dominados por las viejas guardias, hay casos que demuestran la fuerza de la juventud cuando se atreve a confrontar al poder establecido.

El ejemplo de Victoria Montes de Oca, la estudiante que enfrentó públicamente al senador Gerardo Fernández Noroña llamándolo misógino, es una muestra clara de ello. Con preguntas simples y directas, la joven lo desubicó por completo, evidenciando que la frescura y el atrevimiento de la juventud pueden exponer las inconsistencias de los políticos de carrera, quienes a menudo carecen de respuestas concretas.

La disrupción que la joven Montes de Oca generó en el discurso del senador demuestra que el activismo juvenil, aunque no siempre se manifieste en las calles de manera tradicional, tiene una fuerza innegable. Su valentía subraya el contraste entre la energía y las ideas frescas del siglo XXI, representadas por ella, y el anacronismo de ciertos discursos y políticos.

Este incidente no sólo visibilizó una problemática social, sino que también dejó en claro que es imperativo para la salud de la democracia mexicana que los jóvenes asuman un rol más protagónico y dejen de ser simples espectadores.

La propuesta de retiro: Dignidad y renovación

El vergonzoso incidente del senador Fernández Noroña con el legislador priista Alito Moreno en la tribuna del Congreso es una prueba tangible de que la fuerza física y la agilidad mental, indispensables para el debate político, se ven mermadas por el paso del tiempo. Bastó con un ligero empujón del senador para que Noroña, prácticamente, saliera volando como hoja en otoño.

Esto, sumado al lamentable caso de la ex presidenta de la Cámara de Diputados, Ifigenia Martínez, quien en la toma de protesta de Claudia Sheinbaum se mostró visiblemente frágil y sin la fuerza necesaria para el acto protocolario, evidencia la necesidad de un relevo generacional.

Una mujer con la trayectoria e inteligencia de Ifigenia no merecía una exhibición así; su fallecimiento a los pocos días de este evento refuerza la urgencia de dar paso a nuevas generaciones.

Esta necesidad se vuelve aún más imperativa al considerar las contradicciones de la clase política, ya que Noroña, a sus 65 años, celebró haber recibido su tarjeta del Bienestar, lo que lo hace sujeto al apoyo del gobierno federal, a pesar de haber adquirido, a su dicho, una casa de 12 millones de pesos. Este tipo de actos no solo genera dudas sobre la ética, sino que subraya la importancia de abrir la puerta a los jóvenes con ideas frescas.

El desempeño de Fernández Noroña ante las interrogantes de la estudiante Montes de Oca lo desubicaron totalmente, toda vez que no supo manejar la situación. Con preguntas simples, la joven lo sacó de sus casillas.

Este hecho, aunado a la falta de fuerza para enfrentar un empujón o para rendir una protesta, demuestra que la edad no perdona, ni a los más astutos oradores ni a los más experimentados políticos. Es por eso que, en un país que clama por renovación, es necesario buscar que la clase política, al igual que todos los gobernados, se jubilen de algún cargo público a los 65 años.

La apertura de la puerta a las nuevas generaciones

El establecimiento de una edad de jubilación obligatoria para los legisladores a los 65 años no es una medida discriminatoria, sino una política necesaria para garantizar la vitalidad y la eficiencia del servicio público. Lejos de atentar contra los derechos humanos, esta propuesta abre una oportunidad invaluable para la juventud de México, permitiéndoles ocupar espacios de poder con ideas nuevas y enfoques innovadores.

Es fundamental que la vida política del País se nutra de la energía, la creatividad y la visión de una generación que ha crecido en la era digital y que, por ende, está mejor equipada para enfrentar los desafíos complejos del siglo XXI.

Al abrirle la puerta a los jóvenes, se asegura que las decisiones políticas se tomen con una perspectiva actualizada y acorde con las necesidades de la sociedad contemporánea.

Es hora de dejar atrás las ideas anacrónicas y los dogmas de pensadores del siglo XIX para dar paso a un pensamiento renovado, dinámico y que no esté atado a viejos vicios. La participación activa de la juventud en la política es la única vía para romper con los ciclos de corrupción y estancamiento que han plagado a la nación por décadas.

En este momento crucial para el país, es imperativo que los jóvenes mexicanos asuman su responsabilidad de llevar a México por un nuevo rumbo, con honestidad y compromiso.

La jubilación obligatoria para los políticos de más de 65 años no es un fin en sí mismo, sino un medio para inyectar frescura, transparencia y responsabilidad al sistema político, garantizando así un futuro más prometedor y equitativo para todos.

Jubilación obligatoria a los 65 años y los derechos humanos de los legisladores

La jubilación obligatoria de los legisladores a los 65 años no constituye una violación a sus derechos humanos, sino una medida de salubridad democrática. Si bien el Artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos protege el derecho a participar en la vida pública y a tener acceso en condiciones de igualdad a las funciones públicas, este derecho no es absoluto.

Se encuentra sujeto a regulaciones que busquen un propósito legítimo y sean proporcionales, como garantizar la eficiencia, la capacidad y la renovación en el servicio público. La edad, en este caso, se convierte en un criterio objetivo para asegurar que quienes toman decisiones críticas para el país cuenten con la vitalidad y la perspectiva necesarias.

Además, el retiro obligatorio a los 65 años no les impide a los legisladores seguir participando en la vida política del país desde otros espacios, como la academia, el activismo social o el periodismo. Su derecho a la libertad de expresión y a la participación política no se extingue, simplemente se traslada a un ámbito donde su experiencia puede seguir siendo valiosa sin la carga física y la presión de un puesto legislativo.

El derecho a una jubilación digna, contemplado en diversas legislaciones, sí se mantiene e incluso se fortalece, ya que se les permite un retiro con seguridad económica después de una larga carrera, honrando sus años de servicio. No se les está negando su pasado, se está optimizando su futuro y el de la nación.

La medida de la jubilación a los 65 años no es una forma de discriminación por edad, sino una estrategia para garantizar la circulación de ideas y la entrada de perspectivas que se alineen con el siglo XXI.

Proteger el acceso a la función pública no puede ser sinónimo de perpetuar a las mismas personas en el poder hasta su fallecimiento, como en el lamentable caso de la exdiputada Ifigenia Martínez, quien, en la toma de protesta de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo como presidenta de la república, a pesar de su gran intelecto, demostró una fragilidad que la vida política en activo no perdona.

Retirar a los legisladores a una edad determinada asegura que la representación política sea un reflejo fiel de la dinámica y la fuerza de la sociedad que representan, una sociedad donde las nuevas ideas y el ímpetu juvenil son indispensables.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

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La muerte de ‘El Mencho’ y el sismo que viene

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El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ocurrido el domingo 22 de febrero de 2026 durante un operativo militar en Tapalpa, Jalisco representa un hito mayor en la estrategia de seguridad

El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG),
Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ocurrido el domingo 22 de febrero de 2026 durante un operativo militar en Tapalpa, Jalisco representa un hito mayor en la estrategia de seguridad del Estado mexicano, comparable a golpes pasados contra otros capos históricos. Sin embargo, también inaugura una etapa de alto riesgo e incertidumbre tanto en términos de violencia como de gobernabilidad local y regional. 

Posterior al dispositivo de seguridad que buscaba detener al líder delictivo, grupos delincuenciales respondieron con reacciones violentas en la Zona Metropolitana de Guadalajara y otras regiones de Jalisco, así como en otras entidades: bloqueos de carreteras, quema de vehículos, enfrentamientos armados y otras acciones contra servicios públicos. Esto obligó a autoridades estatales a activar códigos de emergencia y reforzar coordinación con fuerzas federales. 

Es prudente mencionar que la muerte del líder no disminuye automáticamente la violencia; por el contrario, puede intensificarla en el corto plazo debido a la necesidad del grupo criminal de demostrar que sigue operando y no está debilitado.

Organizaciones como el CJNG no dependen de un solo individuo para sobrevivir. Aunque Nemesio Oseguera Cervantes era una figura central, la estructura del cártel es relativamente descentralizada y multifacética, con varios ejecutores regionales, grupos escindidos y brazos operativos. Los bloqueos y quemas de vehículos muestran una estructura con sus engranajes y resortes lubricados, una nómina bien organizada dispuesta a actuar a la luz pública y una correa de transmisión de mando bien entrenada.

En ese sentido, el deceso del líder criminal puede generar al menos tres escenarios de sucesión interna:

1. Un liderazgo fuerte emerge rápidamente. Alguno de sus subordinados o un lugarteniente toma el control y mantiene la disciplina y la red operativa.

2. Fragmentación interna. Tensiones internas, celos, rivalidades o luchas por el poder dan paso a divisiones, generando enfrentamientos entre células del mismo cártel

3. Alianzas temporales con otros grupos criminales.  Formar alianzas o coaliciones para mantener rutas, territorios o, simplemente, influencia frente a organizaciones rivales. 

La muerte del líder formal del grupo delictivo podría producir efectos inmediatos de violencia y reacciones tácticas, seguidos por dinámicas de reacomodo interno y externo que definirán la gobernabilidad en Jalisco. Las líneas de acción posibles van desde una contención rápida hasta la competencia entre cárteles o la captura institucional. Los primeros días y semanas son críticos para contener la violencia y evitar que el vacío de poder se traduzca en fragmentación o en la entrada de nuevos actores. La experiencia reciente en Jalisco muestra reacciones violentas inmediatas tras golpes a liderazgos criminales, con bloqueos y quema de vehículos que afectan movilidad y percepción de seguridad. El escenario más probable es que estaremos ante una fase de competencia interna, con potencial incremento de violencia y debilitamiento de la cohesión criminal en el mediano plazo.

No está de más decir que el aniquilamiento de un capo de esta magnitud fortalece la imagen del Estado mexicano como actor capaz de confrontar a grupos criminales y recuperar espacios de autoridad. No obstante, los episodios violentos como forma de represalia demuestran que las instituciones aún enfrentan límites y retos superlativos para garantizar el orden inmediato. La gobernabilidad local puede verse tensionada si no se acompaña de estrategias integrales más allá de la acción militar.

Para ello será clave promover una coordinación amplia entre ámbitos de gobierno, fortalecimiento de inteligencia y presencia civil —no sólo seguridad— para prevenir cualquier eventualidad producto de los vacíos de poder temporal.

En concreto, estamos ante la posibilidad de una reconfiguración interna del CJNG, con la consiguiente fragmentación violenta localizada. Por ello, se requiere el fortalecimiento de programas sociales y de prevención para contrarrestar el reclutamiento criminal, además de estrategias más amplias de inteligencia y de cooperación internacional.

Si la fragmentación criminal persiste sin control institucional, podría erosionarse aún más la gobernabilidad y la seguridad local. Si las instituciones consolidan su presencia civil y de seguridad, podría abrirse una ventana para reducciones sostenibles de violencia en zonas clave.

Un suceso de la magnitud y resonancia como el abatimiento del líder delictivo abre ventanas de riesgo y de oportunidad. La diferencia entre contención y desorden prolongado dependerá de la coordinación interinstitucional, la capacidad de inteligencia y la respuesta socioeconómica que acompañe las medidas de seguridad. Actuar rápido para proteger a la población y, simultáneamente, fortalecer instituciones y programas de prevención es la vía más sólida para preservar la gobernabilidad en Jalisco.

La liquidación de Oseguera Cervantes puede representar un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado en México y especialmente en Jalisco. Sin embargo, no garantiza estabilidad automática. En el mejor de los casos, este evento puede catalizar esfuerzos institucionales y sociales hacia una gobernabilidad más robusta; en el peor, podría desatar nuevas dinámicas de violencia y fragmentación criminal. La clave estará en cómo el Estado combine seguridad con políticas sociales y de desarrollo que reduzcan la lógica de poder detrás del crimen organizado a largo plazo. 

Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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Los riesgos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026

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Los riesgos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026

La gobernabilidad se refiere a las formas y procesos en que una autoridad gubernamental toma decisiones de manera eficaz y la medida en que dichas decisiones se traducen en legitimidad. En un ejercicio prospectivo para imaginar los escenarios posibles que impactarían la gobernabilidad de Jalisco en 2026, se torna necesario dejar de mirar “el árbol” del presente y mirar “el bosque” de lo que resta del año.

Estamos en un año pivote: la antesala de la sucesión de 2027 y el escaparate global del Mundial de Fútbol.

Para profundizar en la prospectiva de Jalisco 2026 es necesario pasar del diagnóstico a la evaluación de riesgos específicos. En este análisis, se evalúa la probabilidad de ocurrencia y el impacto de las variables críticas en los indicadores que definen la gobernabilidad y la salud democrática de Jalisco.

A continuación, se presentan los 10 riesgos críticos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026, analizados prospectivamente.

Parálisis por “Federalismo punitivo” 

Con un presupuesto donde el 80 por ciento de los ingresos dependen de la Federación, la soberanía política de Jalisco es, en realidad, una negociación contable constante. Probabilidades de que exista tensión entre el Gobierno de Jalisco, emanado del partido Movimiento Ciudadano (MC) y el Gobierno Federal, emanado del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), podrían generar una relación que pase del retórico intercambio de declaraciones a la asfixia operativa. 

El riesgo es que la Federación retrase deliberadamente flujos financieros o permisos federales (agua, energía, medio ambiente) críticos para obras estatales, buscando debilitar la marca política local rumbo al 2027. La posibilidad de esta tensión impactaría en obras inconclusas y servicios públicos deficientes que la ciudadanía cobraría al gobierno local.

Fragmentación de la Mesa Metropolitana 

El Siapa y la gestión de la basura en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) son focos rojos de deterioro social. La ineficacia en estos servicios básicos es el camino más rápido al descontento ciudadano masivo.

Existe el riesgo de una ruptura en la coordinación técnica entre Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Tlajomulco y Tlaquepaque. Al acercarse el año electoral, los alcaldes podrían priorizar agendas políticas individuales sobre la gestión técnica conjunta (seguridad, basura, vialidad), rompiendo el modelo de gobernanza metropolitana. Esto conllevaría crisis operativas en servicios municipales que colapsen la ciudad por sectores.

Obstrucción judicial interna 

Con la reforma judicial federal en marcha, Jalisco enfrenta el desafío de reformar su propio Poder Judicial sin perder autonomía ni caer en la parálisis. Existe un foco de conflictividad política latente entre el Ejecutivo y las fuerzas de oposición en el Congreso. Se debe evitar la “copia acrítica” con el modelo federal y buscar un modelo híbrido que garantice la carrera judicial local para mantener la eficacia decisional.

Podría generarse una resistencia pasiva o “huelga de brazos caídos” dentro del Poder Judicial local ante la implementación de las reformas judiciales. Si los jueces y magistrados locales sienten amenazada su estabilidad por la elección popular de cargos, podrían ralentizar la impartición de justicia. Esto podría acarrear un aumento de la impunidad y parálisis en la resolución de conflictos comerciales y penales.

El “fuego amigo” prematuro 

No deberá descartarse que la carrera por las candidaturas de 2027 se adelante incontrolablemente dentro del partido gobernante. Las facciones internas podrían comenzar a operar unas contra otras, filtrando información dañina o saboteando programas de sus rivales internos dentro del mismo gabinete. Lo cual repercutiría en un gobierno estatal que pierde el foco de gobernar para centrarse en la “grilla” interna, generando vacío de poder.

El factor más peligroso —y el menos visible— suele ser la erosión silenciosa de los “mecanismos de compensación” internos, esos acuerdos informales que permiten que algunas corrientes internas acepten que otra corriente controle las candidaturas sin romper el pacto. Cuando esos mecanismos dejan de funcionar, el conflicto ya no es sólo político, se torna también existencial.

Radicalización de la oposición en el Congreso 

El Congreso del Estado se convertirá en un campo de batalla conforme se acerque 2027. La capacidad del gobernador para construir mayorías será puesta a prueba. Una mayoría opositora podría bloquear el presupuesto de 2027, afectando la estabilidad política. Se corre el riesgo de que la oposición (Morena y aliados) utilice su fuerza legislativa para bloquear sistemáticamente iniciativas clave o el presupuesto de 2027, no por razones técnicas, sino como estrategia de desgaste.

Eso conduciría a una gobernabilidad por decreto o reconducción presupuestal, lo que genera incertidumbre jurídica para proveedores y contratistas, pero principalmente a zonas y sectores que requieren respuestas a problemáticas ingentes.

Politización de la gestión del agua 

A pesar de las inversiones, el Río Santiago sigue siendo una herida abierta. La presión internacional y de derechos humanos aumentará en 2026. Una buena gestión del agua sería un indicador clave de la eficacia de las políticas públicas a largo plazo.

Existe el riesgo de que la escasez de agua en el estiaje de 2026 sea utilizada como arma política. Si falla el suministro en colonias populares, la movilización social puede ser instigada por actores políticos para generar caos y culpar a la administración estatal. Posibles protestas masivas y cortes de vialidades principales afectarían la gobernabilidad urbana.

El “efecto escaparate” del crimen organizado 

El Mundial es una oportunidad de oro, pero también un riesgo logístico. Cualquier episodio de violencia o falla en el transporte durante el evento tendría impacto global. Un éxito en el Mundial refuerza la legitimidad, un fallo la hunde internacionalmente. No se debe descartar el riesgo de que los grupos del crimen organizado aprovechen la visibilidad internacional del Mundial 2026 para enviar mensajes de poder. No necesariamente violencia contra turistas, sino bloqueos, mantas o eventos de alto impacto en la periferia como demostración de control territorial, aludiendo a un poder que ya no es únicamente simbólico.

Hechos de esta índole podrían generar una crisis reputacional global que destruya las narrativas de “Jalisco es México” y “Al estilo Jalisco” y afectar de manera ostensible la inversión extranjera.

El “segundo piso” de la crisis forense y de desaparecidos 

Jalisco llega a 2026 liderando las estadísticas nacionales de desapariciones. El reto no es sólo estadístico, sino de legitimidad gubernamental. Existe una brecha de confianza profunda entre las cifras oficiales y la realidad de los colectivos de búsqueda. La gobernabilidad se erosiona cuando el Estado no puede garantizar el derecho a ser buscado.

El hallazgo de nuevas fosas masivas o la saturación visible del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) en pleno 2026 es un riesgo que no se puede descartar. Si la narrativa oficial choca frontalmente con una realidad inocultable, la legitimidad moral del gobierno se desploma. Un escenario como este puede provocar la radicalización de los colectivos de búsqueda y pérdida total de confianza en las instituciones de seguridad.

Gentrificación y desplazamiento violento 

La Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) vive una crisis de asequibilidad. El desplazamiento de la población local hacia la periferia genera tensiones sociales y problemas de movilidad. El supuesto éxito económico del estado no se está traduciendo en bienestar habitacional para la clase media y para los jóvenes.

Hay un riesgo latente de que el aumento del costo de vida y vivienda en la ZMG, exacerbado por el turismo del Mundial, provoque un estallido social de las clases trabajadoras desplazadas a las periferias sin servicios. Lo que repercutiría en un aumento de delitos patrimoniales en zonas residenciales y polarización de clases (ricos vs. pobres) en el espacio urbano.

Infiltración criminal en policías municipales del interior 

El dominio de grupos del crimen organizado en zonas limítrofes (Altos, Norte y límites con Michoacán/Zacatecas) desafía la soberanía del Estado. Existe el riesgo de una “gobernanza criminal” paralela que sustituya al Estado en la resolución de conflictos locales. Mientras se blinda la Zona Metropolitana para el Mundial, se corre el riesgo de que el crimen organizado consolide su control absoluto sobre las policías municipales de las regiones Altos, Norte y Sureste, creando “zonas de silencio” donde el Estado no existe.

La detención y vinculación del alcalde —y otros funcionarios del Ayuntamiento— del municipio de Tequila por presuntos delitos de violencia organizada y extorsión en días recientes son una muestra fehaciente de una institucionalidad vulnerada y corrompida. El riesgo de que esas conductas se repitan en otros municipios, está latente.

Conclusiones 

El riesgo para Jalisco en 2026 es que la eficacia decisional y la estabilidad se vean sacrificadas en el altar de la conflictividad política. El Mundial actúa como un catalizador: puede ser la plataforma para demostrar una gobernanza de clase mundial o el escenario donde las fracturas sociales y de seguridad se expongan globalmente.

El gobierno deberá priorizar la cohesión institucional (blindar el Gabinete de la fiebre electoral) y la legitimidad (resolver de fondo casos emblemáticos de desaparición) para construir un colchón de confianza que le permita navegar las crisis que inevitablemente surgirán en los otros indicadores.

El mayor riesgo para la gobernabilidad de Jalisco en 2026 no es un colapso súbito, sino una erosión gradual y simultánea. El peligro es que el gobierno estatal sea tan eficiente en la administración de la imagen (mercadotecnia política para el Mundial) que descuide la administración de la realidad (seguridad y servicios en la periferia), creando una olla de presión que podría estallar justo antes de las elecciones de 2027.

En resumen, la gobernabilidad en Jalisco para este 2026 no se jugará en los discursos, sino en la capacidad técnica para resolver crisis humanitarias como la de las personas desaparecidas y la inseguridad, así como las operativas (servicios públicos: transporte, agua, basura), mientras se navega en un mar de polarización política nacional.


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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