Connect with us
Opinión

Jóvenes es hora del activismo político

Publicada

Opinión de Fernando Arango
El activismo juvenil debe ser la fuerza motriz que impulse un cambio real en México. Foto de fondo: AP.

Es hora de que la juventud mexicana asuma su responsabilidad histórica y se involucre de lleno en el activismo político. El País necesita una inyección de ideas frescas y un ímpetu que sólo las nuevas generaciones pueden aportar.

Ya no podemos seguir confiando en pensadores del siglo XIX, cuyas ideologías, como el marxismo, han demostrado su ineficacia a lo largo del tiempo y han causado más divisiones que progreso.

A medida que nos acercamos a los primeros treinta años del siglo XXI, es evidente que los desafíos actuales requieren soluciones innovadoras, no dogmas anacrónicos.

Advertisement

Banner publicitario

El activismo juvenil debe ser la fuerza motriz que impulse un cambio real en México. Con su conocimiento de la tecnología, su capacidad para la conectividad y su visión global, los jóvenes están mejor equipados para generar un impacto positivo y duradero.

Las redes sociales, las plataformas digitales y la conciencia colectiva son herramientas poderosas que pueden ser utilizadas para construir movimientos, movilizar a la sociedad y exigir transparencia a quienes nos gobiernan.

Es el momento de dejar de ser simples espectadores y convertirse en los protagonistas de nuestra propia historia.

En este nuevo capítulo para la nación, el liderazgo de los jóvenes no es una opción, sino una necesidad imperativa. La jubilación de las viejas guardias políticas debe ser el primer paso para abrir las puertas a una nueva era de responsabilidad y honestidad.

Es vital que la juventud se involucre para reconstruir el tejido social y político, tomando las riendas del país con un enfoque en la innovación, la sostenibilidad y la justicia. El futuro de México no está en el pasado, sino en las manos y la mente de quienes están listos para construir un siglo XXI a la altura de sus aspiraciones.

Del anacronismo a la frescura: La urgencia de la juventud en la política mexicana

En días recientes, el presidente nacional del PRI, Alito Moreno, convocó a una concentración en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México. Las imágenes, sin embargo, revelaron una preocupante realidad: la mayoría de los asistentes eran adultos y adultos mayores, lo que alimenta la sospecha de la falta de interés de la juventud en la actividad política en México.

Esta aparente apatía generalizada ha sido una constante en los análisis de la vida pública del país, señalando una desconexión entre las nuevas generaciones y los partidos políticos tradicionales.

No obstante, esta falta de participación masiva no significa una carencia de voz. A pesar de que los grandes foros parecen dominados por las viejas guardias, hay casos que demuestran la fuerza de la juventud cuando se atreve a confrontar al poder establecido.

El ejemplo de Victoria Montes de Oca, la estudiante que enfrentó públicamente al senador Gerardo Fernández Noroña llamándolo misógino, es una muestra clara de ello. Con preguntas simples y directas, la joven lo desubicó por completo, evidenciando que la frescura y el atrevimiento de la juventud pueden exponer las inconsistencias de los políticos de carrera, quienes a menudo carecen de respuestas concretas.

La disrupción que la joven Montes de Oca generó en el discurso del senador demuestra que el activismo juvenil, aunque no siempre se manifieste en las calles de manera tradicional, tiene una fuerza innegable. Su valentía subraya el contraste entre la energía y las ideas frescas del siglo XXI, representadas por ella, y el anacronismo de ciertos discursos y políticos.

Este incidente no sólo visibilizó una problemática social, sino que también dejó en claro que es imperativo para la salud de la democracia mexicana que los jóvenes asuman un rol más protagónico y dejen de ser simples espectadores.

La propuesta de retiro: Dignidad y renovación

El vergonzoso incidente del senador Fernández Noroña con el legislador priista Alito Moreno en la tribuna del Congreso es una prueba tangible de que la fuerza física y la agilidad mental, indispensables para el debate político, se ven mermadas por el paso del tiempo. Bastó con un ligero empujón del senador para que Noroña, prácticamente, saliera volando como hoja en otoño.

Esto, sumado al lamentable caso de la ex presidenta de la Cámara de Diputados, Ifigenia Martínez, quien en la toma de protesta de Claudia Sheinbaum se mostró visiblemente frágil y sin la fuerza necesaria para el acto protocolario, evidencia la necesidad de un relevo generacional.

Una mujer con la trayectoria e inteligencia de Ifigenia no merecía una exhibición así; su fallecimiento a los pocos días de este evento refuerza la urgencia de dar paso a nuevas generaciones.

Esta necesidad se vuelve aún más imperativa al considerar las contradicciones de la clase política, ya que Noroña, a sus 65 años, celebró haber recibido su tarjeta del Bienestar, lo que lo hace sujeto al apoyo del gobierno federal, a pesar de haber adquirido, a su dicho, una casa de 12 millones de pesos. Este tipo de actos no solo genera dudas sobre la ética, sino que subraya la importancia de abrir la puerta a los jóvenes con ideas frescas.

El desempeño de Fernández Noroña ante las interrogantes de la estudiante Montes de Oca lo desubicaron totalmente, toda vez que no supo manejar la situación. Con preguntas simples, la joven lo sacó de sus casillas.

Este hecho, aunado a la falta de fuerza para enfrentar un empujón o para rendir una protesta, demuestra que la edad no perdona, ni a los más astutos oradores ni a los más experimentados políticos. Es por eso que, en un país que clama por renovación, es necesario buscar que la clase política, al igual que todos los gobernados, se jubilen de algún cargo público a los 65 años.

La apertura de la puerta a las nuevas generaciones

El establecimiento de una edad de jubilación obligatoria para los legisladores a los 65 años no es una medida discriminatoria, sino una política necesaria para garantizar la vitalidad y la eficiencia del servicio público. Lejos de atentar contra los derechos humanos, esta propuesta abre una oportunidad invaluable para la juventud de México, permitiéndoles ocupar espacios de poder con ideas nuevas y enfoques innovadores.

Es fundamental que la vida política del País se nutra de la energía, la creatividad y la visión de una generación que ha crecido en la era digital y que, por ende, está mejor equipada para enfrentar los desafíos complejos del siglo XXI.

Al abrirle la puerta a los jóvenes, se asegura que las decisiones políticas se tomen con una perspectiva actualizada y acorde con las necesidades de la sociedad contemporánea.

Es hora de dejar atrás las ideas anacrónicas y los dogmas de pensadores del siglo XIX para dar paso a un pensamiento renovado, dinámico y que no esté atado a viejos vicios. La participación activa de la juventud en la política es la única vía para romper con los ciclos de corrupción y estancamiento que han plagado a la nación por décadas.

En este momento crucial para el país, es imperativo que los jóvenes mexicanos asuman su responsabilidad de llevar a México por un nuevo rumbo, con honestidad y compromiso.

La jubilación obligatoria para los políticos de más de 65 años no es un fin en sí mismo, sino un medio para inyectar frescura, transparencia y responsabilidad al sistema político, garantizando así un futuro más prometedor y equitativo para todos.

Jubilación obligatoria a los 65 años y los derechos humanos de los legisladores

La jubilación obligatoria de los legisladores a los 65 años no constituye una violación a sus derechos humanos, sino una medida de salubridad democrática. Si bien el Artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos protege el derecho a participar en la vida pública y a tener acceso en condiciones de igualdad a las funciones públicas, este derecho no es absoluto.

Se encuentra sujeto a regulaciones que busquen un propósito legítimo y sean proporcionales, como garantizar la eficiencia, la capacidad y la renovación en el servicio público. La edad, en este caso, se convierte en un criterio objetivo para asegurar que quienes toman decisiones críticas para el país cuenten con la vitalidad y la perspectiva necesarias.

Además, el retiro obligatorio a los 65 años no les impide a los legisladores seguir participando en la vida política del país desde otros espacios, como la academia, el activismo social o el periodismo. Su derecho a la libertad de expresión y a la participación política no se extingue, simplemente se traslada a un ámbito donde su experiencia puede seguir siendo valiosa sin la carga física y la presión de un puesto legislativo.

El derecho a una jubilación digna, contemplado en diversas legislaciones, sí se mantiene e incluso se fortalece, ya que se les permite un retiro con seguridad económica después de una larga carrera, honrando sus años de servicio. No se les está negando su pasado, se está optimizando su futuro y el de la nación.

La medida de la jubilación a los 65 años no es una forma de discriminación por edad, sino una estrategia para garantizar la circulación de ideas y la entrada de perspectivas que se alineen con el siglo XXI.

Proteger el acceso a la función pública no puede ser sinónimo de perpetuar a las mismas personas en el poder hasta su fallecimiento, como en el lamentable caso de la exdiputada Ifigenia Martínez, quien, en la toma de protesta de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo como presidenta de la república, a pesar de su gran intelecto, demostró una fragilidad que la vida política en activo no perdona.

Retirar a los legisladores a una edad determinada asegura que la representación política sea un reflejo fiel de la dinámica y la fuerza de la sociedad que representan, una sociedad donde las nuevas ideas y el ímpetu juvenil son indispensables.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

Advertisement
Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

La ‘Gestapo del mundo’ 

Publicada

on

La ‘Gestapo del mundo’ escribe Fernando Arango
La "Gestapo del mundo" solo avanza cuando los pueblos olvidan el valor de su propia ley. Foto: Especial.

El escenario geopolítico de 2026 nos sitúa frente a una de las encrucijadas más peligrosas del siglo XXI. La retórica de la administración Trump respecto a la detención de Nicolás Maduro en Venezuela bajo la bandera de «limpieza» y «restauración del orden» no debe leerse como un acto de filantropía internacional, sino como la instauración formal de una Gestapo del mundo: una policía global que no reconoce fronteras, tratados ni la autodeterminación de los pueblos.

Estados Unidos intervino en Venezuela bajo el argumento de erradicar un régimen, estableciendo un precedente jurídico aterrador: la muerte del Estado Soberano. La soberanía no es una concesión graciosa de las potencias, sino la base del orden internacional.

Si el mundo acepta que Washington puede «limpiar» una casa ajena sin mandato de la ONU y por encima de las leyes locales, estamos regresando a una Doctrina Monroe 2.0. Venezuela es hoy el laboratorio de una fórmula que mañana, con cualquier pretexto, se aplicará en el resto del continente.

Advertisement

Banner publicitario

Para México, el espejo de Venezuela es una advertencia directa. El argumento del narcotráfico y el fentanilo se ha convertido en el «caballo de Troya» para justificar una intervención en nuestro territorio. Es tentador para muchos ciudadanos, agotados por la violencia, aplaudir la entrada de la «Gestapo del Mundo» para erradicar al crimen organizado.

El argumento es simple pero devastador: «Tu casa está en desorden y el humo me molesta, así que entraré, sacaré a tu familia y yo manejaré tus cuentas». Como juristas, sabemos que el principio de par in parem non habet imperium (entre iguales no hay imperio) es la base de la civilización moderna. Si Donald Trump señala que Estados Unidos se hará cargo de la administración de un país soberano, está borrando de un plumazo décadas de Derecho Internacional. ¿Dónde queda el derecho de un pueblo a equivocarse o a corregir su propio rumbo?

Esta es la pregunta que nos quema las manos: ¿Qué pasaría en México? Los problemas del narcotráfico en nuestro País son una hidra de mil cabezas, un cáncer que ha permeado las instituciones. La tentación de decir «que vengan ellos y nos salven» es el canto de las sirenas para una sociedad agotada por la impunidad.

Sin embargo, como jurista, sostengo que el orden sin soberanía no es paz, es ocupación. Entregar la facultad de ejercer la fuerza pública a una potencia extranjera es abdicar de nuestra identidad y de nuestras instituciones. Si permitimos que «ellos» resuelvan nuestro problema de seguridad, les estamos entregando también el derecho de decidir sobre nuestras leyes, nuestra economía y nuestro futuro. La “Gestapo” no sólo busca criminales; busca el control absoluto del territorio.

Si el orden internacional se reduce a la voluntad del más fuerte de extraer y procesar a líderes extranjeros en cortes domésticas, entonces el sistema de tratados y la propia ONU han quedado obsoletos.

Es imperativo cuestionar nuestra propia identidad. Tenemos 60 millones de mexicanos una nación entera viviendo en el corazón de los Estados Unidos. ¿Cuál es su papel en esta crisis de soberanía?

No podemos seguir siendo una nación de espectadores que solo se reconoce como tal cada 15 de septiembre gritando una independencia de oropel, o cada 12 de diciembre rezando por un milagro ante la Virgen de Guadalupe. El folclore y la fe son pilares de nuestra cultura, pero la soberanía se defiende con agencia política, no con símbolos. Si esa enorme diáspora mexicana no despierta como un sujeto político capaz de influir en las decisiones del imperio, seguirán siendo testigos mudos de la erosión de su patria de origen.

La historia no tendrá misericordia con la generación que, por miedo o comodidad, entregó las llaves de la nación. La «Gestapo del mundo» solo avanza cuando los pueblos olvidan el valor de su propia ley.

México no necesita tutelaje; necesita instituciones sólidas, un Estado de Derecho inquebrantable y una ciudadanía que entienda que la soberanía es el único escudo que nos separa de ser una simple colonia administrativa. La pregunta no es si Trump puede entrar; la pregunta es si nosotros, como mexicanos, estamos dispuestos a dejar de serlo.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

Continúa leyendo
Opinión

Gavin Newsom y la ‘nación’ de los 60 millones de mexicanos

Publicada

on

Gavin Newsom y la 'nación' de los 60 millones de mexicanos

El anuncio de las intenciones del gobernador de California, Gavin Newsom, de contender en las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, marca un punto de inflexión con profundas implicaciones para el electorado de origen mexicano y la redefinición del poder en el país. 

Este movimiento no sólo abre un camino de esperanza para millones de personas y New Mexicans, sino que consolida el liderazgo de un frente político que busca darle voz a la “nación” demográfica y cultural que emerge en el suroeste del país.

Este movimiento se respalda en la masa demográfica de 60 millones de mexicanos en Estados Unidos, una fuerza que, sumada al apoyo de una gran cantidad de mexicanos en México, podría representar una base electoral sin precedentes para Newsom.

Advertisement

Banner publicitario

El concepto de “The New Mexicans States of America” no es una propuesta secesionista, sino una etiqueta conceptual para describir una realidad demográfica y cultural irreversible. 

En los estados de Nuevo México, Arizona y California, el poder del soft power mexicano ha gestado una diáspora (comunidad) con millones de personas que, juntas, suman una fuerza monumental entre esos 60 millones de mexicanos en Estados Unidos. 

Esta “nación” latente ha conquistado silenciosamente el tejido social, económico y cultural del país a través de su influencia en la música, la gastronomía, el deporte y el comercio. A pesar de las persecuciones y el trauma generado por el uso del ICE como herramienta de presión demográfica, la cultura se ha convertido en la armadura y el motor de resistencia de esta población.

La conexión geográfica y la herencia común han permitido que California, Nuevo México y Arizona funcionen como un corredor cultural y económico. Esta alianza natural de estados del suroeste se convierte en el epicentro de esta nueva fuerza política. 

Es aquí, en la cuna histórica del territorio mexicano en Estados Unidos, donde la diáspora ha mantenido viva su identidad, demostrando que las fronteras políticas no han logrado contener la unificación cultural. La cristalización de este poder es la respuesta pacífica a cualquier intento de alienación.

El ascenso de líderes como Gavin Newsom y la potencial vicepresidencia de Alex Padilla, es la constatación de que la revolución demográfica ha reescrito el mapa político desde dentro. La “Nación de los New Mexicans” está pasando de ser un poder cultural latente a una fuerza política activa. Al convocar a gobernadores clave y utilizar el soft power mexicano como estrategia, este movimiento busca construir una “barrera azul” de resistencia, transformando la resiliencia cultural en una palanca de poder electoral decisiva para las próximas elecciones presidenciales.

Newsom, al frente de California la cuarta economía mundial, se posiciona como un líder con la experiencia y la frescura necesarias para dirigir a los Estados Unidos. Su gestión como gobernador de California no solo se define por su capacidad para manejar una economía masiva, sino por una serie de logros progresistas que lo proyectan como el principal líder de la oposición a las políticas de la administración Trump.

Logros Clave de Gavin Newsom en California:

Protección de derechos reproductivos y sociales: Newsom ha consagrado protecciones en la Constitución de California para el aborto y las libertades reproductivas. Ha utilizado la autoridad de California para adquirir medicamentos clave y responder a interrupciones del suministro por motivos políticos.

Impulso a la clase trabajadora: Su administración ha impulsado legislaciones históricas para fortalecer a los trabajadores independientes, buscando mejorar las condiciones de vida de los californianos. Su oposición a la abolición de los acuerdos de contratación colectiva lo ha posicionado como un firme defensor de los derechos laborales.

Inversiones sociales masivas: Ha liderado la implementación de programas ambiciosos como el Pre-kínder universal y el financiamiento completo de comidas escolares gratuitas para todos los niños en California. También ha impulsado la expansión de programas de alfabetización y cursos de verano.

Abordando la crisis humanitaria y económica: Pese a las críticas por el alto costo de vida, la administraciónNewsom ha impulsado un enfoque progresista en la lucha contra la falta de vivienda. Más allá de la inversión récord en vivienda, el gobernador ha defendido la implementación de programas sociales innovadores, como el Care Court (Tribunal de Atención), diseñado para brindar tratamiento de salud mental y adicciones a personas sin hogar. Este tipo de políticas sociales complejas y audaces demuestran su disposición a enfrentar los problemas más difíciles del país, lo cual contrasta con las soluciones simplistas y punitivas que a menudo ofrece la oposición.

Resistencia y defensa migratoria: Newsom se ha convertido en una voz influyente a favor de los derechos de los inmigrantes, desafiando públicamente al gobierno federal. Ha movilizado a la Guardia Nacional para asistir en bancos de comida en respuesta a recortes federales y ha criticado duramente el despliegue de militares para tareas migratorias, advirtiendo que los regímenes autoritarios “empiezan por atacar a las personas con menos capacidad de defensa”.

Defensa del comercio transfronterizo y advertencia anti-Aranceles: Ha alertado consistentemente que las promesas de Trump de imponer un arancel del 25% a las importaciones mexicanas infligirían un daño económico devastador a California y a los consumidores. Al defender el libre comercio con México, Newsom protege el sustento de millones de New Mexicans que trabajan en sectores dependientes de este comercio transfronterizo.

El histórico gesto de Newsom al declarar el Día de Fernando Valenzuela el 1 de noviembre, cobra un significado póstumo aún más profundo. Fue una jugada maestra, ya que el 2 de noviembre es el tradicional Día de Muertos, enlazando dos celebraciones con un profundo toque mexicano. 

Este acto de poder político y celebración cultural contrasta directamente con la retórica anti-inmigrante. Al honrar a un ícono que unió a mexicanos a ambos lados de la frontera, Newsom solidifica su apoyo en un electorado mexicano crucial, utilizando este reconocimiento como un acto de diplomacia interna que fortalece los lazos con la comunidad.

La posible postulación de Newsom también catapulta al senador Alex Padilla hijo de padres, uno de Chihuahua y otro de Jalisco, a la posición de potencial vicepresidente de los Estados Unidos. Padilla, quien representa la herencia y la base demográfica de los New Mexicans, podría convertirse en el primer mexicano-estadounidense en ocupar dicho cargo. 

Hipotéticamente, esto lo colocaría como el candidato natural para ser el primer presidente de los Estados Unidos de ascendencia mexicana, un símbolo de la cristalización del poder político de esta población, muy a pesar del trauma que genera la alienación demográfica del presidente Donald Trump.

La juventud y el voto del mañana: El senador Padilla no solo representa la herencia; también encarna la voz de una nueva generación de New Mexicans. Su perfil conecta directamente con el voto joven y la alta tasa de natalidad de la diáspora (comunidad), que garantiza que su influencia política seguirá creciendo. Su posible ascenso a la vicepresidencia enviaría el mensaje de que el futuro de la democracia estadounidense no se definirá en Washington, sino en la energía, la juventud y la demografía del Suroeste.

Para enfrentar la presión del gobierno federal y el uso de ICE como brazo de presión contra las comunidades mexicano-americanas, es indispensable un frente de resistencia o «barrera azul» con el apoyo de gobernadores demócratas clave: Gobernadora Katie Hobbs (Arizona), gobernadora Michelle Lujan Grisham (Nuevo México), gobernadora Tina Kotek (Oregón), gobernador J. B. Pritzker (Illinois), gobernadora Kathy Hochul (Nueva York) y gobernador Bob Ferguson (Washington).

El Pacífico Noroeste (PNW), que incluye a Washington y Oregón, es una región fundamental para el concepto de los New Mexicans, extendiendo su alcance más allá del suroeste tradicional. Contrario a la percepción popular, estados como Washington han experimentado un crecimiento exponencial de la población de origen mexicano, la cual se ha convertido en una fuerza laboral crítica en la agricultura, la tecnología y el comercio. 

El gobernador de Washington, Bob Ferguson, ha demostrado su reconocimiento a esta diáspora (comunidad) al declarar la semana de la herencia mexicana, un gesto que resuena profundamente con el soft power de la comunidad.

Este frente en el PNW es estratégico, pues no solo suma votos, sino que le da a Newsom una base de apoyo que abarca toda la Costa Oeste, desde la frontera con México hasta Canadá. La diáspora (comunidad) mexicana en esta región es un testimonio de la expansión y la diversidad económica de los New Mexicans, que apoyarán a Newsom por sus políticas a favor de los derechos laborales, la protección de los inmigrantes y la defensa de la diversidad cultural. 

El PNW solidifica la narrativa de que el apoyo a Newsom no es un fenómeno local de California, sino un movimiento de alcance nacional.

El Poder de la cultura como arma política: La fuerza de este frente radica en el uso estratégico del soft power mexicano. La resistencia no se limita a decretos. Se ejerce en cada plato de comida, en la música regional y en la popularidad de íconos deportivos. 

El Mundial de 2026 y los juegos olímpicos de Los Ángeles 2028 no serán solo eventos deportivos, sino escaparates globales donde la cultura de los New Mexicans dictará la tendencia, demostrando que aquello que Trump intentó marginar es, de hecho, el capital cultural y económico más vibrante de la nación. Este soft power es la prueba de que, mientras ICE siembra miedo, la cultura siembra influencia y poder. 

El ascenso de Gavin Newsom a la palestra presidencial no es simplemente la historia de un político ambicioso; es la manifestación política de una profunda revolución demográfica y cultural liderada por los New Mexicans.

Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

Continúa leyendo
LO MÁS VISTO