El abogado mexicano, un litigante invencible en el escenario binacional

Propuesta para la inclusión de la materia de Derecho de los Estados Unidos de América en la currícula jurídica mexicana
México y los Estados Unidos mantienen una de las relaciones comerciales más dinámicas del mundo, lo que ha generado una interdependencia económica y jurídica sin precedentes. No obstante, la formación de los abogados mexicanos no siempre ha evolucionado al mismo ritmo, lo que ha creado una brecha en la interpretación y aplicación de las legislaciones estadounidenses que impactan directamente en la soberanía y la economía mexicanas. Por ello, se propone formalmente a las más altas autoridades educativas y a los rectores de las facultades de Derecho de México la inclusión de una materia obligatoria o de una especialidad en Derecho de los Estados Unidos de América.
La falta de este conocimiento especializado representa una desventaja competitiva para los abogados mexicanos, quienes se ven obligados a trabajar en colaboración con despachos estadounidenses, cediendo una parte significativa del litigio y la asesoría a profesionales de ese país. Esta situación no solo implica una pérdida económica, sino también una merma en la soberanía jurídica de México al depender de terceros para la interpretación de leyes que afectan directamente a sus ciudadanos y empresas. La inclusión de esta materia permitiría a los abogados mexicanos asumir el liderazgo en los casos transfronterizos.
La integración de esta disciplina en la currícula no solo es una cuestión de competitividad, sino también de seguridad nacional. La comprensión de las leyes estadounidenses es crucial para la defensa de los intereses de México. Los abogados mexicanos deben estar preparados para enfrentar los desafíos que surgen de la aplicación extraterritorial de leyes como la Ley Kingpin, la Ley Patriota y las disposiciones sobre el fentanilo, entre otras. El conocimiento de estas legislaciones es esencial para proteger a las empresas y ciudadanos mexicanos de posibles sanciones, incautaciones y juicios en el extranjero.
La materia de Derecho de los Estados Unidos de América debe ser impartida por profesores altamente calificados que tengan un conocimiento profundo del sistema legal de ese país. La materia no debe ser una simple introducción a la ley estadounidense, sino un análisis profundo de la jurisprudencia, los precedentes y las normas que tienen un impacto directo en México. Esta formación de vanguardia preparará a los abogados mexicanos para competir en un mercado global y para defender los intereses de la nación en el escenario internacional.
La imperativa necesidad de una formación de vanguardia
La globalización y la integración económica han hecho que el conocimiento del derecho internacional público y privado ya no sea suficiente. El futuro litigante mexicano debe ir más allá para poder competir y defender los intereses de sus clientes en un contexto binacional. Es crucial que los estudiantes de Derecho tengan un conocimiento profundo de legislaciones como la Ley Kingpin, la Ley Patriota y las disposiciones sobre el fentanilo. Estas leyes, diseñadas por el gobierno estadounidense, tienen un impacto directo en la economía y el sistema legal mexicanos. Una interpretación superficial de estas legislaciones puede llevar a consecuencias graves, incluyendo sanciones económicas, extradiciones y juicios en el extranjero.
La inclusión de esta materia o especialidad preparará a los abogados mexicanos para identificar y prevenir riesgos legales derivados de las operaciones comerciales transfronterizas. Además, podrán asesorar a empresas y particulares sobre las implicaciones de las leyes extraterritoriales de Estados Unidos y litigar de manera efectiva en casos que involucren ambas jurisdicciones, como en temas de extradición y delitos transnacionales. La formación de vanguardia es la clave para la competitividad del abogado mexicano en el mercado global.
El Derecho de los Estados Unidos de América no es una simple materia, sino una herramienta para la defensa de los intereses de México. La comprensión de estas leyes es esencial para proteger a las empresas y ciudadanos mexicanos de posibles sanciones, incautaciones y juicios en el extranjero. La inclusión de esta materia o especialidad preparará a los abogados mexicanos para competir en un mercado global y para defender los intereses de la nación en el escenario internacional.
La formación de vanguardia no es un lujo, sino una necesidad. El futuro litigante mexicano debe estar preparado para enfrentar los desafíos que surgen de la aplicación extraterritorial de leyes como la Ley Kingpin, la Ley Patriota y las disposiciones sobre el fentanilo. El conocimiento de estas legislaciones es esencial para proteger a las empresas y ciudadanos mexicanos de posibles sanciones, incautaciones y juicios en el extranjero. La inclusión de esta materia permitirá a los abogados mexicanos asumir el liderazgo en los casos transfronterizos.
La superioridad del litigante mexicano: un factor de competitividad
A diferencia de los abogados en Estados Unidos, el litigante mexicano se enfrenta a un sistema legal lleno de desafíos que lo obligan a desarrollar una capacidad y una resiliencia excepcionales. La corrupción, el burocratismo y las deficiencias estructurales en el sistema judicial mexicano han forzado a los abogados a agudizar su ingenio y a perfeccionar sus habilidades de litigio.
Mientras que un abogado en Estados Unidos puede confiar en un sistema con procesos más establecidos y, en general, menos obstáculos, su contraparte mexicana tiene que navegar en un entorno más complejo. Esta realidad hace que el abogado mexicano, por necesidad, sea más capaz, adaptable y estratégico. Su experiencia en el campo de batalla de la justicia mexicana lo prepara para superar cualquier desafío en la arena internacional. Por lo tanto, con una sólida formación en derecho estadounidense, el litigante mexicano estaría en una posición de clara superioridad para competir en el mercado jurídico binacional.
La resiliencia y la capacidad de adaptación del abogado mexicano no tienen comparación. La lucha constante contra la corrupción y el burocratismo ha forjado una mentalidad de superación que es inigualable. El abogado mexicano se ha visto obligado a desarrollar habilidades de negociación, litigio y estrategia que no son comunes en otros sistemas judiciales. Esta experiencia en el campo de batalla de la justicia mexicana lo prepara para superar cualquier desafío en la arena internacional.
La superioridad del litigante mexicano es un factor de competitividad que no puede ser ignorado. Con una sólida formación en derecho estadounidense, el abogado mexicano estaría en una posición de clara superioridad para competir en el mercado jurídico binacional. Su capacidad para navegar en un sistema complejo, su resiliencia y su habilidad para resolver problemas son activos que no tienen precio. La inclusión de esta materia en la currícula jurídica mexicana es un paso importante para que el abogado mexicano asuma el liderazgo en los casos transfronterizos.
La formación de vanguardia y la experiencia en el campo de batalla de la justicia mexicana son la combinación perfecta para que el abogado mexicano compita y defienda los intereses de la nación en el escenario internacional. La inclusión de esta materia o especialidad preparará a los abogados mexicanos para ser líderes en el mercado jurídico binacional. La superioridad del litigante mexicano es un factor de competitividad que no puede ser ignorado.
Un llamado a la acción
Esta propuesta no es una simple sugerencia, sino un llamado a la acción para que las universidades y la Secretaría de Educación Pública asuman su responsabilidad de formar a la próxima generación de abogados con una visión de futuro. La implementación de una materia o especialidad en Derecho de los Estados Unidos es un paso crucial para garantizar que los abogados mexicanos estén a la vanguardia educativa y listos para defender los intereses de la nación en el escenario internacional.
La educación jurídica en México debe evolucionar al ritmo de la globalización. La inclusión de esta materia o especialidad es un paso importante para que los abogados mexicanos estén a la vanguardia educativa y listos para competir en un mercado global. Es un llamado a la acción para que las universidades y la Secretaría de Educación Pública asuman su responsabilidad de formar a la próxima generación de abogados con una visión de futuro.
El heroísmo del litigante mexicano: una ventaja competitiva única
El valor del abogado mexicano se forja en el día a día, en un entorno donde cada diligencia, cada audiencia y cada comparecencia puede ser un riesgo. A diferencia de sus contrapartes en Estados Unidos, que operan en un entorno judicial más seguro y predecible, el litigante mexicano a menudo se enfrenta a la corrupción, al burocratismo paralizante e incluso a la amenaza de la violencia. Cada vez que defiende a un cliente en una diligencia de embargo, en un juzgado laboral o en un ministerio público, está poniendo en juego su propia seguridad y, en ocasiones, hasta la vida.
Esta valentía no es un simple atributo personal; es una habilidad profesional. La pericia del abogado mexicano se demuestra en su capacidad para litigar bajo presión, para navegar en un sistema complejo y para proteger a sus clientes de los peligros que van más allá del simple litigio. Esta experiencia única en el campo de batalla judicial, combinada con un profundo conocimiento del derecho estadounidense, haría a los abogados mexicanos prácticamente invencibles en cualquier litigio o controversia internacional. Su valentía, su resiliencia y su habilidad para resolver problemas son un activo invaluable que no puede ser subestimado.
El riesgo extremo como parte de la profesión. La realidad del litigante mexicano es que el peligro es una constante. En diligencias de embargo o en conflictos de alto perfil, el abogado no solo enfrenta a la parte contraria, sino que también puede ser blanco de intimidación, amenazas o, en los casos más trágicos, de violencia física. A diferencia de Estados Unidos, donde los procedimientos legales suelen ser mucho más estructurados y seguros, en México la vida del abogado puede estar en juego. Este factor de riesgo extremo no solo forja un carácter indomable, sino que también dota al litigante de una pericia única para anticipar y manejar situaciones de alta tensión que un abogado estadounidense simplemente no está preparado para enfrentar.
Una mente y un espíritu invencibles. La valentía y la capacidad de resistencia que los abogados mexicanos desarrollan ante la adversidad les otorgan una ventaja psicológica y estratégica inmensa. Cuando un abogado estadounidense se encuentra con un sistema que no funciona de manera predecible, puede sentirse abrumado. Sin embargo, para el abogado mexicano, la imprevisibilidad y el riesgo son parte de su rutina. Su falta de miedo, forjada por la constante lucha contra el burocratismo y la corrupción, lo hace un oponente formidable. La combinación de esta resiliencia innata con un conocimiento formal del derecho estadounidense crearía un perfil de abogado prácticamente invencible en cualquier tipo de contienda legal.
A continuación, una dedicatoria para el gremio de abogados en México
A los litigantes invencibles de México: un homenaje a la valentía y la pasión por la justicia
Esta dedicatoria es para ustedes, los abogados mexicanos, cuyo heroísmo se forja en el día a día. Para aquellos que, con el sol apenas asomándose, ya van camino a una diligencia de embargo, y para quienes se abren paso en el metro, la combi, el camión e incluso en canoa, con la mente fija en el tribunal. Su valentía no es un simple rasgo personal; es una habilidad profesional que les permite litigar bajo una presión extrema, navegar un sistema complejo y proteger a sus clientes de peligros que van más allá del litigio.
Esta resiliencia, forjada por la lucha constante contra la corrupción, el burocratismo y la imprevisibilidad, es lo que los hace únicos. A diferencia de sus contrapartes en otras naciones, ustedes han tenido que agudizar su ingenio y perfeccionar sus habilidades para superar cualquier desafío en el campo de batalla de la justicia. Por necesidad, se han vuelto más capaces, adaptables y estratégicos, lo que les da una posición de clara superioridad en el mercado jurídico binacional.
También, esta dedicatoria es para quienes, desde un escritorio, hacen una labor trascendental preparando el camino para el futuro de los juicios en línea. Para los secretarios de acuerdos, los jueces y los proyectistas, que tienen la inmensa responsabilidad de impartir justicia. Para los actuarios, que llegan a los lugares más recónditos para hacer una notificación, en compañía del abogado que trazó la estrategia para encontrarlos.
Y en un llamado a la acción, esta es una dedicatoria para los integrantes de la nueva Corte, recordándoles la enorme responsabilidad que tienen de dignificar esta hermosa carrera, aplicando la justicia sin tintes partidistas. A los ministerios públicos, a quienes un entorno adverso y la falta de salarios dignos no los definen, sino que su preparación continua los hace mejores.
Finalmente, esta es una dedicatoria para los niños que sueñan con ser abogados y para los estudiantes que hoy se forman para ser los juristas del mañana. Su valentía, su resiliencia y su habilidad para resolver problemas no tienen precio. Con la combinación de esa resiliencia innata y una sólida formación en derecho, se convertirán en líderes en el mercado jurídico binacional y en defensores de la nación en el escenario internacional. La educación legal en México debe evolucionar al ritmo de la globalización, y la inclusión de materias como el Derecho de los Estados Unidos es un paso crucial para asegurar que los abogados estén a la vanguardia.
Esta propuesta no es sólo una sugerencia, sino un llamado a la acción para ustedes, porque la educación de vanguardia no es un lujo, sino una necesidad para la competitividad del abogado mexicano en el mercado global.
Sobre el autor
Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.
Guadalajara y su caótico transporte público. Parte 1

Concesiones y traiciones: Cómo la Alianza de Camioneros y el modelo MC secuestraron el transporte de Guadalajara (1980-2025).
Guadalajara no amaneció un día con caos de transporte. Lo construyó pacientemente durante cuatro décadas, ladrillo a ladrillo, concesión a concesión, sobrecosto a sobrecosto. Mientras la mancha metropolitana pasaba de 2.3 a más de seis millones de habitantes, el Estado se retiró de la operación pública, entregó la movilidad a operadores privados y permitió que la captura institucional se normalizara bajo el eufemismo de “modernización”.
Hoy, con el sello de Movimiento Ciudadano, el transporte se ha convertido en una vitrina de negocios públicos disfrazados de progreso, donde las promesas electorales se licúan y las obras se miden en plusvalías, no en minutos ahorrados. Esta no es una crisis técnica. Es una captura anunciada, financiada con dinero público y pagada por quienes ya no caben en los embudos viales que el poder planificó.
I. El gran retiro estatal y la génesis del desorden (1980-1994)
En 1980, el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) rondaba los 2.3 millones de habitantes y contaba con un sistema de transporte imperfecto, pero con cierto grado de coordinación estatal. La ideología de la época dictaba que el mercado resolvería lo que el Estado no podía. El resultado fue la retirada progresiva de la oferta pública y la apertura a concesiones por rutas.
Para 1989, cuando finalmente se inauguró la Línea 1 del Tren Eléctrico Urbano, la población ya superaba los 2.6 millones. Nueve años de retraso entre la necesidad evidente y la primera obra masiva. El Siteur nació como organismo paraestatal con mandato limitado: operar vías férreas, no planear movilidad metropolitana. Sin autoridad para integrar rutas, sin poder sobre concesionarios, sin visión de red, la modernidad nos cayó a “modo charro”.
La Línea 2 llegó en 1994. Fueron quince años sin expansión troncal significativa; mientras tanto, la ciudad crecía a razón de 70 mil habitantes anuales, dispersándose en periferias sin servicios, aunque con un naciente club de “planificadores urbanos” y jugosos contratos de urbanólogos para “definir el rumbo que soñábamos”.
La matemática era clara: por cada kilómetro de tren, llegaban decenas de miles de nuevos residentes. Nadie ajustó la ecuación, simplemente se asumió que los camiones concesionados absorberían la demanda. No lo hicieron, la saturaron mientras los políticos aprendían cómo anestesiar nuestra paciencia.
II. Corrupción, sobrecostos y la hipocresía de las transiciones
El desorden no fue accidental, fue financiado. La Línea 2 se convirtió en el primer escándalo de sobrecosto estructural. Durante la campaña de finales de 1994, Alberto Cárdenas Jiménez capitalizó el descontento por la negligencia criminal del PRI tras las explosiones de 1992.
El discurso panista prometió transparencia y fin al amiguismo. La realidad: El gobierno neopanista tomó posesión en 1995 y sobre el tema… Ni hubo voluntad política ni valor para investigar. El incremento brutal del costo de la Línea 2 se archivó como “complejidad técnica”. El PAN gobernó tres sexenios y el modelo de opacidad se mantuvo intacto.
La transición democrática no trajo rendición de cuentas; trajo cambio de logo y continuidad de negocio; apenas alcanzó a consolidarse un primer BRT, un intento de copy-paste de Bogotá, con cuestionables procesos de negociación en el sexenio de Emilio González Márquez.
Con la salida del PAN, regresó el partido y el patrón se repitió con la Línea 3: Medios como NTR documentaron que los estudios costo-beneficio aprobados por la entonces SHCP inflaron la estimación de la demanda en casi tres tantos respecto a los números reales demostrados ya puesta en operación. ¿Para qué? Simple: “subiendo el beneficio”, se puede “subir el costo” y justificar presupuestos hinchados, con su respectivo “moche” que caracteriza la obra pública cuando los controles son débiles.
El costo oficial rondó los 31 mil 500 millones de pesos (mdp); la obra se entregó con retraso y sobrecostos que nunca se auditaron con rigor independiente. Y no es un partido, es un sistema. Las transiciones (PRI → PAN → PRI → MC) han sido cosméticas. Ninguna ha servido para romper el pacto tácito entre gobierno y operadores concesionarios, con un apodo ganado a pulso: “El pulpo camionero”. La transparencia, efectividad y eficiencia en transporte es hoy equivalente a la que históricamente ha caracterizado al SIAPA en materia de agua.
III. Promesas licuadas: Alfaro, reestructurando; Lemus, LA “Línea 5” y el BRT con nombre de tren
Con la llegada de Movimiento Ciudadano al poder estatal y municipal, el transporte no mejoró; se mercantilizó. Enrique Alfaro prometió una reestructuración enfocada en la modernización y el cambio de modelo hacia un sistema integrado; causó tremendo desorden en los cambios y aumentos de sinuosidad de trazo; además, con la nomenclatura de rutas.
Fiel a su estilo, nos impuso un redondeo: aceptar el robo de 50 centavos de cambio al pagar cada viaje que vino con la “adaptación de la tarifa”, porque “los equipos no podían devolverlo”. Se inauguró un subsidio a los concesionarios, para que “los usuarios no nos viéramos afectados”, pero pagado “con el dinero de las personas, por supuesto”, como aclaraba la diputada que saltó al estrellato en aquella penosa entrevista en Canal 44. Pablo Lemus Navarro, durante su campaña a gobernador, prometió una línea de tren ligero por la carretera a Chapala.
La promesa sonó a progreso, a conexión real para el sur metropolitano. La realidad: en lugar de rieles, ofreció un sistema de camión sobre llantas articulado que, por pura fuerza de marketing político, bautizaron “Línea 5”. No es tren, usa llantas de hule; no tiene capacidad, frecuencia ni infraestructura segregada sobre rieles; se trata de un BRT convencional. Es un autobús con estación elevada y un nombre prestado para vender la ilusión de continuidad. La ingeniería política tapatía alcanzó su cenit: confundir modo de transporte con número de campaña.
IV. Línea 4: Inmobiliaria con tren de adorno y el embudo de López Mateos
Peor aún fue la concesión privada de la Línea 4 del Tren Ligero. Lejos de ser un proyecto de movilidad, constituye un mecanismo de valorización inmobiliaria. Los acuerdos con inversionistas incluyeron plusvalías de suelo, permisos de densificación y exenciones que más parecen fichas de desarrollador que contratos de transporte público.
La obra se realizó con un acuerdo de contraprestación de casi 50 mdp mensuales en un periodo de 36 años. La zona sur, históricamente de clase media en declive, vio multiplicar la vivienda vertical sin que la infraestructura vial se ampliara proporcionalmente. El resultado: López Mateos se consolidó en el embudo perfecto que sufrió la autorización de decenas de miles de nuevas unidades habitacionales y comerciales, pero dejaron una sola vía principal para ingreso y salida. Como si planear el tráfico fuera un concurso de eficiencia inversa.
Los tiempos de viaje en esa zona pasaron de duplicarse a triplicarse; la calidad del aire se deterioró y el nivel de vida colapsó bajo el peso de una movilidad que no sirve, sino que castiga.
V. Camiones de carga, espaldas rotas y muertes normalizados
Más allá de los sobrecostos y la política, está el usuario. Durante años se ha permitido la circulación de unidades con chasis diseñados para transporte de carga o ganado, adaptados con carrocería de pasajeros y un “faldón” para disimular el origen. La suspensión es rígida, pensada para toneladas estáticas o cuadrúpedos, no para cuerpos humanos. Resultado: vibración crónica, lesiones de columna y articulaciones que la salud pública nunca cuantificó.
Peor aún fue la normalización de la letalidad. En los 90 y 00, los medios publicaban anualmente las cifras de muertos por el transporte público: atropellamientos, volcaduras, colisiones por competencia de rutas. Eran récords que la autoridad permitía y la sociedad absorbía como “daño colateral”. Hoy, las estadísticas son más difusas. ¿Mejoraron los indicadores o simplemente se enterraron bajo clasificaciones jurídico-administrativas?
VI. ¿En qué gastamos? Tren vs BRT vs Teleféricos
Guadalajara se jacta de invertir en sistemas “modernos”, pero la comparación revela prioridades invertidas:

Guadalajara gasta en concreto cuando debería invertir en cobertura. La pregunta incómoda es clara: ¿Se puede revertir 40 años de captura con más obra? ¿O necesitamos primero recuperar la autoridad metropolitana, auditar concesiones y construir un sistema que priorice la vida sobre el negocio?
Mientras tanto, los usuarios seguimos subiendo, bajando y saltando en camiones y decisiones políticas que, claramente, no fueron hechos para nosotros.
¿Qué hacemos con el SIAPA? Parte 3

Tras haber revisado en las entregas anteriores la anemia financiera y la esclerosis institucional operativa del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), toca ahora hablar de lo que realmente importa: la reconstrucción. Pero antes de sacar la calculadora y el vernier, nos toca mirarnos al espejo como sociedad.
1. Descolonizar el grifo: Más allá del fetiche de la tubería
Durante décadas, en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) hemos asumido que la gestión del agua sea un “asunto de ingenieros”. Con el respeto que merece la disciplina, pero la gestión hidrosanitaria ha sido colonizada por una visión puramente física que reduce el ciclo del agua a un sistema de presiones, análisis químicos, válvulas y diámetros. Hemos olvidado que el agua no fluye solo por tubos, sino por realidades sociales, marcos jurídicos, vulnerabilidades de salud y equilibrios ecosistémicos.
Es urgente descolonizar el conocimiento hidrosanitario. Necesitamos sentar a la mesa no solo al que sabe de hidráulica o saneamiento, sino al economista que entiende de elasticidad de la demanda, al sociólogo que comprende la segregación urbana, al abogado que defiende el derecho humano al agua y, sobre todo, al ciudadano que recibe el “chocolate” líquido en su casa.
En el bréte mexicano de “querer ser siempre el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro”, nos hemos olvidado de que la construcción conjunta no es un concurso de egos; en este caso, es nuestra balsa de salvamento.
Si no somos capaces de generar consensos y evitar protagonismos estériles, seguiremos ahogándonos en un vaso de agua… sucia. La solución debe ser multidimensional o no será.
2. La arquitectura de la solución: Orientarse a resultados.
Para aquellos que creen que la administración pública es solo “imaginarse en el futuro”, “echarle ganas” o peor, salir en videos, permítanme ejemplificar un ejercicio de Cadena de Valor Público aplicado a la potabilización, ese proceso místico que el SIAPA parece haber olvidado en algún cajón de la colonia moderna.
A. El diagnóstico del lodo
La problemática es clara: Agua con parámetros de turbiedad y presencia de metales fuera de norma en puntos críticos de la red. Las causas no son “el destino” o “el crecimiento urbano”; son el desdén del diseño institucional y su operación: la obsolescencia o caducidad de las plantas potabilizadoras —como Miravalle—, la falta de mantenimiento en los sedimentadores y una red de distribución que parece colador romano.
B. La solución lógica
No se trata de comprar más cloro, sino de atacar las causas: sustitución de tecnologías para el retiro de metales, modernización tecnológica de las plantas y sectorización de la red para evitar la recontaminación.
C. La Cadena de Valor (El “cómo” sin cuentos)
1. Objetivo de resultado (Propósito): Los usuarios del AMG reciben agua que cumple con la NOM-127-SSA1-1994 (o su actualización) directamente en sus grifos.
Riesgo externo: El estrés hídrico extremo que altere la calidad química de las fuentes superficiales (Chapala/Calderón) o profundas (a mayor profundidad, más contaminación geogénica).
2. Objetivos de producto (Componentes): Plantas separadoras de contaminantes químicos y metales, instaladas; potabilizadoras rehabilitadas y sistemas de filtración avanzada operando al 100%.
3. Objetivos de proceso (Actividades): Licitación transparente de tecnologías, mantenimiento preventivo de lechos filtrantes y dosificación automatizada de reactivos.
D. El tablero de control (M&E)
Para que no nos den “atole con el dedo”, necesitamos indicadores de verdad:
Indicador de resultado: IR = [(Muestras dentro de norma) / (Total de muestras en domicilio) × 100]. Fuente: Auditorías externas aleatorias (no las del propio SIAPA).
Indicador de producto: IP = [(Caudal potabilizado bajo norma) / (Caudal de entrada) × 100]. Fuente: Registros de supervisión de producto, al salir de la planta y al ingreso al predio.
Indicador de proceso: IPr = [(Número de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo con cumplimiento / Número total de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo) × 100].
3. ¿Privatizar? El espejismo de la eficiencia empresarial
Aquí es donde el debate se pone picante. Existe una pulsión casi erótica en ciertos sectores por privatizarlo todo, bajo la premisa de que “el gobierno es inepto por naturaleza”. Pero cuidado, la historia de México está llena de instituciones diseñadas deliberadamente para fallar, creando el caldo de cultivo perfecto para la “salvación” privada, que suele ser más cara y menos santa.
El SIAPA es un monopolio natural. Sea público o privado, usted no puede elegir que otra empresa le ponga un tubo diferente en su casa. Por ello, el problema no es la propiedad, sino el arbitraje. La variable crítica no es quién opera, sino cómo se regula, supervisa y sanciona.
El espejo de Aguascalientes (Veolia 1993-2023)
Para quienes suspiran por una concesión privada, miremos el caso documentado por el ITESM (2012). Tras 30 años de concesión a Veolia, una empresa internacional “experta” en agua, los resultados son una bofetada a la lógica del libre mercado:
Problemas estructurales:
1. Especulación vs. realidad: Se planeó y permitieron crecer la ciudad con criterios inmobiliarios mientras se sobreexplotaba la escasa agua subterránea.
2. Contratos leoninos: Un título de concesión que no sancionaba el incumplimiento y protegía solo a la empresa.
3. Autoridad omisa: La CCAPAMA (el regulador municipal) terminó siendo un espectador decorativo de los abusos empresariales.
La numeralia del desastre:
Asimetría obscena: La autoridad cargaba con el 89% de la responsabilidad, pero la empresa se quedaba con el 98% de los ingresos. ¡El negocio soñado!
Eficiencia global de risa: Apenas el 30%. Es decir, de cada 10 litros, 7 se perdían entre fugas y mala cobranza.
El robo del tiempo: Se practicaban retrasos voluntarios en la impresión de recibos para cobrar el agua con tarifas indexadas (más caras) meses después del consumo real.
Salud en riesgo: El agua distribuida incumplía la norma de salud por contaminación geogénica (arsénico y flúor).
Conclusión: El balón está en nuestra cancha
Privatizar no es la respuesta; es solo cambiar de amo en un sistema que carece de látigo (arbitraje). La solución estructural para el SIAPA requiere tres pilares: diseño lógico multidimensional, arbitraje externo estricto y un esquema de asignación de recursos que priorice la equidad, no el beneficio político del gobernante en turno.
Como tapatíos, el reto es mayúsculo. ¿Podremos soltar ese “pequeño marranito exigente” del ego y exigir que el SIAPA deje de ser la “caja chica” (o grande) de la política estatal? ¿Podremos descolonizar nuestra mente y entender que el agua es un derecho, no una mercancía ni un botín electoral?
El comienzo de la solución no está en un nuevo director, ni en “la danza de los millones”, ni en una concesión milagrosa; pasa por enfrentar nuestros propios demonios como sociedad: la fragmentación, la desconfianza, la tentación del atajo y dejar de ser espectadores de nuestro propio desabasto. Si seguimos permitiendo que la gestión del agua sea un secreto de Estado entre ingenieros y políticos, lo único que tendremos garantizado en el futuro será sed… y una cuenta muy alta por pagar.
Es hora de actuar. Por el agua, por la ciudad, por nuestros hijos.
Sobre el autor
Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP
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