Opinión
Histórica guardería del Mercado Libertad; ocho años de abandono

¿Sabías que el Mercado San Juan de Dios cuenta con un área de guardería para los hijos de los locatarios desde hace más de 60 años?
¿Sabías que desde hace ocho años se encuentra en el olvido de las autoridades?
El Mercado Libertad, inaugurado en 1958 y declarado como Monumento Artístico de México en el 2004, desde su proyecto inicial realizado por el arquitecto Alejandro Zohn, concibió que dentro de estas complejas instalaciones se contara con un área educativa donde todos los trabajadores del mercado pudieran dejar a sus hijos de manera segura mientras trabajan.
Esta área dentro del mercado fue inaugurada en 1959 y llamada “Jardín de Niños Olivia R. de Yáñez”, en algún momento de su historia se convirtió en el Centro de Desarrollo Infantil –CDI- 13 del DIF municipal.
Contar con un espacio educativo dentro del propio mercado fue un gran apoyo por varias generaciones, pues los horarios del mercado son largos y la cercanía de la guardería en su lugar de trabajo era algo muy práctico para ellos.
Esta guardería con casi dos mil 400 m2, con 12 aulas y con capacidad para 150 niños, está ubicada en el tercer nivel del mercado, conectada por un magnífico puente al Jardín López Portillo, al costado del Hospicio Cabañas.
A partir de 2009, después de los acontecimientos en la guardería ABC en Sonora, se revisaron con lupa los espacios que se tenían destinados al cuidado de los niños en toda la República y este espacio en el Mercado Libertad se puso como un foco rojo, al encontrarse en un tercer nivel de un mercado en donde la mercancía que manejan es considerada como inflamable.
Por lo que en el 2013 después de varias denuncias, clausuras e incluso un periodo de dos años donde tuvieron un servicio de bomberos a la puerta, cerró sus puertas después de 54 años de funcionamiento.
No se tuvo noticias de este espacio hasta que en el 2015 que por denuncias que se hicieron públicas a través de los medios y oficios turnados de la Secretaría de Cultura del Estado y el Instituto Nacional de Bellas Artes –INBA- al Municipio, nos enteramos de que el espacio de esta escuela en abandono estaba siendo modificado, pues se estaban demoliendo algunos muros de las aulas.
En su momento se destituyó al director del Mercado que dio la instrucción de realizar estas obras y se hicieron los trámites necesarios ante el INBA a quien le corresponde su cuidado por estar declarado como Monumento Artístico, para poder hacer la limpieza de la zona afectada, sin embargo, a seis años de esto esta zona del Mercado, continúa en total abandono y olvido.
Tanto por la administración del Mercado, que no ha concluido la limpieza de la zona, como por el municipio de Guadalajara quien es el propietario del mercado y le podría dar un uso, como por la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco a quien le corresponde salvaguardar de manera local el patrimonio del siglo XX como del propio INBA que no ha solicitado la restauración de esta sección del Mercado.
Esta negligencia institucional que puede deberse a la falta de seguimiento de los temas por los cambios de administración, no justifica el desperdicio de un espacio que cuenta con la mejor ubicación del Centro de la Ciudad, con una vista espectacular a la cúpula del Instituto Cultural Cabañas; además es un espacio educativo adecuado diseñado por uno de los arquitectos tapatíos más reconocidos, Alejandro Zohn.
Este espacio sobrio y funcional, cuenta con aulas con ventilación cruzada y buenos patios para que salgan los niños a jugar, acabados en ladrillos esmaltados, que requieren de mínimo o nulo mantenimiento, herrería de acero y aunque con el paso del tiempo sufrió de algunas adaptaciones fácilmente reversibles, se podría decir que el proyecto original se encuentra íntegro, por lo que sería muy fácil que con una restauración profesional el Municipio ganara dos mil 400 m2 para destinarlos a algún proyecto en beneficio de la comunidad de locatarios del Mercado Libertad y de la zona aledaña.
Ojalá se decida retomarse como un espacio educativo, que para eso fue diseñado, claro con todas las medidas de seguridad y tecnología actuales, estoy segura que este espacio con todo y estar en un tercer nivel del mercado más grande y complejo de Guadalajara cuenta con mejores espacios y medidas de emergencia que muchas guarderías que son adaptadas de manera precaria en casas particulares. Y si no es para los niños, que se haga un estudio adecuado de las necesidades de la población flotante del Mercado y las zonas aledañas para dotarlos de un equipamiento que les sea útil para todos.
Lo que no se vale es que se siga desperdiciando este gran espacio en el único Monumento Artístico de propiedad pública que tenemos en el estado de Jalisco.
Las instituciones no son coherentes cuando les exigen a los particulares la conservación de fincas con valor patrimonial, si no comienzan por hacer lo propio en las fincas que están bajo su resguardo y administración.
Opinión
Ojo, así se roban tus datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.
Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.
Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.
Datos personales de los afectados
En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.
La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.
Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.
Ignoramos el valor de nuestros datos
La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.
En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas.
La tarea primordial
En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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Opinión
La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.
Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.
En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.
La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.
Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.
No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.
No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.
Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.
Sobre la autora
Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
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