Connect with us
Opinión

La sangre de Jalisco que busca gobernar California

Publicada

La sangre de Jalisco que busca gobernar California
Xavier Becerra busca llegar a la gubernatura de California con una historia familiar profundamente ligada a México. Imagen: Siker®️ / Especial.

En un hito que parece dictado por la misma historia y el destino ineludible de dos naciones profundamente entrelazadas, la figura de Xavier Becerra se erige hoy en el horizonte político no solo como un candidato que busca gobernar California, sino como el eco vivo de una herencia que podría devolverle a ese estado un gobernador de ascendencia mexicana por primera vez desde 1875, un suceso de una enorme carga emocional y cultural que trasciende las urnas para tocar el alma de millones de personas a ambos lados de la frontera. Romualdo Pacheco, quien ocupó la gubernatura en 1875, fue el primer gobernador de California de ascendencia mexicana.

Becerra no es únicamente un político estadounidense; es, en su esencia más profunda, hijo de la esperanza migrante, un hombre cuyas raíces se hunden firmemente en la tierra del agave y el mariachi gracias a su madre, María Teresa Becerra, criada en Guadalajara, Jalisco. Su padre, Manuel Becerra, nació en Sacramento, pero creció en Tijuana, mientras que Xavier nació y creció en Sacramento.

Para aquellos que, por desconocimiento jurídico, pudieran llegar a cuestionar esta dualidad, la propia Carta Magna mexicana reconoce ese vínculo. El artículo 30, Apartado A, Fracción II de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que son mexicanos por nacimiento quienes nazcan en el extranjero y sean hijos de padres mexicanos, de madre mexicana o de padre mexicano. De este modo, aunque sus primeros respiros y su acta de nacimiento hayan tenido lugar en Sacramento, California, sus raíces familiares encuadran en lo previsto por la Constitución mexicana.

Esta mexicanidad no es un mero concepto escrito en un documento, sino una realidad forjada en el yunque del sacrificio, un recordatorio perpetuo de la inmensa tenacidad de sus padres. El propio Becerra ha relatado como parte de su historia familiar que sus padres comenzaron su vida juntos en California con apenas 12 dólares, pero con un caudal inagotable de sueños, una férrea ética de trabajo y una voluntad capaz de cimentar, poco a poco, el camino para que su hijo llegara hasta las más altas esferas de la política estadounidense.

A este noble linaje de esfuerzo se suma una historia familiar profundamente ligada a México. No fue Xavier quien creció en Tijuana, sino su padre, Manuel, quien pasó ahí parte de su infancia. Xavier creció en Sacramento, pero mantuvo una estrecha relación con México a través de su familia y de aquellos interminables viajes por carretera hasta Guadalajara, Jalisco, para visitar a sus parientes. Él mismo ha recordado recorridos de entre 35 y 40 horas que su padre hacía prácticamente sin detenerse porque la familia no podía pagar vuelos ni hospedajes.

Ese ir y venir entre Sacramento y Guadalajara, entre Estados Unidos y México, terminó por hacer de la frontera algo mucho más profundo que una raya trazada sobre un mapa: la convirtió en parte de una identidad familiar construida entre dos realidades, dos culturas y dos países cuya historia lleva generaciones caminando de la mano.

Desde una perspectiva geopolítica y demográfica, el simbolismo de su figura resulta extraordinario, pues nos coloca ante la posibilidad de que California vuelva a ser gobernada por un político de ascendencia mexicana, en una región que históricamente formó parte de aquel enorme espacio conocido como Las Californias y que, pese a las fronteras modernas, conserva profundos vínculos culturales, económicos y humanos con México.

No se trata, desde luego, de una reunificación territorial, sino de algo mucho más sutil y acaso más poderoso: una aproximación cultural y espiritual de pueblos que compartieron historia bajo un mismo cielo y que nunca dejaron de encontrarse a través de las familias, el comercio, las costumbres, el idioma y la migración.

La importancia de su candidatura y la trascendencia simbólica de un eventual triunfo adquieren todavía otra dimensión cuando consideramos la realidad demográfica actual. De acuerdo con la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de 2024 de la Oficina del Censo de Estados Unidos, cerca de 39 millones de personas en ese país son de origen mexicano, una cifra que por sí sola permite comprender la profundidad de la presencia cultural, económica y social de México al norte de la frontera.

Esta imparable presencia humana no transformó al país del norte con el estruendo trágico de las armas ni con la desolación de la guerra, sino a través del poder sutil del soft power, valiéndose de la fuerza irrefrenable de la rica cultura mexicana, la gastronomía, el trabajo cotidiano, la música que enchina la piel y los valores familiares que han cruzado de generación en generación.

Así, México ha ido dejando una huella profunda y pacífica en Estados Unidos hasta dar vida, culturalmente hablando, a ese “otro México” que hoy late con enorme fuerza en las entrañas mismas de Norteamérica.

Por todo ello, la posibilidad real de que Xavier Becerra gobierne California está envuelta, al menos desde esta mirada, en un profundo, nostálgico y hermoso romanticismo histórico: representa el sueño poético de aquella California que un día tomó otro camino y que ahora podría reencontrarse simbólicamente con una parte de sus raíces mexicanas y, de manera muy especial, con Jalisco.

Y es que, al observar su trayectoria, resulta inevitable encontrar en Becerra una historia que conecta con la tierra materna. Una identidad que evoca aquella vieja imagen del jalisciense que se mantiene firme ante la adversidad y que Vicente Fernández resumió en una frase convertida en estampa popular: “no nos sabemos dejar”.

Esa resistencia frente a la adversidad encontró una expresión concreta durante su etapa como fiscal general de California, cuando Becerra promovió decenas de demandas y otras acciones legales contra políticas de la primera administración de Donald Trump en materias como inmigración, salud, medio ambiente y derechos de los estados. Para junio de 2018, el Departamento de Justicia de California contabilizaba ya 35 demandas, y meses después el número de litigios y acciones legales continuó creciendo.

Más allá de la valoración que cada quien haga de aquellas batallas judiciales, lo cierto es que Becerra convirtió la confrontación legal con el gobierno federal en una de las características más visibles de su gestión como fiscal general de California.

Y es precisamente ahí donde la metáfora termina por encontrarse con la política: en un hombre nacido en Sacramento, formado en Estados Unidos, hijo de una mujer criada en Guadalajara y heredero de una familia marcada por Tijuana, Jalisco y California.

Una historia de migración, trabajo, frontera y pertenencia.

Una historia que comenzó con una familia mexicana buscando oportunidades y que hoy tiene a uno de sus hijos disputando la gubernatura del estado más poblado de Estados Unidos.

Si Xavier Becerra alcanza ese cargo, la política estadounidense escribirá su propia lectura de lo ocurrido. Pero desde Jalisco habrá inevitablemente otra: la de una raíz que cruzó la frontera hace décadas y que, una generación después, llegó hasta las puertas del gobierno de California.


Sobre el autor

Fernando Arango Ávila es jurista y académico. Doctor en Ciencias de lo Fiscal, y actualmente cursa un posdoctorado en Derecho. Actualmente, combina su experiencia práctica con su labor investigativa. Escribe: drarango83@gmail.com.

Advertisement
Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

LO MÁS VISTO