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Opinión

La urgencia de una tercera vía

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opinión Luis Sánchez Pérez

A mediados de los años noventa, se utilizó el concepto “Tercera vía”, como un eslogan para promover la renovación de la social-democracia o izquierda democrática, trazando una diagonal entre la forma de hacer política existente, que permitiría caminar por la política mirando hacia la derecha y la izquierda, tomando un poco de mercado de la primera y conservando las políticas sociales de la segunda; en pocas palabras un equilibrio que permitiera no caer en la dicotomía de izquierda y derecha, encerrándose en una posición simbólica para decantarse por una u otra posición ideológica, debido al contexto sociopolítico derivado de hechos como la revolución cubana, hasta la conformación de la URSS y posteriormente la “Guerra Fría”. Sin embargo, han pasado más de 30 años de la caída de la Unión Soviética y con ello, una serie de cambios históricos, que nos sitúan nuevamente en la necesidad de pensar una tercera vía política.

En el caso de México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde sus orígenes y producto de una revolución que aglutinó a las clases campesinas y obreras, se definió a sí mismo como una opción política de centro izquierda; sin embargo esto de izquierda quedó rápidamente institucionalizado y el partido que duró más de 70 años en el poder, se dedicó a administrar el País, bajo los preceptos, reglas e instituciones que ellos mismos crearon. Dentro de esta lógica de opción única y un evidente favoritismo a la clase política que estaba en los altos mandos y sus círculos cercanos, nace una opción política a finales de 1930 que se identificaba más con la corriente conservadora y al estar ligado a las ideas de la democracia cristiana, podríamos encuadrar en el concepto de “derecha”, el Partido Acción Nacional.

El fin de semana pasado, Morena, el partido en el poder, tuvo su Tercer Congreso Nacional, en el que se renovaron algunos puestos dentro de sus distintos comités, además de redefinir sus estatutos como partido político, en los cuales se establece como un partido de izquierda y antineoliberal… Sin embargo, en distintos medios de comunicación, ha circulado la versión de que Morena dejaría de ser un partido de izquierda y que ahora dada la forma de ejercer el poder como partido de estado, se erigiría como centro izquierda, generando una dinámica similar a la que vimos con el Revolucionario Institucional en el poder. Esta teoría no suena descabellada, dado el poder que tiene actualmente en el Congreso, Senado, algunos congresos locales y gobernando más de 20 estados en todo el País, empero la situación hoy es muy diferente y existe por fortuna, un balance de pesos y contrapesos, que no han permitido el control total de las instituciones, como sí lo llegó a tener el PRI.

A pesar de ello, en estos tres años hemos visto como López Obrador ha manejado el país a su antojo y se han aprobado numerosos proyectos o leyes que parten más del capricho, que de los estudios técnicos o la viabilidad, como el Tren Maya, Dos Bocas, la militarización del país, la creación de nuevas instituciones y programas sociales, entre otras, la más reciente, la extensión de la presencia de las fuerzas armadas en las calles, hasta el año 2028, gracias a una reforma que propuso el PRI y que gracias a sus votos, se logró consolidar, generando con ello una ruptura en la alianza Va X México, consolidada por PAN, PRD y PRI. Una alianza que desde el inicio parecía estar destinada al fracaso, ya que dentro de esta misma lógica de posturas ideológicas y políticas, históricamente el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Acción Nacional, han sido antagónicos.

Sobre el PRD podemos decir que en su momento se planteó como una opción de izquierda, en sus orígenes con Cuauhtémoc Cárdenas y toda la lucha democrática que se generó posterior a las elecciones de 1988, donde el sistema de conteo de votos “se cayó” y terminó dándole la ventaja al candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari. El PRD de esos años, se presentó a sí mismo como una opción integrada por distintos movimientos de izquierda que buscaban dar representatividad a todas esas voces que no cabían dentro del PRI, ni el PAN. Tuvo momentos importantes como los triunfos en el Distrito Federal, siendo la capital del país, un bastión importante para que el movimiento creciera, al grado de catapultar a López Obrador para la presidencia del 2006, que perdería contra Felipe Calderón del PAN. Tomando eso como referencia, vemos que hoy está muy alejado de aquel partido que en su momento dio cabida a demandas sociales de los sectores más vulnerables; aún lo hace, pero la ambición de sus líderes lo ha llevado a ser un partido satélite más, para muestra la alianza que mencionamos.

A dos años de las elecciones federales de 2024, todo parece indicar que al no haber una oposición consolidada, y más ahora con la ruptura entre los partidos de Va X México; es indispensable pensar en una tercera vía política. Al no estar dentro de ninguna alianza partidista y afirmar que van solos; Movimiento Ciudadano puede buscar representar ese papel, ya que existen algunas figuras interesantes dentro de sus filas, sin embargo es un proyecto de mediano y largo plazo, que tiene que comenzar a consolidarse desde ya. Ante este bipartidismo, MC puede acoger al electorado que se identifica con el centro, la derecha y un ala de izquierda más moderada, que no está 100 por ciento a favor del proyecto morenista, pero que a la vez busca hacer política diferente. Esto último lo ha entendido el partido naranja en algunos estados y ha dado paso a figuras emanadas de la sociedad civil, el activismo o la academia para ser parte de los representantes populares o funcionarios de gobiernos, generando una dinámica de pesos y contrapesos interesante. Si se quiere ser una tercera vía, se debe trabajar en no cometer los mismos errores que la derecha y la izquierda han tenido ante la falta de autocrítica y la reserva de escuchar opiniones diversas. Ya veremos qué nos deparan estos dos años que restan y cómo se siguen moviendo las fichas en este 2022…

Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

 

 

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Opinión

De renuncias y crisis en el IEPC Jalisco

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La repentina salida de la consejera presidenta del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC)

La repentina salida de la consejera presidenta del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC), deja muchas más interrogantes que las que la cobertura mediática ha planteado hasta ahora. Más allá del relato de una «renuncia por motivos personales» y tras una gestión severamente cuestionada, hay otras lecturas que no han sido abordadas.

La consejera presidenta que se va construyó buena parte del capital político institucional de su gestión a partir de narrativas de paridad, inclusión de grupos históricamente discriminados y mecanismos de participación ciudadana; durante su gestión el impulso y promoción de esos temas era una divisa de uso común. No obstante, la realidad y algunas evidencias empíricas muestran lo contrario. Desde el año pasado circuló en algunos medios una denuncia por violencia política en razón de género de Bertha Rocío Reyes Reyes, funcionaria del Servicio Profesional Electoral Nacional (SPEN) del IEPC, quien fue removida y rotada arbitrariamente de su adscripción original por lo que denunció, a la consejera presidenta, a un consejero y a dos consejeras más, por acoso laboral y por violar el estatuto del SPEN. Aquí aparece una disonancia entre la «marca personal» externa de quienes integran el órgano máximo de dirección del IEPC y lo que habría ocurrido al interior del propio organismo. Esa brecha entre política pública de cara afuera y cultura organizacional hacia adentro es, probablemente, un dato muy relevante para entender una de las causas de la renuncia.

En México, la única autoridad facultada para remover a una consejera o un consejero electoral es el Instituto Nacional Electoral (INE) a través de un recurso de remoción, un proceso público, documentado y con efectos para sentar precedentes. Una renuncia «personal e irrevocable» negociada directamente con la presidenta del INE en una reunión en la Ciudad de México, permitiría evitar ese expediente público y estaríamos ante la consolidación de una ruta de salida que normaliza procesar y resolver crisis de gobernanza electoral sin escrutinio formal ni rendición de cuentas documentada, algo que sentará una peligrosa referencia para casos futuros en otros organismos electorales.

Otro problema de fondo es de tiempos, el inexorable calendario electoral sigue caminando. Una decisión de la magnitud de cubrir una vacante como la aquí comentada, tomada bajo presión de cronómetro y en plena preparación del proceso 2026-2027, es exactamente el tipo de ventana que un sistema de partidos confrontado y polarizado puede capturar mediante negociaciones cruzadas o vetos, no necesariamente por un plan maquiavélico ¿cómo creen?, sino por la lógica, que no por informal es menos utilizada, de reparto político ante un puesto vacante de mucha trascendencia.

En un momento en que los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE) han enfrentado presiones derivadas de recortes presupuestales, cuestionamientos sobre sus funciones y propuestas de reforma que incluso han planteado reducir sus atribuciones o desaparecerlos es un contexto latente. Una salida turbulenta, con denuncias internas no resueltas y un vacío de liderazgo justo antes de un proceso electoral, es precisamente el tipo de episodio que se puede usar como evidencia anecdótica para argumentar que los OPLE son disfuncionales y que conviene centralizar sus funciones en el INE. El riesgo no es únicamente quién dirige el IEPC, sino si el episodio se convierte en un caso de estudio dentro del debate sobre la sobrevivencia del propio Instituto.

Por otro lado, la secuencia de los hechos de la renuncia reproduce exactamente el mismo patrón de manejo reactivo que ya había mostrado fallas durante el cómputo de 2024, cuando el IEPC comunicó, de manera improvisada y defectuosa, amenazas y denuncias de forma fragmentada y bajo presión mediática. Lo que no se ha señalado es que este patrón deja pasivos narrativos sin cerrar para quien tome la Presidencia; esos pasivos son la denuncia de violencia política de género sin resolución pública, la última controversia con la consulta ciudadana para decidir sobre el paso de las elecciones con partidos políticos a un sistema indígena de usos y costumbres, y la ausencia de explicación oficial sobre las causas reales de la salida. El próximo o la próxima presidenta del IEPC no únicamente heredará un proceso electoral 2026-2027 en arranque, sino un inventario de temas explosivos que la gestión saliente nunca cerró comunicacionalmente, y que en cualquier momento pueden reactivarse como antecedente directo.

Es preciso recordar que la mayoría de los análisis y críticas hacia el IEPC en la elección del 2024 se concentraron en los litigios poselectorales y las controversias derivadas de las elecciones del Ayuntamiento de Guadalajara y de la Gubernatura del Estado. Sin embargo, el problema más profundo es que el organismo electoral local perdió capacidad para construir confianza pública. En una democracia moderna, la legitimidad no depende únicamente de hacer bien los cómputos, sino de que los actores políticos y la ciudadanía crean que la autoridad actúa con imparcialidad. La defensa técnica de los procedimientos fue constante, no obstante, la construcción narrativa de la confianza fue deficiente. El instituto ganó varias discusiones jurídicas, no todas, pero perdió la batalla de la percepción pública.

Después de la jornada electoral del 2024, la Presidencia del IEPC actuó como una autoridad técnica explicando procedimientos, porcentajes y reglas, no siempre de manera oportuna y eficaz. El problema es que los actores políticos estaban demandando algo distinto, demandaban una figura capaz de contener tensiones, generar interlocución y transmitir certidumbre en un contexto altamente polarizado. La diferencia entre administrar una elección y liderar una institución electoral quedó expuesta. La comunicación se concentró en datos cuando la sociedad estaba demandando confianza.

La gran lección del 2024 es que en contextos de polarización ya no basta con organizar bien las elecciones. Las autoridades electorales deben ser capaces de administrar confianza, percepción pública y legitimidad democrática en tiempo real.

El verdadero examen para el IEPC será demostrar en los próximos meses que aprendió de esa experiencia y que puede llegar al 2027 como una institución más resiliente, menos dependiente de la discrecionalidad y personalización de una sola figura, con estrategias comunicacionales robustas para gestionar crisis y blindada contra dinámicas de presión partidistas. De no hacerlo, pende sobre el IEPC la posibilidad de que el INE ejerza la facultad de asunción para asumir directamente la organización del proceso electoral local. 


Sobre el autor

José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.

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Opinión

Una sede mundialista con alta percepción de inseguridad

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Una sede mundialista con alta percepción de inseguridad

A tres días de la inauguración del Mundial 2026, tres de los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) llegan a esta fiesta deportiva con una alta percepción de inseguridad.

El primer trimestre de 2026 (de enero a marzo) reportó incrementos de doble dígito en la percepción de inseguridad en los municipios de Guadalajara, Zapopan y Tonalá.

Tan sólo en la capital jalisciense el 90.2 por ciento de las personas asegura sentirse insegura, es decir que nueve de cada 10 tapatíos temen ser víctimas de la violencia o vivir algún tipo de delito.

En Zapopan, donde se encuentra el Estadio Guadalajara, sede de cuatro partidos del Mundial de Futbol 2026, la percepción de inseguridad subió 16.1 puntos de un trimestre a otro, al pasar de 54.7 a 70.8, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu), publicada el pasado 26 de abril.

En Tonalá, el indicador aumentó 11.6 puntos, al subir de 56.5 a 68.1 por ciento.

Este incremento entre el pasado trimestre (de octubre a diciembre de 2025) y el primer trimestre de 2026 parece responder a los hechos de violencia registrados el pasado 22 de febrero, cuando se logró la captura y abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.   

En Guadalajara, el porcentaje de personas que se sienten inseguras pasó de 79.2 en diciembre de 2025 a 90.2 en marzo de 2026.

Los datos también muestran un aumento en Puerto Vallarta, principal destino de playa de la entidad, donde la percepción pasó de 32.0 a 59.9. Este municipio registró el mayor incremento del periodo en Jalisco, con un alza de 27.9 puntos porcentuales.

En contraste, la Ensu reporta una disminución en la percepción de inseguridad en municipios de Tlajomulco de Zúñiga y Tlaquepaque.

Tlajomulco de Zúñiga reportó una disminución en la percepción de inseguridad, al pasar de 73.9 a 70.1. En San Pedro Tlaquepaque, el indicador también bajó, de 65.8 a 62.5.

Aunque la disminución ronda los tres puntos, es relevante en uno de los trimestres más complejos registrados en Jalisco.

El Mundial de Futbol de 2026 está por comenzar y la seguridad es la prioridad para las autoridades, la meta es que la estancia de las y los visitantes sea tranquila y que los jaliscienses vivan esta fiesta sin percances.

En los centros de los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco se ofrecerán actividades para estos días de competencia deportiva, las autoridades locales aseguran que se desplegarán los operativos para garantizar la seguridad de los asistentes.

Como ciudadanas y ciudadanos confiemos en que la máxima fiesta deportiva se realizará en paz y con saldo blanco.

La próxima Ensu se publicará el 24 de julio, justo después de la final del Mundial, entonces veremos los resultados de las estrategias de seguridad implementadas previamente y durante la justa deportiva.


Mayra Torres de la O es maestra en Transparencia y Protección de Datos Personales. Ha escrito para medios como El Informador y Milenio.

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