Guadalajara y su caótico transporte público. Parte 1

Concesiones y traiciones: Cómo la Alianza de Camioneros y el modelo MC secuestraron el transporte de Guadalajara (1980-2025).
Guadalajara no amaneció un día con caos de transporte. Lo construyó pacientemente durante cuatro décadas, ladrillo a ladrillo, concesión a concesión, sobrecosto a sobrecosto. Mientras la mancha metropolitana pasaba de 2.3 a más de seis millones de habitantes, el Estado se retiró de la operación pública, entregó la movilidad a operadores privados y permitió que la captura institucional se normalizara bajo el eufemismo de “modernización”.
Hoy, con el sello de Movimiento Ciudadano, el transporte se ha convertido en una vitrina de negocios públicos disfrazados de progreso, donde las promesas electorales se licúan y las obras se miden en plusvalías, no en minutos ahorrados. Esta no es una crisis técnica. Es una captura anunciada, financiada con dinero público y pagada por quienes ya no caben en los embudos viales que el poder planificó.
I. El gran retiro estatal y la génesis del desorden (1980-1994)
En 1980, el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) rondaba los 2.3 millones de habitantes y contaba con un sistema de transporte imperfecto, pero con cierto grado de coordinación estatal. La ideología de la época dictaba que el mercado resolvería lo que el Estado no podía. El resultado fue la retirada progresiva de la oferta pública y la apertura a concesiones por rutas.
Para 1989, cuando finalmente se inauguró la Línea 1 del Tren Eléctrico Urbano, la población ya superaba los 2.6 millones. Nueve años de retraso entre la necesidad evidente y la primera obra masiva. El Siteur nació como organismo paraestatal con mandato limitado: operar vías férreas, no planear movilidad metropolitana. Sin autoridad para integrar rutas, sin poder sobre concesionarios, sin visión de red, la modernidad nos cayó a “modo charro”.
La Línea 2 llegó en 1994. Fueron quince años sin expansión troncal significativa; mientras tanto, la ciudad crecía a razón de 70 mil habitantes anuales, dispersándose en periferias sin servicios, aunque con un naciente club de “planificadores urbanos” y jugosos contratos de urbanólogos para “definir el rumbo que soñábamos”.
La matemática era clara: por cada kilómetro de tren, llegaban decenas de miles de nuevos residentes. Nadie ajustó la ecuación, simplemente se asumió que los camiones concesionados absorberían la demanda. No lo hicieron, la saturaron mientras los políticos aprendían cómo anestesiar nuestra paciencia.
II. Corrupción, sobrecostos y la hipocresía de las transiciones
El desorden no fue accidental, fue financiado. La Línea 2 se convirtió en el primer escándalo de sobrecosto estructural. Durante la campaña de finales de 1994, Alberto Cárdenas Jiménez capitalizó el descontento por la negligencia criminal del PRI tras las explosiones de 1992.
El discurso panista prometió transparencia y fin al amiguismo. La realidad: El gobierno neopanista tomó posesión en 1995 y sobre el tema… Ni hubo voluntad política ni valor para investigar. El incremento brutal del costo de la Línea 2 se archivó como “complejidad técnica”. El PAN gobernó tres sexenios y el modelo de opacidad se mantuvo intacto.
La transición democrática no trajo rendición de cuentas; trajo cambio de logo y continuidad de negocio; apenas alcanzó a consolidarse un primer BRT, un intento de copy-paste de Bogotá, con cuestionables procesos de negociación en el sexenio de Emilio González Márquez.
Con la salida del PAN, regresó el partido y el patrón se repitió con la Línea 3: Medios como NTR documentaron que los estudios costo-beneficio aprobados por la entonces SHCP inflaron la estimación de la demanda en casi tres tantos respecto a los números reales demostrados ya puesta en operación. ¿Para qué? Simple: “subiendo el beneficio”, se puede “subir el costo” y justificar presupuestos hinchados, con su respectivo “moche” que caracteriza la obra pública cuando los controles son débiles.
El costo oficial rondó los 31 mil 500 millones de pesos (mdp); la obra se entregó con retraso y sobrecostos que nunca se auditaron con rigor independiente. Y no es un partido, es un sistema. Las transiciones (PRI → PAN → PRI → MC) han sido cosméticas. Ninguna ha servido para romper el pacto tácito entre gobierno y operadores concesionarios, con un apodo ganado a pulso: “El pulpo camionero”. La transparencia, efectividad y eficiencia en transporte es hoy equivalente a la que históricamente ha caracterizado al SIAPA en materia de agua.
III. Promesas licuadas: Alfaro, reestructurando; Lemus, LA “Línea 5” y el BRT con nombre de tren
Con la llegada de Movimiento Ciudadano al poder estatal y municipal, el transporte no mejoró; se mercantilizó. Enrique Alfaro prometió una reestructuración enfocada en la modernización y el cambio de modelo hacia un sistema integrado; causó tremendo desorden en los cambios y aumentos de sinuosidad de trazo; además, con la nomenclatura de rutas.
Fiel a su estilo, nos impuso un redondeo: aceptar el robo de 50 centavos de cambio al pagar cada viaje que vino con la “adaptación de la tarifa”, porque “los equipos no podían devolverlo”. Se inauguró un subsidio a los concesionarios, para que “los usuarios no nos viéramos afectados”, pero pagado “con el dinero de las personas, por supuesto”, como aclaraba la diputada que saltó al estrellato en aquella penosa entrevista en Canal 44. Pablo Lemus Navarro, durante su campaña a gobernador, prometió una línea de tren ligero por la carretera a Chapala.
La promesa sonó a progreso, a conexión real para el sur metropolitano. La realidad: en lugar de rieles, ofreció un sistema de camión sobre llantas articulado que, por pura fuerza de marketing político, bautizaron “Línea 5”. No es tren, usa llantas de hule; no tiene capacidad, frecuencia ni infraestructura segregada sobre rieles; se trata de un BRT convencional. Es un autobús con estación elevada y un nombre prestado para vender la ilusión de continuidad. La ingeniería política tapatía alcanzó su cenit: confundir modo de transporte con número de campaña.
IV. Línea 4: Inmobiliaria con tren de adorno y el embudo de López Mateos
Peor aún fue la concesión privada de la Línea 4 del Tren Ligero. Lejos de ser un proyecto de movilidad, constituye un mecanismo de valorización inmobiliaria. Los acuerdos con inversionistas incluyeron plusvalías de suelo, permisos de densificación y exenciones que más parecen fichas de desarrollador que contratos de transporte público.
La obra se realizó con un acuerdo de contraprestación de casi 50 mdp mensuales en un periodo de 36 años. La zona sur, históricamente de clase media en declive, vio multiplicar la vivienda vertical sin que la infraestructura vial se ampliara proporcionalmente. El resultado: López Mateos se consolidó en el embudo perfecto que sufrió la autorización de decenas de miles de nuevas unidades habitacionales y comerciales, pero dejaron una sola vía principal para ingreso y salida. Como si planear el tráfico fuera un concurso de eficiencia inversa.
Los tiempos de viaje en esa zona pasaron de duplicarse a triplicarse; la calidad del aire se deterioró y el nivel de vida colapsó bajo el peso de una movilidad que no sirve, sino que castiga.
V. Camiones de carga, espaldas rotas y muertes normalizados
Más allá de los sobrecostos y la política, está el usuario. Durante años se ha permitido la circulación de unidades con chasis diseñados para transporte de carga o ganado, adaptados con carrocería de pasajeros y un “faldón” para disimular el origen. La suspensión es rígida, pensada para toneladas estáticas o cuadrúpedos, no para cuerpos humanos. Resultado: vibración crónica, lesiones de columna y articulaciones que la salud pública nunca cuantificó.
Peor aún fue la normalización de la letalidad. En los 90 y 00, los medios publicaban anualmente las cifras de muertos por el transporte público: atropellamientos, volcaduras, colisiones por competencia de rutas. Eran récords que la autoridad permitía y la sociedad absorbía como “daño colateral”. Hoy, las estadísticas son más difusas. ¿Mejoraron los indicadores o simplemente se enterraron bajo clasificaciones jurídico-administrativas?
VI. ¿En qué gastamos? Tren vs BRT vs Teleféricos
Guadalajara se jacta de invertir en sistemas “modernos”, pero la comparación revela prioridades invertidas:

Guadalajara gasta en concreto cuando debería invertir en cobertura. La pregunta incómoda es clara: ¿Se puede revertir 40 años de captura con más obra? ¿O necesitamos primero recuperar la autoridad metropolitana, auditar concesiones y construir un sistema que priorice la vida sobre el negocio?
Mientras tanto, los usuarios seguimos subiendo, bajando y saltando en camiones y decisiones políticas que, claramente, no fueron hechos para nosotros.
¿Qué hacemos con el SIAPA? Parte 3

Tras haber revisado en las entregas anteriores la anemia financiera y la esclerosis institucional operativa del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), toca ahora hablar de lo que realmente importa: la reconstrucción. Pero antes de sacar la calculadora y el vernier, nos toca mirarnos al espejo como sociedad.
1. Descolonizar el grifo: Más allá del fetiche de la tubería
Durante décadas, en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) hemos asumido que la gestión del agua sea un “asunto de ingenieros”. Con el respeto que merece la disciplina, pero la gestión hidrosanitaria ha sido colonizada por una visión puramente física que reduce el ciclo del agua a un sistema de presiones, análisis químicos, válvulas y diámetros. Hemos olvidado que el agua no fluye solo por tubos, sino por realidades sociales, marcos jurídicos, vulnerabilidades de salud y equilibrios ecosistémicos.
Es urgente descolonizar el conocimiento hidrosanitario. Necesitamos sentar a la mesa no solo al que sabe de hidráulica o saneamiento, sino al economista que entiende de elasticidad de la demanda, al sociólogo que comprende la segregación urbana, al abogado que defiende el derecho humano al agua y, sobre todo, al ciudadano que recibe el “chocolate” líquido en su casa.
En el bréte mexicano de “querer ser siempre el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro”, nos hemos olvidado de que la construcción conjunta no es un concurso de egos; en este caso, es nuestra balsa de salvamento.
Si no somos capaces de generar consensos y evitar protagonismos estériles, seguiremos ahogándonos en un vaso de agua… sucia. La solución debe ser multidimensional o no será.
2. La arquitectura de la solución: Orientarse a resultados.
Para aquellos que creen que la administración pública es solo “imaginarse en el futuro”, “echarle ganas” o peor, salir en videos, permítanme ejemplificar un ejercicio de Cadena de Valor Público aplicado a la potabilización, ese proceso místico que el SIAPA parece haber olvidado en algún cajón de la colonia moderna.
A. El diagnóstico del lodo
La problemática es clara: Agua con parámetros de turbiedad y presencia de metales fuera de norma en puntos críticos de la red. Las causas no son “el destino” o “el crecimiento urbano”; son el desdén del diseño institucional y su operación: la obsolescencia o caducidad de las plantas potabilizadoras —como Miravalle—, la falta de mantenimiento en los sedimentadores y una red de distribución que parece colador romano.
B. La solución lógica
No se trata de comprar más cloro, sino de atacar las causas: sustitución de tecnologías para el retiro de metales, modernización tecnológica de las plantas y sectorización de la red para evitar la recontaminación.
C. La Cadena de Valor (El “cómo” sin cuentos)
1. Objetivo de resultado (Propósito): Los usuarios del AMG reciben agua que cumple con la NOM-127-SSA1-1994 (o su actualización) directamente en sus grifos.
Riesgo externo: El estrés hídrico extremo que altere la calidad química de las fuentes superficiales (Chapala/Calderón) o profundas (a mayor profundidad, más contaminación geogénica).
2. Objetivos de producto (Componentes): Plantas separadoras de contaminantes químicos y metales, instaladas; potabilizadoras rehabilitadas y sistemas de filtración avanzada operando al 100%.
3. Objetivos de proceso (Actividades): Licitación transparente de tecnologías, mantenimiento preventivo de lechos filtrantes y dosificación automatizada de reactivos.
D. El tablero de control (M&E)
Para que no nos den “atole con el dedo”, necesitamos indicadores de verdad:
Indicador de resultado: IR = [(Muestras dentro de norma) / (Total de muestras en domicilio) × 100]. Fuente: Auditorías externas aleatorias (no las del propio SIAPA).
Indicador de producto: IP = [(Caudal potabilizado bajo norma) / (Caudal de entrada) × 100]. Fuente: Registros de supervisión de producto, al salir de la planta y al ingreso al predio.
Indicador de proceso: IPr = [(Número de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo con cumplimiento / Número total de datos de verificación aleatoria de proceso de mantenimiento preventivo) × 100].
3. ¿Privatizar? El espejismo de la eficiencia empresarial
Aquí es donde el debate se pone picante. Existe una pulsión casi erótica en ciertos sectores por privatizarlo todo, bajo la premisa de que “el gobierno es inepto por naturaleza”. Pero cuidado, la historia de México está llena de instituciones diseñadas deliberadamente para fallar, creando el caldo de cultivo perfecto para la “salvación” privada, que suele ser más cara y menos santa.
El SIAPA es un monopolio natural. Sea público o privado, usted no puede elegir que otra empresa le ponga un tubo diferente en su casa. Por ello, el problema no es la propiedad, sino el arbitraje. La variable crítica no es quién opera, sino cómo se regula, supervisa y sanciona.
El espejo de Aguascalientes (Veolia 1993-2023)
Para quienes suspiran por una concesión privada, miremos el caso documentado por el ITESM (2012). Tras 30 años de concesión a Veolia, una empresa internacional “experta” en agua, los resultados son una bofetada a la lógica del libre mercado:
Problemas estructurales:
1. Especulación vs. realidad: Se planeó y permitieron crecer la ciudad con criterios inmobiliarios mientras se sobreexplotaba la escasa agua subterránea.
2. Contratos leoninos: Un título de concesión que no sancionaba el incumplimiento y protegía solo a la empresa.
3. Autoridad omisa: La CCAPAMA (el regulador municipal) terminó siendo un espectador decorativo de los abusos empresariales.
La numeralia del desastre:
Asimetría obscena: La autoridad cargaba con el 89% de la responsabilidad, pero la empresa se quedaba con el 98% de los ingresos. ¡El negocio soñado!
Eficiencia global de risa: Apenas el 30%. Es decir, de cada 10 litros, 7 se perdían entre fugas y mala cobranza.
El robo del tiempo: Se practicaban retrasos voluntarios en la impresión de recibos para cobrar el agua con tarifas indexadas (más caras) meses después del consumo real.
Salud en riesgo: El agua distribuida incumplía la norma de salud por contaminación geogénica (arsénico y flúor).
Conclusión: El balón está en nuestra cancha
Privatizar no es la respuesta; es solo cambiar de amo en un sistema que carece de látigo (arbitraje). La solución estructural para el SIAPA requiere tres pilares: diseño lógico multidimensional, arbitraje externo estricto y un esquema de asignación de recursos que priorice la equidad, no el beneficio político del gobernante en turno.
Como tapatíos, el reto es mayúsculo. ¿Podremos soltar ese “pequeño marranito exigente” del ego y exigir que el SIAPA deje de ser la “caja chica” (o grande) de la política estatal? ¿Podremos descolonizar nuestra mente y entender que el agua es un derecho, no una mercancía ni un botín electoral?
El comienzo de la solución no está en un nuevo director, ni en “la danza de los millones”, ni en una concesión milagrosa; pasa por enfrentar nuestros propios demonios como sociedad: la fragmentación, la desconfianza, la tentación del atajo y dejar de ser espectadores de nuestro propio desabasto. Si seguimos permitiendo que la gestión del agua sea un secreto de Estado entre ingenieros y políticos, lo único que tendremos garantizado en el futuro será sed… y una cuenta muy alta por pagar.
Es hora de actuar. Por el agua, por la ciudad, por nuestros hijos.
Sobre el autor
Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP
El trimestre más turbulento de Lemus

El primer trimestre de 2026 resultó ser el periodo más turbulento del gobierno de Pablo Lemus Navarro desde su toma de posesión en diciembre de 2024. Tres grandes crisis concentraron la presión sobre el Ejecutivo estatal: el llamado “tarifazo” al transporte público, que detonó semanas de movilizaciones; el abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el 22 de febrero en Tapalpa, con la subsecuente ola de represalias violentas; y, al cierre del trimestre, una crisis hídrica que afectó a cientos de colonias del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG).
El telón de fondo de los tres episodios es el Mundial de Fútbol 2026, que convierte a Jalisco en escaparate internacional y eleva exponencialmente los costos políticos de cualquier percepción de desequilibrios.
Eficacia decisional. La eficacia decisional del gobierno de Lemus durante este trimestre exhibe un patrón recurrente: decisiones iniciales polémicas seguidas de rectificaciones bajo presión social. El caso paradigmático es el llamado “tarifazo”. A partir del 1 de abril de 2026, el pasaje del transporte público estaba previsto para pasar de 9.50 a 14 pesos, lo que representaría un aumento del 47.37 por ciento. El esquema era técnicamente discutible: el Gobernador presentó una opción para pagar 11 pesos mediante una tarjeta de débito de una financiera amonestada por la Comisión Nacional Bancaria y Valores (CNBV), a la que el Gobierno Estatal pagaría 5.45 pesos mensuales por cada tarjeta activa.
Tras semanas de presión ciudadana y legislativa, Lemus acabó cediendo de forma considerable. El Gobierno de Jalisco canceló el aumento de 14 pesos en la tarifa del transporte público, y anunció que el pasaje se mantendría en 11 pesos a partir del 1 de abril, sin importar el método de pago. La rectificación evitó una escalada mayor, pero el costo político fue alto: el gobierno abandonó su postura inicial ante la presión, lo que debilita su capacidad de anticipación y diseño de política pública.
El episodio del Siapa repitió el patrón. En medio de la crisis por la mala calidad del agua potable, el Gobernador de Jalisco anunció la destitución del director del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa), Antonio Juárez Trueba. La decisión fue reactiva: la destitución ocurrió horas después de que colectivos, académicos y vecinos exigieran una alerta sanitaria y el relevo del funcionario.
Legitimidad política. La legitimidad de origen de Lemus es sólida (a pesar de recursos legales y protestas opositoras los tribunales reconocieron su triunfo) y mantiene niveles de aprobación razonables según lo reportan diversos medios de comunicación. Sin embargo, la legitimidad del ejercicio de gobierno durante este trimestre sufrió erosión en al menos tres frentes.
En el flanco del transporte, la movilización popular fue sostenida e intensa. Las protestas contra el aumento de la tarifa del transporte público y la obligatoriedad de usar una tarjeta de débito de una financiera privada, continuaron con la séptima marcha en enero con consignas como en contra de la decisión gubernamental.
La legitimidad del esquema fue cuestionada adicionalmente por los tribunales. El Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa otorgó una suspensión provisional a 35 estudiantes, determinando que el subsidio al transporte no puede condicionarse a la entrega obligatoria de datos personales a una empresa privada.
En el terreno legislativo, el conflicto con bancadas de oposición generó fricciones de legitimidad. Los grupos parlamentarios de Morena, Hagamos y Futuro acusaron al Gobernador Pablo Lemus de desinformación, al señalar que el dictamen sobre identidad de género aprobado por el Congreso no autorizaba ni promovía cambios de sexo, y que ni el Congreso ni el Gobernador tienen facultades para cuestionar la vigencia de derechos humanos reconocidos por México en tratados internacionales.
Un episodio adicional que dañó su imagen fue la detención de estudiantes manifestantes, a quienes Lemus acabó liberando. El Gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, liberó a los cuatro estudiantes detenidos por realizar pintas en Palacio de Gobierno y la Catedral durante una manifestación contra la tarifa del transporte público, acusando que los jóvenes fueron “azuzados” por actores políticos de la oposición. La justificación fue percibida por organizaciones civiles como politización de un hecho represivo: más de 50 colectivos y organismos defensores de derechos humanos, entre ellos Amnistía Internacional, calificaron la actuación policial como una grave violación a las garantías individuales.
Cohesión institucional. La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo estatal es el punto más frágil de la gobernabilidad de Lemus. El Gobernador gobierna sin mayoría propia: Movimiento Ciudadano sólo logró ganar en cuatro distritos concentrados en el AMG, mientras que la coalición de los partidos PRI, PAN y PRD ganó tres escaños en el Poder Legislativo. Esta situación de no contar con una bancada legislativa robusta se ha traducido en fricciones sistemáticas. El propio Lemus ha descrito el escenario en términos de confrontación.
Un episodio que ilustra la ruptura Ejecutivo-Legislativo es el conflicto en Bolaños. En el municipio de Bolaños existe una situación de conflicto entre mestizos y miembros de la etnia wixárika, a raíz de que se aprobó en el Congreso de Jalisco un cambio de régimen de gobierno por uno de usos y costumbres. Esto provocó el cierre de carreteras y el derribo de una escultura icónica, lo que mantiene el clima de confrontación, que a decir del Gobernador Lemus, les fue advertido a los legisladores, pero lo ignoraron.
La relación con el Gobierno Federal es ambivalente: cordial en lo personal con la presidenta Sheinbaum, pero tensa en lo presupuestal. Lemus ha denunciado en entrevistas que dependencias federales castigan a Jalisco por ser un estado de oposición. Por otro lado, el nombramiento del nuevo director del Siapa por criterios de lealtad personal generó cuestionamientos sobre el criterio técnico frente al político en las designaciones del gabinete.
Estabilidad política. Este es el indicador que registró la mayor caída en el trimestre. El abatimiento de “El Mencho” el 22 de febrero de 2026 fue el acontecimiento más disruptivo para la estabilidad política y el orden público en Jalisco en años recientes. El epicentro fue Jalisco. En Guadalajara, hubo más de 30 puntos de bloqueos y enfrentamientos en toda el AMG. La reacción violenta del CJNG incluyó bloqueos, incendios y tiroteos.
En materia electoral, el Partido del Trabajo lanzó amenazas de impulsar una revocación de mandato contra Lemus a raíz del tarifazo, aunque sin concreción formal durante el trimestre. El trimestre estuvo marcado por un nivel de conflictividad sociopolítica inusualmente alto para Jalisco, con múltiples frentes abiertos de forma simultánea.
El conflicto por el incremento a las tarifas del transporte público fue el más sostenido. Desde principios de enero se registraron protestas prácticamente cada semana, La conflictividad fue multifactorial: partidos de oposición, colectivos estudiantiles, estudiantes mediante amparos, y el propio Congreso del Estado mediante exhortos formales al Ejecutivo. A este conflicto se sumó en enero el choque legislativo en torno a la ley de identidad de género, con acusaciones de desinformación cruzadas entre el Gobernador y las bancadas parlamentarias opositoras.
El episodio de Bolaños al cierre del trimestre añadió una dimensión étnica y territorial a la conflictividad. El municipio de Bolaños registra una situación de conflicto entre mestizos y miembros de la etnia wixárika, con cierre de carreteras. El Gobernador, visiblemente irritado, responsabilizó a los legisladores: “Si ellos tomaron esa decisión, que vayan a dialogar entre las partes también, a explicarle a la ciudadanía de Bolaños por qué tomaron esa decisión. Los quiero ver allá, no encerraditos en el Poder Legislativo”.
Desde un análisis de gobernabilidad, la simultaneidad de estos frentes conflictivos —transporte, seguridad, agua, identidad de género, conflicto étnico— indica una capacidad de gestión institucional desbordada, incapaz de contener la conflictividad dentro de los canales institucionales ordinarios.
Deterioro social y episodios violentos. Este indicador registra la lectura más preocupante del trimestre, determinada por la convergencia de tres crisis de naturaleza distinta.
Violencia organizada. Antes del 22 de febrero, el trimestre mostraba avances genuinos en seguridad. El promedio diario de homicidio doloso, según cifras oficiales, en la entidad se redujo 47% entre septiembre de 2024 y enero de 2026, al pasar de 4.80 a 2.55 casos diarios, siendo enero de 2026 el mes con la incidencia más baja de homicidios en los últimos 11 años. Sin embargo, el abatimiento de “El Mencho” trastocó este panorama. En marzo, Jalisco registró 59 homicidios, aunque dentro de la media regional.
Crisis del agua. El deterioro en la calidad del agua durante marzo representó una crisis sanitaria de gran impacto. En diversas zonas de Guadalajara y Zapopan, el agua que llegaba a los hogares presentó coloración, mal olor y presencia de sedimentos. Al menos 176 colonias fueron reconocidas como afectadas, aunque registros independientes elevaban la cifra a más de 450.
Crisis de personas desaparecidas. Jalisco mantiene una de las crisis humanitarias más agudas del país en materia de personas desaparecidas. Jalisco está entre los que registran el mayor número de personas desaparecidas, con 12,500 casos documentados. Esta crisis adquirió una dimensión política específica en el trimestre, cuando familias de desaparecidos denunciaron intentos de retirar carteles de búsqueda de cara al Mundial. Las familias que colocan los volantes para buscar a sus seres queridos dicen que enfrentan intentos del gobierno por borrar esos rostros de cara al Mundial.
Conclusiones
El primer trimestre de 2026 deja a Pablo Lemus Navarro en una posición de equilibrio precario: no hay síntomas de ingobernabilidad aguda, pero sí un patrón de gobierno reactivo que responde a las crisis cuando ya están desbordadas, en lugar de anticiparlas. La rectificación del tarifazo fue políticamente necesaria, pero reflejó una decisión inicial mal calibrada. La destitución del director del Siapa fue oportuna, pero ocurrió tras semanas de protestas.
El rasgo más preocupante desde una perspectiva de gobernabilidad no es ninguna crisis en particular, sino su simultaneidad y su naturaleza estructural: el transporte, el agua y los desaparecidos son problemas sistémicos que no se resuelven con cambios de director ni con decretos tarifarios corregidos. El Mundial de Fútbol 2026, que inicia en junio, opera como catalizador dual: obliga a acelerar soluciones de fachada al tiempo que expone ante el mundo las fisuras del modelo de gobierno “al estilo Jalisco”.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.
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