Marco Rubio y su amenaza a la clase política

El poderoso secretario de estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se encuentra de visita en México, el “eco” de las declaraciones de la senadora Lily Téllez y del presidente Donald Trump han puesto en la mira a la clase política mexicana, sugiriendo una complicidad con los cárteles que podría tener graves consecuencias legales.
En Estados Unidos, la designación de los cárteles como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) por el gobierno de Trump no es una medida simbólica, sino una herramienta jurídica que transforma el crimen organizado en terrorismo. Esto abre la puerta para que cualquier funcionario extranjero que colabore con estas organizaciones sea sujeto a las más severas penas, incluyendo la pena de muerte.
El panorama político y de seguridad en México se encuentra bajo la intensa luz de la atención internacional, luego de una serie de declaraciones contundentes que han reavivado el debate sobre la infiltración del crimen organizado en las esferas de poder.
Las palabras de la senadora Lily Téllez en la cadena Fox News, seguidas por las del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han puesto sobre la mesa una pregunta incómoda con implicaciones legales de gran calado.
En una entrevista que resonó fuertemente a nivel binacional, la senadora Téllez afirmó de manera categórica que México es un «narco-estado». A la pregunta directa de la comunicadora sobre la presunta alianza entre el gobierno mexicano y los cárteles, la senadora respondió: «Sí, el partido (Morena) está financiado. Le han dado los cárteles tanto dinero a estos políticos, narco-políticos de Morena para entrar en funciones, para conseguir el poder». Añadió que el gobierno mexicano «protege a los cárteles» y que la presidenta Sheinbaum «no quiere que el fuerte liderazgo estadounidense ayude a México a derrotar a los cárteles».
Estas declaraciones encontraron un eco casi inmediato en el discurso del presidente Donald Trump. En una entrevista exclusiva con The Daily Caller, revelada el 2 de septiembre de 2025, el mandatario estadounidense sentenció: «México es dirigido por cárteles. Ningún espacio para la duda». El presidente Trump detalló que ofreció ayuda a la presidenta Sheinbaum para combatir a los grupos delictivos, pero que esta la rechazó. Cuando la reportera Reagan Reese le preguntó el motivo de la negativa, Trump se limitó a decir: «Ella, la presidenta, tiene mucho miedo. México está dirigido por los cárteles».
El telón de fondo de estas declaraciones no podría ser más relevante, dado que el secretario de Estado, Marco Rubio, se encuentra en una visita oficial a México, con una agenda dominada por temas de seguridad, migración y economía. Las palabras de Téllez y Trump, sumadas a la presencia del alto funcionario estadounidense, crean un escenario de intensa presión diplomática y política para el gobierno mexicano.
La raíz de la violencia en México: ¿Un narcoestado protegido por la 4T?
Las acusaciones de la senadora Lily Téllez, respaldadas por las recientes y contundentes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, han puesto al descubierto una posible verdad que explicaría la escalada de violencia en México: la supuesta protección que el régimen de la Cuarta Transformación (4T) brinda a los cárteles del narcotráfico. Según esta visión, la inseguridad que azota al país no sería un problema de incapacidad gubernamental, sino el resultado directo de una red de complicidad entre el poder político y el crimen organizado.
“El presidente Trump no dejó lugar a dudas al sentenciar que «México es dirigido por cárteles», una afirmación que va más allá de la crítica diplomática y que señala una profunda infiltración criminal en las estructuras del Estado. La senadora Téllez ha sido aún más explícita, al acusar a políticos de Morena de ser «narco-políticos» financiados por los cárteles para obtener poder y protección”.
En lugar de una estrategia de seguridad fallida, la situación podría ser el reflejo de un acuerdo tácito: la impunidad a cambio de protección política y financiera. Esta presunta protección explica por qué la violencia persiste:
Protección y territorio: Si las acusaciones son ciertas, el gobierno actual, en lugar de combatir a los cárteles, les estaría garantizando un espacio de operación. Esto explicaría por qué, a pesar de las promesas de paz, la violencia sigue en aumento y las zonas bajo control de la delincuencia se expanden.
Financiamiento de campañas y corrupción: La denuncia de que políticos de la 4T han sido financiados por el crimen organizado sugiere que los cárteles no solo buscan operar libremente, sino también influir en la toma de decisiones. Esto convierte a los proyectos de infraestructura, como el Tren Maya, en posibles vetas de negocios ilícitos.
Consecuencias para el pueblo: La consecuencia más devastadora de esta supuesta protección es el miedo y la indefensión del pueblo mexicano. Con el Estado, que debería ser el principal protector, presuntamente coludido con la delincuencia, los ciudadanos quedan a merced de los cárteles. La violencia, el secuestro y la extorsión se convierten en el pan de cada día, con la frustración de saber que quienes deberían impartir justicia podrían ser parte del problema.
En este contexto, las acusaciones no son simples señalamientos políticos; son una posible clave para entender la cruda realidad que enfrenta el pueblo de México. La postura de la administración estadounidense, que incluso ha designado a los cárteles como organizaciones terroristas, sugiere que el problema ha trascendido las fronteras y requiere de una respuesta contundente.
El vínculo expuesto
La presunta conexión entre la élite política mexicana y los cárteles no es un rumor; es una narrativa que cobra fuerza con cada nueva revelación. La denuncia de la periodista Anabel Hernández sobre el presunto financiamiento del narcotráfico a la campaña de Andrés Manuel López Obrador ha puesto el foco en la raíz del problema. Si estas acusaciones son ciertas, el régimen de la 4T, en lugar de combatir la corrupción, la habría institucionalizado, permitiendo que los cárteles operen con impunidad. Este presunto encubrimiento ha transformado a México, una nación orgullosa, en un territorio donde la ley y el orden han sido sustituidos por el miedo.
El marco legal y las graves implicaciones para los políticos mexicanos
El potencial de estas acusaciones va mucho más allá del debate político. En los Estados Unidos, el marco legal ha evolucionado para tratar a los cárteles de la droga no solo como organizaciones criminales, sino como entidades terroristas. El 20 de enero de 2025, el presidente Donald J. Trump emitió una orden ejecutiva para designar a ciertos cárteles internacionales como «Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO)».
Esta designación no es meramente simbólica; es una poderosa herramienta jurídica. Bajo la Ley Patriota, si se demuestra que un funcionario colaboró con un cártel designado como FTO, su conducta se tipificaría como conspiración para cometer actos de terrorismo y apoyo material a una organización terrorista. Si las acciones de los cárteles financiados por esta red resultaron en la muerte de un ciudadano estadounidense, la Ley de Control Integral del Abuso de Drogas y Prevención de 1988 autoriza la pena de muerte para crímenes que vinculan el narcotráfico con asesinatos, el presidente Trump de manera contundente ha manifestado, que en 2024 hubo en los Estados Unidos trescientos mil víctimas mortales por el uso del fentanilo.
A continuación, se detalla la presunta responsabilidad de algunos de los personajes señalados en la presunta “Lista Marco”, en alusión al secretario de estado Marco Rubio, y por la senadora Téllez, delineada de manera precisa con base en las leyes que hemos analizado:
Andrés Manuel López Obrador: Traición a la Patria y conspiración internacional
La denuncia de la periodista Anabel Hernández y las acusaciones de la senadora Téllez lo señalan por tener conocimiento y participación en una red de financiamiento ilícito vinculada a cárteles del narcotráfico. En México, esto sería delincuencia organizada y lavado de dinero, además de traición a la patria, al permitir que entidades criminales se infiltraran en el aparato político. En EE. UU., su presunta colaboración lo haría susceptible de cargos de conspiración y apoyo material a una organización terrorista, con la posibilidad de enfrentar la pena de muerte bajo la ley estadounidense si se vincula a las muertes de ciudadanos de ese país.
Adán Augusto López: Crimen organizado y conspiración internacional
La acusación contra el actual senador se centra en el grupo criminal «La Barredora» y sus presuntos negocios con el Tren Maya. Su presunta conducta de usar un proyecto nacional para facilitar operaciones criminales, como el suministro de huachicol, es un acto de crimen organizado y corrupción en México, que también podría considerarse traición a la patria. En EE. UU., sería acusado de conspiración internacional, lavado de dinero, y facilitación de una empresa terrorista, al lucrarse de un grupo criminal designado como FTO.
Claudia Sheinbaum: Omisión, encubrimiento y apoyo a organizaciones criminales
En su calidad de Jefa del Ejecutivo Federal, las acusaciones en su contra se centran en la presunta omisión y encubrimiento de actividades criminales. Si permitió que las redes del narcotráfico se infiltraran en la administración federal, su conducta podría interpretarse como una violación de su deber constitucional, lo que en México se tipificaría como traición a la patria. En EE. UU., esta omisión deliberada podría considerarse como apoyo material a una organización terrorista, haciéndola susceptible a la jurisdicción extraterritorial.
Marina del Pilar Ávila, Alfonso Durazo, Rubén Rocha Moya Américo Villarreal, Layda Sansores, Alfredo Ramírez Bedolla, Miguel Ángel Navarro, Enrique Alfaro, Samuel García, Cruz Pérez Cuéllar, Manuel Bartlett, Mario Delgado, Ricardo Monreal: Colusión y facilitación de delitos
Su presunto papel en la defensa pública de los acusados los haría cómplices. Si utilizan su plataforma para defender a los criminales y obstaculizar la justicia, sus acciones podrían ser catalogadas como colusión con el crimen organizado y, en un sentido más amplio, como traición a la patria. En EE. UU., si se demuestra que su apoyo ayudó a los cárteles a evadir la justicia o a consolidar su poder, podrían ser acusados de conspiración y facilitación de una empresa terrorista. Las autoridades de EE. UU. podrían argumentar que su apoyo político es un tipo de «apoyo material», exponiéndolos a un proceso de extradición y a un juicio con el riesgo de ser sentenciados a la pena de muerte si se les vincula con la muerte de ciudadanos estadounidenses, reiterando las cifras de mortandad por el fentanilo advertido por el Presidente Trump en Estados Unidos hubo en dos mil veinticuatro trescientos mil fallecidos por el uso de esa mortífera droga.
De la política a la cárcel
Bajo la Ley Patriota, cualquier individuo que ofrezca «apoyo material» a una FTO puede ser perseguido judicialmente, sin importar su estatus oficial en su país de origen. En este supuesto, la presunta colaboración de políticos de la 4T, como el senador Adán Augusto López y la presidenta Claudia Sheinbaum, en la facilitación de las operaciones de los cárteles, los expondría a cargos de conspiración, lavado de dinero e incluso apoyo a empresas terroristas. La negativa de la presidenta Sheinbaum a aceptar la ayuda de EE. UU. podría ser interpretada como un encubrimiento que la haría susceptible a la jurisdicción estadounidense.
El Canto de la Sirena: El ‘Encanto’ de Sheinbaum y la Realidad de la Violencia
Las palabras del presidente Donald Trump han añadido una dimensión personal y alarmante a las acusaciones contra la presidenta Claudia Sheinbaum. Aunque Trump la ha calificado de «encantadora», el mandatario estadounidense pudo haber disfrazado esta descripción con un matiz de advertencia, con el mítico canto de las sirenas, que atrae a los navegantes hacia su perdición. Este «encanto» no es un halago, sino una crítica a lo que él percibe como una estrategia para ocultar la grave situación que se vive en México.
Según el presidente Trump, la negativa de Sheinbaum a aceptar la ayuda de Estados Unidos para combatir a los cárteles no se debe a un tema de soberanía, sino a un presunto encubrimiento. La presidenta, en esta interpretación, no quiere que el mundo sepa lo que realmente está pasando en el país: la violencia extrema, los secuestros, la extorsión y el control territorial de los cárteles. En este contexto, su «encanto» se convierte en una herramienta para desviar la atención de la realidad.
La analogía de Berlín 1936: De la propaganda nazi al Mundial 2026
Esta estrategia de encubrimiento encuentra un eco preocupante en un evento histórico. Un año antes de los Juegos Olímpicos de 1936, el régimen nazi en Alemania intensificó su persecución a los judíos, un hecho que buscó ocultar a la comunidad internacional. Con las Olimpiadas como telón de fondo, Hitler y su gobierno orquestaron una campaña de propaganda masiva para presentar una Alemania pacífica, moderna y tolerante, limpiando las calles de símbolos antisemitas y deteniendo temporalmente la violencia para proyectar una imagen positiva al mundo.
De manera similar, el próximo Mundial de Fútbol de 2026, en el que México será uno de los países anfitriones, podría convertirse en el escenario perfecto para que el gobierno de la 4T intente una operación de relaciones públicas. Según las acusaciones, la administración de Sheinbaum podría buscar «disfrazar» el violento México, ocultando las estadísticas de violencia y minimizando la crisis de seguridad. El objetivo sería proyectar una imagen de estabilidad y control ante los ojos de millones de turistas y de la prensa internacional, mientras que la realidad que padecen millones de mexicanos por el encubrimiento a los cárteles se mantendría en la oscuridad.
Esta analogía subraya la idea de que el «encanto» de la presidenta Sheinbaum, al igual que la propaganda nazi en su momento, podría ser una fachada para encubrir la presunta colusión con el crimen organizado. La negativa a aceptar la ayuda de EE. UU. y el supuesto deseo de que el mundo no conozca la verdad, serían piezas de una estrategia más amplia para mantener el control y el poder, sin importar el costo humano para el pueblo mexicano.
En conclusión, el marco legal estadounidense y mexicano ofrece múltiples vías para la persecución de los delitos de crimen organizado y corrupción. Si las acusaciones de la senadora Téllez y el presidente Trump fueran verídicas, el presunto encadenamiento de responsabilidades, desde el más alto nivel del poder hasta sus defensores en el Congreso, podría exponer a los acusados a consecuencias legales severas que trascienden las fronteras nacionales.
La muerte de ‘El Mencho’ y el sismo que viene

El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG),
Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ocurrido el domingo 22 de febrero de 2026 durante un operativo militar en Tapalpa, Jalisco representa un hito mayor en la estrategia de seguridad del Estado mexicano, comparable a golpes pasados contra otros capos históricos. Sin embargo, también inaugura una etapa de alto riesgo e incertidumbre tanto en términos de violencia como de gobernabilidad local y regional.
Posterior al dispositivo de seguridad que buscaba detener al líder delictivo, grupos delincuenciales respondieron con reacciones violentas en la Zona Metropolitana de Guadalajara y otras regiones de Jalisco, así como en otras entidades: bloqueos de carreteras, quema de vehículos, enfrentamientos armados y otras acciones contra servicios públicos. Esto obligó a autoridades estatales a activar códigos de emergencia y reforzar coordinación con fuerzas federales.
Es prudente mencionar que la muerte del líder no disminuye automáticamente la violencia; por el contrario, puede intensificarla en el corto plazo debido a la necesidad del grupo criminal de demostrar que sigue operando y no está debilitado.
Organizaciones como el CJNG no dependen de un solo individuo para sobrevivir. Aunque Nemesio Oseguera Cervantes era una figura central, la estructura del cártel es relativamente descentralizada y multifacética, con varios ejecutores regionales, grupos escindidos y brazos operativos. Los bloqueos y quemas de vehículos muestran una estructura con sus engranajes y resortes lubricados, una nómina bien organizada dispuesta a actuar a la luz pública y una correa de transmisión de mando bien entrenada.
En ese sentido, el deceso del líder criminal puede generar al menos tres escenarios de sucesión interna:
1. Un liderazgo fuerte emerge rápidamente. Alguno de sus subordinados o un lugarteniente toma el control y mantiene la disciplina y la red operativa.
2. Fragmentación interna. Tensiones internas, celos, rivalidades o luchas por el poder dan paso a divisiones, generando enfrentamientos entre células del mismo cártel
3. Alianzas temporales con otros grupos criminales. Formar alianzas o coaliciones para mantener rutas, territorios o, simplemente, influencia frente a organizaciones rivales.
La muerte del líder formal del grupo delictivo podría producir efectos inmediatos de violencia y reacciones tácticas, seguidos por dinámicas de reacomodo interno y externo que definirán la gobernabilidad en Jalisco. Las líneas de acción posibles van desde una contención rápida hasta la competencia entre cárteles o la captura institucional. Los primeros días y semanas son críticos para contener la violencia y evitar que el vacío de poder se traduzca en fragmentación o en la entrada de nuevos actores. La experiencia reciente en Jalisco muestra reacciones violentas inmediatas tras golpes a liderazgos criminales, con bloqueos y quema de vehículos que afectan movilidad y percepción de seguridad. El escenario más probable es que estaremos ante una fase de competencia interna, con potencial incremento de violencia y debilitamiento de la cohesión criminal en el mediano plazo.
No está de más decir que el aniquilamiento de un capo de esta magnitud fortalece la imagen del Estado mexicano como actor capaz de confrontar a grupos criminales y recuperar espacios de autoridad. No obstante, los episodios violentos como forma de represalia demuestran que las instituciones aún enfrentan límites y retos superlativos para garantizar el orden inmediato. La gobernabilidad local puede verse tensionada si no se acompaña de estrategias integrales más allá de la acción militar.
Para ello será clave promover una coordinación amplia entre ámbitos de gobierno, fortalecimiento de inteligencia y presencia civil —no sólo seguridad— para prevenir cualquier eventualidad producto de los vacíos de poder temporal.
En concreto, estamos ante la posibilidad de una reconfiguración interna del CJNG, con la consiguiente fragmentación violenta localizada. Por ello, se requiere el fortalecimiento de programas sociales y de prevención para contrarrestar el reclutamiento criminal, además de estrategias más amplias de inteligencia y de cooperación internacional.
Si la fragmentación criminal persiste sin control institucional, podría erosionarse aún más la gobernabilidad y la seguridad local. Si las instituciones consolidan su presencia civil y de seguridad, podría abrirse una ventana para reducciones sostenibles de violencia en zonas clave.
Un suceso de la magnitud y resonancia como el abatimiento del líder delictivo abre ventanas de riesgo y de oportunidad. La diferencia entre contención y desorden prolongado dependerá de la coordinación interinstitucional, la capacidad de inteligencia y la respuesta socioeconómica que acompañe las medidas de seguridad. Actuar rápido para proteger a la población y, simultáneamente, fortalecer instituciones y programas de prevención es la vía más sólida para preservar la gobernabilidad en Jalisco.
La liquidación de Oseguera Cervantes puede representar un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado en México y especialmente en Jalisco. Sin embargo, no garantiza estabilidad automática. En el mejor de los casos, este evento puede catalizar esfuerzos institucionales y sociales hacia una gobernabilidad más robusta; en el peor, podría desatar nuevas dinámicas de violencia y fragmentación criminal. La clave estará en cómo el Estado combine seguridad con políticas sociales y de desarrollo que reduzcan la lógica de poder detrás del crimen organizado a largo plazo.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.
Los riesgos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026

La gobernabilidad se refiere a las formas y procesos en que una autoridad gubernamental toma decisiones de manera eficaz y la medida en que dichas decisiones se traducen en legitimidad. En un ejercicio prospectivo para imaginar los escenarios posibles que impactarían la gobernabilidad de Jalisco en 2026, se torna necesario dejar de mirar “el árbol” del presente y mirar “el bosque” de lo que resta del año.
Estamos en un año pivote: la antesala de la sucesión de 2027 y el escaparate global del Mundial de Fútbol.
Para profundizar en la prospectiva de Jalisco 2026 es necesario pasar del diagnóstico a la evaluación de riesgos específicos. En este análisis, se evalúa la probabilidad de ocurrencia y el impacto de las variables críticas en los indicadores que definen la gobernabilidad y la salud democrática de Jalisco.
A continuación, se presentan los 10 riesgos críticos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026, analizados prospectivamente.
Parálisis por “Federalismo punitivo”
Con un presupuesto donde el 80 por ciento de los ingresos dependen de la Federación, la soberanía política de Jalisco es, en realidad, una negociación contable constante. Probabilidades de que exista tensión entre el Gobierno de Jalisco, emanado del partido Movimiento Ciudadano (MC) y el Gobierno Federal, emanado del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), podrían generar una relación que pase del retórico intercambio de declaraciones a la asfixia operativa.
El riesgo es que la Federación retrase deliberadamente flujos financieros o permisos federales (agua, energía, medio ambiente) críticos para obras estatales, buscando debilitar la marca política local rumbo al 2027. La posibilidad de esta tensión impactaría en obras inconclusas y servicios públicos deficientes que la ciudadanía cobraría al gobierno local.
Fragmentación de la Mesa Metropolitana
El Siapa y la gestión de la basura en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) son focos rojos de deterioro social. La ineficacia en estos servicios básicos es el camino más rápido al descontento ciudadano masivo.
Existe el riesgo de una ruptura en la coordinación técnica entre Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Tlajomulco y Tlaquepaque. Al acercarse el año electoral, los alcaldes podrían priorizar agendas políticas individuales sobre la gestión técnica conjunta (seguridad, basura, vialidad), rompiendo el modelo de gobernanza metropolitana. Esto conllevaría crisis operativas en servicios municipales que colapsen la ciudad por sectores.
Obstrucción judicial interna
Con la reforma judicial federal en marcha, Jalisco enfrenta el desafío de reformar su propio Poder Judicial sin perder autonomía ni caer en la parálisis. Existe un foco de conflictividad política latente entre el Ejecutivo y las fuerzas de oposición en el Congreso. Se debe evitar la “copia acrítica” con el modelo federal y buscar un modelo híbrido que garantice la carrera judicial local para mantener la eficacia decisional.
Podría generarse una resistencia pasiva o “huelga de brazos caídos” dentro del Poder Judicial local ante la implementación de las reformas judiciales. Si los jueces y magistrados locales sienten amenazada su estabilidad por la elección popular de cargos, podrían ralentizar la impartición de justicia. Esto podría acarrear un aumento de la impunidad y parálisis en la resolución de conflictos comerciales y penales.
El “fuego amigo” prematuro
No deberá descartarse que la carrera por las candidaturas de 2027 se adelante incontrolablemente dentro del partido gobernante. Las facciones internas podrían comenzar a operar unas contra otras, filtrando información dañina o saboteando programas de sus rivales internos dentro del mismo gabinete. Lo cual repercutiría en un gobierno estatal que pierde el foco de gobernar para centrarse en la “grilla” interna, generando vacío de poder.
El factor más peligroso —y el menos visible— suele ser la erosión silenciosa de los “mecanismos de compensación” internos, esos acuerdos informales que permiten que algunas corrientes internas acepten que otra corriente controle las candidaturas sin romper el pacto. Cuando esos mecanismos dejan de funcionar, el conflicto ya no es sólo político, se torna también existencial.
Radicalización de la oposición en el Congreso
El Congreso del Estado se convertirá en un campo de batalla conforme se acerque 2027. La capacidad del gobernador para construir mayorías será puesta a prueba. Una mayoría opositora podría bloquear el presupuesto de 2027, afectando la estabilidad política. Se corre el riesgo de que la oposición (Morena y aliados) utilice su fuerza legislativa para bloquear sistemáticamente iniciativas clave o el presupuesto de 2027, no por razones técnicas, sino como estrategia de desgaste.
Eso conduciría a una gobernabilidad por decreto o reconducción presupuestal, lo que genera incertidumbre jurídica para proveedores y contratistas, pero principalmente a zonas y sectores que requieren respuestas a problemáticas ingentes.
Politización de la gestión del agua
A pesar de las inversiones, el Río Santiago sigue siendo una herida abierta. La presión internacional y de derechos humanos aumentará en 2026. Una buena gestión del agua sería un indicador clave de la eficacia de las políticas públicas a largo plazo.
Existe el riesgo de que la escasez de agua en el estiaje de 2026 sea utilizada como arma política. Si falla el suministro en colonias populares, la movilización social puede ser instigada por actores políticos para generar caos y culpar a la administración estatal. Posibles protestas masivas y cortes de vialidades principales afectarían la gobernabilidad urbana.
El “efecto escaparate” del crimen organizado
El Mundial es una oportunidad de oro, pero también un riesgo logístico. Cualquier episodio de violencia o falla en el transporte durante el evento tendría impacto global. Un éxito en el Mundial refuerza la legitimidad, un fallo la hunde internacionalmente. No se debe descartar el riesgo de que los grupos del crimen organizado aprovechen la visibilidad internacional del Mundial 2026 para enviar mensajes de poder. No necesariamente violencia contra turistas, sino bloqueos, mantas o eventos de alto impacto en la periferia como demostración de control territorial, aludiendo a un poder que ya no es únicamente simbólico.
Hechos de esta índole podrían generar una crisis reputacional global que destruya las narrativas de “Jalisco es México” y “Al estilo Jalisco” y afectar de manera ostensible la inversión extranjera.
El “segundo piso” de la crisis forense y de desaparecidos
Jalisco llega a 2026 liderando las estadísticas nacionales de desapariciones. El reto no es sólo estadístico, sino de legitimidad gubernamental. Existe una brecha de confianza profunda entre las cifras oficiales y la realidad de los colectivos de búsqueda. La gobernabilidad se erosiona cuando el Estado no puede garantizar el derecho a ser buscado.
El hallazgo de nuevas fosas masivas o la saturación visible del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) en pleno 2026 es un riesgo que no se puede descartar. Si la narrativa oficial choca frontalmente con una realidad inocultable, la legitimidad moral del gobierno se desploma. Un escenario como este puede provocar la radicalización de los colectivos de búsqueda y pérdida total de confianza en las instituciones de seguridad.
Gentrificación y desplazamiento violento
La Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) vive una crisis de asequibilidad. El desplazamiento de la población local hacia la periferia genera tensiones sociales y problemas de movilidad. El supuesto éxito económico del estado no se está traduciendo en bienestar habitacional para la clase media y para los jóvenes.
Hay un riesgo latente de que el aumento del costo de vida y vivienda en la ZMG, exacerbado por el turismo del Mundial, provoque un estallido social de las clases trabajadoras desplazadas a las periferias sin servicios. Lo que repercutiría en un aumento de delitos patrimoniales en zonas residenciales y polarización de clases (ricos vs. pobres) en el espacio urbano.
Infiltración criminal en policías municipales del interior
El dominio de grupos del crimen organizado en zonas limítrofes (Altos, Norte y límites con Michoacán/Zacatecas) desafía la soberanía del Estado. Existe el riesgo de una “gobernanza criminal” paralela que sustituya al Estado en la resolución de conflictos locales. Mientras se blinda la Zona Metropolitana para el Mundial, se corre el riesgo de que el crimen organizado consolide su control absoluto sobre las policías municipales de las regiones Altos, Norte y Sureste, creando “zonas de silencio” donde el Estado no existe.
La detención y vinculación del alcalde —y otros funcionarios del Ayuntamiento— del municipio de Tequila por presuntos delitos de violencia organizada y extorsión en días recientes son una muestra fehaciente de una institucionalidad vulnerada y corrompida. El riesgo de que esas conductas se repitan en otros municipios, está latente.
Conclusiones
El riesgo para Jalisco en 2026 es que la eficacia decisional y la estabilidad se vean sacrificadas en el altar de la conflictividad política. El Mundial actúa como un catalizador: puede ser la plataforma para demostrar una gobernanza de clase mundial o el escenario donde las fracturas sociales y de seguridad se expongan globalmente.
El gobierno deberá priorizar la cohesión institucional (blindar el Gabinete de la fiebre electoral) y la legitimidad (resolver de fondo casos emblemáticos de desaparición) para construir un colchón de confianza que le permita navegar las crisis que inevitablemente surgirán en los otros indicadores.
El mayor riesgo para la gobernabilidad de Jalisco en 2026 no es un colapso súbito, sino una erosión gradual y simultánea. El peligro es que el gobierno estatal sea tan eficiente en la administración de la imagen (mercadotecnia política para el Mundial) que descuide la administración de la realidad (seguridad y servicios en la periferia), creando una olla de presión que podría estallar justo antes de las elecciones de 2027.
En resumen, la gobernabilidad en Jalisco para este 2026 no se jugará en los discursos, sino en la capacidad técnica para resolver crisis humanitarias como la de las personas desaparecidas y la inseguridad, así como las operativas (servicios públicos: transporte, agua, basura), mientras se navega en un mar de polarización política nacional.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.
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