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Opinión

¿Necesitamos más botes de basura en la vía pública?

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ursula barreda

Seguro has visto las «papeleras inteligentes» del Centro Histórico de Guadalajara, llevan más de una década adosadas a los postes.

La cuestión es… ¿han sido un éxito o un fracaso a lo largo de todo este tiempo? Veamos.

A partir de 2010 se instalaron en el Centro las papeleras, considerando que quizá con una rotación adecuada evitarían los grandes botes desbordados.

Pues estas papeleras tendrían solo la función de recolectar el papel, el cigarro, el bote de agua o este tipo de basura relativamente pequeña que necesitas depositar en algún lado cuando estás circulando por la calle, con esta lógica las papeleras deben estar en zonas de alta afluencia peatonal.

Además su cantidad y ubicación estarían en relación al número de personas que circula en la zona; y debía contarse con ciertos criterios básicos de instalación, pues en banquetas angostas pueden volverse un obstáculo para la circulación, incluso que quedaran justo afuera de una ventana o ingreso de una finca no sería lo más deseable.

Conforme al Programa Municipal para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos del Municipio de Guadalajara, que siempre ha marcado la línea a seguir en la Zona Metropolitana en estos temas, estas ocho mil 600 papeleras con capacidad de 50 litros, logran recolectar diariamente hasta 14.5 toneladas de residuos, poco más de 5 mil toneladas al año.

Pero hagamos una pequeña reflexión: ¿qué pasaba antes de que existieran estas papeleras? Sin opciones, qué hacías, tirabas estos residuos a la calle o los guardabas de alguna manera hasta encontrar donde colocarlos. ¿Existe una comparativa que analice si la instalación de las papeleras ha representado algún cambio?

Pues la Dirección de Aseo Público sigue reportando que, de las tareas de barrido se recolectan, tres mil 620 toneladas mensuales de basura, esto es 43 mil toneladas al año, solo de las plazas públicas y de 173 contenedores. Es prácticamente 10 veces más de lo que se recolecta en las papeleras. Saque usted sus conclusiones.

¿Cuánto le cuesta al municipio cada uno de estos servicios, el de las papeleras concesionado a SULO México, por 15 años (ya llevan 12)? Cuesta un millón 540 mil pesos (mdp) al mes (esto es 154 pesos por papeleras instaladas y deben ser 10 mil) esto es 18.5 mdp al año.

Por cierto, la Dirección de Aseo Público tiene en presupuesto anual 542 mdp, del cual en nómina se destinan casi 100 mdp anuales. Y esto sin contar lo que el municipio paga a Cabsa Eagle por la recolección domiciliaria.

Los conflictos causados por estas papeleras son variados: la saturación de las instaladas en zonas comerciales, las instaladas en zonas habitacionales que se convierten en puntos para sacar las bolsas de basura de los vecinos, que son puntos para los pepenadores que aprovechan para buscar latas.

A estas papeleras se le sumaron hace seis años el proyecto de los puntos limpios, estos depósitos soterrados que sirven para dejar tus residuos de manera separada y posteriormente depósitos para recolección de vidrio separado por colores, y algunos para recolectar envases de tetra pak.

El uso de los puntos limpios ha sido un poco confuso para la ciudadanía, pues la falta de comunicación con los vecinos de la zona genera que los residuos realmente no se depositen de manera separada; además de que la recolección que hacen de ellos a la fecha no es integral, lo que ha decepcionado a quienes se esforzaban por hacer la separación de sus residuos.

Asimismo en algunos puntos su capacidad es rebasada y se convirtieron en puntos sucios, pues los vecinos muchas veces ni se molestan en depositarla dentro de los contenedores.

Estoy convencida de que vamos por buen camino y el mobiliario instalado cumple con estándares internacionales. Pero creo que sí falta mucha cultura en la población; así como información por parte de las autoridades del buen uso del equipamiento que se instala. Es un hecho que la dinámica de sacar la basura ya no es posible de mantener, pues pocas familias están en sus casas cuando pasa.

Existen otras alternativas como la Casa CEM, en Chapultepec y Guadalupe Zuno, que recibe ciertos días los residuos de manera separada y limpios para darles un destino final más adecuado que seguir mandando todo de manera desordenada a los rellenos sanitarios; también está el “Tianguis del Recycle” que de manera itinerante se colocan en diversos espacios públicos y puedes llevar tus residuos con el mismo objetivo. Estos son esfuerzos de parte de la ciudadanía.

El impacto que tiene el Manejo de los Residuos en la imagen urbana de la Ciudad es más que evidente, Guadalajara no se destaca por ser una ciudad limpia o que se conozca como tal. Es necesario invertir en la comunicación de la problemática y de las acciones concretas que como ciudadanos podemos hacer para abonar a la solución, definitivamente creer que podemos seguir sacando la bolsa a la puerta y que con esto desaparecerá el problema no es una opción viable para el futuro de la Ciudad.

Qué pasaría si de repente en Guadalajara no existiera el sistema de recolección de residuos, como han llegado a colapsar los sistemas en otras ciudades. La conciencia que debemos tener como ciudadanos de ser consumidores responsables, de reciclar, de reusar y reducir nuestros residuos sólidos es algo que se debe de hacer en todas las casas de manera obligatoria. Y es obligación de la autoridad generar las vías necesarias para que estos residuos sean recolectados y lleguen a un destino que asegure el menor impacto en el medio ambiente.

Definitivamente la ciudad más limpia no es la que tiene más botes, es la que no se ensucia.

 

 

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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