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Opinión

Mexicanos que improvisan

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cristina martienez avendaño opinion

Los mexicanos nos distinguimos por ser ingeniosos, creativos y buenos para improvisar en diferentes contextos. La improvisación oral como forma de expresión, los modismos y la variedad de acentos al hablar es un distintivo claro que nos identifica de otros estados y naciones.

¿Pero en qué consiste el freestyle, es solo improvisación?

En el mundo del hip hop, el estilo libre (freestyle) es la habilidad de rapear con ritmo de forma improvisada con un micrófono sobre una base o pista, el freestyle se caracteriza por ser rap creado en el momento, improvisando a la vez que se rapea, expresando lo que se ve o lo que se siente sin dejar de clavar las palabras sobre un ritmo y manteniendo un flow constante.

El don del freestyle se ve reflejado en la cultura Hip Hop, esta cultura que en otras columnas he tenido la oportunidad de elogiar, una vez más nos representa a nivel local e internacional con grandes exponentes, pues no es para menos tener a quien se le cataloga como el mejor freestyler del mundo, Mauricio Hernández González, aka:  Aczino, un artista de fama internacional originario de Nezahualcóyotl (Estado de México) quien empezó su carrera en el medio en el año 2007.

Aczino se dio a conocer en el 2009, cuando consiguió sus primeros títulos: el Nacional 2 vyle y el Regional Perros Callejeros. Ganó su primera Red Bull Batalla de los Gallos Nacional en el 2012 en Colombia, mientras que en 2017 se coronó por primera vez en la Internacional como el mejor exponente del mundo, así fue que su trayectoria lo premió en el evento Red Bull Batalla de los Gallos 2021 celebrada en Viña del Mar, Chile, convirtiéndose en el primer bicampeón en la historia del evento.

Guadalajara también tiene a su campeón internacional, Eder Ernesto Lozano aka: Rapder,

quien lleva años formando parte tanto de la escena nacional como de la internacional, teniendo en su vitrina los campeonatos regionales de Batalla De Maestros del 2017 y de Red Bull Batalla De Los Gallos del mismo año, en su estado Jalisco, además de un subcampeonato y un campeonato nacional de Red Bull México en el año 2018.

Rapder logró poner en alto el nombre de Guadalajara en el año 2020, ya que se consagró como campeón de la Final Internacional de Red Bull Batalla de los Gallos 2020, el evento de batallas de rap más importante de habla hispana, que se llevó a cabo en República Dominicana.

Actualmente presenciar este tipo de batallas de improvisación no solo llama a públicos juveniles o como se pensaría o un grupo reducido de amantes del rap o condescendientes de la cultura hip hop, el pasado domingo 11 de septiembre en el recinto de eventos Calle 2, fue posible ser testigo de la sexta jornada de la liga mexicana FMS México (Freestyle Master Series, que es una liga profesional anual de freestyle en español, que enfrenta a 12 MCs de un mismo país.)

Entre un público diverso en géneros, desde niños, madres y padres de familia, en su mayoría comunidad juvenil y hasta algunos adultos mayores, se reunieron más de cuatro mil personas con la intención de presenciar un espectáculo nunca antes visto, pues a diferencia de un concierto cada sesión es diferente.

Entre los asistentes del boletaje VIP destacó el cantante de regional mexicano Christian Nodal, los comediantes Ricardo Pérez, Slobotzky e Iván Mendoza y el seleccionado nacional de baloncesto, Fabián Jaimes, en el show para colocar las pistas musicales DJ Sonicko estuvo a cargo y los jueces K-Road, Gino, Potencia, Eric El Niño y Danger AK. El último en ser presentado fue Vertier, quien acompañaría a Serko en la tarima para dirigir los enfrentamientos.

Este tipo de eventos muestra cada vez más que la cultura y el arte generan una derrama económica importante, además de formar públicos y romper paradigmas que se tenían preconcebidos sobre el hip hop como una muestra callejera o de un segmento únicamente urbano, estas formas de expresión han llegado a unir, cambiar vidas y fomentar el ingenio de quienes lo practican y lo escuchan, por esto y más celebro la evolución de estas manifestaciones.

 

Sobre la autora
Cristina Martínez Avendaño es licenciada en Diseño para la Comunicación Gráfica por la Universidad Enrique Díaz de León y maestra Gestión y Desarrollo Cultural por la Universidad de Guadalajara.

 

 

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Opinión

Ojo, así se roban tus datos personales

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Columna de Ana Olvera sobre el robo de datos personales

Estimado lector, para mí es un privilegio volver a escribir estas líneas luego de una muy larga ausencia. Sin embargo volveremos a encontrarnos en esta columna cada quincena, analizando los temas de actualidad relacionados con la protección de nuestros datos personales y la privacidad que acontecen tanto en nuestro País como en el mundo.

Evidentemente no podemos dejar de comentar lo sucedido en días pasados en Guadalajara, donde existía -y seguramente siguen existiendo- un call center debidamente instalado para llevar a  cabo extorsiones que se extendían no solo al resto de Jalisco, sino hasta a otros veinte estados más de nuestra República, afectando a más de 26 mil personas con llamadas fraudulentas y extorsiones.

Afortunadamente se desmanteló y según declaraciones oficiales se están realizando colaboraciones con instituciones de las demás entidades afectadas, para descubrir a todas las víctimas y por supuesto, invitarlas a denunciar, lo que resulta en una tarea titánica para las autoridades; pero al parecer no lo fue para aquellos cuyo modus vivendi consistía en realizar este tipo de nada honrosas actividades.

Datos personales de los afectados

En ese sentido caben muchas reflexiones, pero la primera es preguntarnos de dónde obtenían la materia prima, es decir, los datos personales de aquellos afectados. Aunque las respuestas pueden variar, quiero que centremos nuestra atención en dos fuentes principales.

La primera y la originaria por excelencia siempre seremos, desafortunadamente, Usted y yo, querido lector. Es decir, nosotros como titulares, dueños de esos datos personales que elegimos, muchas veces sin pararnos a reflexionar en ello, a quién, cómo y para qué le compartimos esta importantísima información.

Y digo que muchas veces sin reflexionarlo lo suficiente, porque participamos a otras personas de manera voluntaria, para poder obtener un bien o servicio; para pedir nuestros alimentos cuando no tenemos tiempo de prepararlos en casa; al inscribirnos a un curso o a nuestros hijos a la escuela, por citar ejemplos cotidianos. Pero también lo hacemos de manera involuntaria, por ejemplo cuando descargamos aplicaciones en nuestro teléfono inteligente o tableta y compartimos datos que no son necesarios; cuando somos poco discretos en una conversación o bien, ¿cuántas veces no hemos tirado a la basura documentación que contiene nuestro nombre u otros datos más sensibles, como nuestra CLABE interbancaria? Seguramente, muchas veces.

Ignoramos el valor de nuestros datos

La segunda causa de obtención de esta información es por medio de aquellos que manejan datos personales, es decir, los responsables si son particulares, o bien los sujetos obligados de orden público. Según me ha tocado atestiguar, parece que cuando la información no nos pertenece, dejamos de tener cuidado en su manejo. Se despersonaliza y solo vemos números, estadísticas, pero olvidamos que detrás de esas cifras, direcciones o palabras, se encuentra una persona que puede verse perjudicada por nuestro descuido de custodia de la información durante el ciclo de vida de los datos personales.

En fin, aunque difícilmente sabremos cómo se obtuvo esa información, es una realidad que decenas de miles de personas se vieron seriamente perjudicadas no solo en su patrimonio, sino muy seguramente hasta en su tranquilidad diaria, por este tipo de acciones ilegales. La invitación es a que le demos la importancia debida a esta información que es tan importante. La que nada más y nada menos, nos hace únicos y nos permite interactuar con el resto de quienes nos rodean. Si tenemos conciencia de la importancia de nuestros datos personales, seguramente nos daremos cuenta de la relevancia que también tiene la información relativa a otras personas. 

La tarea primordial

En un entorno tan cambiante como el que vive nuestro mundo y especialmente, nuestro Estado de Derecho, la tarea primordial con la que contamos es velar porque nuestros derechos a la protección de datos personales y la privacidad no sean violentados y es más, que puedan ser garantizados, sobre todo ante la inminente desaparición de los Órganos Garantes en la materia, de lo que hablaremos en nuestra próxima entrega.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.

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La extinción de los institutos de transparencia: ¿falta de empatía o indiferencia?

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A veces, hablar de datos personales, de su protección y nuestra privacidad, resulta sumamente abstracto. Aunque incluso trabajemos con ellos, pensemos en la recepcionista de un consultorio médico o el propio profesional de la salud. O en la persona a la que le pedimos la pizza o la comida que consumiremos en ese momento.

Ahora pensemos en las veces que entramos a ciertas redes sociales, como X, Facebook o LinkedIn y encontramos explicaciones acerca de lo importante que es proteger nuestros datos personales, o bien, explicaciones de las resoluciones (que a veces se adjuntan completas) y que más bien, parecen para un público un poco más especializado, que tal vez no seremos nosotros -que solo buscamos un momento de distracción-. En no pocas ocasiones, este tipo de situaciones pasan desapercibidas hasta que somos víctimas de robo de identidad, alguna extorsión o una estafa.

En este sentido cabe preguntarnos al menos dos cosas. La primera, la razón por la que optamos por la indiferencia ante la violación de la privacidad, que se arraiga en una compleja red de factores. La omnipresencia de la tecnología ha normalizado la vigilancia, desensibilizando a muchos ante la vulneración de sus datos personales. La complejidad de las políticas de privacidad y los algoritmos opacos genera una sensación de impotencia, alimentando la resignación. Además, la gratificación inmediata de los servicios digitales y la falta de consecuencias tangibles de la pérdida de privacidad fomentan una actitud apática e incluso, indolente. A esto se suma la polarización social, que fragmenta la empatía y dificulta la acción colectiva en defensa de un derecho fundamental.

La falta de involucramiento nos aísla de nuestra comunidad. Nos desconectamos de los problemas que nos afectan a todos, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad y el cambio climático. Nos volvemos indiferentes al sufrimiento de los demás, perdiendo nuestra capacidad de empatía y solidaridad.

Pero la segunda es igualmente preocupante. ¿Qué pasó con el trabajo de los organismos garantes? ¿Fue acaso incapacidad de transmitir e incluso educar al pueblo mexicano? ¿De “conectar”, empatizar? Por que los festivales, las fotos, los congresos o simposios, salvo muy honrosas excepciones, siempre iban dirigidos a cualquier público distinto a lo que han dado por llamar “el ciudadano de a pie”. O como dirían los políticos en este momento histórico, “el pueblo bueno”, ese que difícilmente, con la pobre comunicación de los “expertos” y además con pocos recursos a la mano, comprendió la importancia de un andamiaje institucional como el que logró crearse en materia de transparencia y protección de datos personales. Tal vez eso explique la indiferencia en su defensa.

No cabe duda que asistimos y en gran mayoría, las y los mexicanos solo estamos meramente atestiguando los cambios estructurales que nuestro país esta viviendo. En ese sentido, claro que vivimos una transformación. No sé cuál. Pero bien haríamos en hacer a un lado esa indiferencia, para al menos intentar entender cómo afectarán al ejercicio y garantía de nuestros derechos fundamentales.

No involucrarse en la vida del país también tiene un costo personal. Cuando nos alejamos de los asuntos públicos, renunciamos a nuestro derecho a ser escuchados y a contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Nos convertimos en meros espectadores de nuestro propio destino, sin voz ni voto. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas que enfrentamos son complejos y requieren soluciones colectivas. La participación ciudadana es esencial para construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todos. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia.

Es hora de despertar de la apatía y asumir nuestra responsabilidad como mexicanos. Involucrémonos en los asuntos públicos, hagamos oír nuestra voz, exijamos transparencia y rendición de cuentas. Solo así podremos construir el país que queremos y merecemos.

Sobre la autora

Ana Olvera es profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, con intereses en privacidad, bioética y neuroderechos.
 

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