Vulnerabilidad de los datos biométricos en México

En México, el 16 de julio de 2025, fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el Decreto por el que se reforman diversas disposiciones de la Ley General de Población, estableciendo que la CURP contendrá nombres y apellidos, fecha de nacimiento, sexo, lugar de nacimiento, nacionalidad, huellas dactilares y fotografía (Diario Oficial de la Federación, 2025).
Los mexicanos recurrentemente nos preguntamos, ¿por qué al gobierno todo le sale mal?, y nos lamentamos por el aumento de aranceles por parte de Estados Unidos de América, que una vez más se pausó 90 días, y todo parte de la pésima labor que hacen las personas que fueron elegidas popularmente (muchos con respaldo del crimen organizado, los cuales como en otros artículos se ha escrito en la actualidad ya son terroristas), en las cuales es demasiado evidente la falta de preparación que estos tienen al discutir y votar leyes como en este caso la de la Ley General de Población (CURP Biométrica), que es una trampa para que millones de mexicanos compartan los datos tan sensibles como su iris o como sus huellas dactilares.
El régimen actual en México hizo el señalamiento de que no es obligación la tramitación de este medio de identificación; sin embargo, es una artimaña a la que los ciudadanos en México debemos de tener cuidado, ya que a priori será el único medio de identificación válido y será necesario para cualquier tipo de trámite que se pretenda hacer en nuestro “México mágico”, desde la tramitación de una licencia de manejo hasta la tramitación del pasaporte.
Este régimen de gobierno hace tan mal las cosas, que con este tipo de reformas a la ley sin una regulación idónea, es prácticamente imposible que México compita en todos los aspectos con países de primer mundo, en lo particular con los miembros del G7, los cuales, con dos de ellos —Estados Unidos de América y Canadá—, tiene el tratado comercial más importante del mundo. Por lo tanto, la comparación con los estándares internacionales resulta imperativa para evaluar la preparación institucional mexicana ante este tipo de tecnologías. Los países miembros del G7 han desarrollado durante décadas marcos normativos especializados que
México apenas comienza a estructurar, exponiendo a millones de ciudadanos a riesgos potenciales en el manejo de su información más íntima.
Esta disparidad normativa y tecnológica coloca al país en una posición de vulnerabilidad frente a amenazas que van desde el robo de identidad hasta el uso indebido de información por parte de entidades gubernamentales o terceros.
Los países del G7 han establecido regulaciones específicas para el tratamiento de datos biométricos que contrastan marcadamente con las limitaciones del marco jurídico mexicano.
El Reglamento General de Protección de Datos europeo considera el tratamiento de datos biométricos, tanto para identificación como para autenticación, como un tratamiento de alto riesgo que incluye categorías especiales de datos. Esta clasificación implica requisitos adicionales de seguridad, consentimiento explícito y evaluaciones de impacto obligatorias que en México aún se encuentran en proceso de definición (Martínez-Rodríguez & Hernández, 2024).
En contraste, la legislación mexicana aún no define específicamente «datos biométricos», considerándolos únicamente parte de los datos personales sensibles según la Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados.
Esta ambigüedad normativa genera vacíos legales que comprometen la protección efectiva de la información biométrica de los ciudadanos mexicanos. Mientras que países como Francia, Alemania o Reino Unido han desarrollado protocolos específicos para cada tipo de dato biométrico, México opera bajo definiciones generales que resultan insuficientes para abordar las complejidades técnicas y éticas involucradas.
La implementación del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en la Unión Europea establece que los datos genéticos, biométricos o sanitarios solo pueden procesarse en casos específicos, como cuando se da un consentimiento explícito o cuando el tratamiento es necesario por razones de interés público esencial.
Esta restricción contrasta con la amplia discrecionalidad que mantienen las autoridades mexicanas para el uso de datos biométricos, creando un escenario donde los derechos ciudadanos quedan subordinados a criterios administrativos poco definidos. El tercermundismo del actual régimen en México queda latente en comparación con los países de primer mundo (Comisión Europea, 2023).
Temporalidad y vigencia de archivos electrónicos
La permanencia temporal de los datos biométricos constituye otro elemento diferenciador entre México y los países del G7. En el sistema francés, por ejemplo, los datos biométricos almacenados para la emisión de documentos de identidad tienen una vigencia máxima de 15 años, tras los cuales deben ser eliminados automáticamente del sistema.
De manera similar, Alemania ha establecido períodos específicos de conservación que varían entre 3 y 10 años dependiendo del tipo de dato biométrico y su propósito de uso (Bundesamt für Sicherheit in der Informationstechnik, 2024).
En contraste, la normativa mexicana carece de disposiciones claras sobre la temporalidad de conservación de datos biométricos. El nuevo sistema de CURP biométrica no especifica períodos límite para el almacenamiento de huellas dactilares y fotografías, lo que potencialmente permite una conservación indefinida de esta información. Esta situación genera preocupaciones legítimas sobre el uso de datos que podrían mantenerse en bases gubernamentales durante décadas sin supervisión adecuada ni posibilidad de eliminación por parte del titular (González-Pérez, 2024).
Además, mientras que los países del G7 han implementado sistemas de auditoría automatizada para verificar el cumplimiento de los plazos de eliminación, México carece de mecanismos tecnológicos que garanticen la destrucción oportuna de datos biométricos.
Esta carencia tecnológica expone a los ciudadanos mexicanos a riesgos de uso indebido de información que debería haber sido eliminada conforme a estándares internacionales de protección de datos (Instituto Nacional de Transparencia, 2024).
Protocolos de seguridad y cuidado de datos biométricos
Los protocolos de seguridad implementados por los países del G7 para proteger datos biométricos superan considerablemente las medidas adoptadas en México. Reino Unido, a través del Information Commissioner’s Office, exige evaluaciones de impacto en la protección de datos antes de cualquier implementación de sistemas biométricos, incluyendo análisis de riesgos específicos, medidas de mitigación y supervisión continua.
Estas evaluaciones deben actualizarse regularmente y estar sujetas a revisión por autoridades independientes (Information Commissioner’s Office, 2024).
Italia ha desarrollado un sistema de encriptación multicapa para el almacenamiento de datos biométricos, donde la información se divide en fragmentos codificados que se almacenan en servidores separados y geográficamente distribuidos. Esta arquitectura de seguridad hace prácticamente imposible el acceso no autorizado a la información completa, incluso en caso de compromiso de uno o varios servidores. Paralelamente, Japón implementa sistemas de autenticación multifactor para cualquier acceso a bases de datos biométricos, requiriendo al menos tres formas diferentes de verificación de identidad (Autorità Garante per la Protezione dei Dati Personali, 2024).
En contraste, el sistema mexicano de CURP biométrica carece de especificaciones técnicas públicas sobre los protocolos de encriptación, distribución de servidores o medidas de autenticación para acceso a las bases de datos. Esta opacidad en los procedimientos de seguridad genera desconfianza ciudadana y limita la capacidad de evaluación independiente de las medidas de protección implementadas.
La ausencia de estándares técnicos específicos coloca a México en desventaja frente a amenazas cibernéticas cada vez más sofisticadas (Sánchez-Torres, 2024).
Derecho al control y rectificación de datos
Los ciudadanos de los países del G7 gozan de derechos específicos respecto al control de sus datos biométricos que contrastan con las limitaciones del sistema mexicano.
En Francia, la Comisión Nacional de Informática y Libertades garantiza a los ciudadanos el derecho de acceso, rectificación y, en ciertos casos, eliminación de sus datos biométricos almacenados en sistemas gubernamentales. Este derecho incluye la posibilidad de solicitar información detallada sobre quién accede a los datos, cuándo y con qué propósito (Commission Nationale de l’Informatique et des Libertés, 2024).
Canadá ha implementado un sistema de notificación obligatoria donde los ciudadanos reciben alertas cada vez que sus datos biométricos son consultados por cualquier entidad gubernamental. Esta transparencia permite a los individuos monitorear el uso de su información y detectar posibles accesos no autorizados o indebidos.
Asimismo, los ciudadanos canadienses pueden solicitar un informe anual detallado sobre todos los accesos realizados a sus datos biométricos durante el período anterior (Privacy Commissioner of Canada, 2024).
Por el contrario, el sistema mexicano no contempla mecanismos de notificación automática ni herramientas ciudadanas para monitorear el uso de datos biométricos.
Los titulares de la información carecen de medios efectivos para conocer cuándo, cómo y por quién son consultados sus datos, limitando severamente su capacidad de control sobre información tan sensible. Esta carencia de transparencia viola principios básicos de protección de datos reconocidos internacionalmente (Rodríguez-Gómez, 2024).
Supervisión y rendición de cuentas institucional
La arquitectura de supervisión y rendición de cuentas en el manejo de datos biométricos constituye otra área donde México muestra rezagos importantes respecto a los países del G7.
Alemania cuenta con el Bundesbeauftragte für den Datenschutz und die Informationsfreiheit, una autoridad independiente con facultades para realizar auditorías sorpresa, imponer sanciones económicas y suspender sistemas que no cumplan con estándares de protección de datos. Esta institución opera con autonomía presupuestal y técnica, garantizando su independencia frente a presiones gubernamentales (Bundesbeauftragte für den Datenschutz, 2024).
Estados Unidos, a través del Department of Homeland Security Privacy Office, mantiene un sistema de supervisión continua sobre el uso de tecnologías biométricas por parte de agencias federales. Este sistema incluye revisiones trimestrales, informes públicos anuales y la obligación de suspender programas que presenten riesgos no mitigables para la privacidad ciudadana. Además, el Congreso estadounidense mantiene comités especializados que supervisan el uso gubernamental de datos biométricos (Department of Homeland Security, 2024).
En contraste, México carece de una autoridad especializada en supervisión de sistemas biométricos gubernamentales. El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, aunque tiene competencias generales en protección de datos, no cuenta con recursos técnicos ni humanos especializados para supervisar sistemas biométricos complejos. Esta limitación institucional deja a millones de mexicanos sin protección efectiva ante posibles abusos en el manejo de su información más sensible.
Conclusiones
El análisis comparativo revela que México enfrenta una brecha considerable en la protección de datos biométricos respecto a los países del G7, situación que expone a millones de ciudadanos a riesgos evitables.
La implementación de la CURP biométrica sin marcos normativos específicos, protocolos de seguridad robustos ni mecanismos de supervisión adecuados constituye una decisión prematura que compromete derechos constitucionales básicos. Esta situación resulta particularmente preocupante considerando la irreversibilidad de los datos biométricos y las consecuencias a largo plazo de su manejo inadecuado (Torres-Méndez, 2024).
La ausencia de definiciones técnicas precisas, períodos de conservación limitados y derechos ciudadanos específicos coloca al sistema mexicano en una posición de vulnerabilidad institucional que contrasta marcadamente con los estándares internacionales. Mientras los países del G7 han desarrollado arquitecturas de protección multicapa, México opera bajo un esquema de protección general que resulta insuficiente para abordar las particularidades de los datos biométricos. Esta disparidad no solo afecta la seguridad individual, sino que compromete la confianza ciudadana en las instituciones democráticas (Jiménez-Castillo, 2024).
La falta de preparación tecnológica e institucional de México para manejar datos biométricos a gran escala sugiere la necesidad urgente de reformas normativas, inversión en seguridad cibernética y fortalecimiento de autoridades supervisoras.
Sin estas medidas, la CURP biométrica podría convertirse en un instrumento de vulnerabilidad ciudadana antes que en una herramienta de identificación segura. La experiencia internacional demuestra que la protección efectiva de datos biométricos requiere años de desarrollo normativo, inversión tecnológica y construcción de capacidades institucionales que México aún no ha emprendido de manera sistemática (Morales-Rivera, 2024).
La muerte de ‘El Mencho’ y el sismo que viene

El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG),
Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ocurrido el domingo 22 de febrero de 2026 durante un operativo militar en Tapalpa, Jalisco representa un hito mayor en la estrategia de seguridad del Estado mexicano, comparable a golpes pasados contra otros capos históricos. Sin embargo, también inaugura una etapa de alto riesgo e incertidumbre tanto en términos de violencia como de gobernabilidad local y regional.
Posterior al dispositivo de seguridad que buscaba detener al líder delictivo, grupos delincuenciales respondieron con reacciones violentas en la Zona Metropolitana de Guadalajara y otras regiones de Jalisco, así como en otras entidades: bloqueos de carreteras, quema de vehículos, enfrentamientos armados y otras acciones contra servicios públicos. Esto obligó a autoridades estatales a activar códigos de emergencia y reforzar coordinación con fuerzas federales.
Es prudente mencionar que la muerte del líder no disminuye automáticamente la violencia; por el contrario, puede intensificarla en el corto plazo debido a la necesidad del grupo criminal de demostrar que sigue operando y no está debilitado.
Organizaciones como el CJNG no dependen de un solo individuo para sobrevivir. Aunque Nemesio Oseguera Cervantes era una figura central, la estructura del cártel es relativamente descentralizada y multifacética, con varios ejecutores regionales, grupos escindidos y brazos operativos. Los bloqueos y quemas de vehículos muestran una estructura con sus engranajes y resortes lubricados, una nómina bien organizada dispuesta a actuar a la luz pública y una correa de transmisión de mando bien entrenada.
En ese sentido, el deceso del líder criminal puede generar al menos tres escenarios de sucesión interna:
1. Un liderazgo fuerte emerge rápidamente. Alguno de sus subordinados o un lugarteniente toma el control y mantiene la disciplina y la red operativa.
2. Fragmentación interna. Tensiones internas, celos, rivalidades o luchas por el poder dan paso a divisiones, generando enfrentamientos entre células del mismo cártel
3. Alianzas temporales con otros grupos criminales. Formar alianzas o coaliciones para mantener rutas, territorios o, simplemente, influencia frente a organizaciones rivales.
La muerte del líder formal del grupo delictivo podría producir efectos inmediatos de violencia y reacciones tácticas, seguidos por dinámicas de reacomodo interno y externo que definirán la gobernabilidad en Jalisco. Las líneas de acción posibles van desde una contención rápida hasta la competencia entre cárteles o la captura institucional. Los primeros días y semanas son críticos para contener la violencia y evitar que el vacío de poder se traduzca en fragmentación o en la entrada de nuevos actores. La experiencia reciente en Jalisco muestra reacciones violentas inmediatas tras golpes a liderazgos criminales, con bloqueos y quema de vehículos que afectan movilidad y percepción de seguridad. El escenario más probable es que estaremos ante una fase de competencia interna, con potencial incremento de violencia y debilitamiento de la cohesión criminal en el mediano plazo.
No está de más decir que el aniquilamiento de un capo de esta magnitud fortalece la imagen del Estado mexicano como actor capaz de confrontar a grupos criminales y recuperar espacios de autoridad. No obstante, los episodios violentos como forma de represalia demuestran que las instituciones aún enfrentan límites y retos superlativos para garantizar el orden inmediato. La gobernabilidad local puede verse tensionada si no se acompaña de estrategias integrales más allá de la acción militar.
Para ello será clave promover una coordinación amplia entre ámbitos de gobierno, fortalecimiento de inteligencia y presencia civil —no sólo seguridad— para prevenir cualquier eventualidad producto de los vacíos de poder temporal.
En concreto, estamos ante la posibilidad de una reconfiguración interna del CJNG, con la consiguiente fragmentación violenta localizada. Por ello, se requiere el fortalecimiento de programas sociales y de prevención para contrarrestar el reclutamiento criminal, además de estrategias más amplias de inteligencia y de cooperación internacional.
Si la fragmentación criminal persiste sin control institucional, podría erosionarse aún más la gobernabilidad y la seguridad local. Si las instituciones consolidan su presencia civil y de seguridad, podría abrirse una ventana para reducciones sostenibles de violencia en zonas clave.
Un suceso de la magnitud y resonancia como el abatimiento del líder delictivo abre ventanas de riesgo y de oportunidad. La diferencia entre contención y desorden prolongado dependerá de la coordinación interinstitucional, la capacidad de inteligencia y la respuesta socioeconómica que acompañe las medidas de seguridad. Actuar rápido para proteger a la población y, simultáneamente, fortalecer instituciones y programas de prevención es la vía más sólida para preservar la gobernabilidad en Jalisco.
La liquidación de Oseguera Cervantes puede representar un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado en México y especialmente en Jalisco. Sin embargo, no garantiza estabilidad automática. En el mejor de los casos, este evento puede catalizar esfuerzos institucionales y sociales hacia una gobernabilidad más robusta; en el peor, podría desatar nuevas dinámicas de violencia y fragmentación criminal. La clave estará en cómo el Estado combine seguridad con políticas sociales y de desarrollo que reduzcan la lógica de poder detrás del crimen organizado a largo plazo.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.
Los riesgos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026

La gobernabilidad se refiere a las formas y procesos en que una autoridad gubernamental toma decisiones de manera eficaz y la medida en que dichas decisiones se traducen en legitimidad. En un ejercicio prospectivo para imaginar los escenarios posibles que impactarían la gobernabilidad de Jalisco en 2026, se torna necesario dejar de mirar “el árbol” del presente y mirar “el bosque” de lo que resta del año.
Estamos en un año pivote: la antesala de la sucesión de 2027 y el escaparate global del Mundial de Fútbol.
Para profundizar en la prospectiva de Jalisco 2026 es necesario pasar del diagnóstico a la evaluación de riesgos específicos. En este análisis, se evalúa la probabilidad de ocurrencia y el impacto de las variables críticas en los indicadores que definen la gobernabilidad y la salud democrática de Jalisco.
A continuación, se presentan los 10 riesgos críticos para la gobernabilidad de Jalisco en 2026, analizados prospectivamente.
Parálisis por “Federalismo punitivo”
Con un presupuesto donde el 80 por ciento de los ingresos dependen de la Federación, la soberanía política de Jalisco es, en realidad, una negociación contable constante. Probabilidades de que exista tensión entre el Gobierno de Jalisco, emanado del partido Movimiento Ciudadano (MC) y el Gobierno Federal, emanado del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), podrían generar una relación que pase del retórico intercambio de declaraciones a la asfixia operativa.
El riesgo es que la Federación retrase deliberadamente flujos financieros o permisos federales (agua, energía, medio ambiente) críticos para obras estatales, buscando debilitar la marca política local rumbo al 2027. La posibilidad de esta tensión impactaría en obras inconclusas y servicios públicos deficientes que la ciudadanía cobraría al gobierno local.
Fragmentación de la Mesa Metropolitana
El Siapa y la gestión de la basura en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) son focos rojos de deterioro social. La ineficacia en estos servicios básicos es el camino más rápido al descontento ciudadano masivo.
Existe el riesgo de una ruptura en la coordinación técnica entre Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Tlajomulco y Tlaquepaque. Al acercarse el año electoral, los alcaldes podrían priorizar agendas políticas individuales sobre la gestión técnica conjunta (seguridad, basura, vialidad), rompiendo el modelo de gobernanza metropolitana. Esto conllevaría crisis operativas en servicios municipales que colapsen la ciudad por sectores.
Obstrucción judicial interna
Con la reforma judicial federal en marcha, Jalisco enfrenta el desafío de reformar su propio Poder Judicial sin perder autonomía ni caer en la parálisis. Existe un foco de conflictividad política latente entre el Ejecutivo y las fuerzas de oposición en el Congreso. Se debe evitar la “copia acrítica” con el modelo federal y buscar un modelo híbrido que garantice la carrera judicial local para mantener la eficacia decisional.
Podría generarse una resistencia pasiva o “huelga de brazos caídos” dentro del Poder Judicial local ante la implementación de las reformas judiciales. Si los jueces y magistrados locales sienten amenazada su estabilidad por la elección popular de cargos, podrían ralentizar la impartición de justicia. Esto podría acarrear un aumento de la impunidad y parálisis en la resolución de conflictos comerciales y penales.
El “fuego amigo” prematuro
No deberá descartarse que la carrera por las candidaturas de 2027 se adelante incontrolablemente dentro del partido gobernante. Las facciones internas podrían comenzar a operar unas contra otras, filtrando información dañina o saboteando programas de sus rivales internos dentro del mismo gabinete. Lo cual repercutiría en un gobierno estatal que pierde el foco de gobernar para centrarse en la “grilla” interna, generando vacío de poder.
El factor más peligroso —y el menos visible— suele ser la erosión silenciosa de los “mecanismos de compensación” internos, esos acuerdos informales que permiten que algunas corrientes internas acepten que otra corriente controle las candidaturas sin romper el pacto. Cuando esos mecanismos dejan de funcionar, el conflicto ya no es sólo político, se torna también existencial.
Radicalización de la oposición en el Congreso
El Congreso del Estado se convertirá en un campo de batalla conforme se acerque 2027. La capacidad del gobernador para construir mayorías será puesta a prueba. Una mayoría opositora podría bloquear el presupuesto de 2027, afectando la estabilidad política. Se corre el riesgo de que la oposición (Morena y aliados) utilice su fuerza legislativa para bloquear sistemáticamente iniciativas clave o el presupuesto de 2027, no por razones técnicas, sino como estrategia de desgaste.
Eso conduciría a una gobernabilidad por decreto o reconducción presupuestal, lo que genera incertidumbre jurídica para proveedores y contratistas, pero principalmente a zonas y sectores que requieren respuestas a problemáticas ingentes.
Politización de la gestión del agua
A pesar de las inversiones, el Río Santiago sigue siendo una herida abierta. La presión internacional y de derechos humanos aumentará en 2026. Una buena gestión del agua sería un indicador clave de la eficacia de las políticas públicas a largo plazo.
Existe el riesgo de que la escasez de agua en el estiaje de 2026 sea utilizada como arma política. Si falla el suministro en colonias populares, la movilización social puede ser instigada por actores políticos para generar caos y culpar a la administración estatal. Posibles protestas masivas y cortes de vialidades principales afectarían la gobernabilidad urbana.
El “efecto escaparate” del crimen organizado
El Mundial es una oportunidad de oro, pero también un riesgo logístico. Cualquier episodio de violencia o falla en el transporte durante el evento tendría impacto global. Un éxito en el Mundial refuerza la legitimidad, un fallo la hunde internacionalmente. No se debe descartar el riesgo de que los grupos del crimen organizado aprovechen la visibilidad internacional del Mundial 2026 para enviar mensajes de poder. No necesariamente violencia contra turistas, sino bloqueos, mantas o eventos de alto impacto en la periferia como demostración de control territorial, aludiendo a un poder que ya no es únicamente simbólico.
Hechos de esta índole podrían generar una crisis reputacional global que destruya las narrativas de “Jalisco es México” y “Al estilo Jalisco” y afectar de manera ostensible la inversión extranjera.
El “segundo piso” de la crisis forense y de desaparecidos
Jalisco llega a 2026 liderando las estadísticas nacionales de desapariciones. El reto no es sólo estadístico, sino de legitimidad gubernamental. Existe una brecha de confianza profunda entre las cifras oficiales y la realidad de los colectivos de búsqueda. La gobernabilidad se erosiona cuando el Estado no puede garantizar el derecho a ser buscado.
El hallazgo de nuevas fosas masivas o la saturación visible del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) en pleno 2026 es un riesgo que no se puede descartar. Si la narrativa oficial choca frontalmente con una realidad inocultable, la legitimidad moral del gobierno se desploma. Un escenario como este puede provocar la radicalización de los colectivos de búsqueda y pérdida total de confianza en las instituciones de seguridad.
Gentrificación y desplazamiento violento
La Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) vive una crisis de asequibilidad. El desplazamiento de la población local hacia la periferia genera tensiones sociales y problemas de movilidad. El supuesto éxito económico del estado no se está traduciendo en bienestar habitacional para la clase media y para los jóvenes.
Hay un riesgo latente de que el aumento del costo de vida y vivienda en la ZMG, exacerbado por el turismo del Mundial, provoque un estallido social de las clases trabajadoras desplazadas a las periferias sin servicios. Lo que repercutiría en un aumento de delitos patrimoniales en zonas residenciales y polarización de clases (ricos vs. pobres) en el espacio urbano.
Infiltración criminal en policías municipales del interior
El dominio de grupos del crimen organizado en zonas limítrofes (Altos, Norte y límites con Michoacán/Zacatecas) desafía la soberanía del Estado. Existe el riesgo de una “gobernanza criminal” paralela que sustituya al Estado en la resolución de conflictos locales. Mientras se blinda la Zona Metropolitana para el Mundial, se corre el riesgo de que el crimen organizado consolide su control absoluto sobre las policías municipales de las regiones Altos, Norte y Sureste, creando “zonas de silencio” donde el Estado no existe.
La detención y vinculación del alcalde —y otros funcionarios del Ayuntamiento— del municipio de Tequila por presuntos delitos de violencia organizada y extorsión en días recientes son una muestra fehaciente de una institucionalidad vulnerada y corrompida. El riesgo de que esas conductas se repitan en otros municipios, está latente.
Conclusiones
El riesgo para Jalisco en 2026 es que la eficacia decisional y la estabilidad se vean sacrificadas en el altar de la conflictividad política. El Mundial actúa como un catalizador: puede ser la plataforma para demostrar una gobernanza de clase mundial o el escenario donde las fracturas sociales y de seguridad se expongan globalmente.
El gobierno deberá priorizar la cohesión institucional (blindar el Gabinete de la fiebre electoral) y la legitimidad (resolver de fondo casos emblemáticos de desaparición) para construir un colchón de confianza que le permita navegar las crisis que inevitablemente surgirán en los otros indicadores.
El mayor riesgo para la gobernabilidad de Jalisco en 2026 no es un colapso súbito, sino una erosión gradual y simultánea. El peligro es que el gobierno estatal sea tan eficiente en la administración de la imagen (mercadotecnia política para el Mundial) que descuide la administración de la realidad (seguridad y servicios en la periferia), creando una olla de presión que podría estallar justo antes de las elecciones de 2027.
En resumen, la gobernabilidad en Jalisco para este 2026 no se jugará en los discursos, sino en la capacidad técnica para resolver crisis humanitarias como la de las personas desaparecidas y la inseguridad, así como las operativas (servicios públicos: transporte, agua, basura), mientras se navega en un mar de polarización política nacional.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político. Profesor Investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacta: jose.gomezvalle@gmail.com y en X: @jgomezvalle.
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