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Opinión

Viacrucis del agua: las catorce estaciones

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imagen ilustrativa del viacrucis del agua en Guadalajara, una crisis de contaminación, fugas y cuestionamientos al Siapa y al acueducto de Chapala.
La crisis del agua en Guadalajara plantea interrogantes sobre la inversión en el nuevo acueducto Chapala-Guadalajara. Foto: Siker®️ / Especial.

Gracias, Presidenta, por evitarnos la privatización. Sí, pero…

Señora Presidenta Claudia Sheinbaum: gracias. En dos semanas hizo lo que aquí parecía imposible: anunciar que pagará con dinero público el nuevo acueducto de Chapala y las obras pendientes de El Zapotillo, sin deuda y sin entregarle el tubo a un particular por 20 o 25 años. Se lo reconocemos sin letra chiquita.

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Sí, pero… su dinero va a caer en manos de los mismos que nos trajeron hasta aquí. Antes de la primera piedra, le pedimos que recorra con nosotros este viacrucis.

Primera estación: el tubo es condenado sin juicio. ¿Quién firmó la sentencia de muerte del acueducto de 1991? Una carta comercial del fabricante de la tubería original, de junio de 2025, que habla de una “posibilidad” de fin de vida útil hacia 2031 y termina ofreciendo tubería nueva. Ni inspección estructural ni historial de fallas. El vendedor diagnosticó y el vendedor recetó.

Segunda estación: Chapala carga con la cruz. Se prometió extraer menos. El análisis oficial modela pasar de 6.0 a 7.5 metros cúbicos por segundo, 25 por ciento más que el promedio de 25 años, sin balance del lago ni un solo escenario de sequía. Hoy está al 70 por ciento; en el estiaje de 2024 bajó a cerca de 36 por ciento. Al cuerpo de agua más grande de México lo tratan como al tinaco más grande de México.

Tercera estación: el mantenimiento cae por primera vez. La presentación oficial dice que el acueducto lleva “35 años sin mantenimiento”. La misma presentación le atribuye al Siapa 282 millones de pesos (mdp) de mantenimiento en 2025. O se gastan 282 mdp en cuidar lo que no se cuida, o nos cuentan dos historias. Entre 2000 y 2001, cuatro limpiezas le devolvieron casi una cuarta parte de su capacidad, y la UNAM recomendó hacerlas periódicas. Primero se deja de cuidar; luego se declara la emergencia; al final, obra nueva. Usted dirá si es descuido o método.

Cuarta estación: el agua encuentra a su madre, la cuenca, y la encuentra enferma. Casi ocho de cada diez sitios monitoreados en la región tenían coliformes fecales en 2022, según la Conagua. Profepa y Semarnat deben hacer su trabajo para proteger los cuerpos de agua, sin distinción y sin que les tiemble la mano. Además, un tubo nuevo conduce mejor el agua; no la limpia.

Quinta estación: a Simón de Cirene lo obligaron a cargar una cruz ajena. Al tapatío también. El propio análisis valora el metro cúbico de pipa en 124.91 pesos; por la red, entre 14 y 24. Garrafón, cisterna y bomba: nadie lo llama subsidio ciudadano, pero lo es.

Sexta estación: la Verónica enjuga el rostro, y en el paño queda la cara del Siapa. La norma del agua potable revisa más de 97 parámetros; el Siapa publica cuatro, cada tres meses, según el Seminario de Estudios del Agua del ITESO. De una planta operada por particulares alegó que no tenía acceso a los datos: el responsable del servicio, sin datos de su propio servicio. Y su Órgano Interno de Control midió en 2025 plomo en cuatro tanques y coliformes fecales en quince domicilios, uno a metros de sus oficinas centrales; la ciudad se enteró diez meses después, por transparencia. ¿Qué pasa por la cabeza de un funcionario que lee eso y sigue cobrando el recibo completo? ¿De qué se trata?

Séptima estación: el agua cae por segunda vez, en la red. La red pierde 36.9 por ciento de lo que produce, unas tres veces lo que aportaría el acueducto; un director anterior del Siapa —Antonio Juárez Trueba—reconoció ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos que el organismo desperdicia en fugas físicas la mitad del agua que produce y siguen sin priorizar la sustitución de redes de distribución.

Octava estación: las madres de Guadalajara lloran. No piden más agua: piden poder tomarla. En 93.48 por ciento de 184 muestras de 90 colonias no había cloro residual, y la Secretaría de Salud Jalisco recomendó no beber ni cocinar con agua de la llave, pero se niega a lanzar una alerta sanitaria. En la calle se gritó a policías y vecinos tapatíos lo que ningún boletín se atreve a escribir: “usted también se baña con la caca de la gente”.

Novena estación: tercera caída, el tandeo. Seiscientas veintisiete colonias reciben agua por turnos hasta marzo de 2027, y cada vaciado y llenado golpea la tubería que el agua nueva tendrá que recorrer.

Décima estación: despojan a las alternativas. Un estudio de 2007, publicado por el propio gobierno, comparó siete opciones y recomendó una segunda línea paralela, no sustituir. El análisis de 2026 no lo menciona; sus “alternativas” comparan marcas de bombas. Y con la cifra que llegó al Congreso, 36 por ciento más cara, el propio estudio deja de ser socialmente rentable bajo los propios parámetros de SHCP.

Undécima estación: clavan al organismo en su propia cruz. El Gobernador Pablo Lemus preside la Junta del Siapa con voto de calidad; el Ejecutivo suma 10 de 20 votos; al director se le remueve sin causales de desempeño, y el auditor externo lo elige la misma Junta. Nadie de fuera mide, nadie sanciona. Eso sí, alguien cobró: una conductora de televisión sin preparatoria, Eli Castro, a quien el hoy Gobernador casó en 2022 siendo alcalde de Guadalajara, fue “asesora técnica” del director por 73 mil pesos al mes. En septiembre de 2025, la Contraloría del Estado encontró “falta grave” en la contratación y turnó el expediente al Tribunal; dos meses después, nadie había resuelto; hoy, la conductora se frota las manos esperando concluir su proceso de pensión por jubilación en el sector público de Jalisco.

Duodécima estación: muere la idea de que la fuente es el servicio. Lo demostró El Zapotillo: presa terminada y una lectura puntual de 0.86 metros cúbicos por segundo, contra una meta de 3. Aguascalientes lo vivió en 2012: con un operador al que nadie podía sancionar, 95 por ciento de los hogares encuestados compraba garrafón.

Decimotercera estación: bajan al enfermo de la cruz, y sigue enfermo. Aun con el acueducto, el propio estudio calcula que en 2058 faltarán 1,533 litros por segundo: “deberá de seguir buscando alternativas”. Las que no evaluó.

Decimocuarta estación: sepultan la indignación. En julio, la comparecencia del director del Siapa ante el Congreso se canceló. La obra “definitiva” hace lo demás: cierra las quejas antes de que cambie el servicio.

La estación que falta. Algunos viacrucis tienen una decimoquinta: la resurrección. Esa depende de usted. La ley federal de presupuesto permite a Hacienda pedir que el análisis de un proyecto lo dictamine un experto independiente. Pídalo. Y libere el dinero contra hitos verificables: inspección pública del acueducto actual, análisis con alternativas reales, balance de Chapala con sequía, programa de pérdidas con metas, resultados de calidad publicados en la llave y un árbitro que pueda sancionar al operador. Lo dijo un investigador de la UdeG: “antes de sustituir debemos diagnosticar; antes de invertir debemos comparar”.

No le pedimos que no se resuelva el problema del tubo. Le pedimos que se solventen los análisis y no se lo entregue, sin condiciones, a quien dejó caer el anterior.


Sobre el autor

El autor es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público, privado y social. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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