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Opinión

El olor a baúl, desde lo público

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Personas adultas mayores en Jalisco, población atendida mediante programas estatales de transporte, empleo, asistencia y representación jurídica.
Los programas estatales para adultos mayores en Jalisco se concentran en transporte, empleo, asistencia y apoyo jurídico. Foto: Siker / IA.

«Quod tu es, ego fui; quod ego sum, tu eris»: Del latín: “Lo que tú eres, yo fui; lo que yo soy, tú serás”. En su versión ranchera suena a advertencia: “como te ves, me vi; como me ves, te verás”. Es agosto, mes de las personas adultas mayores (PAM) en México, y conviene recordar este refrán antes de hablar de viejos. No de los viejos como categoría sentimental para spots de campaña, sino de los viejos como población, como derecho, como deuda pendiente del Estado que, curiosamente, en este mes se viste de solidario.

Hace años, en un diseño de un programa para adultos mayores, una especialista me explicó con brutalidad elegante: “a los viejos hay que decirles viejos; eso de la ‘juventud acumulada’ son payasadas que denigran su realidad”. La edad no es vergüenza para disimular, sino logro que presumir, nada más por haber llegado.

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Hace poco, unas mujeres en un programa de televisión llamaron “desechables” a los adultos mayores porque, según ellas, “huelen a baúl viejo”. La frivolidad del comentario merecería silencio de no ser porque, paradójicamente, esas mismas mujeres posan sonrientes junto a políticos y empresarios de edad avanzada. Pero esta columna no va por ahí. Va por el maltrato sistémico, del que no huele sino a simulación institucional. Del que no sale de una boca desconectada a las neuronas sino de un gobierno que, en el mes del adulto mayor, presume de protección mientras retira el tapete con la elegancia de mago de feria.

Primero el diagnóstico, luego el plan (no al revés)

Reiteramos: se planifica a partir de un diagnóstico, no al revés. La ironía brota: el Gobierno de Jalisco sí tiene un diagnóstico, y se recuperó —según su dicho— de un proceso participativo. En su Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, los viejos de la consulta pidieron cosas concretas: seguridad frente a fraudes y abandono, salud, acompañamiento legal y espacios para envejecer activos. Sabían qué hacía falta, pero al planificar, presupuestar y medir, ese diagnóstico quedó de adorno: primero el asistencialismo de siempre y luego una consulta con forma de coartada.

El Plan es pródigo en tinta. Las personas adultas mayores aparecen en veintiuna páginas, se les coloca “en el centro” y se les promete un órgano de defensa jurídica y un centro de atención de 24 horas. Impecable. Pero al entrar a la arquitectura programático-presupuestal 2026, las PAM sobreviven en apenas tres programas: transporte, empleo y una representación jurídica que comparten con niñas, niños y adolescentes. El “centro” se movió hacia la orilla.

Tres apoyos, tres formas de simular

Empecemos por el transporte, que consiste en una tarjeta, pero no cualquiera: la “Única al Estilo Jalisco” la opera Servicios Broxel, financiera a la que la CONDUSEF colocó con la peor calificación en el manejo del dinero de sus usuarios.

Casualmente, fue la única postora de una licitación exprés, con contrato hasta 2030 y 5.45 pesos mensuales por plástico activo. Sus términos, regidos por leyes de California, ceden datos biométricos y de geolocalización. Un instrumento de bancarización forzada. Le llaman apoyo; es negocio.

Le sigue el apoyo al empleo; si cabe, más perverso: ofrece “atención especializada” para reinsertar al viejo al mercado laboral. Traducción: exprimirlo un poco más al servicio de Su Majestad el Libre Mercado, justo cuando hasta el Banco Mundial —tres décadas sumo sacerdote de esas recetas— admite que su advertencia contra la intervención del Estado tiene hoy, dice su economista en jefe, “el valor práctico de un disquete”. Si el propio templo reconoce que el dogma falló, ¿qué hace Jalisco empujando ancianos a buscar chamba?

Y el minimalismo remata con el apoyo jurídico que repite el vicio de la casa: mide “número de atendidos”. No casos resueltos, no patrimonios restituidos, no agresores sancionados. Atendidos.

La matriz que no cuadra (con el urgente curso de aritmética)

Un principio elemental de la Gestión para Resultados: en una matriz de indicadores, cada nivel mide lo suyo —el Fin, el impacto de largo plazo; el Propósito, el resultado; el Componente, el producto; la Actividad, la gestión—, encadenados por una teoría del cambio. Y esos indicadores deberían rendir cuentas en el informe de gobierno. Bajemos la matriz del transporte, peldaño por peldaño.

El Fin promete reducir las brechas de desigualdad y la población vulnerable por carencias sociales de todo Jalisco. Ambicioso: pretender mover ese indicador estatal repartiendo boletos de camión es como bajar la fiebre soplándole al termómetro. La cadena causal es tan larga que la atribución se evapora.

El Propósito, que debería medir el resultado, empeora la cosa. En vez de la reducción real del gasto, miden la percepción de esa reducción: una calificación promedio de 8.0. ¿Sobre qué muestra? Doscientas personas, para un programa de millones de pasajes que mezcla en una sola cifra a estudiantes, adultos mayores, personas con discapacidad, jefas de hogar, cuidadoras y familiares de desaparecidos. Promediar la percepción de un universitario con la de un anciano en abandono no es evaluación: es cartomancia con hoja de cálculo. Y el 8.0 salió tan redondo —1,600 entre 200— que la encuesta parece diseñada para degustar y aprobar, no para saber.

El Componente trae números que delatan. A los adultos mayores se les entregan unos 36 millones de pasajes al año y usan cerca de 33. Suena enorme hasta dividir entre 1.16 millones de viejos: 2.6 pasajes al mes por cabecita blanca. Poco más de un viaje redondo mensual; ni para ir al médico y volver una vez por semana. A su vez, los tres millones restantes se entregan, pero no se usan: quizá porque el camión (con suspensión para transportar ganado) es un riesgo para un cuerpo frágil.

Para rematar, la Actividad corona el disparate. Para “validar solicitudes” no miden si se hizo a tiempo o bien, sino una razón: mujeres validadas entre hombres validados; y, por si faltara, su inverso. Uno es el recíproco del otro: la misma información dos veces, como presumir “el vaso medio lleno” y “el vaso medio vacío” cual logros distintos. No miden gestión; miden aritmética redundante. Con meta de 1.32 mujeres por hombre, además, como si validar un derecho tuviera cuota de género en vez de responder a quien califica.

Cuatro niveles, cuatro maneras de no medir lo que importa. Y son estos indicadores los que el próximo informe presentará como logros. ¿Será que, antes que otro Plan, a Jalisco le urge un curso de aritmética básica —y otro de Marco Lógico?

La cuenta que no cuesta mucho hacer

¿Cuánto cuesta al erario (mal)atender a un viejo? El apoyo económico estatal entrega 971.4 pesos al mes, la mitad del salario mínimo metropolitano según el propio gobierno. Con el padrón vigente ronda los 873 millones anuales; suena a mucho hasta dividir: no alcanza a siete de cada cien viejos que la ley reconoce, y repartido entre todos saldría a unos 63 pesos al mes por cabeza. Menos que un café —en Guadalajara, no en Nueva York— para envejecer “con dignidad”. Ese padrón, además, cayó 42% desde 2019, con rostro femenino: 48,045 mujeres frente a 26,820 hombres.

El diseño remata lo que se sospecha: la ley estatal niega el apoyo a quien reciba una ayuda federal igual o mayor; obvio, como la federal es universal y más generosa, el estatal quedó condenado a encogerse solo. ¿Para qué sostener un beneficio “a mitad de precio”, con una cláusula destinada a chocar con lo federal? Para poder retirarse sin decirlo. El desplome de 42% no es una falla: es el sistema operando según su diseño.

Mientras tanto, en casa

En un estudio de la Dra. Elba Dolores Arias Merino en la ZMG, hasta 95% de los adultos mayores de una colonia de estrato medio-bajo dijeron haber sufrido algún maltrato; 80% de él, dentro del propio hogar, con predominio del psicológico y el despojo patrimonial. El Estado, que en teoría podría multar al agresor y separarlo de la víctima, deja esos artículos como letra muerta. Y mientras los Hospitales Civiles se llenan de ancianos abandonados, el gobierno saca el ábaco y cuenta atenciones.

El ‘echaleganismo’

Si alguien dudaba de que la simulación tiene método, el MIDE ofrece su joya: un indicador que mide “personas adultas mayores atendidas en centros de día que reciben apoyos asistenciales”. No mide autonomía, ni justicia, ni patrimonio, ni una vejez libre de violencia. Mide asistencia: cuenta despensas, no derechos. Ahí cabe la filosofía entera del gobierno hacia sus viejos: se les atiende, no se les garantiza; se les apoya, no se les reconoce. Contabilidad de la compasión, vendida como política pública.

Quod tu es, ego fui. Lo que hoy le hacemos a nuestros viejos desde lo público no es un problema ajeno: es el ensayo general de lo que el Estado nos tiene reservado a todos. Conviene exigir la corrección ahora, mientras todavía podemos oler el baúl desde afuera.


Sobre el autor

Sergio E. Gómez Partida es consultor en evaluación, gestión para resultados y planificación en sectores público y privado. Información de contacto: sgpartida@gmail.com; en X: @SergioGmezP.

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